336- Si pudieras volver a empezar, ¿cómo te gustaría que fuera tu vida? | KOH TAO, TAILANDIA

Si pudieras volver a empezar, ¿qué te gustaría hacer de tu vida?

Imagina que hoy, mientras estás trabajando, pasa un tiburón ballena por encima de tu cabeza. O una manta raya, un cardumen de miles de peces de colores o un grupo de delfines. ¿No sería un trabajo increíble?

Ahora imagina que además, mientras trabajas, tienes la sensación de estar volando. En realidad no es una sensación, es casi una realidad. Flotas, te mueves hacia arriba, hacia abajo, hacia adelante y hacia atrás. Puedes avanzar en cualquier dirección. A tus pies hay una alfombra de coral y anémonas, no un falso parquet o cemento o un suelo absurdo de cerámica.

Estás trabajando, y tu trabajo consiste en explorar, en guiar, en cuidar un mundo donde las reglas de la tierra no tienen sentido, porque estás en el mar. Bajo el agua.

¿Cuántas veces me pregunté cómo sería mi vida si pudiera empezar de nuevo? ¿Cómo sería si tuviera la información que tengo ahora, si tuviera la experiencia para tomar la decisión correcta a los veinte años sin miedo a equivocarme?

Por eso, cuando encuentro alguien que no está seguro qué camino tomar, le recuerdo que hay demasiados abogados y pocos exploradores. Que la vida es un milagro sin sentido, que debemos aprovechar el tiempo que tenemos, y que las dos terceras partes de la Tierra son agua. Que si pudiera empezar de nuevo hoy trabajaría bajo el mar, haciendo buceo.

No sé si llevaría gente a pasear por alguno de los miles de paraísos submarinos que hay en nuestro Planeta Azul, si buscaría barcos hundidos, repararía sus cascos bajo el agua, o exploraría cuevas sumergidas. No tengo idea. Sólo sé que hay mejores mapas de la Luna que del fondo del mar, y que alguien tendrá que hacerlos.

Hace unos días llegamos a la isla de Koh Tao, en Tailandia, con la idea de quedarnos un par de noches y seguir adelante. Hoy, cuando escribo esto, ya llevamos diez lunas en la isla. Yo le echo la culpa al mar y a una comunidad latina numerosa, abierta y espontánea. Chicas y chicos que llegaron a esta pequeña isla para buscar una nueva vida y se encontraron en una escuela y centro de buceo llamado Pura Vida Diving Koh Tao,

Soñadores que abandonaron un trabajo y encontraron una nueva manera de vivir. Muchos prueban aquí el buceo por primera vez y ya no lo pueden abandonar. Quedan tan enamorados que continúan haciendo cursos hasta que en unos seis meses se convierten en instructores. Y empiezan a trabajar alrededor del mundo, bajo el agua. En libertad. Exactamente lo que me gustaría hacer si pudiera comenzar de nuevo. Es lo que llamo la Universidad de Koh Tao.

Mucho mejor que ser abogado, director financiero, dentista o vendedor de lo que sea.

Si pudieras empezar de nuevo, ¿qué te gustaría hacer de tu vida?

Esta historia está dedicada a ellos. A todos los Santi, Javis, Jorges, Sonias, Carles, Alfonsos, Yolandas, Iagos, Óscar, Nahueles, Angelas y Lucías que están haciendo realidad un sueño a través del buceo. A veces hay que irse, salir y sumergirse para empezar a respirar.

‘No importaba llegar, sólo el camino. No importaba elegir el mejor, sólo uno. E importaba seguirlo ciega, febrilmente, contra males, hombres y bestias.’

El Carbonero, de Carlos Soto Femenía.

GALERÍA DE IMÁGENES

Gracias a Damián Almua por las fotografías submarinas y a Nahuel Martino por el vídeo alucinante del tiburón ballena!

INSPIRACIÓN. SÓLO HAZLO, LA PÁGINA DE PUBLICIDAD QUE ME INSPIRÓ A VIVIR COMO YO QUIERO.

VÍDEOS IMPERDIBLES. CONFERENCIA EN MADRID SOBRE LOS PRIMEROS 15 AÑOS DE VIDA EN LA RUTA

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QUIÉNES SOMOS LOS VIAJEROS4X4X4.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en La Cucaracha, nuestra furgoneta 4×4. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 descendimos un río del Amazonas en una balsa de troncos y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo escribió 3 libros de sus viajes alrededor del mundo: El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África. Uno de ellos, El Libro de la Independencia, fue traducido al inglés: The Book of Independence. También escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros, presenta vídeos y hasta aprendió mecánica!

Pablo y Anna sirven de inspiración para un cómic de viajes creado en Boston y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y dieron charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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229- El retorno a los malos caminos.

