141- Cómo conseguir que la entrada a Tikal te cueste la mitad (o menos)

La Vuelta al Mundo en 10 Años - Viajeros4x4x4

Aquí encontrarás datos que no están en ninguna guía, sobre todo, porque rozan o entran en el terreno resbaladizo de lo que podría ser ilegal. Son trucos, trampas que vamos descubriendo en el camino, grietas en las normas establecidas que juegan a nuestro favor, el de todos los viajeros. Que aproveche.

Tikal es uno de esos sitios que todos deberíamos conocer antes de morir. Sencillamente, caminar por la selva descubriendo animales, templos, pirámides y edificios restaurados o todavía cubiertos de árboles y tierra es especial. Tiene algo curiosamente único.

La entrada no es demasiado cara para lo que verás dentro, son 150 quetzales, aproximadamente 15 euros o 20 dólares. Pero a veces para seguir viajando hay que ahorrar hasta el último centavo.

Por esto no irás a la cárcel, como por cruzar ilegalmente las fronteras entre Guyana y Surinam, o por conseguir un sello falso para salir de Ecuador o por cambiar dinero en el mercado negro de Venezuela. A lo sumo te ganarás un tirón de orejas, o la comprensión de los guardaparques de Tikal, donde descubrimos que puedes comprar tu entrada con fecha del día siguiente a partir de las 3.30 de la tarde del día anterior. En las dos horas y media que quedan hasta que oscurece es posible ver los edificios más importantes: la Plaza Central y el Templo 4, desde donde el paisaje del dosel, el techo de la selva, es impresionante.

Y como las entradas son válidas para todo el día siguiente puedes entrar y salir las veces que quieras. O sea, a la mañana siguiente otra persona podría acceder a Tikal con tu misma entrada.

Y por la tarde vuelves a entrar, o puedes compartir la entrada con una tercera persona dividiendo por dos o por tres el coste final del acceso a Tikal. No se ahorra demasiado pero lo dicho, todo sirve con tal de seguir viajando.

 

Encuentra más datos y fotos de Tikal en Lugares para conocer antes de morir: Tikal, Guatemala.

HAZ ALGO ILEGAL. Descubre como aprovechar otras grietas en las normas y ahorrar mientras viajas:




133- Lugares para conocer antes de morir: Tikal, Guatemala

Vista de La Gran Plaza desde el Templo 5, Tikal, Guatemala

La primera vez que pisé Guatemala fue en el año 1998. Había ido por un mes a México y de casualidad terminé en el sitio arqueológico maya de Tikal. Fue pim-pam, un accidente, un camino alternativo decidido sobre la marcha que incluiría el cruce de vuelta a México por el Petén en un bote a motor, con dos ilegales centroamericanos que arriesgaban su pellejo por alcanzar la tierra prometida, Estados Unidos. El pasaje se lo pagué yo, pero esa es otra historia.

De aquel viaje a Tikal recuerdo la prisa por llegar a la Plaza Central antes del amanecer, corriendo por los laberintos de la selva, buscando, intuyendo el camino para subir a tiempo los escalones del templo número dos y contemplar el revuelo que armaban los pájaros y los monos ante la salida revolucionaria del sol. Recuerdo una chica oriental, tremenda, infartante, por allí debían estar rodando una película de James Bond, con medio escorpión a la vista tatuado debajo del ombligo. Y recuerdo el vértigo de la escalera vertical del Templo 2, que conducía al altar. Eso es todo.

Por eso volver a Tikal, la ciudad del rey Luna Doble Peine, también llamado Ah Cacau (Señor Chocolate) fue como estar de nuevo por primera vez. En doce años la zona arqueológica se expandió a otras pirámides y ahora muchos templos aparecen calvos, limpios, restaurados, sin su peluca verde de naturaleza. Como el Templo 4, desde donde la vista del dosel de la selva es infinitamente mejor que desde el viejo Templo 2. O los edificios del Mundo Perdido y el Templo 5, restaurado por Cooperación Española, con sus nuevas escaleras verticales de madera de casi cincuenta metros de alto.

Porque ya no se puede subir por los viejos escalones de piedra, está prohibido. Son demasiado resbaladizos durante el ‘invierno’, la época de las lluvias que va de mayo a octubre, esos meses de calor húmedo e infernal cuando todo permanece mojado. Los turistas muertos por perder el equilibrio, por un resbalón involuntario como el que me hizo aplastar nuestra cámara de fotos, comenzaron a ser demasiados.

