261- Lugares para conocer antes de morir: Museo de Naves Espaciales de la NASA | ESTADOS UNIDOS

¡Un museo de naves espaciales! ¡Y es el único del mundo!

Jamás olvidaré el hangar enorme que guarda un cohete Saturn V de más de 100 metros de largo cargado de combustible explosivo. En la punta, en una nave diminuta, iban los 3 astronautas que llegaron por primera vez a la Luna. Y todavía me parece increíble.

Porque estas cosas uno las sabe, las conoce y las asume, las leyó o las estudió. Pero jamás es plenamente consciente de lo que significan hasta que no te detienes delante de una de estas naves espaciales que salieron de nuestro planeta. Suena a Star Wars, a La Guerra de las Galaxias. Y te sientes tan pequeño…

A ver si esta vez lo consigo: uno o varios seres humanos (como tú, como yo) son lanzados dentro de un cohete más allá del cielo. No se van de viaje en una furgoneta, se van de viaje al espacio. Al espacio negro e inmenso, al espacio de verdad, no dentro de una película o una novela. Y algunos de esos monos (como tú, como yo) incluso llegan a pisar otros cuerpos celestes, otras pelotitas con cráteres como esa Luna que de noche parece inalcanzable.

En Cabo Cañaveral, Florida, Estados Unidos, a menos de 100 kilómetros de Disneylandia, está el complejo de lanzamientos de cohetes de la NASA. Y tiene un museo que parece de otro mundo.

(No entiendo cómo la gente prefiere ir a ver a tipos disfrazados de ratón, que tienen una sonrisa de cartón piedra y saludan todo el tiempo como si fueran estúpidos, cuando al lado existe ¡un museo de naves espaciales!)

En el Kennedy Space Center están las primeras cápsulas (más chicas que un Seat/Fiat 600) que usó el hombre para llegar al espacio. Y están las segundas cápsulas, las quemadas por el retorno a la atmósfera terrestre, como la del programa Apolo 14 que aparece en una fotografía. Están los cohetes que las impulsaron. Hay trajes, cascos, piedras de la Luna, vehículos similares a los utilizados en la Luna, robots, satélites y videos históricos en blanco y negro. Está el Transbordador Espacial Atlantis, recién jubilado, el último en salir al espacio. Está la historia de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética al ritmo de la música de los años 60. Están las salas con enormes y rudimentarios ordenadores desde los que se controló el vuelo del Apolo 11, que llevó a Neil Armstrong a la Luna. Hay cines en IMAX 3D y montones de simuladores y juegos espaciales para niños.

Y el cohete brutal, impresionante, espectacular, enorme, gigantesco, increíble, demoledor, asombroso, extraordinario y fantástico (entre otros adjetivos), el cohete Saturn V. De ciencia ficción si no lo hubiera visto y admirado, que empujó hacia la Luna la pequeñísima cápsula que llevó al hombre a la Luna. Creo que lo dije antes, pero no está mal repetirlo: tiene más de 100 metros de largo y está acostado porque, con el clima de Florida, si estuviera de pie dentro de un hangar necesitaría un sistema de ventilación especial para evitar que se formen nubes cerca del techo.

Algunos soñamos con irnos de viaje en una furgoneta. Otros sueñan que se van de viaje a planetas como Marte, donde no hay carreteras ni árboles ni ríos ni mar ni aves ni otros seres humanos. En la exploración espacial todo es nuevo, todo es un desafío, todo es aventura.

Si viajas a Florida no te pierdas el Kennedy Space Center de la NASA en Cabo Cañaveral. Te hará poner los pies en el espacio.

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Nota: Para visitar el museo del Kennedy Space Center se necesita un día entero. Nosotros fuimos los primeros en entrar y los últimos en salir. Todos los carteles están en inglés, aunque se pueden alquilar audioguías en muchos idiomas. La entrada cuesta 50 dólares más impuestos por persona (53 en total) y se paga 10 dólares por el estacionamiento del vehículo. Vale la pena.

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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