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(Viene de Por las rutas del México narco)

No queríamos que la noche nos encontrara en la ruta. No hubiera sido la primera vez que ocurría, pero aquello era uno de los corredores del narcotráfico en Sonora, México, junto a la frontera con Estados Unidos. Simplemente, no era recomendable.

Si se pudiera desmembrar la tierra como un cuerpo –brazo, pierna, cabeza, pie, cadera – aquello sería la parte del torso cercana al cuello de Cártel de Sinaloa. No, no era el corazón, eso estaba en algún lugar desconocido de la sierra de Chihuahua, pero sin duda por allí circulaba la sangre que alimentaba al monstruo que había desbancado a los políticos y se había adueñado de la justicia y la injusticia al noroeste de México. Era el país dentro del país, sin aduana oficial ni migración, con una policía que vestía de civil y una justicia expeditiva que siempre saldaba sus cuentas. Este era el país del Cártel de Sinaloa, el Cártel del Chapo Guzmán, el hombre inalcanzable, sin rostro ni dirección conocida.

Sí, podía ser interesante descubrir tras una curva que la ruta había sido cortada por un control civil, un grupo de hombres con pocas pulgas y muchas armas manifestándose decididamente en contra de la curiosidad. Era posible, nos lo habían advertido más de una vez. También era una buena historia si sobrevivíamos para contarlo, pero, bueno, quizás era ir demasiado lejos. No tenía ganas de comprobarlo.

Por eso, a medida que el sol se acercaba peligrosamente al horizonte, pisé el acelerador de la furgo un poco más, abandonando la rutina de esos 90 casi 100 kilómetros por hora con los que nos dedicábamos a avanzar y retroceder por el mundo. En realidad, pisé el acelerador casi hasta el fondo. Quería llegar antes que la noche nos envolviera en su sudario y escondiera los detalles.

Acabábamos de dejar la seguridad del pueblo de Heroica Caborca en busca de una playa cálida donde refugiarnos por unos días y los 105 kilómetros de asfalto irregular y sin arcén, delgados, se estiraban como una goma de mascar usada. Haz la prueba: sostén la punta del chicle con los dientes y tira de él con la punta de tus dedos. Así era la ruta, recta, escuálida y curva, cuando el cauce de un arroyo seco creaba un badén que ponía a trabajar los amortiguadores. Ñic-ñic, ñic-ñic. Ñic-ñic. El sonido era el mismo que el provocado por los muelles de una cama vieja donde hacer el amor ruidosamente. Furiosamente.

Solo en ese momento, cuando atravesábamos los badenes amplios y escandalosos que anunciaban torrentes de temporada, bajaba de los 120 kilómetros por hora, 40 más de los permitidos por los carteles de velocidad máxima agujereados a tiros.

Avanzamos, pero el paisaje se mantiene imperturbable, seco, áspero. A la izquierda, un grupo de montes de piedra roja y reseca se levanta sobre un desierto de arbustos afilados, cubiertos de pequeñas dagas naturales. Es la primera barrera hacia los valles donde los locales, en voz baja, aseguran que están los cultivos. ‘Cultivos’ es una palabra bastante imprecisa que puede incluir cualquier cosa capaz de crecer en la tierra –maíz, cáñamo, tomates, nopal, amapola, algunos árboles frutales. Hacía tiempo que los narcos se habían convertido en mecenas de la agricultura en tierras lejanas, agrestes, escondidas y abandonadas.

Quienes se encargaban del cuidado de la tierra no eran narcos, eran los agricultores más pobres, los olvidados por la economía y la política, hombres y mujeres casi siempre de bajos recursos y menos educación formal que veían cómo una plantación de marihuana era capaz de dar lo mismo que diez años de maíz. Los fardos verdes y fragantes, prensados y aislados dentro de grandes bolsas de plástico grueso, atravesaban el paisaje detrás de la mercadería de camiones de antecedentes intachables o en avionetas que volaban al ras de la tierra. Que apenas se elevaban un poco para esquivar los cables telefónicos cuando atravesaban una ruta.

Los químicos que obraban el milagro de la transformación de la amapola en heroína llegaban escondidos en el doble fondo de camionetas con motores de ocho cilindros, mejores que cualquier caballo soñado por Pancho Villa. Del mismo destino salía el producto elaborado. Solo faltaba el sello oficial y la garantía de pureza de alguna administración sanitaria para que las dosis pudieran ser vendidas en el estanco de la esquina, o en el bar donde los parroquianos se embriagaban con tequila barato y legal.

