218- Cómo eliminar un coágulo de sangre bajo una uña | SALUD EN RUTA

Hace unos días fui atacado por una Cucaracha gigante. Una Cucaracha desagradecida.

Intentaba aflojar una tuerca de mi furgo 4×4, ajustada por miles de kilómetros de malos caminos, cuando mi mano resbaló y el dedo pequeño se estrelló contra el hierro de la carrocería. Con el paso de las horas el dolor comenzó a aumentar. No lo tenía roto, aunque se estaba formando un coágulo de sangre bajo la uña.

A la mañana siguiente mi dedo hinchado y caliente latía con vida propia, como si tuviera un pequeño corazón agitado. Ya no podía doblarlo y, si quería seguir trabajando, necesitaba encontrar una solución.

No tenía muchas opciones:

  • La opción A era la más lógica: ir a un centro médico para que me hicieran un agujero en el dedo con un taladro quirúrgico. Era un poco truculento y corría el riesgo de cruzarme con un sádico de bata blanca. Pero no tenía seguro médico y, con los costes de la sanidad en Canadá (y en Estados Unidos), la tontería me podía costar unos 1000 dólares. Eso dolía más que el dedo.
  • Opción B: ya que me había desarreglado solito, tenía que aprender a arreglarme solito.

Primero intenté atravesar mi uña con un alfiler al rojo vivo. Según el saber popular eso debería funcionar, pero la presión y el calor del alfiler hacían que el dedo doliera más. Para sufrir menos tenía que ser un poco más radical.

La Dremmel es una pequeña herramienta multiusos muy práctica para llevar en una furgo. La utilizan los artesanos para tallar, pulir y agujerear piedras, caracoles, maderas o vidrio. Más de una vez la había utilizado en la furgo. Aunque esta vez, la iba a utilizar en mi cuerpo. Me iba a taladrar una uña.

Busqué la punta más delgada, la esterilicé en alcohol y la acoplé a la Dremmel. Coloqué mi mano derecha sobre la mesa, sobre una servilleta de papel capaz de absorber sangre, y con mi mano izquierda (la torpe, la que tiembla) apoyé la punta de la herramienta sobre mi uña. Luego, apreté el botón de encendido.

El zumbido me hizo recordar a mis peores días de terror en el sillón de un dentista. Pero esta vez yo tenía el poder. Era algo intrínsecamente masoquista, fascinante. El taladro que sostenía con mi mano avanzaba lentamente, perforando mi uña hacia el interior de mi dedo.

A mi lado, Christine, una amiga de Vancouver, Canadá, observaba en silencio, sacando fotos. De repente hubo un estallido silencioso y mi uña se cubrió de sangre espesa y tibia.

Guau!!! -dije levantando mis ojos abiertos hacia Christine. –You got it?

Yes, I have several photos… that was amazing!! -respondió todavía sorprendida.

Mi dedo dolía menos, el tratamiento había sido rápido, casi indoloro y barato. Pero sobre todo, había sido emocionante.

¿Tienes un martillo? -le pregunté. ¡Quiero hacerlo de nuevo!

Comprobado. Una Dremmel no solo sirve solo para arreglar la furgo.

Espero que nunca me falte un amigo dentista…

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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