Sea como sea, Tikal vale la pena. No vas a encontrar muros grabados con inscripciones como en Copán (Honduras), Chichen Itzá o Palenque (México). Lo impresionante es su ubicación, rodeada de selva y poblada de monos, coatíes, pavos, zorros, roedores gigantes, ciervos y aves convertidas en la ensalada de la naturaleza. Y no es que sabes que están ahí. Los ves, te los cruzas en los senderos de Tikal.

Es lo más parecido al paraíso americano que encontraron los conquistadores y exploradores del siglo quince y dieciséis. Naturaleza exuberante, gente amable, bandas de coatíes hurgando el suelo en busca de insectos, monos araña comunicándose a los gritos sobre tu cabeza, pavos azules que se mantienen a una distancia permanente y mínima de cinco metros…

Vale la pena pasar un par de días en Tikal, la ciudad que el antiguo rey Luna Doble Peine, también llamado Ah Cacau (Señor Chocolate) convirtió en la capital de un reino hace más de mil años.

 

DATOS PRÁCTICOS DE TIKAL.

Abierto de 6 AM  a 6 PM.

Entrada para extranjeros, por persona y día: 150 quetzales (1 euro: 9,5-10 quetzales. 1 dólar: 7,75-7,90 quetzales)

Entrada para guatemaltecos: 25 quetzales.

Camping: 30 quetzales por persona. Hay dos o tres hoteles, no son tan caros como en Machu Picchu.

Los tours organizados por guías acreditados para ver el amanecer comienzan a las 4 AM y cuestan 200 quetzales. A veces y sobre todo si estás acampando, por 100 quetzales los mismos guardaparques te hacen entrar antes de la hora de apertura para que veas el amanecer por tu cuenta.

Si entras a partir de las 3.30 PM puedes solicitar en taquilla que te pongan en el boleto la fecha del día siguiente. Es una de las mejores horas ya que casi no hay gente y la entrada te sirve para todo el día siguiente. Y como no son nominativas, hasta podrías compartirla…

Hay dos museos: el Museo Lítico (10 quetzales por persona) y el Museo Cerámico, también privado y donde te cobran otra entrada.

Nuestra recomendación es la misma que para la mayoría de los grandes sitios arqueológicos en Perú y México: visitar el sitio arqueológico apenas abran las puertas o a última hora de la tarde. Son los únicos momentos en que puedes estar casi a solas con la historia.

Encuentra más datos sobre Tikal en Haz algo ilegal: cómo conseguir que la entrada a Tikal te cueste la mitad, o menos.




Lugares para conocer antes de morir

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Estos son algunos de los lugares que han quedado marcados en la historia de La Vuelta al Mundo en 10 Años. Son terriblemente recomendables. Nosotros aún soñamos con ellos.

Algunos, como las Pirámides en Egipto o la Patagonia Argentina, se encuentran en todas las listas de imperdibles. Otros, como Mana Pools en Zimbabwe o Ras Mohammed, también en Egipto, son rincones desconocidos para la gran mayoría de los viajeros. Faltar, faltan muchos. Estos, son nuestros elegidos de los últimos diez años.

  1. Patagonia, Argentina
  2. Las Pirámides, Egipto
  3. Lalibela, Etiopía
  4. Petra, Jordania
  5. Machu Picchu, Perú
  6. Capadocia, Turquía
  7. Cataratas del Iguazú, Argentina
  8. Parque Nacional de Mana Pools, Zimbabue
  9. El Sur de Chile
  10. Lençois Maranhenses, Brasil
  11. Ciudad de Venecia, Italia
  12. Ciudad de Barcelona, Catalunya, España
  13. Ciudad de Estambul, Turquía
  14. Catarata Kaieteur, Guyana
  15. Salar de Uyuni, Bolivia
  16. Parque Nacional Ras Mohammed, Península del Sinaí, Egipto
  17. Museo de las Tumbas Reales de Sipán, Trujillo, Perú
  18. Arribada masiva de tortugas en la playa de Ostional, Costa Rica
  19. Tikal, Guatemala
  20. Buceo en un cenote, Península de Yucatán, México
  21. Ciudad de Las Vegas, Nevada, Estados Unidos
  22. Los Tepuyes, Venezuela
  23. La costa de Alaska, Estados Unidos
  24. Tierra de Cañones, Estados Unidos
  25. Parque Nacional de Yellowstone, Estados Unidos
  26. Nueva Orleans, Luisiana, Estados Unidos
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Lugares para conocer antes de morir: Museo de las Tumbas Reales de Sipán | PERÚ