El sol continúa descendiendo mientras acelero, todavía no sabemos dónde vamos a dormir ésta noche. Tomar este camino es una forma de retornar a África, a la ruta más incierta, sobre todo porque no puedo imaginar cómo es El Desemboque, nuestro destino. No había visto una foto del pueblo frente al mar, nadie había dicho ‘bonito’, ‘feo’, ‘sucio’, ‘vacío’, ‘peligroso’, ‘tranquilo’, nadie le había puesto un adjetivo. México es un país demasiado grande y El Desemboque es demasiado pequeño como para aparecer en la guía de viajes que Anna revisa sobre la marcha. La misma, que con el paso de los años se había convertido en un listado de hoteles y restaurantes.

– Algo encontraremos –susurro convencido en uno de mis mantras preferidos, invocando a la magia de las coincidencias.

Sincronicidad, esa es la palabra que inventamos para darle nombre a esas cosas que a veces ocurren sin que puedas explicarlas.

Esto era el viaje más puro, eso que tanto extrañaba después de dos años atravesando la pulcritud y la seguridad de Estados Unidos y Canadá. Movernos por el impulso básico de avanzar, sin saber lo que encontraríamos al final del camino. No hacer demasiados planes, dejar un espacio libre a la sorpresa, a la espontaneidad. Que el caos encuentre un orden, tirar los dados y caer de pie, otra vez, como un gato viejo que ya perdió la cuenta de las veces que salvó su vida.

Cuando llegamos a la Y Griega, el desvío hacia Puerto Peñasco, nos quedamos solos. Todos, coches jóvenes y viejos, todoterrenos sucios de campo y limpios de supermercado, toman por el palito superior derecho de la Y. Nosotros giramos a la izquierda. El desierto hacia El Desemboque parece más vacío, lleno de dudas espinosas. No podemos dormir a un lado de la ruta, no debemos tomar cualquier camino de tierra para acampar en lugares sin nombre o con nombres que es mejor no conocer. Por más que los últimos rayos de sol se apaguen como chispas que mueren en el aire, hay que seguir avanzando. Detenernos no es una opción.

Dos luces blancas aparecen en el espejo retrovisor. Son intensas, puras como una aparición religiosa, y avanzan a toda velocidad hacia nosotros. Intento acelerar un poco más, la furgo alcanza los 135 supersónicos kilómetros por hora y el volante comienza a vibrar. No es el suelo irregular, es el límite antes de que la carrocería comience a desarmarse, a dejar trozos de viaje a lo largo de la carretera. Cachos de metal que caen a los lados, como los pedazos que se separan de un cohete mientras asciende hacia el espacio. Las luces continúan acercándose.

¿Nos persiguen? ¿Por fin nos encontramos con un OVNI? ¿Serán los malos, los mañosos? Otra vez nos metimos donde no debíamos. Otra vez.

Alguien con más temor, o más motor, o más prisa, nos adelanta dejando una estela plateada y fugaz. Entonces, sobre ese par de focos rojizos aparece la sombra de un techo oscuro y triangular, delineado contra el cielo rojo sangre del atardecer. Y uno más, y otro. Un cartel verde artificial, plantado junto a la ruta, anuncia ‘El Desemboque’. El sol acaba de desaparecer y el asfalto le sigue, reemplazado por una calle de tierra agujereada. Bajo la velocidad y esta vez es el polvo quien nos adelanta.

Segundos después la noche se derrumba sobre nosotros. Ahora tenemos que encontrar dónde dormir.

(Continúa en Sincronicidad)




Cartas desde el fin del mundo

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(Artículo de Juan Pedro Ponce. Encuéntralo completo en la web de el4x4.com)

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Hace unos años, cuando la humanidad dudaba si con el cambio del milenio se acabaría el mundo, una pareja calentaba motores en Barcelona para salir a dar una vuelta al mundo que debía durar 4 años. Parece que algo les ha pasado, porque estos dos se han quedado a vivir en la ruta.

Se trata de Pablo Rey y Anna Callau, argentino y catalana. Ella no tardó ni media hora en aceptar su propuesta de dejarlo todo y partir a la aventura después de escuchar sus historias de viaje con un Land Rover destartalado por el sur de África. Y un día juntaron sus ahorros, alquilaron su apartamento hipotecado, renunciaron a sus trabajos, y se fueron a vivir la vida que todos soñamos.

A bordo de una Mitsubishi L300 4×4 “con el aura de las Vokswagen hippies de los 60” recorrieron el sur de Europa, Turquía, Siria, Jordania, Egipto y toda África hasta Ciudad del Cabo. Luego embarcaron en un buque de Pescanova que los dejó en Argentina y comenzaron a recorrer Sudamérica hasta llegar a Estados Unidos, donde se casaron en Las Vegas sentados en su 4×4.

