141- Cómo conseguir que la entrada a Tikal te cueste la mitad (o menos)

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Aquí encontrarás datos que no están en ninguna guía, sobre todo, porque rozan o entran en el terreno resbaladizo de lo que podría ser ilegal. Son trucos, trampas que vamos descubriendo en el camino, grietas en las normas establecidas que juegan a nuestro favor, el de todos los viajeros. Que aproveche.

Tikal es uno de esos sitios que todos deberíamos conocer antes de morir. Sencillamente, caminar por la selva descubriendo animales, templos, pirámides y edificios restaurados o todavía cubiertos de árboles y tierra es especial. Tiene algo curiosamente único.

La entrada no es demasiado cara para lo que verás dentro, son 150 quetzales, aproximadamente 15 euros o 20 dólares. Pero a veces para seguir viajando hay que ahorrar hasta el último centavo.

Por esto no irás a la cárcel, como por cruzar ilegalmente las fronteras entre Guyana y Surinam, o por conseguir un sello falso para salir de Ecuador o por cambiar dinero en el mercado negro de Venezuela. A lo sumo te ganarás un tirón de orejas, o la comprensión de los guardaparques de Tikal, donde descubrimos que puedes comprar tu entrada con fecha del día siguiente a partir de las 3.30 de la tarde del día anterior. En las dos horas y media que quedan hasta que oscurece es posible ver los edificios más importantes: la Plaza Central y el Templo 4, desde donde el paisaje del dosel, el techo de la selva, es impresionante.

Y como las entradas son válidas para todo el día siguiente puedes entrar y salir las veces que quieras. O sea, a la mañana siguiente otra persona podría acceder a Tikal con tu misma entrada.

Y por la tarde vuelves a entrar, o puedes compartir la entrada con una tercera persona dividiendo por dos o por tres el coste final del acceso a Tikal. No se ahorra demasiado pero lo dicho, todo sirve con tal de seguir viajando.

 

Encuentra más datos y fotos de Tikal en Lugares para conocer antes de morir: Tikal, Guatemala.

HAZ ALGO ILEGAL. Descubre como aprovechar otras grietas en las normas y ahorrar mientras viajas:




99- De Colombia a Panamá en un buque de carga de bandera boliviana | VIAJES EN BARCO

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A veces ocurren milagros difíciles de explicar. Sorpresas, hechos inesperados, deseos convertidos en una página sucia o brillante de tu historia. Esperanzas que te ascienden al rango de Aladino. La sola utilización de la palabra, milagro, trae la imagen de un Dios cristiano y barbudo, como si el Viejito fuera el único autorizado por las leyes del universo. Pero la posibilidad de hacer saltar la banca o que salga el 25 a la primera, entre los treinta y siete números de la ruleta, no tiene nada que ver con la religión y sí con la cantidad de veces que lo intentas. Con las persistencias y las probabilidades matemáticas.

Encontrar un barco que nos llevase de Colombia a Panamá era fácil. Hay empresas dedicadas a eso. Lo difícil era que el Plan B funcionara: hallar una empresa que dijera yo los llevo porque me gusta lo que están haciendo; o yo los llevo porque ustedes tienen que estar locos. O yo los llevo por sus huevos y por mis huevos, como dijo el director de Pescanova para el sur de Africa, cuando nos embarcó en uno de los buques de la flota pesquera en un viaje interminable entre Ciudad del Cabo y Bahía Blanca, al sur de la provincia de Buenos Aires. El Plan B resultó en 23 días de puro océano, demasiada agua.

Esta vez Benny dijo

–          ¿Que llevan 9 años? Yo los llevo a Panamá en mi barco. Yo los voy a apoyar. Y no tendrán que pagar nada.

103-Colombia-Mar-Caribe-Intrepide-Espectacular-Tormenta-y-la-furgo

El Plan B es la manera alternativa de hacer las cosas. Hoy, era de las crisis por los excesos en el consumo, amanecer de las compras por internet, es fácil cumplir tus deseos cuando estás dispuesto a pagar lo que te pidan. Lo difícil es conseguir lo mismo de buena fe, de onda. Por complicidad. Porque sí, ¿por qué no?

Es en estas ocasiones, siempre provocadas, cuando vuelves a creer en la capacidad de cada uno de nosotros, encantados de ser pecadores, de obrar milagros inolvidables. Da igual si eres cristiano, animista, zoroastriano, judío, testigo de Jehová, ateo practicante, budista relajado o musulmán colombiano como Benny, nuestro hacedor de prodigios entre el sur y centroamérica.

