326- Lugares para conocer antes de morir: Kong Lor, una cueva única en el mundo | LAOS

Lo más espectacular de viajar con tu propia moto (o tu propio vehículo) por Vietnam, Laos o Camboya, es que puedes tomar todos los desvíos que quieras para llegar hasta donde te pida tu instinto. Una cueva, una playa, una montaña, un pueblo, una tribu, un lugar sin nombre. Ya has pasado inconscientemente por el proceso constante de selección, donde tu cerebro ha ido filtrando la información que te llegaba en cada momento.

De alguna manera -pudo ser la forma en que está escrita una frase, dónde puso el acento el escritor, o el traductor, o un dato irrelevante para el resto del mundo pero que para ti era fundamental- habíamos decidido hacer una gran S para recorrer este rincón del Sudeste Asiático con las motos que habíamos comprado en Hanoi.

Poco a poco habíamos llegado a la conclusión de que, en Laos, Luang Prabang era una visita obligada y Vientiane era descartable. Van Vieng era una incognita, parecía demasiado contaminado por el ruido del turismo. También habíamos marcado las cuevas-refugio de Sam Neau donde los milicianos comunistas aguantaron los embates de las bombas y el napalm norteamericano durante la guerra de Vietnam (sí, la guerra de Vietnam había dejado Laos sembrada de bombas que aún continúan sin explotar); y nos habían hablado bien de un pequeño pueblo que aparecía en nuestro camino llamado Nong Khiaw. Savannakhet, el extremo norte y el extremo sur, quedarían para otro viaje.

Esa sucesión de decisiones, de síes y noes, de círculos emborronados en el mapa y lugares que seguirían siendo una incógnita, nos habían llevado a tomar la ruta 8, camino de la frontera con Vietnam de Nam Paho/Cao Treo. Casi a mitad de camino, en un desvío hacia el sur que parecía accidental, estaba la ruta de entrada a la cueva de Kong Lor, en la Reserva de Conservación de la Biodiversidad de Khammouane. Según el mapa era una cueva más, otro punto negro, entre los miles de cuevas que horadan las montañas karsticas de Laos y Vietnam.

Pero Kong Lor era mucho más que eso. Kong Lor es una cueva extraordinaria: alberga un río subterráneo navegable en botes tradicionales de madera que atraviesan una montaña de lado a lado. Sí, de lado a lado. Tras siete kilómetros (¡siete kilómetros!) de oscuridad, emerges como por acto de magia al otro lado de la montaña, en un bosque verde y virgen. Era un viaje único en el mundo por las entrañas de la Tierra.

Solo por eso ya era mejor visitar Kong Lor que Maxahai, el grupo de cuevas que donde va la mayoría de los extranjeros. Sólo por esta sorpresa, ya vale la pena comprar una moto para viajar por el Sudeste Asiático. Apúntalo.

Lo primero que nos sorprendió al aparcar las motos fue que allí no había un solo extranjero. Familias enteras se reunían para un picnic, grupos de amigos se juntaban a tomar cerveza con hielo, hombres, mujeres y niños locales saltaban al agua entre los bloques redondeados por el Nam Hin Bun, el río que surge calmo del interior de la montaña.

Si era verdad lo que leíamos en los carteles, aquello era mucho más espectacular de lo que explicaba la Lonely Planet. La cueva de Kong Lor, también llamada Tham Kong Lo, señalaba el cambio de una época, la apertura del Laos comunista al resto del mundo. Porque fue hace muy pocos años, a fines de la década de 1990, que un grupo de exploradores holandeses remontó el río subterráneo y encontró el inicio, la entrada que había pasado desapercibida, al otro lado de esa cadena montañosa de piedra caliza. ¡Solo habían pasado veinte años! Eso había sido ¡ayer!

La cueva de Kong Lor era uno de los sitios más inesperados, una de las maravillas geológicas del Sudeste Asiático.