Pasados ya 11 años desde su partida de Barcelona, hablamos con ellos mientras están en Canadá preparando un nuevo libro sobre La vuelta al mundo en 10 años y la edición en inglés de su primer libro grande, “La vuelta al mundo en 10 años: El libro de la independencia”.

En el libro cuentan que una de las cosas más difíciles es la convivencia en tan poco espacio y el estar absolutamente todo el tiempo juntos. Es por ello que le hemos pedido que nos contesten por separado:

  • Playa, montaña, desierto, selva, ciudad…. ¿Qué prefieres?

ANNA: Playa. El mar. En realidad, de todo un poco. Siempre lo mismo también aburre. Pero podría ordenar mis preferencias de la siguiente manera: playa, desierto, montaña, selva y ciudad.

PABLO: Desierto, desierto y desierto. No hay nada más espectacular que perderte con tu 4×4, sin guía ni destino, con la única intención de explorar y encontrar sitios que en otras épocas estuvieron habitados. Y después un poco de playita y algo de montaña.

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  • Un sitio que te haya defraudado enormemente.

ANNA: Chichen Itzá. El sitio arqueológico es espectacular, no hay que quitarle mérito. Pero la venta de souvenirs, con los tenderetes desparramados dentro del sitio arqueológico sin ninguna gracia, le quitan toda la magia.

PABLO: Todos los lugares nos han sorprendido de una u otra manera. Siempre puedes rescatar algo bueno, algo que te hace un poco más rico. No de dinero, claro, pero sin duda como persona. Pero plantearía la pregunta al revés: ¿qué sitios nos han sorprendido enormemente? Eso es mucho más fácil: Turquía, la hospitalidad árabe, los templos y monasterios de Etiopía, la vida salvaje de Nairobi, Zimbabwe, Perú, el interior de Argentina, las Galápagos, Yucatán y el norte de México, los desiertos de Estados Unidos, la costa de Alaska…

  • La peor frontera hasta ahora.

ANNA: Sudán. No porque no nos trataran bien en la frontera, sino porque el tiempo allí discurre a otra velocidad.

PABLO: Nunca tuvimos demasiados problemas en las fronteras. Alguna vez hicimos alguna tontería, pero nunca terminamos en la cárcel. Tardamos seis horas en hacer el papeleo para entrar en Sudán. De Etiopía a Kenia cruzamos la frontera por un paso ilegal junto al lago Turkana… pero allí no tuvimos problemas con las autoridades, sino con el motor. Se nos inundó. Tuvimos que abandonar nuestro 4×4 en la base del parque nacional Sibiloi y hacer 800 kilómetros hasta Nairobi para buscar un mecánico. Y volver con él, claro. Estos días estuve escribiendo acerca de esa historia para el nuevo libro que estoy terminando y te aseguro que fue toda una aventura pero no fue agradable. Ni siquiera recordarlo fue agradable.

  • Un sitio que no te esperaras y que te dejó con la boca abierta.

ANNA: Kaieteur Falls, en Guyana.

PABLO: Los templos y monasterios de Etiopía. Galápagos. El desierto de Atacama…

  • Una acampada, camping, hotel muy, muy especial.

ANNA: Hay muchos en estos 11 años de viaje. Pero del último año me quedo con una playa perdida en Xcalak, Quintana Roo, sur de México, bastante cerca de la frontera de Belice. El lugar habitado más cercano estaba a 12 km, un pueblito de pescadores. No había gran cosa tampoco. Encontramos un pozo de agua dulce en el terreno abandonado donde acampamos. La comida la pescaba Pablo con un arpón en el mar.

PABLO: ¿Hotel? ¿Qué es eso? Casi siempre dormimos en la furgo, sino no podríamos seguir viajando. Un sitio muy especial fue el parque nacional de Mana Pools, en Zimbabwe. Allí puedes aparcar tu 4×4 donde quieras y caminar por la selva desarmado, siguiendo los pasos de los elefantes. Te aseguro que es una de las mayores emociones que he vivido en mi vida.

  • De todos los sitios que habéis conocido. ¿Dónde echaríais raíces?

ANNA: Perú. O México.

PABLO: Me encantaría volver a pasar unos años en África y otros años en Argentina. Y sobre todo, volver a los desiertos en invierno.

  • ¿Qué no puede faltar nunca en el equipaje?

ANNA: El pasaporte, por supuesto!

PABLO: Libros. Libros que te cuenten cosas que no has vivido o que no has aprendido personalmente. Libros que me abran las puertas a otras historias que no pude vivir…

  • ¿Próximo destino?

ANNA: Dentro de poco volamos a Barcelona para editar un nuevo libro, habrá que presentarlo en Altaïr y otras librerías y luego volveremos a Norteamérica (Canadá y Estados Unidos). Y a viajar por norteamérica vendiendo el Libro de la Independencia, que ya estará traducido al inglés.

