75- Guía para Viajar por GUYANA

Rápidos de Amatuk, camino a las cataratas Kaieteur, Guyana

En varias de las historias hablamos de Guyana a partir de las emociones (ver Historias para Viajar por Guyana). Aquí van los datos.

De los 550 kilómetros que hay de Lethem hasta Georgetown, capital de Guyana, sólo están asfaltados los últimos noventa. El resto es tierra asentada que atraviesa una sabana parecida al Serengeti y un bosque tropical donde sólo faltan los elefantes. La ruta es transitable todo el año, incluso durante la época de lluvias y a pesar de los meteoritos que deben impactar entre Mabura y Linden. Aparentemente, arreglan las rutas dos veces al año.

Si no tienes tu propio vehículo puedes hacer la misma ruta en bus o combis. Tardan entre 10 y 14 horas, depende de la estación.

En la ruta hay hoteles y paradas para dormir en una cama o colgar tu hamaca gratis bajo un techo de paja. El Nature View está justo después del cruce en balsa del Essequibo. Tiene habitaciones, zona de recreo, baños con ducha pública, bar y comida. Es limpio y son amables.

Otra parada conocida es Mile 58. Nosotros estacionamos en Peter & Ruth, pero hay más lugares en la misma comunidad. Ellos ofrecen lugar para colgar tu hamaca, refrescos, cerveza y comida. Su restaurante sirve labba (una exquisitez de rata) carne de caza y otras comidas de Guyana a precio asequible.

La ruta entre Georgetown y Corriverton, puerto de conexión con Surinam, es asfaltada y muy transitada por peatones, burros, coches, bicicletas, vacas… No vimos hoteles ni nada parecido, pero debe haber. Dormimos en el estacionamiento de la comisaría de Albion. Hay un puente recién inaugurado sobre el río Berbice.

Los peajes y cruces en balsa sólo se pagan en el sentido que va de Georgetown hacia otros lugares. O sea, si llegas a Guyana desde Surinam o Brasil no tienes que pagar nada hasta Georgetown.

A partir de allí, si viajas hacia Brasil debes comprar el Express Bill para tomar la balsa que cruza el río Essequibo. Se consigue en las oficinas de Western Union y en algunos bancos de Georgetown. No lo venden en la balsa. Unos empleados juran que es mejor no arriesgarse a viajar sin el ticket, pueden hacerte volver a la capital. Otros dicen que a veces se pueden hacer excepciones y pagar allí.

Aquí van algunos precios:

  • Balsa Bonfim-Lethem, en la frontera con Brasil: 20 reais (8 U$S). Con la inauguración del puente en abril pasado, desaparece la balsa y seguramente se implantará un peaje.
  • Balsa Essequibo river, en la ruta Georgetown-Lethem: 7000 G$, 35 U$S por vehículo.
  • Balsa Mango, en la ruta de Mabura a Mahdia: 9000 G$ (45 U$S) por vehículo 4×4
  • Peaje en Mabura, en la ruta Georgetown-Lethem: 1000 G$ (5 U$S) por vehículo.
  • Peaje en Linden, en la ruta Georgetown-Lethem: 1000 G$ (5 U$S) por vehículo.
  • Peaje puente sobre el río Berbice: 3000 G$ (30 U$S) por vehículo.
  • Ferry Guyana–Surinam: 8000 G$ por vehículo 4×4 (40 U$S) y 3000 G$ (15 U$S) por persona.

DOCUMENTOS PARA ENTRAR EN GUYANA

  • Algunos países tienen acuerdos con Guyana y no necesitan una visa para ingresar al país. Es el caso de Australia, Canadá, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza, Estados Unidos, los países de la Commonwealth y de la Unión Europea (excepto Austria, Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, República Eslovaca y Eslovenia). El pasaporte debe tener un mínimo de 6 meses de validez. En Lethem nos dieron sólo 15 días que renovamos previa justificación en una oficina gubernamental de Georgetown. Prepárate para que te mareen un rato.
  • Todas las vacunas, incluida la fiebre amarilla
  • Vehículos: No exigen el carnet de passage en douane. Debes presentar el documento original y 3 fotocopias del pasaporte, de la licencia de conducir y de los papeles del vehículo. Si entras desde Brasil puedes comprar el seguro obligatorio en Lethem, en el Savannah Inn, cuesta 15 dólares al mes (3000 G$, dólares de Guyana) con la compañía Nafico. Si llegas a Guyana desde Surinam seguro que lo puedes comprar entre los comercios de la frontera.