A pesar de las buenas intenciones de Benny, no fue fácil embarcar en el Intrepide, un barco colombiano de bandera boliviana.

(Cada vez que imagino la flota de ultramar del gran país de las alturas, me tiemblan las piernas. O habíamos viajado en el tiempo hasta antes de la Guerra del Pacífico de 1870, cuando Bolivia perdió la salida al mar, o estábamos de nuevo en el lago Titicaca. No había muchas más opciones)

El zarpe de Puerto Nuevo se retrasó semana a semana durante un mes y medio. La buena suerte inicial se había ido desvaneciendo con el paso de los días, el barco había sufrido distintas averías y malestares estomacales que evitaban el viaje. Era tiempo, voluntad, paciencia y persistencia. Era creer en el Plan B.

Creer, como cuando estuvimos un mes dando vueltas por la costa de Ecuador buscando un barco que nos llevase a las Islas Galápagos. Creer, cualquier cosa puede ser posible. Pero creer en nosotros, el Viejito ya tiene demasiados milagros que atender por ahí.

Cuando llegó el gran día, sí, que nos vamos, coño, que nos vamos, nadie sabía exactamente qué papeles había que completar. Puerto Nuevo nunca había sido utilizado para llevar un vehículo a Panamá. Todo parecía difícil, complicado. Cualquier imprevisto inesperado y nos quedábamos en tierra.

Por ejemplo, no había una rampa para subir la furgo al barco, sólo una grúa, y nunca la habían utilizado para levantar algo tan pesado como un vehículo. El manual del siglo pasado decía que debería aguantar.

Por ejemplo, tres horas antes de partir todavía no teníamos permiso del puerto para embarcar la furgoneta. Por ejemplo, el capitán del barco, Alberto, tampoco sabía que en ese viaje tendría dos tripulantes nuevos.

Ahora, un mes más tarde y con el milagro alcanzado, comprendo por qué nos interceptó una patrullera norteamericana en las aguas internacionales del Caribe: uno, no era normal que un barco como el Intrepide llevara una furgoneta atada en la cubierta; dos, salíamos de Colombia en un barco boliviano, los dos mayores exportadores de polvo blanco del mundo.

(Continúa en Perreando con la policía antidrogas colombiana)

 

Encuentra aquí todos los datos acerca de Cómo enviar tu vehículo de Colombia a Panamá en un barco de carga.




95- Cómo enviar tu vehículo de Colombia a Panamá | VIAJES EN BARCO

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María y Fernando, que viajaron en un viejo Renault 12 desde Buenos Aires a México, nos enviaron el detalle del trámite que hicieron para cruzar su Renato de Cartagena a Colón, en Panamá. También hicimos un rastreo por varios blogs y aquí está el resumen de todo.

Nosotros, después de dos meses de espera y de superar muchas dificultades de último momento, pudimos embarcar y cruzar gratis desde la Alta Guajira colombiana al puerto de Colón, en Panamá. Fue una gran confabulación entre mucha gente para que pudiéramos seguir con la Vuelta al Mundo. Puedes leer esa historia en De Colombia a Panamá en un buque de carga boliviano.

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Desde el año 2014 hay un ferry que cubre el trayecto entre Cartagena y Colón. Varias veces suspendió el viaje y lo retomó meses más tarde. O sea, si tienes buena suerte quizás funciona…

DATOS GENERALES

La manera más económica para enviar tu vehículo entre Colombia y Panamá es como carga suelta, también llamada Ro Ro (roll on roll off). O sea, suben tu vehículo andando y lo bajan andando.

El problema de enviar un vehículo como carga suelta es que debes dejar tu llave. Y si dejas equipaje es probable que falte algo. En este caso hay dos alternativas: asumir lo que pueda faltar o bloquear el paso al interior del vehículo desactivando cerraduras y poniendo una plancha metálica detrás del asiento del conductor.

El envío en contenedor es más caro ya que conlleva bastantes más trámites, que incluye el papelerío con su alquiler de contenedor, el paso por aduanas (con perro incluído), atar el o los vehículos dentro del contenedor (lo hace alguien que sabe), precintar el contenedor y moverlo con grúa de un lado a otro hasta que lo ponen sobre el barco. Cuando llega a destino se sigue el mismo proceso pero al revés. Legalmente, el contendor donde va tu vehículo debería ser abierto en tu presencia.