PABLO: A principios del 2012 estaremos en España para editar el nuevo libro. Y en mayo regresamos a Canadá para volver a bajar al sur de Estados Unidos y México. Canadá es tan civilizado que resulta aburrido. Luego cruzaremos de Vancouver a Japón-Corea-Rusia-Mongolia y de allí cruzaremos Siberia hasta llegar a Finisterre. Y de ahí, a Barcelona. Eso puede ser a fines del 2013 o 2014. Recién en ese momento habremos completado nuestra vuelta al mundo. Habrán sido… 14 años. Muchísimo tiempo…

  • ¿Qué “chisme” está en la furgo desde el primer día y no habeis utilizado nunca?

ANNA: Las cadenas para la nieve.

PABLO: Las cadenas para la nieve.

  • ¿Os seguís insultando para descargar adrenalina?

ANNA: No, ya no. Aunque a veces lo echamos de menos.

PABLO: No, ya no. Hemos perdido esa buena costumbre. Era algo muy sano, sobre todo porque no valía repetir insultos. Y hay un momento que tienes que comenzar a inventar nuevos insultos. Moco de sapo, pedo atravesado, dolor de tripas, accidente de una borrachera, mancha de semen, nada… A partir de ahí el cabreo comienza a ser gracioso… No es fácil convivir durante once años en 5 metros cuadrados…

La Vuelta al Mundo en 10 Años: El Libro de la Independencia, escrito por Pablo Rey, se puede conseguir en cualquier librería de España con el ISBN 978-84-613-8678. Está editado por los propios viajeros y distribuido por RBA. También lo puedes conseguir on line en www.amazon.com




165- Las tres guerras de México y la legalización de las drogas (1ª parte)

La Vuelta al Mundo en 10 Años - @viajeros4x4x4

Amo a México. Ya lo dije y lo repetiré las veces que sean necesarias y ante el juez que lo requiera. Tiene una gastronomía espectacular y única, algunos de los sitios arqueológicos más interesantes del mundo, culturas propias y playas desoladas. Me gusta especialmente el norte con su gente más abierta y espontánea y sus corridos alegres que ensalzan la mala vida.

Pero hay momentos en que quiero irme, escapar. Sobre todo cuando vuelvo a reconocer en el arcén de la ruta un cartel que dice: DISMINUYA LA VELOCIDAD. PUESTO DE CONTROL MILITAR OBLIGATORIO.

– Es así –aseguran los compadres mexicanos. –Tendrás que acostumbrarte.

Pero no hay caso, no me acostumbro, no me amaestro a estos estados policiales causados por las guerras no declaradas. Guerras, sí, guerras. Porque en México no hay una guerra. Hay tres guerras.

La primera guerra mexicana del siglo veintiuno enfrenta al gobierno con los cárteles del narcotráfico y la sufren todos los mexicanos. La presión de los militares que nunca saben muy bien quién es bueno y quién es malo se traduce en bajas inocentes y controles militares constantes que en ocasiones permiten cometer abusos con la excusa de la guerra. Todos los civiles son sospechosos de portar armas o de tráfico de drogas: hombres, mujeres, niños, ancianos, minusválidos, nacionales, extranjeros, perros, gatos y vacas. Y no es broma.

En el año 2001 el gobierno de Honduras anunció que había descubierto vacas destinadas a Estados Unidos con los genitales rellenos de bolsas de cocaína.

A pesar del esfuerzo oficial anunciado en todos los medios, el final de la guerra contra el narco sigue sin aparecer en el horizonte. Las operaciones tienen que ser siempre secretas debido a los chivatazos constantes de gente comprada o amenazada y la búsqueda de los jefes de los cárteles han convertido el centro de algunas ciudades en escenarios de batallas campales al estilo del viejo y salvaje oeste. Sí, caen tipos pesados cuyo rostro aparecerá tachado como un nuevo logro en los carteles de se busca vivo o muerto, pero siempre son reemplazados rápidamente por subalternos más inteligentes, más ambiciosos y con menos escrúpulos.

Por eso los periódicos amarillos no necesitan inventar historias macabras: casi todos los días hay gente sin brazos ni piernas colgada de puentes en la ruta. Cadáveres sin corazón pero con palillos clavados en los ojos. Cuerpos amontonados en fosas naturales. Balaceras en el centro de ciudades que permanecen aisladas por narcobloqueos provocados con camiones atravesados. Hombres apaleados hasta la muerte en un sótano. Mujeres desaparecidas. Muertos sin cabeza, cabezas sin lengua, manos sin dedos. 72 migrantes de Centro y Sudamérica asesinados en Tamaulipas que ya pasaron al olvido.

