12- Los desconocidos

Un desconocido es una esperanza de sorpresas. Y los países nuevos, están llenos de desconocidos. Habitualmente los desconocidos visten jeans o camisas blancas con delgadas rayas verticales, son borrachos con ganas de cantar o mecánicos tullidos que te ofrecen el antebrazo cuando intentas estrecharles la mano. Su piel exhibe desde el negro puro superviviente a generaciones de esclavos africanos al aséptico blanco nuclear de un albino finlandés. Entonces hay un cruce de palabras, una duda o un gesto capturado por los ojos. Quizás acabas de levantarte y el sol aún te encandila, no estás seguro que lo que salga de tu boca coincida con lo que pasó por tu cabeza. Puede que acabes de pagar la cuenta al camarero y comience a hablar confiado, soplón de barrios ajenos.

 Deben tener cuidado en Lima –repite protector, con gestos suaves, como si nos obligara a prometerlo. –Los tipos más peligrosos son los que tienen cortes en los brazos. Tajos hechos a cuchillo. Eso dice que estuvieron en la cárcel. Para demostrar que no tienen miedo a nada, antes de pelear se hacen tajos en los brazos y rocían a su enemigo con su sangre. Son gallos bravos. En Lima vayan con cuidado…

Entablar contacto con los desconocidos es una reacción a la soledad, a la curiosidad o a un exceso de estimulantes. La adrenalina sube, es una fiesta popular o simplemente es la felicidad. Estás rodeado por una masa esponjosa de seres humanos que se relaciona en un código levemente distinto. Algo nuevo comienza a pegarse a la piel. Entonces Anna arrima la furgoneta, contenedor de bacterias políglotas e internacionalistas, y nos confundimos con todas las almas que caben entre un pastor sumiso y un asesino en serie. Cada uno tiene su olor, y su historia.

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 En el campo no hay bancos y cuando allí hacen negocios, venden cosechas o animales, aquí llegan mujeres vestidas con faldas enormes que parecen tradicionales. ¡Son falsas! Dentro del banco y sólo cuando están frente a su cajero de confianza, ¡tiran su cartera de charol y empiezan a sacar fajos de billetes escondidos en los pliegues de su falda! –todo lo que esconde la boca, la oreja de turno aparece reflejado en sus ojos. –¡No aceptan cheques en el campo! Cuando vuelven a la calle sus faldas, tan gordas y almidonadas, quedan flaquitas flaquitas.

Todos deberíamos escapar una vez. Pedir prestada una moto, robarla o subir al primer avión, dejar las llaves de casa a un amigo y desaparecer una temporada en un lugar inesperado sin haber vaciado la nevera. Convertirte en el extranjero, el desconocido del sitio donde todos hablan un idioma incomprensible. No, no es necesario inventar una vida nueva, tan sólo hay que tomar unas vacaciones largas y dejar que el camino escoja los desvíos. La soledad abre la boca.

 Alguna vez aquí hubo mucha más agua –asegura un campesino de camisa clara, pantalones oscuros y manos rústicas frente a un arroyo flaco. –Hace ciento cincuenta años el río era mayor. Ahora solo llueve una o dos veces al año. Eso, cuando el tiempo se equivoca o las nubes están cansadas. Porque usted sabe, este río baja de allí arriba, de la sierra central. Pero, usted quería saber si este camino lleva a la playa. Sí, está a unos ochenta kilómetros. Por allí, si quiere ver, detrás de esos montes, también hay fósiles de ballenas.

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Los desconocidos alimentan. Cada uno absorbe la personalidad del sitio donde crece. Aquí la costa es una pampa de arena que solo produce algunos arbustos espinosos, esporádicamente. Mires hacia donde mires, el color es el mismo, ocre. Las rectas se tensan como elásticos y sólo se quiebran cuando la montaña se empecina y levanta acantilados junto al mar. Piedra. Arena. Espinas. Cactus. Sal. El aislamiento reseca y curte.

 Si ven a alguien tirado en medio de la ruta, no se detengan. ¡Pero tampoco le pasen por encima! Lo esquivan y siguen sin detenerse, puede ser una trampa para asaltarles. Y si realmente es un accidente con algún muerto, no den aviso a la policía. Su función es encontrar un culpable y el primer sospechoso es la persona que denuncia.

Las curvas traen sorpresas. Los cambios de rumbo traen revelaciones. Las reglas cambian. Después de cuatro años enredados en la dialéctica convincente del bife de chorizo, abandonamos el sur de América y volvemos a cruzar una frontera nueva. ¿Cuál de los estereotipos instalados sobre Perú será real? ¿Cuál la exageración de un desconocido con un gran poder de convicción? ¿Habrá tantos ladrones? ¿La policía será tan corrupta? ¿Comeremos tan bien como dicen? ¿La gente será tan cerrada como en el Altiplano? ¿Qué será verdad? ¿Cuál será el detalle exagerado, la excepción derivada en regla tras el encuentro casual con el extraterrestre del pueblo?

De momento algunos desconocidos se convierten en nuevos amigos de ruta. Las casualidades varían sutilmente a coincidencias, la sonrisa se mantiene y las palabras brotan fáciles, cargadas de direcciones desconocidas, dudas y diferencias que enlazan la conversación. A pesar del choque inesperado el cuerpo se mantiene relajado. Las excusas mutan a motivos y entonces retorna el viaje, el descubrimiento.

 

Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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