313- Cinco cosas que debes saber antes de viajar a MYANMAR

Tras décadas de gobiernos militares y represión política Myanmar comienza a abrirse al mundo. Todavía hay muchas zonas del país a las que solo se puede acceder a través de un guía caro y un permiso especial del gobierno, queda mucho por hacer, pero por lo menos empieza a haber esperanza. Y eso se nota en la sonrisa espontánea de la gente cuando te los cruzas en la calle. En ningún otro país del Sudeste Asiático te dirán tantas veces ‘hello’ en un día, con una expresión de tanta felicidad.

Por estos motivos, y en muchos sentidos, Myanmar es todavía un país muy virgen. Por eso vale la pena ir ahora. Eso sí, es bueno que tengas en cuenta ciertos detalles antes de viajar, para que la realidad no te impida disfrutar la oportunidad de conocer un país donde los hombres van con falda (longyii), las mujeres se embadurnan la cara con una pasta amarilla completamente natural para protegerse del sol (tanaka), no hay Zara ni McDonalds y los hombres se juntan al atardecer para jugar al chinlo: una variedad de fútbol basada en acrobacias y toques evitando que el balón (de caña) toque el suelo.

Así sonríen los niños en Myanmar.

Y antes de contarte las cinco cosas que debes saber antes de viajar a Myanmar, te damos otras dos buenas noticias:

  • Cuando vayas a un hostal no tendrás que limpiar el baño; siguen sin ser los mejores del mundo pero poco a poco van mejorando.
  • Prepara la cámara para los atardeceres con el sol más rojo que habrás visto en tu vida; la contaminación atmosférica puede tener su encanto.

La importancia de tener dólares nuevos y bien planchados. Es absurdo, un dólar es un dólar, pero no podrás cambiar billetes que estén mínimamente marcados. Eso significa que ningún banco, casa de cambio u hostal te aceptará billetes que estén doblados al medio, que tengan un leve desgaste, una mancha o una rotura de un milímetro en uno de sus cantos. Más de una vez intenté razonar con empleados que apenas hablaban inglés. Sin éxito, por supuesto. Incluso les devolví billetes de la moneda local, kyat, porque estaban gastados y quería billetes nuevos, a ver si eso funcionaba. Tampoco. Para ellos su moneda no vale nada y un dólar o un euro es un objeto tan preciado, que solo aceptan billetes nuevos. Raro. Algún día cambiarán.

La gente local se marea en los buses y los aviones. ¿Quién no se mareó alguna vez viajando? Sin duda, es algo lógico y normal. El problema es que en Myanmar se marean muchos al mismo tiempo. La gente de los pueblos no está acostumbrada a los vaivenes de los autobuses frenéticos, ni al movimiento de los aviones, por lo que en un momento determinado empiezan a vomitar. Y el vómito debe ser contagioso, porque de repente te ves rodeado de gente que vomita unos asientos adelante, a tu lado, otros más atrás… Si a estos le sumas la epidemia nacional de tos, carrasperas, escupitajos y salivazos rojos de hombres que se pasan el día entero mascando betel, el resultado lógico es que te sumes al coro de los Sonidos de Myanmar con tu propia tos. ¿Para qué creías que era la bolsita negra que hay cada asiento? ¿Para la basura? No, ¡la basura se va directamente por la ventana!

Myanmar es un desastre ecológico. ¿No será mucho? Todo depende de la cantidad de basura que estés dispuesto a soportar. La conciencia ecológica en Myanmar es inexistente, las zonas habitadas están llenas de basura, la gente vacía cestas y tira bolsas enteras en los ríos como si fuera el servicio de recogida local (y luego se baña, y juega, y lava los platos o la ropa, y algunos beben de allí) y lo que no se tira al río se quema en cualquier esquina, o terreno. De los 18 días que estuvimos en Myanmar, solo recuerdo una noche de cielo estrellado y un día de cielo azul celeste. El resto de los días tuvimos cielo gris. No estaba nublado, solo estábamos rodeados de una bruma permanente que a veces olía a quemado y provocaba unos atardeceres espectaculares, con el sol desapareciendo media hora antes de llegar a la línea del horizonte. Nosotros estuvimos en febrero/marzo, suponemos que en la época de lluvias los cielos estarán más limpios y los ríos ya se habrán llevado toda la basura.

Myanmar también es un desastre sanitario. Yo me enorgullezco de comer de todo, en lugares callejeros donde gente más sabia decide pasar de largo. He probado cucarachas, gusanos y jumiles vivos, carne de elefante y de serpiente. Nunca me enfermo en la ruta, pero en Myanmar me enfermé dos veces en diez días. La primera vez fueron fiebres y escalofríos que me agarraron solo de noche, dos días seguidos. La segunda vez fue una intoxicación estomacal, con vómitos de película gore que podrían haber ganado un Oscar a los efectos especiales. Solo que los vómitos fueron absolutamente naturales y me dejaron postrado durante varios días. ¿Cómo es posible? Myanmar ha vivido aislado durante décadas, y las mejoras sanitarias que encuentras en cualquier mercado popular del mundo no llegaron aquí. La gente manosea la comida constantemente, la acaricia con billetes buscando la buena suerte, las ollas permanecen abiertas (a 35º C) esperando la colaboración bacteriológica de cualquiera que tosa por allí, y no tienen suficiente agua corriente como para lavar los utensilios de cocina. Las aguas grises van directamente a la calle, y las aguas fecales, bueno, decidimos no investigar. Además, me encanta la carne, pero en Myanmar me volví vegetariano. Una más, puede que la pajita o el sorbete que te pongan en el vaso de jugo de caña tenga las puntas mordidas. Me pasó.

En Myanmar no tendrás libertad de movimientos. Sí, puedes viajar por buena parte del país, pero hay unas cuantas regiones que estarán fuera de tu alcance. Por ejemplo, la ruta que une Kengtung con Taungyyi sigue cerrada a los extranjeros. Según el gobierno y los policías que nos impidieron pasar sigue siendo peligroso y probablemente sea cierto: es una zona tradicional de cultivo de opio, que ha estado fuera del control del gobierno de Myanmar durante décadas. Las rutas que van al norte, desde Myitkyina hacia las estribaciones del Himalaya en Putao, también están cerradas: el motivo más probable es mantener a los extranjeros alejados de las minas de jade. Aparentemente los caminos que llevan a Bangladesh deberían estar cerrados, aunque escuchamos de gente que se lanzó a pasar por tierra y lo consiguió.

Entonces, ¿por qué me recomiendas viajar a Myanmar?

  • Porque si llegas de Tailandia vas a agradecer que te traten con amabilidad en los hostales .
  • Porque es muy fácil hacer autoestop y entablar contacto (basado en sonrisas y palabras cortadas) con la gente.
  • Porque Bagan puede ser mágico, y Mandalay y Rangún son ciudades ancladas en el tiempo.
  • Porque estarás apoyando a la gente de un país que está intentando dejar atrás décadas de gobiernos represores para experimentar con una cierta democracia.
  • Porque te sentirás como si estuvieras explorando un país muy poco contaminado por el turismo, y muchas veces tendrás que demostrar tus habilidades para hacerte entender en un idioma que no es inglés, ni es birmano. Es el idioma de la buena voluntad del ser humano, el de la sonrisa y la paciencia. Es el idioma del viajero.

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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