QUÉ VER EN GUYANA

Guyana es una República Cooperativa, título raro pero interesante para una nación en pleno siglo veintiuno. La influencia anglosajona se nota en la arquitectura y el idioma, nada más. El 95% de los habitantes son descendientes de hindúes, negros de África, amerindios y chinos. Esa es la comida.

Georgetown es una ciudad bonita con mercados bulliciosos y casas y edificios de madera pintados de blanco. No da para más de un par de días, o como campamento base para ir y volver al interior del país.

Lo más espectacular de Guyana es su naturaleza, desde nutrias gigantes y jaguares que se cruzan en plena ruta a pasarelas colgantes para avistar aves en Iwokrama. En ningún país de Sudamérica vimos tantos animales como en Guyana. Hay amerindios que resisten y senderos a través de la selva que llevan a una de las cataratas más desconocidas del mundo: Kaieteur, de 226 metros de alto y 60 metros de ancho.

Hay lodges de colonos donde los viajeros que llegan por su cuenta son recibidos como compañeros. Hay taxi-avionetas para los que tienen poco tiempo y canoas para los que tienen mucho. Hay tepuyes vírgenes cubiertos de selva, playas donde las tortugas entierran sus huevos y aventura, toda la que tu imaginación y tu coraje te permitan.

ALOJAMIENTO PARA VIAJEROS

No hay mucho turismo en Guyana. Si viajas en bicicleta, camión, furgo o en grupos de 4×4, será fácil encontrar lugares para dormir en la ruta entre Lethem y Georgetown. Una vez en la capital, explica tu historia y pide el apoyo de la Guyana Tourism Authority. Es posible que te dejen acampar en el National Exhibition Center, en el barrio de Sophia. A nosotros hasta nos tiraron un cable de internet por una ventana de la oficina durante las noches.

También dormimos una noche junto a la estación de bomberos de Stabroek, pleno ombligo de Georgetown, frente al mercado. No parece el sitio más seguro del mundo, pero no pasó nada. (Nota: en Guyana, los bomberos no están acostumbrados a recibir viajeros. De nuevo, no hay turismo en Guyana)

Si quieres contratar un viaje a Kaieteur, recomendamos a Frank Singh, de Rainforest Tours, en el lobby del hotel Tower, en Georgetown.  Encuentra más info en su web www.rftours.com o preguntando en su email, [email protected]. Frank tiene buenos guías y le gustan los viajeros.

Lo máximo que puedes acercarte por tu cuenta hasta Kaieteur desde Georgetown es Pamela Landing. Allí dejamos la furgo junto al puesto de George, o Mr. Welcome durante una semana y no pasó nada. De allí puedes tomar un bote hasta la isla de Amatuk, donde es posible acampar en una comunidad. No sé cuanto cobran, pero el lugar el realmente hermoso.

Recuerda que si quieres llegar hasta aquí debes comprar el Express Bill correspondiente en Georgetown para utilizar la balsa. Cuidado con la Larva Migrans Cutanea.

Encuentra más datos sobre Guyana en Historias en Guyana

PARA VIAJAR A SURINAM

A no ser que seas holandés o de algún país muy amigo, debes conseguir el visado en la Embajada de Surinam en Georgetown. Te la dan en unas horas o de un día para otro. Está en el barrio de Quennstown, 171 Peter Rose and Crown Street. Cuesta 30 dólares para una sola entrada y 60 dólares para varias entradas.

Si viajas con un vehículo debes comprar el seguro para Surinam en Georgetown. El más barato lo encontramos en GTM, en pleno centro de la ciudad.

El plan B es entrar en Surinam sin visado, llegar hasta Springlands, en Corriverton, y tomar un speedboat hasta Nieuw Nickerie, al otro lado del río Corantyne. Cuesta unos 10 dólares por persona. Del otro lado del río hay minibuses que te llevan a Paramaribo por unos 15 dólares por persona. No hay aduana ni migración.




71- Cómo cruzar la frontera entre Guyana y Surinam sin visado

Beer sign in Georgetown, Guyana

Aquí encontrarás datos que no están en ninguna guía, sobre todo, porque rozan o entran en el terreno resbaladizo de lo que podría ser ilegal. Son trucos, trampas que vamos descubriendo en el camino, grietas en las normas establecidas que juegan a nuestro favor, el de todos los viajeros. Que aproveche.