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ENLACE RELACIONADO

QUÉ LLEVAR EN LA MOCHILA: GUÍA PARA VIAJAR CON POCO POR EL SUDESTE ASIÁTICO

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No te voy a explicar todos los detalles del viaje en bote por la cueva de Kong Lor, porque es un viaje personal a través de la oscuridad. Una travesía bajo la montaña en la que solo estarás armado de una linterna que te dan cuando pagas tu bote. Una aventura en la que los únicos sonidos serán el ruido constante del motor y del agua golpeando contra la madera. En algún momento deberás bajar y ayudar a empujar el bote entre las rocas; en otro caminarás por un sendero autoguiado dentro de una sala subterránea gigantesca, del tamaño de varios campos de fútbol, entre formaciones calcáreas iluminadas con luces de colores.

Laos y Vietnam están llenos de cuevas preparadas para el turismo, cuevas para caminar, cuevas para ver imágenes de Buda y cuevas para navegar en embarcaciones que entran y salen por la misma boca. Todas son bonitas, pocas son espectaculares, y luego está Kong Lor, que desprecia el turismo pasivo para convertirse en una experiencia donde todos tus sentidos se afilarán para intentar captar lo que tus ojos no llegan a ver.

 

CUÁNDO IR A KONG LOR

La mejor época es durante la temporada seca, de noviembre a marzo.

 

DÓNDE DORMIR

Hay bastantes alojamientos justo antes de la entrada a la zona de la cueva, desde hostales con habitaciones con aire acondicionado y restaurante, pasando por alojamientos familiares y chozas con paredes de ramas que dejarán pasar la luz del sol al amanecer. No es necesario reservar con anticipación y el precio puede variar desde los 7  a los 20 dólares por noche y habitación. Si estás cerca, no te lo pierdas.

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MAS INFORMACIÓN

DATOS PARA VIAJAR POR LAOS, VIETNAM Y CAMBOYA

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Consigue los libros de Pablo Rey con las historias de casi 20 años viviendo en la ruta, en las mejores librerías de viaje de España, en Amazon.com y en Kindle, o descarga las primeras historias en PDF.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Nuestra casa con ruedas se mete por todos lados y parece capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic sobre viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream su primer vehículo para no viajar, junto a unos amigos de Ensenada, Baja California. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.




75- Guía para Viajar por GUYANA

Rápidos de Amatuk, camino a las cataratas Kaieteur, Guyana

En varias de las historias hablamos de Guyana a partir de las emociones (ver Historias para Viajar por Guyana). Aquí van los datos.

De los 550 kilómetros que hay de Lethem hasta Georgetown, capital de Guyana, sólo están asfaltados los últimos noventa. El resto es tierra asentada que atraviesa una sabana parecida al Serengeti y un bosque tropical donde sólo faltan los elefantes. La ruta es transitable todo el año, incluso durante la época de lluvias y a pesar de los meteoritos que deben impactar entre Mabura y Linden. Aparentemente, arreglan las rutas dos veces al año.

Si no tienes tu propio vehículo puedes hacer la misma ruta en bus o combis. Tardan entre 10 y 14 horas, depende de la estación.

En la ruta hay hoteles y paradas para dormir en una cama o colgar tu hamaca gratis bajo un techo de paja. El Nature View está justo después del cruce en balsa del Essequibo. Tiene habitaciones, zona de recreo, baños con ducha pública, bar y comida. Es limpio y son amables.

Otra parada conocida es Mile 58. Nosotros estacionamos en Peter & Ruth, pero hay más lugares en la misma comunidad. Ellos ofrecen lugar para colgar tu hamaca, refrescos, cerveza y comida. Su restaurante sirve labba (una exquisitez de rata) carne de caza y otras comidas de Guyana a precio asequible.

La ruta entre Georgetown y Corriverton, puerto de conexión con Surinam, es asfaltada y muy transitada por peatones, burros, coches, bicicletas, vacas… No vimos hoteles ni nada parecido, pero debe haber. Dormimos en el estacionamiento de la comisaría de Albion. Hay un puente recién inaugurado sobre el río Berbice.

Los peajes y cruces en balsa sólo se pagan en el sentido que va de Georgetown hacia otros lugares. O sea, si llegas a Guyana desde Surinam o Brasil no tienes que pagar nada hasta Georgetown.

