213- POR EL MAL CAMINO, la emoción de tener un nuevo libro.

Parece mentira que ya hayan pasado cuarenta días desde que la imprenta me entregó los primeros ejemplares del libro Por el Mal Camino.

Era el tercer libro en cinco años.

Esto iba en serio.

‘Lo alucinante no es que hayan sobrevivido, sino que después de todo eso hayan decidido seguir adelante’ 

Jesús, Madrid

Había vivido los últimos siete meses escribiendo. Escarbaba en busca de la palabra perfecta, dinamitaba párrafos y alumbraba largas frases como ristras de chorizos picantes. Luego Anna sacaba el hacha, manchaba las páginas de tinta color sangre y yo volvía a empezar. Debía revivir los seis meses más difíciles de la vuelta al mundo, masticarlos otra vez, atragantarme en el mismo momento y sentir cómo mis tripas se retorcían buscando no una palabra, sino una solución.

Otra vez se rompía la furgo en medio de la nada del Sáhara de Sudán. Los zombis de dientes verdes y taparrabos nos volvían a rodear en esa ruta desolada de Etiopía para exigirnos el peaje inexistente, birrs, dinero. De nuevo me apuntaba un kaláshnikov y yo me lanzaba hacía él, con el espíritu suicida de un superhéroe de barrio que no recuerda que es de carne y hueso. Y llovía, página tras página, ¡cómo llovía! Llovía hasta que las palabras se emborronaban y se mezclaban con el barro.

Sin duda, este libro solo se podía llamar de una forma: Por el mal camino.

El ébola. Otra vez. El miedo. Otra vez. La sangre que mana del brazo herido de Anna. Otra vez. Nos acusan de algo terrible en una comisaría donde nadie habla inglés. Otra vez. Nos roban el último dinero en efectivo que tenemos. Otra vez. Ahora vuelve arriba, vuelve a empezar el párrafo.

Aquello parecía el día de la marmota. Todo se repetía. Pero no era película ni una novela. Era peor, era la vida.

Esa serie imborrable de catástrofes, errores absurdos y fracasos que nos habían atrapado en el corazón de África amenazaban con perseguirnos hasta el fin del mundo. Algunos recuerdos terminaban siendo graciosos, el tiempo lo cura casi todo y pone las cosas en su sitio. Pero otros me llevaban a revivir situaciones que hasta ese momento se habían convertido tan solo en una frase de un currículum viajero.

Se nos inundó el motor durante un diluvio junto al lago Turkana y tuvimos que hacer 800 kilómetros hasta Nairobi para buscar un mecánico. Y volver otros 800 kilómetros con él hasta la furgoneta.

Es un párrafo que se lee en menos de diez segundos, lo vives durante un mes, y tardas años en digerirlo.

‘Por el Mal Camino’, no fue un libro fácil. Los primeros comentarios dicen:

  • Joder tío, qué pasada, cuando estás puteado escribes todavía mejor (Nava, Barcelona).
  • Lo alucinante no es que hayan sobrevivido, sino que después de todo eso hayan decidido seguir adelante (Jesús, Madrid).
  • Ya estoy esperando el siguiente (Inés, Bilbao)

•••••

Portada de libro de viajes con una vaca muerta de pie.

Por el Mal Camino.
ISBN 978-84-615-7176-5

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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