A veces pasa, quieres hacer las cosas bien pero algo no funciona. Te concentras, pones todas las energías a trabajar de tu lado y nada. Soplas fuerte, estiras los brazos como un superhéroe de segunda y ni un miserable rayito de sol rebota en la palma de tu mano. Da risa, o pena. Tampoco se doblan las cucharitas de café made in China y menos aún se mueve el ferry que cruza el río Corentyne, en la frontera atlántica entre Guyana y Surinam.

Nada, tenemos todo listo, la visa de 50 dólares y el seguro de la furgo, pero el ferry no funciona. Estará detenido una semana mientras arreglan la ruta de tierra al otro lado del río, que se desquició con las últimas lluvias de enero. Surinam, a pesar de su pasado holandés, también está en Sudamérica.

Pero siempre existe un Plan B.

En este caso, el Plan B circula por el Back Track, la pista trasera. Los botes rápidos que unen Springlands y Nieuw Nickerie no se detienen por mal tiempo. Es ilegal, no hay aduana ni migración, pero los botes con seis pasajeros parten a 200 metros de la última comisaría de Guyana, donde dejamos aparcada la furgo. El viaje cuesta unos 10 dólares y, si hay olas, también hay emoción.

¿Aguantará? ¿Aguantaremos?

En el lado de Surinam sólo hay un muro de contención que evita que las tierras bajas se inunden durante la marea alta. Y taxis, montones de taxis individuales y colectivos conducidos por descendientes de hindúes dispuestos a llevarte hasta el centro histórico de Paramaribo en tres o cuatro horas. A la velocidad de un rosario murmurado rápido, pero eterno.

Es así. Con este Plan B al final haces las cosas mal, porque si estás sin visa eres un ilegal y puedes tener problemas. Pero si vuelves a salir del país por el mismo camino,  funciona.  Buena suerte.

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69- Lugares para conocer antes de morir: Catarata Kaieteur, Guyana

Kaieteur enorme, brutal. Guyana

(viene de Caminando por la selva de Guyana)

Desde lejos Kaieteur no impresiona. Parece una catarata más, una catarata clásica, de esas de postal, de las que hay en todos los países. De esas. Más de lo mismo, agua que cae de arriba para abajo. Más locales que hablan de su catarata con orgullo, como si fuera la única del mundo.

Pero a medida que caminas sucede algo extraño: no llegas nunca. Te acercas pero no alcanzas la orilla, caminas pero el salto continúa agrandándose, haciéndote sentir cada vez más pequeño. Avanzas, esquivas los brazos verdes de una bromelia, una planta gigante con nombre de tía antigua, una superviviente de la megalomanía biológica. Tentáculos largos, bigotes. Allí delante encuentras un espacio vacío, te asomas al abismo e inmediatamente das un paso atrás: los árboles del fondo parecen repollos enanos.

Entonces algo te paraliza sobre una piedra que se estira desafiando la ley de gravedad. Estás en medio de la selva, sobre el mirador del Tarzán de Johnny Weismuller. Parpadeas, te has convertido en una hormiga. Una pequeña garrapata entre las grietas de la piedra más vieja del mundo.

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Dicho de otra manera: al lado de Kaieteur, eres insignificante.

El agua, mucha agua, demasiada agua, pierde el equilibrio junto a tus pies y cae 226 metros hasta reventar contra las rocas escondidas del abismo. Doscientos veintiséis metros. Allí hay una explosión permanente, un big bang de agua pulverizada despedida a la velocidad dolorosa de la confusión. Estás allí, existe, pero todavía necesitas que alguien te patee el culo para asegurarte que esto no es un sueño. Que estás despierto.

Arriba, ranas doradas que viven en un estanque natural dentro de la misma bromelia. Y gallitos de las rocas, rojos como chavistas venezolanos, como neocomunistas melancólicos entre las ramas de un mundo verde.

Abajo, al fondo de la grieta, un enorme arco iris se levanta en el aire para saltar las orillas con los colores más hippies de la naturaleza. Y en el medio estás tú, sentado en la orilla del mundo, con los pies colgando que se balancean con el viento.

El espectáculo es hipnótico, un circo natural que te llama, que te ata una cuerda invisible en las tripas y te pide que saltes, con la certeza que el vapor detendrá la inercia y podrás volar. Acompañar a los pájaros que se lanzan en un vuelo kamikaze, suicida, perpendicular, hacia una caída vertiginosa siguiendo la corriente del agua.

Y a mitad de camino las aves vuelven a sorprender, a quebrarse en un nuevo ángulo recto y a sumergirse en el hueco oscuro que aguarda detrás de la catarata. Sí, la misma catarata desbordante de taninos que continúa cayendo, para volver a acumularse, extenuada y llena de moretones, toda negra y encauzada, en el fondo del valle. Allí, a doscientos veintiséis metros.

