42- Es preferible reir que llorar | PERÚ

La política es el arte de los gatos. Da igual el peso, si tienen el tamaño de un elefante como Alan García, presidente de Perú, o si han sufrido el ataque del diabólico botox enmascarado, como Cristina Fernández de Kirchner, la presi de Argentistán. Presidente o presidiario, es una línea delgada que los auténticos gatos jamás cruzan.

Más allá de lo que dictamine la historia, es increíble lo escurridizos que son los gatos. Puede llover fuego por algún acto de barbarie legalizado que siempre encuentran una explicación, una excusa o un designio divino que justifique el desastre, la corrupción o el engaño. Siempre caen parados, son cinturón negro en dialéctica. Y tienen siete vidas, nunca creas a un gato que se hace el muerto. Es parte del show político.

Por supuesto, también hay gatos buenos, remolones y sonrientes como el Gato de Chesire de Alicia en el País de las Maravillas. Sólo recuerdo eso, su sonrisa acaparaba la atención, todo estaba bien en ese país imaginario.

Los gatos no son perros, no se acercan cuando uno les llama. Vienen cuando les conviene. Saben que lo importante es la opinión pública, por eso suelen mear en el sitio asignado, a la vista de todos. Eso sí, luego los dejas solos y te destrozan los muebles de tu casa, tu país.

Hace mucho tiempo tuve un gato. Todos los días le daba de comer, le cambiaba el agua y el aserrín para que su baño no oliera mal. Lo único que le pedía a cambio era que se acostara en mi regazo mientras miraba una película. Supongo que no teníamos el mismo gusto por el cine, ya que a los cinco minutos se estiraba, me agujereaba los pantalones con las uñas y se iba. El muy cerdo podía estar horas durmiendo sobre las piernas de desconocidos que coincidían en que mi gato parecía un perro.

Yo era el único que sabía que mi gato era un gato. Y no me servía de nada, ya que la verdad es lo que la gente cree, no lo que efectivamente sucede. En política la realidad es manipulable como la plastilina. Y si los medios lo repiten, el efecto en la verdad es devastador.

LA CARRETERA CASMA-HUARAZ YA ES UNA REALIDAD. GRACIAS CESAR ALVAREZ. Las pintadas que anuncian la encomiable labor del político manchan todas las paredes disponibles junto a la ruta. En Casma, departamento de Ancash, junto al Océano Pacífico peruano, no queda un miserable rinconcito libre para la oposición.

–     ¿Tomamos esa carretera? Por lo que dicen las paredes ya debe estar asfaltado, es una realidad… Seguro nos ahorramos un par de horas. ¿Te parece?

Todas repiten el mismo mensaje. LA CARRETERA CASMA-HUARAZ YA ES UNA REALIDAD. Chi-pun chi-pun chi-pun!!!! GRACIAS CESAR ALVAREZ. Chi pun! Chi-pun! Más abajo, un poco más pequeñito, proponen LUEGO EL TREN INTEROCEÁNICO. Chi-pun! Chi-pun! Chi-pun!! Chi-pun!!!

Vamos. Desde el norte hay que dar una vuelta enorme para llegar a Huaraz. Sur-este-norte de nuevo, una ruta boomerang asfaltada, con pocos pozos pero malas vibraciones: unos meses atrás partimos por ahí una barra de torsión. (Problemas, ¡séptima temporada!)

Los primeros kilómetros de la carretera son estrechos pero están en muy buen estado. Te deslizas entre montañas de piedras ocres cubiertas de arena y valles secos. A medida que te alejas de la costa el desierto deja paso a valles estrechos con pequeños arroyos que crecen en caudal. Cuanto más arriba, más agua. No tiene sentido, pero es verdad.

En el kilómetro cincuenta cruzas un pueblo y la ruta pierde el asfalto. En realidad no sabes si eres tú el que se ha metido por la huella equivocada, preguntas. Pero no, la ruta Casma-Huaraz es una realidad de tierra, barro y baches ascendiendo por la ladera de la montaña. Las piedras sueltas recuerdan la fuerza de los últimos temblores que sacuden el país a diario. La ruta está terriblemente abandonada. El paisaje es precioso, valles abruptos, pueblos pequeños, pero a la segunda hora de abandonar el asfalto mi cerebro se convierte en yogur. El techo del mundo se acerca a la furgo como la tapa de un sándwich y nos aplasta dentro de una nube, dentro de la miga del pan, pegoteados con la mayonesa.

A ese Cesar Alvarez y a su madre, culpable de engendrar un político, les deben doler las orejas.

–     ¡Qué huevos! ¡Qué huevotes! ¡La Carretera Casma-Huaraz ya es una realidad! ¡Que manera de mentir! ¡Político! ¡Hay más pozos que carretera!

Cuando uno avanza a diez, quince kilómetros por hora, hay tiempo para revisar hasta las convicciones. Haces planes para la próxima semana, notas un nuevo ruido en el chasis, recuerdas anécdotas de la escuela, revisas mentalmente la estructura del libro en el que estás trabajando y hasta piensas nombres para un hipotético hijo (si naciera en Kazajstán ¿le ponemos Borat?). Sueñas con tener una furgoneta más grande y no acabas de enumerar todo lo que cabría en ella. Luego vuelves a escuchar ese ruido, esa especie de rasgueo que no está en el chasis y tampoco está en algún lugar de tu cerebro. Peor, está en algún lugar del motor. Gracias César Alvarez!!!

Y sí, también recuerdas el graffiti pintado en una choza metálica del ejército de Kenia: Todo infierno tiene su final. En los malos momentos siempre recuerdo ese atracón de sabiduría. Tsssss… Entonces comienzas a cantar… Chiqui-bum chiqui-bum chiqui-bum… Paparapapá, paparapápá… Esssss preferiblee…. ¡reir que llorar! Así la vida se debe tomar…

¡LA CARRETERA CASMA-HUARAZ ES UNA REALIDAD! GRACIAS PERET!

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El Libro de la Independencia. ISBN 978-84-616-9037-4

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

One thought on “42- Es preferible reir que llorar | PERÚ

  1. …. aún así …. prefiero los gatos a los perros… no hay gatos-policia….
    Saludos desde el otro lado del gran charco, ciudad condal.
    Afragoneta

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