La máquina que crea poderes paralelos sigue funcionando y el dinero del narcotráfico sigue comprando la protección de políticos importantes, de policías y militares de todos los rangos y, como ya ocurrió una vez, hasta al propio fiscal nacional antidroga. Y cualquiera de ellos puede dar el chivatazo, el aviso de la operación en marcha que permita a los jefes volver a escapar.

Y si los narcos pueden comprar gente que ya tiene dinero y poder, imagínate la de gente normal, gente que apenas tiene para comer que se incorpora en las bandas como sicarios, mulas y vendedores callejeros. Gente que toma decisiones arrastrada por una conclusión muy sencilla: tiene más sentido vivir seis meses como rey que toda una vida de esclavo.

170-Guatemala-Chichicastena

La segunda guerra mexicana del siglo veintiuno se desató hace años entre los cárteles del narco por el control de zonas donde trabajar sin competencia. Regiones importantísimas para el tráfico de drogas por mar y aire como las penínsulas de Baja California o Yucatán y para el tráfico por tierra como las zonas fronterizas con Guatemala (Chiapas, Tabasco) o Estados Unidos (Baja California, Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua). Allí sí que cae gente. Y sin duda, la guerra también se desarrolla en las grandes ciudades como el Distrito Federal o Acapulco donde varias bandas se disputan el control de la distribución de heroína, cocaína, marihuana o metanfetaminas.

La influencia del narco es tan importante que hay regiones enteras donde la policía no existe y el control del gobierno mexicano es nulo. La economía de estos lugares depende del cultivo o la elaboración de drogas, como en el triángulo entre Sinaloa, Durango y Chihuahua donde se produce goma de opio y amapola (¿creías que todo venía de Afganistán?); o los pueblos del desierto del norte donde nadie quiere tener el honor de ser el próximo comisario asesinado; o las regiones de Oaxaca habitadas por los campesinos indígenas olvidados que son tentados por pequeños ejércitos irregulares que sueñan con convertirse en el Sendero Luminoso de México.

Son los estados paralelos del narcotráfico.

Ningún extranjero que llegue en avión notará que acaba de aterrizar en un país en guerra. Desembarcas, te revisan el equipaje, sales a la calle, tomas un taxi y todo parece normal. La gente camina por las aceras, los negocios permanecen abiertos, los edificios siguen intactos, los semáforos funcionan, los vehículos son nuevos y viejos y los periódicos amarillos vocean noticias sangrientas. La vida se desarrolla como si no pasara nada.

Y lo más curioso, lo más raro, es que es así. Solo los que viven en el país y se interesan por las noticias, saben algo de lo que está pasando en México. Y solo es algo, una porción, porque lo que aparece en los periódicos es una parte mínima de lo que realmente sucede. Y si eres extranjero y viajas en avión por unas pocas semanas, repito, no te enteras de nada.

La vida en México continúa a pesar de las guerras no declaradas que se cobran alrededor de 10.000 muertes violentas al año, más o menos las mismas que en Irak.

(continúa en Las tres guerras de México y la legalización de las drogas)




143- El idioma de la calle o Me cago en la Real Academia de la Lengua

De Peso, lunfardo, me cago en la gramática española y castellana. Diarios de México

El 3 de octubre pasado decidimos celebrar mi cumpleaños lejos de todo, en las playas vacías de X-Calak. Y Mínimo, el vendedor cuyo trabajo consiste en hacer todos los días 250 kilómetros en moto para llevar tortillas mexicanas al pueblo, nos trajo unas cervezas para celebrarlo. Y además, nos regaló el diario del día. Un ejemplar del insigne periódico De Peso.

X-Calak está lejos, a 120 kilómetros de la carretera principal que va de Chetumal a Cancún. Más lejos que Mahahual. Y eso es lo que lo salva, lo que hace que su costa caribeña todavía sea bastante virgen a pesar de los plásticos que siguen llegando todos los días a la playa como la marea roja de un desarrollo mal digerido.

Y no estoy seguro pero apostaría bastante a que esa educación deficiente ayuda a la creación de nuevas palabras, nuevos idiomas que surgen de los bares, los suburbios y la tierra. Un nuevo lunfardo que, con todo respeto a sus excelencias, se caga en la Real Academia Española de la Lengua.

Aquí van algunos extractos del Diario De Peso, editado en Chetumal. No tiene desperdicio.

 

REVOLCADA DE CARNITAS (sobre accidente de tránsito de una moto)

Venía una gordita de chicharrón trepada en su burrito de 2 llantas, cuando por andar pensando en la inmortalidad del cangrejo azul, se voló el alto, provocando que un flema azul la impactara mandándola directito al chinche y duro pavimento. La central de emergencias del 066 recibió la alerta de que un taxista había dejado como cucaracha aplastada a una ñorita que venía pedaleando su biruleta.