De todas las grandes cataratas del mundo, Iguazú, Victoria, Niágara y Nilo Azul, Kaieteur es la gran desconocida. La única en donde puedes permanecer en la más absoluta soledad durante varios días. Sin ruidosos grupos turísticos. Sin puestos de Coca Cola. Sin souvenirs de plástico. Solos en la naturaleza, como debió ser en el principio de todo.

No hay ruta para llegar a Kaieteur. Sólo puedes acercarte caminando en un trekking a través de la selva (4 días), en bote con motor desde Pamela Landing (1 día), o en avión (1 hora). Los precios para este viaje espectacular los podrás encontrar en www.rftours.com

Gracias a Frank Haralsingh, de la Guyana Tourism Authority, que nos dió todas las facilidades para recorrer el país menos conocido de Sudamérica, y a Frank Singh, director de Rainforest Tours, que nos invitó a uno de los tours más espectaculares del continente: un trekking de varios días a través de la selva de Guyana hasta la desconocida catarata Kaieteur. Inolvidable.

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Couple on world tour says Guyana a “surprise” (Kaieteur News, Guyana)

Around the World in 10 Years at Kaieteur News, newspaper from Guyana

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In 2000, Ama Callau and Pablo Rey took the decision of their lives when they decided to load up a Mitsubishi Delica and head out on a world tour. And what an adventure it has been!

From being chased by angry elephants to experiencing the warmth of the Sudanese people despite the turmoil in their country, and now trekking through the jungles of Guyana, Ama and Pablo have soaked up world culture in a way they could never have imagined.

Anna, from Barcelona, and Pablo, from Beunos Aires, are now on their way to see the magnificent Kaieteur Falls, thanks to the generous support of Rainforest Tours, the Guyana Tourism Authority, and the Guyana Oil Company.

Guyana was not really listed as one of their destinations, but since they were just next door, in Venezuela, they decided to head down to Guyana, a country they had heard little about, and a place that people around the world didn’t seem to know, even in Venezuela.

From Lethem, they travelled through the Savannahs, observing the giant anthills and the endangered giant anteater. Before heading to Georgetown, they visited the Iwokrama Rainforest.

From Georgetown, they headed to New Amsterdam and all the way to Moleson Creek at the border with Suriname.

They returned to Georgetown and, yesterday, set out on a journey through the jungle to see Kaieteur Falls.

When the couple started out on their world tour in 2000, they thought it would take them just four years.

“We soon realized that the world is not so small,” Pablo told Kaieteur News yesterday in Georgetown.

When they left Barcelona, their plan was to travel through Southern Europe, then to the Middle East, then to Africa (going from North to South), then to America (travelling South to North), and then making their way back home through Asia, starting from Siberia.

What triggered their decision to embark on a world tour in a sports utility vehicle?

“We were both working (Pablo is a writer, and Ama was in public relations) but then we asked ourselves is that is what we really wanted to do till we reached 65,” Ama related. They decided that they wanted to see the world, and their journey began.

“We betted our life on our dream,” said Ama.

At first, they started out depending on their savings, but worked as they travelled. Pablo has since written a book on Africa and has been selling it along the way.

The one thing that is common in people around the world, the couple says, is their goodness.

“People are good around the world; people are nice. It is politicians who don’t know how to solve problems,” Ama declared.

THANK YOU VERY MUCH TO RAINFOREST TOURS FOR THEIR SUPPORT DURING OUR OVERLAND TRAVELS THROUGH GUYANA!

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66- Guyana, lo mejor de África en Sudamérica

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– ¿No te parece impresionante lo que está pasando?

– ¿A qué te refieres?

– A esto… A los cazadores que acaban de invitarnos a un pedazo de ciervo tibio, al descendiente de hindúes que nos contó la historia de su familia en media hora, a los amerindios que nos recibieron en Iwokrama.

– Y la camioneta que se cayó al río cinco minutos antes que cruzásemos el puente…

– Sí… ¿crees que la caída era nuestra? ¿Que nos tocaba a nosotros?

– Prefiero no imaginarlo… Todo pasa por algo. Si no nos hubiésemos detenido para ayudarles, no hubiéramos conocido al hindú, ni a los amerindios… ni al ciervo.

– Ni hubiéramos encontrado los 1000 dólares de Guyana que pagan estas cervezas…

– Cierto. Salud por el tipo que perdió el dinero.