Hay dos tipos de contenedores, largo y corto. El largo  (llamado Hi Cube) tiene 2,58 metros de alto en la puerta, 12,10 metros de largo en el interior, y 2,20 metros de ancho. Con estas medidas podrían entrar dos vehículos, lo que también significa compartir gastos. En la página Drive the Americas encontrarás avisos renovados constantemente de gente que busca compartir contenedores.

Si viajas en moto, bicicleta o mochila, hay veleros que salen de Cartagena y cobran entre 275 y 350 dólares aproximadamente por persona y por moto.

No buscamos alternativas para enviar la furgo desde Turbo porque encontramos gente generosa que nos ayudó a cruzar a Panamá desde la Guajira colombiana, pero aparentemente hay pontones bananeros y de cocos que cruzan entre los dos países. Gracias por adelantado a quien tenga información de primera mano para compartir con otros viajeros…

CARTAGENA: Prácticamente todos los viajeros que quieren cruzar a Panamá contactan con la naviera NAVES, con sede en Bogotá y oficina en Cartagena. Las decisiones se toman en Bogotá (esto va para los que quieran pedir un descuento), pero la gente de Cartagena es la que te ayudará para entender todos los trámites que hay que hacer.

El precio para enviar como carga suelta vehículos menores a 1,80 metros de altura (Renault 12, Peugeot 206, etc…) es de aproximadamente 419 dólares. Para vehículos con una altura mayor de 1,80 metros (4×4, combis, etc.) el precio se calcula por metro cúbico, a aproximadamente 47 dólares cada m3. Por ejemplo, una combi paga alrededor de 760 dólares, una furgo como la nuestra pagaría algo más de 1000 dólares y un autobús grande puede costar sobre los 5.000 dólares.

Creo que estos precios incluyen el 25% de BAF (ajuste por combustible del barco), el hand charging (subir y bajar el vehículo del barco) y el papelerío en Colombia que es alrededor de 100 dólares. Los gastos en Panamá aparentemente son de aprox. 200 dólares.

Los gastos de puerto en Cartagena se cobran aparte, son unos 65 dólares por 3 días de almacenaje, cada día extra paga algo más.

Los trámites hay que iniciarlos por lo menos 3 días antes del zarpe del barco.

En la DIAN (aduana de Colombia) hay que llevar el Permiso de Importación Temporal, pasaporte del propietario, y título de propiedad del vehículo, todo con fotocopias.

En el Puerto hay que ir a CONTECAR y presentar los siguientes papeles: el Permiso de Importación Temporal, pasaporte del propietario, título de propiedad del vehículo y el permiso de salida de la DIAN, todo con 2 fotocopias.

Con el vehículo bien lavado y entregado en el puerto, hay que acercarlo 24 horas antes del embarque para que lo revise la DIAN y la policía antinarcóticos. A la policía hay que devolver una carta que ellos te entregan con anterioridad, con original y copias del pasaporte y el papel de la DIAN.

Allí ya dejas el vehículo con la llave puesta. Nadie se hace responsable del equipaje que dejes dentro.

Después de que el barco zarpa hay que buscar el BL (Bill of Lading) en la naviera y a correr para llegar a Panamá.

¿CÓMO CRUZA LA GENTE ENTRE COLOMBIA Y PANAMÁ?

Los barcos de carga no suelen permitir el embarque de pasajeros. Desde Cartagena es posible tomar un avión a Panamá City (unos 350 dólares) o viajar en veleros que se detienen en las islas de San Blas y tardan unos 5 días (entre 275 y 350 dólares por persona).

También es posible cruzar por Turbo, en un viaje que combina autobús con lanchas que saltan de pueblo en pueblo por la costa colombiana y panameña.

PANAMÁ: El puerto de Colón (la ciudad es muy insegura pero el puerto es seguro) guarda el vehículo hasta 7 días sin cobrar cargos extras. Luego comienzan a cobrar el almacenaje, aproximadamente unos 50 dólares por día.

Primero vas a la agencia marítima, que sella el BL.

Luego vas a la aduana, en France Field, dentro de la zona libre, donde te hacen los papeles de importación temporal, firmas y vuelves al puerto. Allí pasas por unas cuantas ventanillas y sellos y fotocopias, que te demoran varias horas, antes de recuperar tu vehículo.

En el camino también fumigan tu vehículo, que cuesta unos 9 dólares.

