Gracias Sudáfrica

A Carlos Ruiz Sebastián y Wendy Burgers, que nos dejaron su casa y su amistad en Ciudad de Cabo.

A Jorick Vandaele y Winnie De Roover, los belgas, por su amistad inquebrantable a través de toda África. Siempre los echamos de menos.

A Dawn y Diane, agentes de aduana de Beitbridge, por hacer los cinco días que Anna tuvo que pasar abandonada en la frontera más llevaderos, mientras yo solucionaba los papeles de la furgo a 500 kilómetros. Gracias a todos los que la hicieron sonreir en esos momentos duros.

A Marianne Tiemensma de Pretoria, por su hospitalidad y servicio de taxi constante entre su casa y el Automovil Association de Sudáfrica.

A Odette Pombo del AA de Sudáfrica por buscar soluciones a los problemas imaginarios creados por quien debía emitir el Carnet de Passage en Madrid.

A Kenneth y Estel, de Pretoria, por prestarnos el jardín de su casa junto a la jungla de Johannesburg.

A los miembros del KKK (Knock Knock Klub), un club de pesca de sudafricanos blancos, por sus regalos inesperados, sus risas y su técnica inigualable para beber tequila.

A Ian y su compañero de trabajo de Diesel Electric en Port Elizabeth, por hacer la dyno del Mitsu y desvelarnos el problema del turbo.

A John y Pa de Helicharters, Port Elizabeth, por dejarnos usar el backpackers como si fuera nuestra casa y cobrarnos sólo uno de los cuatro días que vivimos en su hostal.

A Mr. Elbett de Monroe/Armstrong, por regalarnos un par de amortiguadores que duraron un mes.

Al hombre negro de Thaba-Nchú que nos arregló desinteresadamente el alternador en la puerta de su taller.

A la pareja de granjeros de Knysna que nos remolcó la Mitsu cuando el motor hizo ¡CATACRANK! Afortunadamente sólo fue una correa suelta.

A Mark y Linda de Untentweni Beach, por recogernos en la playa en donde pensábamos pasar la noche y llevarnos a una cama confortable.

A Eugene de Glass Fit, por el parabrisas con descuento especial para viajeros.

A Eleanore y Nico de GreenAfrica en Cape Town, por su ayuda y su container hiper rebajado para enviar la furgoneta a Sudamérica.

A Verónica y Pam de Durban, Kyle de Cape Town y John Hoeben en Nacala, Mozambique, todos de King & Sons, por los contactos.

A Don Ángel Tordesillas, todo un Señor, director de Pescanova en el sur de África, por hacernos un lugar en el Suidor One, un barco de pesca con destino a Argentina, confiando en que seríamos buenos marineros.

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El Libro de la Independencia con franja verde

El Libro de la Independencia. ISBN 978-84-616-9037-4

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Pablo Rey (Buenos Aires) y Anna Callau (Barcelona) viajan por el mundo desde el año 2000 en una furgoneta Mitsubishi Delica L300 4×4 llamada La Cucaracha. En estos años veinte años de movimiento constante consiguieron un máster en el arte de sobrevivir y resolver problemas (policías corruptos y roturas de motor en el Sáhara, por ejemplo) en lugares lejanos.

Durante tres años recorrieron Oriente Próximo y África, de El Cairo a Ciudad del Cabo; estuvieron 7 años por toda Sudamérica y otros 7 años explorando casi cada rincón de América Central y Norteamérica. En el camino cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de pesca, descendieron un río del Amazonas en una balsa de troncos y caminaron entre leones y elefantes armados con un cuchillo suizo.

En los últimos años comenzaron a viajar a pie (Pirineos entre el Mediterráneo y el Océano Atlántico, 2 meses) y en motocicleta (Asia) con el menor equipaje posible. Participan en ferias del libro y de viaje de todo el mundo, y dan charlas y conferencias en escuelas, universidades, museos y centros culturales. Pablo ha escrito tres libros en castellano (uno ya se consigue en inglés) y muchas historias para revistas de viaje y todo terreno como Overland Journal (Estados Unidos) y Lonely Planet (España).

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina, el viaje es la vida.

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