136- Lugares para conocer antes de morir: bucear en un cenote, Yucatán | MÉXICO

Hay cosas que no puedes dejar de vivir cuando estás de viaje. Experiencias que a veces no puedes concretar por tu cuenta, por más preparado y obstinado que estés en mantener tu independencia.

La ley o el sentido común indican que no deberías hacer bungee jumping desde ese puente, por más buena que sea la cuerda semielástica que llevas para atar el equipaje. Que si quieres hacer cave tubbing en Belice mejor vayas con alguien que conozca los caminos subterráneos del agua. Que para hacer rafting en Zimbabwe necesitas alguien que conozca donde están las rocas, las sumergidas. Si vas a visitar a los gorilas en Ruanda necesitas alguien que evite que te aplasten la espalda en un abrazo. (Causa de muerte: exceso de cariño, no estaría mal para un certificado de defunción). Para subir al Kilimanjaro o navegar alrededor de las islas Galápagos necesitas alguien.

A veces lo dice la ley. Otras, el sentido común.

No es opcional. Si no lo haces así, no lo haces. Y no estás dispuesto a perdértelo.

En México, entre los bosques de árboles convertidos en folletos turísticos se esconde algo especial, único. Algo que no podrás hacer en ningún otro lugar del planeta Tierra: bucear en un cenote y entrar en la caverna inundada.

El único requisito es tener un carnet de buceo, PADI o el que sea. Y calma. Bucear en un cenote no es bucear en el mar. Un cenote, una caverna sumergida, es un sitio inundado que además de suelo tiene paredes y a veces techo. Da igual que haya un cable pintado de amarillo fluorescente que marque el camino. Woody Allen se sentiría mal. Incómodo. Paranoico.

Apenas te sumerges comienzas a seguir los caminos que se abren desde la boca del cenote sin la seguridad de las piernas ancladas al suelo. Estás suspendido, bajo el agua, y a tu alrededor hay peces casi ciegos, estalactitas afiladas y columnas que sostienen la superficie de la tierra. El agua es dulce, transparente como el aire, y las formas que te rodean hablan sobre otro momento de un planeta, cuando todos estábamos ausentes y el agua se congelaba en los polos.

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La experiencia sobrepasa lo habitual. No es la culminación de un viaje largo ni el éxtasis de un paisaje que debería permanecer impermeable hasta el fin de los tiempos. Es un viaje a otro mundo, a otro estado de las cosas. Te mueves distinto, flotas, respiras distinto, no hay olor. No puedes salir corriendo, podrías cambiar de idea allí abajo, pero no deberías escapar.

El viaje al interior de una cueva inundada es una película de ciencia ficción. No es sólo el buceo, tiene la dosis suficiente de espeleología como para que se convierta en una aventura. De esas que recuerdas toda la vida.

Nosotros bajamos con la gente de MexiDivers, excelentes guías de buceo, snorkel y pesca, que están en el kilómetro 5 junto al hotel Zamas, en la carretera entre Tulum y Boca Paila. Es imposible perderse: es al inicio del único sitio en Tulum donde puedes ver la playa desde la carretera.

Muchas gracias a Carlos Solís y Santos Pech de MexiDivers por las fotos para ésta historia y la experiencia inolvidable de bucear en el cenote Dos Ojos. Bienvenidos a La Vuelta al Mundo en 10 Años.

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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