133- Lugares para conocer antes de morir: Tikal, GUATEMALA

La primera vez que pisé Guatemala fue en el año 1998. Había ido por un mes a México y de casualidad terminé en el sitio arqueológico maya de Tikal. Fue pim-pam, un accidente, un camino alternativo decidido sobre la marcha que incluiría el cruce de vuelta a México por el Petén en un bote a motor, con dos ilegales centroamericanos que arriesgaban su pellejo por alcanzar la tierra prometida, Estados Unidos. El pasaje se lo pagué yo, pero esa es otra historia.

De aquel viaje a Tikal recuerdo la prisa por llegar a la Plaza Central antes del amanecer, corriendo por los laberintos de la selva, buscando, intuyendo el camino para subir a tiempo los escalones del templo número dos y contemplar el revuelo que armaban los pájaros y los monos ante la salida revolucionaria del sol. Recuerdo una chica oriental, tremenda, infartante, por allí debían estar rodando una película de James Bond, con medio escorpión a la vista tatuado debajo del ombligo. Y recuerdo el vértigo de la escalera vertical del Templo 2, que conducía al altar. Eso es todo.

Por eso volver a Tikal, la ciudad del rey Luna Doble Peine, también llamado Ah Cacau (Señor Chocolate) fue como estar de nuevo por primera vez. En doce años la zona arqueológica se expandió a otras pirámides y ahora muchos templos aparecen calvos, limpios, restaurados, sin su peluca verde de naturaleza. Como el Templo 4, desde donde la vista del dosel de la selva es infinitamente mejor que desde el viejo Templo 2. O los edificios del Mundo Perdido y el Templo 5, restaurado por Cooperación Española, con sus nuevas escaleras verticales de madera de casi cincuenta metros de alto.

Porque ya no se puede subir por los viejos escalones de piedra, está prohibido. Son demasiado resbaladizos durante el ‘invierno’, la época de las lluvias que va de mayo a octubre, esos meses de calor húmedo e infernal cuando todo permanece mojado. Los turistas muertos por perder el equilibrio, por un resbalón involuntario como el que me hizo aplastar nuestra cámara de fotos, comenzaron a ser demasiados.

Sea como sea, Tikal vale la pena. No vas a encontrar muros grabados con inscripciones como en Copán (Honduras), Chichen Itzá o Palenque (México). Lo impresionante es su ubicación, rodeada de selva y poblada de monos, coatíes, pavos, zorros, roedores gigantes, ciervos y aves convertidas en la ensalada de la naturaleza. Y no es que sabes que están ahí. Los ves, te los cruzas en los senderos de Tikal.

Es lo más parecido al paraíso americano que encontraron los conquistadores y exploradores del siglo quince y dieciséis. Naturaleza exuberante, gente amable, bandas de coatíes hurgando el suelo en busca de insectos, monos araña comunicándose a los gritos sobre tu cabeza, pavos azules que se mantienen a una distancia permanente y mínima de cinco metros…

Vale la pena pasar un par de días en Tikal, la ciudad que el antiguo rey Luna Doble Peine, también llamado Ah Cacau (Señor Chocolate) convirtió en la capital de un reino hace más de mil años.

DATOS PRÁCTICOS DE TIKAL.

Abierto de 6 AM  a 6 PM.

Entrada para extranjeros, por persona y día: 150 quetzales (1 euro: 9,5-10 quetzales. 1 dólar: 7,75-7,90 quetzales)

Entrada para guatemaltecos: 25 quetzales.

Camping: 30 quetzales por persona. Hay dos o tres hoteles, no son tan caros como en Machu Picchu.

Los tours organizados por guías acreditados para ver el amanecer comienzan a las 4 AM y cuestan 200 quetzales. A veces y sobre todo si estás acampando, por 100 quetzales los mismos guardaparques te hacen entrar antes de la hora de apertura para que veas el amanecer por tu cuenta.

Si entras a partir de las 3.30 PM puedes solicitar en taquilla que te pongan en el boleto la fecha del día siguiente. Es una de las mejores horas ya que casi no hay gente y la entrada te sirve para todo el día siguiente. Y como no son nominativas, hasta podrías compartirla…

Hay dos museos: el Museo Lítico (10 quetzales por persona) y el Museo Cerámico, también privado y donde te cobran otra entrada.

Nuestra recomendación es la misma que para la mayoría de los grandes sitios arqueológicos en Perú y México: visitar el sitio arqueológico apenas abran las puertas o a última hora de la tarde. Son los únicos momentos en que puedes estar casi a solas con la historia.

Encuentra más datos sobre Tikal en Cómo conseguir que la entrada a Tikal te cueste la mitad, o menos.

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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