237- Insectos comestibles: Los Jumiles | MÉXICO

Yo viajo para sorprenderme. Para probar comidas nuevas, conocer geografías que no existen en mis países, enredarme en idiomas desconocidos y hacer cosas que sería imposible o carísimo realizar en otros lugares.

Hace muy poco pasamos por primera vez por Cuernavaca, estado de Morelos, México. Allí volvimos a encontrarnos con Fernanda Robinson, una fotógrafa amiga que nos alojó en su casa y nos llevó de paseo al mercado principal de la ciudad, donde me encontré cara a cara con algo que todavía no había hecho en los últimos 13 años de viaje. Ya había comido insectos muertos, termitas en Uganda, gusanos en Zimbabue y chapulines (grillos) en Oaxaca, México. Eso, sin contar las moscas en la sopa. Pero nunca había comido un insecto vivo.

Ciertas cosas no hay que pensarlas. Hay que hacerlas.

Por eso me sorprendí cuando Fernanda estiró la mano y se llevó a la boca uno de esos bichos que merodeaban alrededor de un pote blanco frente a una señora sencilla en el mercado de Cuernavaca. Era inesperado. Mi bicho interior comenzó a repetir YO QUIERO. Tenía que probar eso. Eso, ese insecto extraño era un Jumil.

El jumil, chinche de monte, xotlinilli o Euschistus Taxcoensis es un insecto de poco menos de un centímetro que se consume en los estados mexicanos de Morelos y Guerrero. Sabe a hojas frescas del bosque con un toque de menta y canela, y es recolectado a mano en los bosques de encinos. Se consigue en algunos mercados y lo probé crudo y vivo y más tarde machacado dentro de una salsa de tomate.

Y pensar que Anna se quejaba cuando le pedía que me hiciera una tortilla española con patatas y chapulines (grillos).

La recomendación del chef (el humilde viajero que les habla), es comer los jumiles como pica-pica espontáneo. Por ejemplo, colocar en la mesa de una fiesta, entre las patatas fritas y los cacahuetes inmóviles de siempre, un platito que tenga comida que hay que atrapar. Insectos vivos, jumiles sabor a bosque.

Alimento más fresco, imposible.

VIDEOS

Haciendo salsa de jumil con un mortero

Probando el Jumil en un mercado de Cuernavaca

Los jumiles, todos, dentro de un bol antes de hacer la salsa

Jugando con un jumil

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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