232- Cómo viajar gratis a Cuba

Donde se jubilan los autobuses de España. Donde van los buses cuando mueren

¿Viajar gratis a Cuba?

ATENCIÓN: aquí encontrarás datos que no están en ninguna guía, sobre todo, porque rozan o entran en el terreno resbaladizo de lo que podría ser ilegal. Son trucos, trampas que vamos descubriendo en el camino, grietas en las normas que juegan a nuestro favor, el de todos los viajeros. Buen provecho.

Años atrás había escuchado rumores acerca de la posibilidad de viajar gratis a Cuba y, a medida que nos acercábamos a Cancún y nos encontrábamos con algún viajero argentino, las historias iban tomando consistencia. Faltaban detalles, pero el argumento empezaba a estar claro. No, no había que llevar de vuelta las balsas que habían salido de la isla. Tampoco había que deshacerse de nadie.

Todos hablaban, sin decir la palabra, de una especie de contrabando legal. Pasajes de avión a cambio de llevar dos maletas a punto de explotar. Maletas llenas de ropa, hinchadas, con el cierre tenso como la cicatriz en el pecho de un recién operado del corazón. Sonaba fácil, era tentador. Si esto fuera una novela, ahí estaba la trampa.

Una vez allí debíamos entregarlas a Nuestro Hombre en La Habana. Y después seguiríamos por libre. Todo nuestro contacto estaba limitado al aeropuerto. Más allá, estaríamos solos.

Había volado a Cuba por primera vez en 1998, por trabajo. Cualquier trabajo en el Caribe es un buen trabajo. Esta vez también era distinto: no volábamos por trabajo ni porque habíamos elegido el sitio donde queríamos ir, sino porque era gratis.

Pero, ¿habría solo ropa en las valijas? ¿Sería ilegal? ¿En qué quedaban las advertencias de los aeropuertos acerca de no dejar que otro hiciera el equipaje por nosotros? ¿Valía la pena arriesgarse a caer en una cárcel cubana o mexicana por llevar algo escondido? ¿Y si la mercadería era realmente merca, cocaína?

–          No, es ropa, solo llevan ropa.

Todos repetían lo mismo, pero nadie había hecho el viaje.

–          Es ropa, nos pagan el pasaje para que seamos mulas de ropa.

El olor irresistible de la aventura llegaba hasta nosotros.

Primero nos encontramos con Charly (Facebook: Yo volé a Cuba con Charlytour), un argentino que vive en Playa del Carmen y, entre otros negocios, se dedica a buscar mulas de dos patas para viajar a Cuba. Nos contó que el tráfico de ropa existe desde hace más de diez años, casi veinte, y el objetivo es burlar el control estatal de las importaciones a Cuba. Que en las maletas hay sandalias, camisas, camisetas, pantalones, faldas, ropa interior, jabones y champú, lo mismo que te llevarías durante un viaje, y en la suficiente variedad como para que no sea considerada una importación. Que en la aduana no suelen revisar las maletas. Que si las revisan hay que decir que es tu ropa. Que esas bragas o bombachas color fucsia son para regalar.

Regalo, esa era la palabra mágica.

Iba a llevar un montón de bombachas y de bragas de regalo, y Anna me acompañaba.

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Mientras yo pensaba en los problemas que me podría traer la lencería, Charly continuaba explicando que, debido a las necesidades que sufre el país, muchos extranjeros llevan regalos para la gente de Cuba y que, a lo sumo, te harán pagar un Impuesto a la Importación de Regalos (en ese momento comencé a sentir algo del Realismo Mágico de la vida cubana) que va de los 50 a los 200 dólares. Que hay que negociar un poco, que ese impuesto nunca supera los 50 dólares y que ese dinero te lo devuelve el valijero que recibe las maletas. Nuestro Hombre en La Habana.

–          Pero Charly, decime, podemos revisar las maletas, ¿no?

–          Sí, claro, llegan antes al aeropuerto y pueden abrirlas en el estacionamiento para revisar lo que llevan, que será ropa. Ese es el negocio, no otro. Ustedes solo tienen que pagar las tasas de aeropuerto (22 dólares), el visado de entrada a Cuba (20 dólares), el visado de salida (25 dólares) y 100 pesos mexicanos (8 dólares) que son mi comisión.

–          Unos 75 dólares por persona…

–          Ojo que esto no es un transporte fijo. Depende de la disponibilidad de ropa, toda de marcas falsificadas que llega de la Zona Franca de Belice. A veces hay lista de espera y a veces tienen suerte y salen inmediatamente. Yo, lo único que necesito de ustedes es una fotocopia del pasaporte y los 100 pesos de comisión. Y un número de teléfono dónde llamarles. Cuando haya un envío les avisaré solo con uno o dos días de anticipación. Otra cosa. Cuando lleguen al aeropuerto de Cuba ustedes no se conocen, van separados. Porque si van juntos y paran a uno, revisarán las maletas de los dos. Y es mejor que paren solo a uno….

Salió la posibilidad de viajar con Charly de un día para el otro pero tuvimos que desistir, ya que todavía no habíamos conseguido un sitio confiable donde dejar la furgo. Días más tarde nos fuimos de Playa del Carmen hacia Cancún y allí contactamos con Lydia (Facebook: Lydia Cuba), una mexicana bajita y bonachona con quien terminamos viajando a Cuba.

El viaje costó menos de 75 dólares. Como viajamos con Aeroméxico (en lugar de Cubana) no tuvimos que pagar las tasas de aeropuerto. Tampoco pagamos el visado de entrada a Cuba, cubierto por los valijeros, pero esos 20 dólares por persona fue la comisión para Lydia. Y mientras mi hermano me avisaba que me iban a impregnar la ropa con cocaína y mi madre comenzaba a sufrir de nuevo, nosotros tomamos las maletas de unos desconocidos, las revisamos, las despachamos y subimos al avión.

 

EN EL AEROPUERTO DE LA HABANA

La historia podría ser mucho más larga, pero la mayor sorpresa en el aeropuerto de La Habana no fueron las maletas, sino el que yo pusiera ESCRITOR en mi declaración de entrada al país.

Eso levantó las sospechas de un oficial de civil que me interrogó en una fila sobre el motivo de mi viaje a Cuba, y de otro vestido con uniforme de aduana que corroboró mis respuestas durante media hora, mientras me adoctrinaba sobre la historia y valores de la Revolución Cubana, sobre el idealismo del Che, y preguntaba dónde me hospedaría. Y si escribiría algún libro sobre Cuba.

Nunca me revisaron las maletas.

Cuando finalmente salí a la zona común del aeropuerto, allí estaba el valijero, que metió las maletas en la parte de atrás de una furgotaxi y nos acercó hasta La Habana.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y porque es capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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