María y Fernando perdieron algo de equipaje al dejar las llaves: anteojos, una linterna, un dólar doblado y 2 imanes de unas virgencitas que les habían regalado, todo en la parte de adelante del coche, fácil de llevar y guardar en un bolsillo. O sea, les salió barato.

Nuestra recomendación: si puedes pagar el viaje en roll on roll off o en contenedor, paga. Te evitas muchos dolores de cabeza. Si no tienes mucho dinero, buscate un Plan B. Siempre hay otra manera de hacer las cosas.

PARA CRUZAR TU VEHICULO DE PANAMÁ A COLOMBIA

Tea es una argentina que vive hace muchos años en Panama City y trabaja en el mundo de los contenedores. Se ofrecio a ayudar en lo posible a los viajeros a conseguir los mejores precios para cruzar tu vehiculo desde Panama a Colombia en barco. Pueden escribirle a [email protected] o [email protected]




83- Historias del Aeropuerto de Maiquetia, Venezuela… O Corea del Norte? O Birmania?

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–          ¿Estuviste alguna vez en Corea del Norte?

–          No, ¿e tú?

–          Tampoco, pero el control militar, esta tensión que se nota cuando sales de la sala de espera y te metes en los intestinos del aeropuerto, debe ser parecida.

El italiano que debía tomar el mismo avión de Iberia, con conexión a Milano Malpensa, también tenía cara de asco cansado. Era fácil identificar a los venezolanos, formaban el grupo de los indiferentes, estaban acostumbrados al registro, a ser sospechosos, a la intervención de la Guardia Nacional. Algo tan natural como esperar. Y no había excusas a la demora del vuelo, ni un fallo técnico, ni mal tiempo ni un comandante borracho de ron. No es divertido, pero sin duda hubiera sido más humano.

Llevábamos cinco horas en el aeropuerto de Maiquetía, puerta de entrada a Caracas, a Venezuela. Cuatro horas desde que habíamos despachado las mochilas y las cajas, dos horas desde que me habían llamado los altavoces Señor Pablo Rey Señor Pablo Rey, preséntese en la puerta de embarque. Los militares querían inspeccionar mi equipaje en busca de cocaína.

–          Pero a ver –le digo al milico joven y mandado, después de cuarenta minutos enseñándole las botellas vacías, las piezas rotas de la furgo devenidas en souvenirs de La Vuelta al Mundo, los libros leídos que me resisto a abandonar, nuestros libros repetidos con las historias de África… –Amigo, si agarran a alguien será a un desesperado. Los buenos traficantes usan barcos para enviar droga a Europa.

El militar, confuso ante la novedad del respondón y la cantidad de cosas raras que había encontrado en los bolsos (acababa de sacar un mechón de pelo rasta con puntitos blancos que podrían ser más liendres que cocaína, recuerdo de Trinidad y Tobago) comienza a llenar de nuevo la mochila de mala gana. Estamos a la sombra, junto a la pista del aeropuerto, pero igual hace mucho calor. No me jodas.

–          Todos los meses detenemos extranjeros que llevan drogas –responde, antes de cruzarse de brazos y abandonar mi equipaje desarmado. Su función es desmontar, la mía obedecer y volver a armar este rompecabezas.

Si, no puedo mantener la boca cerrada. Es inevitable. Soy así.

–          Desde que el rey soltó el por qué no te callas, los militares venezolanos retrasan aún más los vuelos que parten hacia España. Es una venganza sutil que se repite con todos los aviones que parten hacia Europa y Estados Unidos, pero más en los que parten hacia el reino. Una vez hicieron bajar a todas las mujeres del avión para un análisis de orina. Es surrealista, hacen lo que quieren –explica un azafato-asistente de vuelo después de la última inspección personal, cacheo o manoseo militar en la puerta del avión. Cuando terminan con las mujeres continúan con los hombres.

Eso sí, después de cuatro controles de seguridad, continúo llevando en mi bolso de mano una botella de litro y medio de agua que nadie se molesta en confiscar. ¿Buscan cabezas de turco para confirmar el compromiso firme del gobierno venezolano en la lucha contra el tráfico de drogas? Quizás. Sin duda no buscan mejorar la seguridad del vuelo, si dicen eso, mienten.

 

DATOS SOBRE LA ENTRADA Y SALIDA DE VENEZUELA A TRAVÉS DEL AEROPUERTO INTERNACIONAL DE MAIQUETIA.