Por el tremendo guamazo salió disparada derechito al frío pavimento, de inmediato los tamarindo solicitaron la presencia de los cruzrojitos, pues al parecer la señito se había roto la patita y temían tuviese lesiones macabronas.

La chillona de la Cruz Roja arribó para brindar los primero auxilios y luego de manosearla determinaron que era necesario trasladarla a algún nosocomio, tons la empaquetaron y llevaron de volada.

 

LLOVIÓ PLOMO A DISCRE (sobre balaceras)

Con 3 certeros plomazos, 2 en la panza y uno en una pompi, terminó un chilaquil luego que un cuarteto de gatilleros le soltaran tiros a quemarropa, cuando intentaban robar un local de materiales de construcción.

Toda la banda policial tan pronto escuchó la alerta se lanzaron en chinita loca hacia el lugar del Robocop, tons les llegó un segundo pitazo que les puso los pelos de punta y los cabellos erizados, pos les informaban que los rateros estaban pelando gallo en un Nissan, no sin antes balacear a un empleado.

Los primeros en llegar fueron los cruzrojitos quienes encontraron a Guillermo Palomares de 44 agujereados años, tirado de dolor en el suelo dentro de un charcote de sangregorio y con 3 agujeros de bala en su puerco.

Según el chisme, fueron 4 ratas de 2 patas, 3 de ellos dzirises y uno puruxón, que con trona en mano se metieron al changarro con las negras intenciones de robar; pero las cosas se les salieron de control, al momento que uno de ellos se acercó a Memín, quien se resistió al asalto y tons fue baleado; los pillos no lo pensaron más y se esfumaron por arte de magia.

 

LE BAJARON DE BLANQUILLOS (sobre abusadores sexuales)

El melló no anda en burro y ahora los calenturientos paisanos que están tentados a cometer violines, lo piensan 2 veces antes de hacerlo, gracias al endurecimiento de las penas por este delito. En lo que va del presente año han iniciado 29 procesos contra la misma cantidad de hijos de la tiznada que les han dado violetas a sus semejantes, especialmente a mujeres desamparadas y morritas.

Mientras que en los juzgados este año han procesado a 31 mañosos paisanos que han intentado abusar de chancludas y chiquitas con engaños, en la mayoría de los casos por mostrar sus miserias o tocar en las partes donde las arañas hacen sus nidos en los puerquesitos de las chicuelas, ya que en el año 2009 sólo fueron 27.

Los hijuesú que han logrado obtener el tesorito de sus víctimas por medio de engaños también se encuentran reflexionando, pues el año pasado fueron 3 paisanos procesados por este delito y en el 2010 se llevan a cabo 2 procesos por esta misma causa.

 

DERRAPO SU ALCOHOLISMO

Buen zapotazo se llevó el conductor de una motoneta, luego de que bien pedernal, iba tendido como bandido sobre la calle Sicilia, terminó envuelto como chanchamito y con rumbo al resissste. Cuicos que daban sus roles madrugadores fueron avisados de un chisme caliente en el cruzamiento de la avenida Sicilia con Venustiano Carranza, donde un cuate había dejado su ser desparramado en el pavimento y estaba desmayado.

Cuando llegaron los polis, tuvieron a la vista a quien luego se supo se llama Jesús Chan Gómez, de 18 matraqueados años, quien se encontraba tendido con una alcancía en la frente, quien según los que vieron el guamazo, iba en chinita loca sobre la avenida Sicilia, pero metros antes de llegar a la Venustiano Carranza, perdió el control de las riendas de su mula de hojalata, Itálika amarillo mírame abuelita soy tu nieto, placa IJE-17, y derrapó por varios metros.

Del trancazo o de la pedra, Chucho se quedó tirado en el suelo hasta que lleghó la chillona de la UREM, cuyos ponecuritas lo empaquetaron y llevaron de volada a la clínica del ISSSTE, donde fue dado de alta a los pocos minutos, luego de su merecida resanada.




136- Lugares para conocer antes de morir: bucear en un cenote, Península de Yucatán, México

Buceando en un cenote con los amigos de Mexidivers, Tulum, Quintana Roo, México (Fotografía de Mexidivers)

Hay cosas que no puedes dejar de vivir cuando estás de viaje. Experiencias que a veces no puedes concretar por tu cuenta, por más preparado y obstinado que estés en mantener tu independencia.