A partir de allí, si viajas hacia Brasil debes comprar el Express Bill para tomar la balsa que cruza el río Essequibo. Se consigue en las oficinas de Western Union y en algunos bancos de Georgetown. No lo venden en la balsa. Unos empleados juran que es mejor no arriesgarse a viajar sin el ticket, pueden hacerte volver a la capital. Otros dicen que a veces se pueden hacer excepciones y pagar allí.

Aquí van algunos precios:

  • Balsa Bonfim-Lethem, en la frontera con Brasil: 20 reais (8 U$S). Con la inauguración del puente en abril pasado, desaparece la balsa y seguramente se implantará un peaje.
  • Balsa Essequibo river, en la ruta Georgetown-Lethem: 7000 G$, 35 U$S por vehículo.
  • Balsa Mango, en la ruta de Mabura a Mahdia: 9000 G$ (45 U$S) por vehículo 4×4
  • Peaje en Mabura, en la ruta Georgetown-Lethem: 1000 G$ (5 U$S) por vehículo.
  • Peaje en Linden, en la ruta Georgetown-Lethem: 1000 G$ (5 U$S) por vehículo.
  • Peaje puente sobre el río Berbice: 3000 G$ (30 U$S) por vehículo.
  • Ferry Guyana–Surinam: 8000 G$ por vehículo 4×4 (40 U$S) y 3000 G$ (15 U$S) por persona.

DOCUMENTOS PARA ENTRAR EN GUYANA

  • Algunos países tienen acuerdos con Guyana y no necesitan una visa para ingresar al país. Es el caso de Australia, Canadá, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza, Estados Unidos, los países de la Commonwealth y de la Unión Europea (excepto Austria, Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, República Eslovaca y Eslovenia). El pasaporte debe tener un mínimo de 6 meses de validez. En Lethem nos dieron sólo 15 días que renovamos previa justificación en una oficina gubernamental de Georgetown. Prepárate para que te mareen un rato.
  • Todas las vacunas, incluida la fiebre amarilla
  • Vehículos: No exigen el carnet de passage en douane. Debes presentar el documento original y 3 fotocopias del pasaporte, de la licencia de conducir y de los papeles del vehículo. Si entras desde Brasil puedes comprar el seguro obligatorio en Lethem, en el Savannah Inn, cuesta 15 dólares al mes (3000 G$, dólares de Guyana) con la compañía Nafico. Si llegas a Guyana desde Surinam seguro que lo puedes comprar entre los comercios de la frontera.

QUÉ VER EN GUYANA

Guyana es una República Cooperativa, título raro pero interesante para una nación en pleno siglo veintiuno. La influencia anglosajona se nota en la arquitectura y el idioma, nada más. El 95% de los habitantes son descendientes de hindúes, negros de África, amerindios y chinos. Esa es la comida.

Georgetown es una ciudad bonita con mercados bulliciosos y casas y edificios de madera pintados de blanco. No da para más de un par de días, o como campamento base para ir y volver al interior del país.

Lo más espectacular de Guyana es su naturaleza, desde nutrias gigantes y jaguares que se cruzan en plena ruta a pasarelas colgantes para avistar aves en Iwokrama. En ningún país de Sudamérica vimos tantos animales como en Guyana. Hay amerindios que resisten y senderos a través de la selva que llevan a una de las cataratas más desconocidas del mundo: Kaieteur, de 226 metros de alto y 60 metros de ancho.

Hay lodges de colonos donde los viajeros que llegan por su cuenta son recibidos como compañeros. Hay taxi-avionetas para los que tienen poco tiempo y canoas para los que tienen mucho. Hay tepuyes vírgenes cubiertos de selva, playas donde las tortugas entierran sus huevos y aventura, toda la que tu imaginación y tu coraje te permitan.

ALOJAMIENTO PARA VIAJEROS

No hay mucho turismo en Guyana. Si viajas en bicicleta, camión, furgo o en grupos de 4×4, será fácil encontrar lugares para dormir en la ruta entre Lethem y Georgetown. Una vez en la capital, explica tu historia y pide el apoyo de la Guyana Tourism Authority. Es posible que te dejen acampar en el National Exhibition Center, en el barrio de Sophia. A nosotros hasta nos tiraron un cable de internet por una ventana de la oficina durante las noches.