La entrada a Venezuela por el aeropuerto de Maiquetía suele ser tranquila. Pero la salida ya es mucho más agresiva. Aquí va una lista de lo que te puedes encontrar.

 

AL ENTRAR A VENEZUELA.

–          El trámite de entrada suele ser lento pero respetuoso. Cuando salgas de migración es probable que tu equipaje lleve rato dando vueltas por la cinta del aeropuerto.

–          En aduanas te harán pasar el equipaje por un escáner. No puedes llevar carne, vegetales ni armas, aunque si están bien guardados es difícil que encuentren las tiras de fuet y el jamón en lonchas envasado al vacío.

–          Apenas salgas a la sala común serás abordado por taxistas (130 bolívares hasta Caracas aprox. junio 2009) y cambistas. Será tu primera y quizás la única oportunidad de cambiar dólares o euros a bolívares fuertes a precios del mercado paralelo. Consulta antes de partir a Venezuela la cotización en http://bonosvenezuela.blogspot.com/ y réstale un 10% aproximadamente. Para más información sobre el sistema de cambios oficial y paralelo de moneda extranjera, ve a Haz algo ilegal: Cómo cambiar dinero en el mercado negro en Venezuela

 

AL SALIR DE VENEZUELA.

–          El servicio de maleteros en el aeropuerto de Maiquetía es gratuito según las normas del aeropuerto, pero los porteadores te exigirán el pago de entre 10 y 20 dólares por la molestia de acarrear tus bultos con un carro desde la calle al mostrador de facturación (entre 50 y 100 metros, según aerolínea). Nosotros nos negamos y nos plantamos en una propina hasta que después de quince minutos el porteador la aceptó.

–          El equipaje de cada vuelo que sale de Venezuela es revisado con escaners por la Guardia Nacional en busca de drogas. Es muy probable que, si ven algún elemento sospechoso, te llamen para que desarmes todo tu equipaje frente a un militar.

–          Antes de subir al avión, sufrirás un cacheo personal de tu cuerpo por un militar que también revisará tu equipaje de mano. Se hace a todos los pasajeros, ancianos, niños, mujeres embarazadas…

–          Atención con los elementos delicados que guardas en el equipaje despachado para la bodega del avión. Una de las prácticas más comunes de la Guardia Nacional Venezolana es atravesar todos los bultos (mochila, maleta, bolso, caja) con una bayoneta afilada. No sé para qué lo hacen, quizás sea sólo otra provocación gratuita. Da igual si llevas cremas, un traje Armani, tu vestido preferido, un ordenador, la cámara de fotos…

–          Ármate de paciencia. Si vuelas a Estados Unidos o Europa es muy probable que el avión salga con unas dos horas de retraso.

 

Venezuela es un país hermoso que tiene demasiado petróleo. Nuestra experiencia con los venezolanos en general ha sido excepcional, con excepción de un par de casos en los que nos han insultado por ser extranjeros. Esto no quita mérito a un pueblo generoso que vive uno de los momentos más complicados de su historia.

Buena suerte amigos venezolanos. Que todo se solucione pronto y Venezuela vuelva a ser el paraíso respetuoso hacia todos los colores políticos que fue hace muchos años. Eso sí, con una mayor justicia social.

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Historias para viajar por Colombia

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59- De VENEZUELA a Trinidad y Tobago en barco.

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Este es un texto escrito rápido, a mano alzada, en un cuaderno y pasado rápido a un ordenador de Trinidad y Tobago.

– ¿Qué hay en Trinidad y Tobago?

– La verdad, ni idea.

– ¿Será como Murcia?

– ¿Murcia?

– Tampoco se lo que hay en Murcia… ¿Que hay en Murcia?

– Ni idea…

Hace unos días llegamos a Güiria siguiendo el camión frigorífico de un canario que venia a buscar pescado. Cosas raras que suceden en la ruta.

Guiria esta casi en la punta de la península de Paria, noreste de Venezuela. Es hermoso. La ruta se abre en la selva densa y hay playas realmente impresionantes. Limpias. Sin chapas, botellas de cerveza ni plásticos. Otro mundo.

Pero eso es material para otra historia.

– El ferry a Trinidad y Tobago sale los miércoles. El pasaje cuesta 150 dólares ida y vuelta. El ferry regresa todos los miércoles –nos dijeron en Acosta, la empresa que vende los pasajes.