Museo de las Tumbas Reales de Sipán, Perú. Oro. Corte del rey

El pueblo Moche desapareció hace seiscientos años, cuando los incas avanzaban hacia su apogeo conquistando todo a su paso. Sus ciudades prácticamente han desaparecido, ya que construían con ladrillos de adobe, pero en los últimos quince años se fueron encontrando sus tumbas. Y con ellas, sus tesoros.

Vasijas imitando todas las formas imaginables, collares y figuras hechas en oro, pecheras, cascos, retratos en cerámica… de todo. El Museo de las Tumbas Reales de Sipán es tan impresionante como el de Tutankamón en Egipto. Imperdible.

Nota: está prohibido sacar fotografías dentro del Museo de las Tumbas Reales de Sipán.

Encuentra aquí más historias sobre Perú

Y más datos sobre las Tumbas de Sipán en Wikipedia

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Historias para viajar por Egipto

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Lugares para conocer antes de morir: las Pirámides de Egipto

Caballos frente a las pirámides de Giza, Gizeh, El Cairo, Egipto

Las autoridades egipcias solicitaron no participar en la elección de las Siete Maravillas del Mundo durante 2007. Tienen razón, las Pirámides son algo excepcional.

‘A medida que nos incorporamos al tráfico caótico de El Cairo crece la sensación, curiosa e implacable, de que a nadie le importa nada. Bicicletas, dromedarios, peatones, carros tirados por burros y vendedores ambulantes sobreviven al atropello sobre el mismo trozo de asfalto. Todos los camiones, coches y autobuses exhiben alguna cicatriz, son animales de pelea, todos machos. Hay una camioneta con el eje roto abandonada en el centro de una avenida, un furgón a punto de caer en uno de los canales del Nilo y otra ambulancia, esta vez con las sirenas desesperadas, aguardando que dos conductores terminen de desentrañar el sentido de la vida.

Los minibuses circulan por las avenidas a su propio ritmo. Vocean su destino y clavan los frenos delante de cualquier persona que levante una mano, aunque solo sea para espantar una mosca. Luego se incorporan a ciegas al vals demencial de la calle provocando un coro agudo de bocinas y alaridos salvajes. Si tienen que girar a la derecha, voltean aunque estén en el último carril de la izquierda.

Los camiones, cochambrosos y prepotentes, dejan claro en un instante de terror quién es el amo. Los semáforos no funcionan o no sirven para nada; en cada esquina hay uno, dos o cuatro policías que se encargan de complicar el tráfico más o mucho más, según sus habilidades. Al rato, y con los nervios a punto de convertirse en espaguetis fritos, le cedo a Anna el dudoso privilegio de conducir en esta exageración de Nápoles. Buscamos un camping que queda, no podía ser de otra manera, al otro lado de la ciudad.

La mitología viajera se ha cebado con El Cairo y en los corrillos que se forman en el rincón de un bar para planificar un viaje por África siempre surgen los peligros de la calle. Historias de todo terrenos extranjeros que en dos minutos se quedan sin ruedas, apoyados sobre muletas de ladrillos. De ventanas rotas o desarmadas prolijamente, furgonetas con cerraduras forzadas e interiores vaciados por un torbellino de brazos. Bolsos rajados con cuchillas de cirujano que cortarían un pelo a lo largo. Trabajo de profesionales, de gente que sabe lo que hace. Una buena razón para dejarnos arrastrar por las mareas de El Cairo con precaución.

Sobre las aceras la gente se mueve con calma, choca pero no se detiene, en un roce constante y sinuoso que repele hombres y mujeres. La ropa se deforma y se acaricia en una cadencia inconsciente, alguien levanta un brazo, las galabiyas tienen alas. El aire de Giza, enrarecido por una nube gris de contaminación, apenas permite entrever el espectáculo que aguarda al final de la avenida de las Pirámides. Triángulos, triángulos gigantescos.’

Extracto de ‘El Libro de la Independencia’.

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Más información sobre las Pirámides en Wikipedia

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