También dormimos una noche junto a la estación de bomberos de Stabroek, pleno ombligo de Georgetown, frente al mercado. No parece el sitio más seguro del mundo, pero no pasó nada. (Nota: en Guyana, los bomberos no están acostumbrados a recibir viajeros. De nuevo, no hay turismo en Guyana)

Si quieres contratar un viaje a Kaieteur, recomendamos a Frank Singh, de Rainforest Tours, en el lobby del hotel Tower, en Georgetown.  Encuentra más info en su web www.rftours.com o preguntando en su email, [email protected]. Frank tiene buenos guías y le gustan los viajeros.

Lo máximo que puedes acercarte por tu cuenta hasta Kaieteur desde Georgetown es Pamela Landing. Allí dejamos la furgo junto al puesto de George, o Mr. Welcome durante una semana y no pasó nada. De allí puedes tomar un bote hasta la isla de Amatuk, donde es posible acampar en una comunidad. No sé cuanto cobran, pero el lugar el realmente hermoso.

Recuerda que si quieres llegar hasta aquí debes comprar el Express Bill correspondiente en Georgetown para utilizar la balsa. Cuidado con la Larva Migrans Cutanea.

Encuentra más datos sobre Guyana en Historias en Guyana

PARA VIAJAR A SURINAM

A no ser que seas holandés o de algún país muy amigo, debes conseguir el visado en la Embajada de Surinam en Georgetown. Te la dan en unas horas o de un día para otro. Está en el barrio de Quennstown, 171 Peter Rose and Crown Street. Cuesta 30 dólares para una sola entrada y 60 dólares para varias entradas.

Si viajas con un vehículo debes comprar el seguro para Surinam en Georgetown. El más barato lo encontramos en GTM, en pleno centro de la ciudad.

El plan B es entrar en Surinam sin visado, llegar hasta Springlands, en Corriverton, y tomar un speedboat hasta Nieuw Nickerie, al otro lado del río Corantyne. Cuesta unos 10 dólares por persona. Del otro lado del río hay minibuses que te llevan a Paramaribo por unos 15 dólares por persona. No hay aduana ni migración.




72- Guía para viajar al Salto Ángel, la cascada más alta del mundo

Sobre la selva hacia Canaima, Venezuela

– Kanaima significa asesino. ¿sabías eso? –pregunta nuestro guía compulsivo, nuestro pequeño dictador, un chico de la etnia amerindia Pemón pero absurdo nombre inglés. Se llama Henry, no tiene más de diecinueve años, y no es su culpa.

El agua de la laguna de Canaima permanece calma y roja mientras balancea las canoas largas con suavidad. A esta hora de la mañana ya nada es urgente, las lanchas que debían salir para el Auyán Tepuy no están y el pueblo se mantiene tan vacío como si fuéramos los únicos testigos.

Nada, en las playas no hay voces, ni gritos. Sólo permanece el cris-cris de las hojas mecidas por la brisa y el estrépito constante de las cataratas. Seis saltos alineados que bajan un escalón de piedra de quince metros. Luego del estallido, el agua vuelve a dormitar teñida con el color de la sangre. Roja de taninos, roja por los magullones de la caída, roja por la naturaleza de la tierra de los asesinos.

No puedo evitarlo: esto es un jodido paraíso.

Palmeras que crecen a ambos lados de la orilla, niños que chapotean desnudos, mujeres que sonríen con el trabajo de una lavandería sobre la cabeza, pájaros que cantan felices, hombres que empujan canoas y extranjeros invisibles. A pesar de las avionetas, la presión local para partir cuanto antes selva adentro deja el pueblo vacío. Esta arena blanca mezclada con raíces y hojas de palmera no es una posibilidad real en la mente de los extraños que llegan a Canaima. Sólo vale el Salto.

El único.

El más alto del mundo.

EL Salto.

Lo demás es parte de lo que ocurre mientras tanto.

Y es una pena, porque en el viaje a Salto Ángel, vas a estar más tiempo en movimiento que descansando. Más tiempo en el camino que en ningún otro lugar de la selva.