– Eso.

– ¿Viste al chino? Lleva horas sentado en la misma silla, dormitando frente a la barra del bar.

Entonces nos giramos sin piedad, sin vergüenza de ser vistos. Debe ser japonés, los chinos sólo viajan en grupo.

– He is Jackie Chan –interrumpe el encargado, un hombre negro y delgado, especialista en interpretar miradas, tonos y palabras sueltas. El vocabulario silencioso del cuerpo.

Sólo pasaron menos de cuarenta horas desde que entramos en Guyana, y los sentidos acaban de explotar con una efervescencia que no sentíamos desde hace mucho tiempo. ¿Desde África? Sí, quizás, desde África.

Eso fue hace mucho tiempo, pero todavía arrastramos el olor, las buenas cicatrices, la tierra impregnada bajo las uñas. Todo se acumula bajo esta corteza de pan blanco oscurecida por el sol. Y en Guyana, inesperadamente, nos reencontramos con África. Sí, faltan los elefantes, pero hay jaguares, antílopes y tapires. Y gente de todos los colores.

Descendientes de esclavos negros y trabajadores de la India, pocos carapálidas europeos, algunos comerciantes de la China (estos no cuentan, chinos hay en todos lados) y supervivientes de las tribus originarias dispersos en la naturaleza.

Niños que juegan con arcos y flechas junto al camino de tierra roja.

En el sur de Guyana la presencia humana es tan sutil, tan invisible, que la naturaleza virgen aún ocupa su lugar original. La sabana despeja el horizonte de árboles y matorrales enredados para diseñar una Pampa suave de pastos altos moteada de termiteros. Es Masai Mara, es Serengeti, y temo y espero que en cualquier momento aparezca un león.

Pero sólo veo pájaros, montones de pájaros.

Y algo enorme, ágil como fuego negro, que se mueve sobre la hierba. Eso que parece un ala es una cola peluda. Eso que parece otra ala es una nariz larga y delgada. Un oso hormiguero gigante de pelo largo, de dos metros, busca la merienda. Nos ignora. No somos su menú de hoy.

El 80% de Guyana es selvas, y bosques, y ríos. Sin latas de conserva, sin tetrabriks, sin bolsas de supermercado, sin bocinas, sin stress. Un territorio del tamaño de Inglaterra habitado por el 5% de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires.

Y por Jabirús grandes como pterodáctilos.

Halcones reencarnados levitando en el aire.

Garzas blancas y grises que tiñen el arcén de nubes frágiles y tormentosas.

Bandadas de perdices que abandonan los arbustos un segundo antes de alcanzarlos con la furgoneta. Antes de caer en la olla.

Pájaros más pequeños, cazadores de todos los colores especializados en moscas y mosquitos.

Pájaros más grandes, negros como el bosque cerrado, y con coquetos rizos de peluquería sobre la cabeza. Alguien les avisó que llegábamos. Guyana se había preparado para nuestra visita.

Después de diez días recorriendo la Gran Sabana de Venezuela, el mundo volvía a la normalidad. Allí sólo habíamos conseguido ver ranas. Nada más. El paisaje era impresionante, pero el silencio se convertía en una roca aún más densa que los tepuyes que se adivinaban cuando las nubes despejaban el cielo.

Todos los pájaros que habían huido de las parrilladas y los motores de los 4×4 venezolanos se habían refugiado en el sur de Guyana.

¿Qué demonios hay en Guyana? La poca información que habíamos conseguido en el camino ya era atractiva. Nadie sabía nada. Y lo poco que decían, estaba equivocado.

– La ruta de Lethem a Georgetown no existe.

– Hay una huella, pero con estas lluvias, se la deben haber devorado los pantanos.

– Se quedarán enterrados en el barro. No podrán salir.

– Hay bandas armadas, tengan cuidado.

– La policía es demasiado corrupta.

La única verdad, era que llovía demasiado. La policía es igual que en Argentina, Perú, Venezuela, Brasil o Bolivia. Y que la excentricidad de Guyana no era sólo un sueño. Un país de Sudamérica donde el idioma oficial es el inglés. Con la mayoría de sus habitantes de origen asiático o africano. Con más templos de nuevas formas viejas que sobrias iglesias católicas.

Seguimos en Sudamérica. O no, quizás volvimos a Africa. O nos perdimos en algún laberinto donde todos los colores son bienvenidos.

Lo único seguro es que, por fin, abandonamos Latinoamérica.

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HISTORIA ESCRITA CON EL APOYO DE 
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