La ley o el sentido común indican que no deberías hacer bungee jumping desde ese puente, por más buena que sea la cuerda semielástica que llevas para atar el equipaje. Que si quieres hacer cave tubbing en Belice mejor vayas con alguien que conozca los caminos subterráneos del agua. Que para hacer rafting en Zimbabwe necesitas alguien que conozca donde están las rocas, las sumergidas. Si vas a visitar a los gorilas en Ruanda necesitas alguien que evite que te aplasten la espalda en un abrazo. (Causa de muerte: exceso de cariño, no estaría mal para un certificado de defunción). Para subir al Kilimanjaro o navegar alrededor de las islas Galápagos necesitas alguien.

A veces lo dice la ley. Otras, el sentido común.

No es opcional. Si no lo haces así, no lo haces. Y no estás dispuesto a perdértelo.

En México, entre los bosques de árboles convertidos en folletos turísticos se esconde algo especial, único. Algo que no podrás hacer en ningún otro lugar del planeta Tierra: bucear en un cenote y entrar en la caverna inundada.

El único requisito es tener un carnet de buceo, PADI o el que sea. Y calma. Bucear en un cenote no es bucear en el mar. Un cenote, una caverna sumergida, es un sitio inundado que además de suelo tiene paredes y a veces techo. Da igual que haya un cable pintado de amarillo fluorescente que marque el camino. Woody Allen se sentiría mal. Incómodo. Paranoico.

Apenas te sumerges comienzas a seguir los caminos que se abren desde la boca del cenote sin la seguridad de las piernas ancladas al suelo. Estás suspendido, bajo el agua, y a tu alrededor hay peces casi ciegos, estalactitas afiladas y columnas que sostienen la superficie de la tierra. El agua es dulce, transparente como el aire, y las formas que te rodean hablan sobre otro momento de un planeta, cuando todos estábamos ausentes y el agua se congelaba en los polos.

La experiencia sobrepasa lo habitual. No es la culminación de un viaje largo ni el éxtasis de un paisaje que debería permanecer impermeable hasta el fin de los tiempos. Es un viaje a otro mundo, a otro estado de las cosas. Te mueves distinto, flotas, respiras distinto, no hay olor. No puedes salir corriendo, podrías cambiar de idea allí abajo, pero no deberías escapar.

El viaje al interior de una cueva inundada es una película de ciencia ficción. No es sólo el buceo, tiene la dosis suficiente de espeleología como para que se convierta en una aventura. De esas que recuerdas toda la vida.

Nosotros bajamos con la gente de MexiDivers, excelentes guías de buceo, snorkel y pesca, que están en el kilómetro 5 junto al hotel Zamas, en la carretera entre Tulum y Boca Paila. Es imposible perderse: es al inicio del único sitio en Tulum donde puedes ver la playa desde la carretera.

Muchas gracias a Carlos Solís y Santos Pech de MexiDivers por las fotos para ésta historia y la experiencia inolvidable de bucear en el cenote Dos Ojos. Bienvenidos a La Vuelta al Mundo en 10 Años.




105- Lugares para conocer antes de morir: Arribada masiva de tortugas en la playa de Ostional, Costa Rica

Arribada masiva de tortugas lora a la Playa de Ostional, Costa Rica

Una vez al mes, durante dos, tres o cuatro días, la playa de Ostional es la base de un encuentro espectacular, único, que asombra a todos los afortunados que pasaban por allí. Días antes de la luna nueva, una flota de miles de tortugas lora llegan a tierra para desovar en el mismo sitio donde nacieron.

Están agotadas y son tantas, y tantas, y tantas, que las autoridades de la Reserva Nacional Ostional permiten la recolección de huevos para consumo a los vecinos de la comunidad durante los primeros dos o tres días.

Esto que parece una barbaridad tiene una explicación sencilla: cada tortuga deposita aproximadamente 100 huevos en un nido que excavan en la arena. Al haber tantas tortugas, las que llegan más tarde hacen un agujero donde ya hay otro nido y rompen sus huevos convirtiendo la playa en una enorme tortilla nauseabunda de moscas, yema de tortuga nonata e infecciones.

(Consecuencia: el huevo frito de tortuga no tiene nada que ver con el huevo frito de gallina. Es pura yema y muy espeso, casi como mantequilla)

(Paradoja curiosa: en el país más conservacionista de América es legal comer huevos de tortuga)

(Propuesta mientras tanto:  sin duda, sería mejor meter los huevos en incubadoras y llevarlos a otras playas donde no haya tortugas…) (Problema: la tradición local de comer huevos de tortuga porque supuestamente le da mayor potencia sexual al hombre)

Nosotros solo conseguimos ver unas 50 tortugas lora llegando juntas a la una de la mañana. Y solo 50 tortugas, les aseguro, ya es un espectáculo emocionante.

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