Aunque la ortodoxia lo desmienta, los 979 metros de caída libre convierten al Salto Ángel, en el Salto del Ángel. Es alto.

Fue descubierto en 1937 por el aventurero y aviador Jimmy Angel, un norteamericano en busca de emociones y diamantes entre las piedras más antiguas del planeta: el Escudo de Guayana. Todo cabía en el estómago de su avión, alimentos, pólvora, cianuro, espejos, herramientas y balas. Jimmy, perdido en un laberinto de versiones sobre tesoros en las cimas de los tepuyes, solía desviarse de sus rutas entre Ciudad Bolívar y los agujeros mineros de la selva.

El Salto está dentro del Parque Nacional Canaima y se derrama desde la mesa del Auyán Tepuy al valle del río Churún. El 99,9% de los visitantes llega en avión desde Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz o Caracas para un tour de 3 días 2 noches. Junto a la pista de aterrizaje siempre espera un guía para llevarte al hotel o meterte inmediatamente en una canoa ultrarrápida hacia el Salto Ángel. Da igual la hora y el plan que te hayan vendido en la agencia de turismo. Olvida los detalles.

El viaje remontando los ríos Carrao y Churún dura cuatro horas en la estación húmeda y unas diez en la estación seca, entre febrero y abril. El piloto avanza siempre a toda velocidad levantando una ola lo suficientemente alta para cubrir la selva. El nuestro era el Schumacher de todos: hay que ver cómo esquivaba las piedras y subía los pequeños rápidos el cabrón. El único problema del viaje es que durante un mínimo de cuatro horas sólo podrás mirar hacia delante, protegerte del agua que termina empapándote y… cantar (opcional).

A los pies del Salto Ángel llegas tarde, apenas dos o tres horas antes de la puesta de sol, porque las canoas también suelen partir tarde. Estás en la selva, no en la ciudad. Olvida los detalles. El guía sacará unos sándwiches de jamón y queso embolsados, una botella grande de Coca Cola tibia, y diez minutos después comienzas el ascenso hacia la base del Salto. Es más de una hora por senderos planos y abruptos cubiertos de verde.

Si soñabas con tocar la pared del tepuy, olvídalo. Una saliente de 15 metros de altura corta el paso. Lo que sí puedes hacer es chapotear en una poza de agua de ángeles, condenadamente helada, recién caída del cielo.

En Venezuela oscurece temprano y rápido, poco después de las 6 de la tarde las hamacas ya están instaladas bajo un cobertizo y encienden un generador. Diez pollos clavados sobre el fuego alcanzan para tres canoas. Durante la noche los no iniciados en el maravilloso mundo de la hamaca descubrirán con dolor algunos músculos que no sabían que existían.

A la mañana siguiente te levantas a las seis de la mañana, desayunas rápido y antes que te des cuenta ya estás sentado de nuevo en la canoa de Schumacher. Te mojas tanto como el día anterior y, desconcertado, comienzas a preguntarte si realmente viste El Salto. O si sólo lo soñaste.

No hay más. No tienes tiempo de asimilar la belleza ni la bestialidad de un salto que acaricia los mil metros.

–          ¿Qué les pareció Canaima?

–          ¿Quieres la verdad? Es hermoso, demasiado bonito. Pero hacía muchísimo que no me sentía un paquete express.

¿QUE HACER PARA QUE EL VIAJE A SALTO ÁNGEL NO SEA SOLO COMPLETAR UN SITIO, SACAR UNAS CUANTAS FOTOS PARA PROBAR QUE ESTUVISTE ALLÍ?

¿Qué hacer para quedarte, para mezclarte, para conocer un poco más, para detenerte en Canaima? ¿Qué hacer para tener recuerdos y no sólo esa sensación absurda de ser un envío urgente que hay que llevar y traer cuanto antes?

