03 – El policía corrupto

La Vuelta al Mundo en 10 Años - @viajeros4x4x4

– Ramallets, Foncho, Gensana, Gracia, Verges y Garay. Martínez, Kocsis, Kubala, Suárez y Evaristo. Director técnico, el gran Helenio Herrera.

– ¿Qué? –pregunto sorprendido.

– Es la formación del Barcelona de 1959! Ramallets, Foncho, Gensana, Gracia, Verges y Garay. Martínez, Kocsis, Kubala, Suárez y Evaristo, el brasileño, repite.  Kocsis fue el goleador del mundial del 54. Ustedes vienen de Barcelona, ¿no? Por la patente.

El vendedor de bolas de helado también es especialista en fútbol. El cincuenta por ciento de los argentinos son directores técnicos. Por la calle avanza un abuelo en bicicleta. Va tan despacio que no, parece que no avanza.

– ¿Quieren la formación de España en el mundial de 1966? El Chopo Iribar, Sanchis, Zoco, -se larga a recitar sin esperar la respuesta -Gallego, que fracturó a Bianchi en un partido amistoso en Francia, Eladio, Pirri, Del Sol y Luis Suárez, Ufarte, Peiró y Gento. El DT era José Villalonga. A este equipo Argentina le ganó 2 a 1 durante el mundial.

La demostración de sabiduría futbolística, la discusión apasionada sobre gambetas, rabonas y firuletes es indispensable en el sur del continente americano. Tipos tan imperfectos y humanos como Maradona dan un sentido inesperado a la vida de millones de argentinos en la era post crisis. El fútbol es una religión con millones de fanáticos. En consecuencia, Maradona es el nuevo Jesucristo.

Cruzamos el puente sobre el río Paraná que lleva de Resistencia a Corrientes, cambiamos de provincia y avanzamos por una avenida buscando la ruta que lleva hacia Yacyretá. El conductor de un camión de mudanzas destartalado sonríe y levanta el pulgar cuando le saco una foto. Seis chicos juegan al fútbol en la acera, aunque ésta es una vereda, con agujeros y baldosas flojas. Avanzamos al límite de la velocidad máxima cuando llegamos a una rotonda sin señalizar. ¿Y ahora? ¿Para dónde?

En ese momento se cruza un hombre en una motoneta que nos hace señales para que sigamos por uno de los desvíos. No sé, supongo que querrá saludarnos, invitarnos a comer, preguntarnos sobre el viaje, la furgoneta habrá llamado su atención.

Me detengo, estaciona su motoneta de repartidor de pizzas adelante y se acerca con una libreta. Medirá un metro setenta, es delgado, tiene el pelo negro y gafas estilo Starsky y Hutch.

– Buenos días.

En su camisa dice Policía Municipal de Corrientes.

– Buenos días, ¿pasa algo?

– Sí, se acaba de saltar un semáforo en rojo. El verde era para quienes tenían que girar solamente.

– ¿Ah sí? Lo siento, la verdad es que ni me di cuenta. Con el reflejo del sol no se ven muy bien los colores… –intento una defensa.

– Los voy a tener que multar. Pasar un semáforo en rojo tiene una multa de cuatrocientos a dos mil litros de combustible. ¿Ve? –dice mientras estira su libreta de multas en mi dirección.

– Amigo, ¿cómo voy a querer pasarme un semáforo en rojo? No nos gusta meter la pata, estamos viajando, conociendo la provincia, habrá sido una distracción.

– Sí… pero igual voy a tener que multarles. Su permiso de conducir por favor.

Le doy mi permiso argentino, vuelve a su motoneta y levanta su walkie talkie.

– Atención comando, ya tengo a los infractores conmigo. Corto.

Las normas básicas de circulación son siempre las mismas en todo el mundo, aunque a veces hay ciertas variaciones. Por ejemplo, en Argentina los carteles de PARE sirven para que uno disminuya la velocidad y, si no viene nadie, pase con precaución. En Chile uno debe detenerse completamente. Si el policía es honesto, con disculparte y prometer que te detendrás frente a todos los carteles de PARE hasta el último día de tu vida sólo recibirás una advertencia. Pero este policía, el correntino, es distinto. Tiene un aire extraño.