Faltaban cinco días para el miércoles, pero la furgo se encargo de darnos trabajo. El sábado se rompió el manguito del freno izquierdo. Hasta el lunes no podíamos conseguir un manguito nuevo, fabricado a medida con mangueras de alta presión.

– Esta manguera no se les romperá nunca, nunca –aseguraron.

– Inshallah –respondí. No entendieron nada, pero daba igual. No había otra alternativa.

– ¿Qué hay en Trinidad y Tobago?

Google, el Petete del futuro, dice que son islas. Que es una república. Que hay montañas, un fuerte antiguo, música zouk, descendientes de indios y africanos, petróleo y que su moneda es el dólar de Trinidad y Tobago. Que a su moneda la llaman Titi. Lo que es el cariño.

– Tiene huevos. ¿Cuánto cuesta el pollo asado? –digamos, una pregunta característica del viajero.

– Cuarenta titis.

¿Qué tengo que hacer? ¿Buscar cuarenta monos? No es negocio. Imagínate lo que quieras, pero parece un trueque, si, si no es en monos es un trueque carnal. Te cobran en especias. Yo te doy una gallina y tú me haces cuarenta titis. Ufff, mucho trabajo.

Salvavidas del ferry entre Guiria y Port of Spain, Venezuela y Trinidad y Tobago
Finalmente encontramos un salvavidas

El lunes enviamos cinco mails solicitando alojamiento a miembros del Hospitality Club y Couchsurfing, organizaciones que ponen en contacto gente que busca y gente que ofrece alojamiento, de onda. Sin cobrar.

Dos respondieron que no podían. Tres, no sabe no contesta.

El miércoles abandonamos la furgo recién lavadita en la Estación de Bomberos de Guiria. No había excusas para dejarla con la mugre típica del viaje que llamamos camuflaje. No. Allí tienen mucha agua.

La estación se había convertido en nuestra casa y, aunque algo tímidos al principio, los bomberos estaban portándose como los amigazos que encuentras en el camino. Desinteresados. Hospitalarios. Dispuestos a echar una mano, y dos, y veinte en lo que fuera necesario.

 

A las dos de la tarde embarcamos hacia Trinidad y Tobago. T y T. A las cuatro y media partimos. Hora de llegada, nueve de la noche.

– A esa hora no hay transporte público. Tienen que tomar un taxi. Cuesta unos veinticinco dólares americanos. Y para dormir, calculen cuarenta dólares mas, cada uno –asegura un hombre en el ferry.

Busco a Anna.

– Che, tenemos que comenzar a buscar un Plan B.

Siempre hay un Plan B. Siempre hay una manera más económica, un camino distinto que te lleva al mismo destino. Puede tener muchas curvas imprevistas, pero llega. Eso es el Plan B.

El problema es: no tenemos información de Trinidad y Tobago. Nada. Ni una guía, ni un miserable mapa. No sabemos muy bien donde vamos a llegar. Omdurman de noche. Territorio Nuevo, puerto, de noche. Cuando te mueves con poco dinero, no es tan fácil encontrar el camino.

Esta vez el Plan B consiste en conseguir una guía. En charlar. En encontrar nuevos compañeros de viaje con quienes compartir primero un taxi. Luego una habitación de hostal. Luego unas cervezas.

En la cubierta del ferry hay una pareja con pinta de hippies. Hippies alemanes. Mayores. Son los que se llevaran la peor parte en el ataque de asaltantes que sufriremos en unas horas. En otro asiento hay una chica blanca como la palidez. Es kiwi, de Nueva Zelanda. Ella se salvará del asalto. Estaba cansada, quería dormir.

Mientras escribo rápido en el cuaderno, las luces de Port of Spain encienden la noche de un país nuevo. Después de cuatro horas de música zouk a volumen discotequero, vamos a pasar migración en fila. Bailando.

Este es un movimiento por impulso.

– ¿Vamos?

Vamos.

¿Y que habrá?

No se, habrá que ir a ver…

Y habrá que ir a Murcia.

Supongo. ¿Si? Que se yo…

(Continua en Asalto en Trinidad y Tobago)

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y seguro que… ¡es capaz de sobrevivir a una bomba atómica! Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano, El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África, uno de los cuales ya fue traducido al inglés, The Book of Independence. Pablo también escribe artículos de viaje y aventura para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna trabaja en la edición de los libros y los articulos y hace collares y pulseras de macramé.

Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.