Si te gusta disfrutar de los lugares a tu propio ritmo, no hagas el tour de 3 días 2 noches a Salto Angel, a no ser que no tengas más alternativa. Por eso te proponemos:

  • Compra sólo el pasaje de avión a Canaima, 600 bolívares fuertes ida y vuelta (feb.09).
  • Llega a Canaima con algo de tiempo. Cinco días o una semana son suficientes.
  • Acampa gratis junto a las casas del Parque Nacional o búscate una habitación.
  • Lleva protector solar, ron y los chocolates que necesites. Allí todo es más caro.
  • Relájate en la laguna, uno de los sitios más hermosos de Venezuela.
  • Negocia con los boteros el precio para que te lleven hasta Salto Ángel y te dejen un par de días. Ten en cuenta que hay campamentos en ambas márgenes del río Churún y es mejor que no tengas que nadar para llegar al Salto.
  • Lleva puesta ropa impermeable durante las cuatro horas que dura el viaje en canoa en la época húmeda, o las diez que dura en la época seca (de febrero a abril). O viaja [email protected]
  • Tómate tu tiempo en la base del Salto Ángel. Es uno de los lugares más extraños y remotos del planeta. Disfrútalo.
  • Si te cansas o quieres quedarte más tiempo, cambias el pasaje de vuelta.

PRECIOS A FEBRERO 2009

El viaje, negociado en el aeropuerto de Ciudad Bolívar, nos costó unos 1100 bolívares fuertes en febrero 2009. Unos 400€ al cambio oficial, 200€ al cambio paralelo, precio total para dos personas. Transporte, alojamiento y comidas incluidos.

Entrada al Parque Nacional, que se cobra en el Aeropuerto de Canaima, 35 bolívares fuertes.

RUTA ALTERNATIVA POR TIERRA

Hay un camino fácil que se puede hacer hasta Paragua, al sur de Ciudad Bolívar. Allí hay que cruzar el río Orinoco en una chalana y continuar por una muy mala ruta minera hacia San Salvador de Paul. Los amigos rustiqueros de Venezuela nos desaconsejaron hacer la ruta, ya que necesitas neumáticos especiales, muy altos. Si sigues adelante tienes que continuar hasta Caño Negro. Allí estacionas en el terreno de la familia que te cruzará el río Paragua en una canoa. En tres horas caminando estás en Canaima.

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71- Cómo cruzar la frontera entre Guyana y Surinam sin visado

Beer sign in Georgetown, Guyana

Aquí encontrarás datos que no están en ninguna guía, sobre todo, porque rozan o entran en el terreno resbaladizo de lo que podría ser ilegal. Son trucos, trampas que vamos descubriendo en el camino, grietas en las normas establecidas que juegan a nuestro favor, el de todos los viajeros. Que aproveche.

A veces pasa, quieres hacer las cosas bien pero algo no funciona. Te concentras, pones todas las energías a trabajar de tu lado y nada. Soplas fuerte, estiras los brazos como un superhéroe de segunda y ni un miserable rayito de sol rebota en la palma de tu mano. Da risa, o pena. Tampoco se doblan las cucharitas de café made in China y menos aún se mueve el ferry que cruza el río Corentyne, en la frontera atlántica entre Guyana y Surinam.

Nada, tenemos todo listo, la visa de 50 dólares y el seguro de la furgo, pero el ferry no funciona. Estará detenido una semana mientras arreglan la ruta de tierra al otro lado del río, que se desquició con las últimas lluvias de enero. Surinam, a pesar de su pasado holandés, también está en Sudamérica.

Pero siempre existe un Plan B.

En este caso, el Plan B circula por el Back Track, la pista trasera. Los botes rápidos que unen Springlands y Nieuw Nickerie no se detienen por mal tiempo. Es ilegal, no hay aduana ni migración, pero los botes con seis pasajeros parten a 200 metros de la última comisaría de Guyana, donde dejamos aparcada la furgo. El viaje cuesta unos 10 dólares y, si hay olas, también hay emoción.

¿Aguantará? ¿Aguantaremos?

En el lado de Surinam sólo hay un muro de contención que evita que las tierras bajas se inunden durante la marea alta. Y taxis, montones de taxis individuales y colectivos conducidos por descendientes de hindúes dispuestos a llevarte hasta el centro histórico de Paramaribo en tres o cuatro horas. A la velocidad de un rosario murmurado rápido, pero eterno.