– Miren, yo no quiero arruinarles las vacaciones –asegura cuando se acerca. –Pero me tendrán que acompañar ante la jueza donde podrán hacer su descargo y deberé retenerles el vehículo cuarenta y ocho horas hasta que el veredicto sea firme. ¿Cómo están de tiempo?

Jodido cabrón. Este quiere pasta, plata.

– Mire –le digo. –Yo venía siguiendo otro vehículo y estaba atento a los semáforos, ¿tiene alguna fotografía de la infracción?

– Hace treinta segundos se estaba disculpando –me dice. –Ustedes deciden, esto lo podemos resolver acá o tendrán que acompañarme ante la jueza. Y eso lleva tiempo. ¿Tienen tiempo?

– Tenemos todo el tiempo del mundo –interviene Anna con firmeza.

– Sí, nosotros estamos viajando, vamos hacia Alaska y por el camino escribimos sobre todo lo que nos pasa. Soy periodista y con lo que escribimos hacemos libros.

Entonces Anna saca uno de los libros que imprimimos en Buenos Aires y señala la fotografía de la portada.

– ¿Ve? –continúo, –ésta es ella, éste soy yo y ésta es la furgoneta. Si no pasa nada, nos aburrimos. Y si nos aburrimos, no tenemos motivos para escribir. Vamos donde la jueza, no hay problema. Así tenemos una nueva historia que contar.

– Tenemos tiempo –cierra Anna.

La interpretación es brillante. Los amigos saben que no somos de colgarnos medallas, pero la historia es brutalmente efectiva. El policía duda, observa el libro.

– ¿Para dónde van?

– Para Yacyretá.

– Entonces tienen que tomar esa ruta, ésta no, esa. A cincuenta kilómetros hay un desvío hacia la costa, allí hay una basílica preciosa frente al Paraná. Por lo de la multa no se preocupen, yo hablo con el comando y les explico la situación.

– Bueno, gracias –digo. –Mire, nosotros vendemos libros de nuestro viaje a través de África. Valen quince pesos. ¿Quiere comprar uno?

El tipo congela un saludo en el aire. Piensa.

– No, gracias –murmura antes de dar media vuelta y subir a su motoneta de repartidor de pizzas.

– Disculpe, ¿puedo girar por acá en U? –pregunto antes de que se aleje.

– Sí, sí, gire, no se preocupe.

Y se va.

Cuando un policía detiene tu vehículo debes tratarlo con respeto, no con miedo. Si el policía es corrupto y huele tu temor, intentará sacarte ventaja, o sea, dinero. A tu favor está el tiempo. Ellos no lo tienen, deben seguir trabajando y sólo cuentan con unos pocos minutos para extorsionarte. Querrán resolver la situación en el momento y te ofrecerán un arreglo. Si te niegas te arriesgas a una multa que puede ser injusta, pero es difícil que un juez permanezca impasible cuando le asegures con humildad que la infracción fue inventada por un policía corrupto. Por supuesto, si esto ocurre en tu país tu historial debe ser impecable. Si ocurre en el extranjero, debes reforzar tu versión asegurando que el policía te eligió por la matrícula extranjera del vehículo.

Unos kilómetros adelante nos detenemos frente a un control. Le explico la situación a otro policía, que inmediatamente se disculpa.

– Lo siento, en todos lados hay policías buenos y policías malos. Los policías que van con esa clase de motos sólo pueden multar dentro del centro de la ciudad. Ese hombre estaba fuera de su jurisdicción. Igualmente usted siempre tiene derecho al descargo ante un juez y a no entregarle su permiso de conducir. Usted lo puede sostener y él sólo lo puede mirar. Es una pena que no haya anotado el número que figura en el lateral de la moto.

Tiene razón, en todos lados hay policías buenos y policías malos. Y justo cuando nos estamos despidiendo de Argentina, después de muchos años dando vueltas desde Ushuaia a La Quiaca, aparece el primer policía malo del país.

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