Es así. Con este Plan B al final haces las cosas mal, porque si estás sin visa eres un ilegal y puedes tener problemas. Pero si vuelves a salir del país por el mismo camino,  funciona.  Buena suerte.

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69- Lugares para conocer antes de morir: Catarata Kaieteur, Guyana

Kaieteur enorme, brutal. Guyana

(viene de Caminando por la selva de Guyana)

Desde lejos Kaieteur no impresiona. Parece una catarata más, una catarata clásica, de esas de postal, de las que hay en todos los países. De esas. Más de lo mismo, agua que cae de arriba para abajo. Más locales que hablan de su catarata con orgullo, como si fuera la única del mundo.

Pero a medida que caminas sucede algo extraño: no llegas nunca. Te acercas pero no alcanzas la orilla, caminas pero el salto continúa agrandándose, haciéndote sentir cada vez más pequeño. Avanzas, esquivas los brazos verdes de una bromelia, una planta gigante con nombre de tía antigua, una superviviente de la megalomanía biológica. Tentáculos largos, bigotes. Allí delante encuentras un espacio vacío, te asomas al abismo e inmediatamente das un paso atrás: los árboles del fondo parecen repollos enanos.

Entonces algo te paraliza sobre una piedra que se estira desafiando la ley de gravedad. Estás en medio de la selva, sobre el mirador del Tarzán de Johnny Weismuller. Parpadeas, te has convertido en una hormiga. Una pequeña garrapata entre las grietas de la piedra más vieja del mundo.

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Dicho de otra manera: al lado de Kaieteur, eres insignificante.

El agua, mucha agua, demasiada agua, pierde el equilibrio junto a tus pies y cae 226 metros hasta reventar contra las rocas escondidas del abismo. Doscientos veintiséis metros. Allí hay una explosión permanente, un big bang de agua pulverizada despedida a la velocidad dolorosa de la confusión. Estás allí, existe, pero todavía necesitas que alguien te patee el culo para asegurarte que esto no es un sueño. Que estás despierto.

Arriba, ranas doradas que viven en un estanque natural dentro de la misma bromelia. Y gallitos de las rocas, rojos como chavistas venezolanos, como neocomunistas melancólicos entre las ramas de un mundo verde.

Abajo, al fondo de la grieta, un enorme arco iris se levanta en el aire para saltar las orillas con los colores más hippies de la naturaleza. Y en el medio estás tú, sentado en la orilla del mundo, con los pies colgando que se balancean con el viento.

El espectáculo es hipnótico, un circo natural que te llama, que te ata una cuerda invisible en las tripas y te pide que saltes, con la certeza que el vapor detendrá la inercia y podrás volar. Acompañar a los pájaros que se lanzan en un vuelo kamikaze, suicida, perpendicular, hacia una caída vertiginosa siguiendo la corriente del agua.

Y a mitad de camino las aves vuelven a sorprender, a quebrarse en un nuevo ángulo recto y a sumergirse en el hueco oscuro que aguarda detrás de la catarata. Sí, la misma catarata desbordante de taninos que continúa cayendo, para volver a acumularse, extenuada y llena de moretones, toda negra y encauzada, en el fondo del valle. Allí, a doscientos veintiséis metros.

De todas las grandes cataratas del mundo, Iguazú, Victoria, Niágara y Nilo Azul, Kaieteur es la gran desconocida. La única en donde puedes permanecer en la más absoluta soledad durante varios días. Sin ruidosos grupos turísticos. Sin puestos de Coca Cola. Sin souvenirs de plástico. Solos en la naturaleza, como debió ser en el principio de todo.

No hay ruta para llegar a Kaieteur. Sólo puedes acercarte caminando en un trekking a través de la selva (4 días), en bote con motor desde Pamela Landing (1 día), o en avión (1 hora). Los precios para este viaje espectacular los podrás encontrar en www.rftours.com

Gracias a Frank Haralsingh, de la Guyana Tourism Authority, que nos dió todas las facilidades para recorrer el país menos conocido de Sudamérica, y a Frank Singh, director de Rainforest Tours, que nos invitó a uno de los tours más espectaculares del continente: un trekking de varios días a través de la selva de Guyana hasta la desconocida catarata Kaieteur. Inolvidable.

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