336- Si pudieras volver a empezar, ¿cómo te gustaría que fuera tu vida? | KOH TAO, TAILANDIA

Si pudieras volver a empezar, ¿qué te gustaría hacer de tu vida?

Imagina que hoy, mientras estás trabajando, pasa un tiburón ballena por encima de tu cabeza. O una manta raya, un cardumen de miles de peces de colores o un grupo de delfines. ¿No sería un trabajo increíble?

Ahora imagina que además, mientras trabajas, tienes la sensación de estar volando. En realidad no es una sensación, es casi una realidad. Flotas, te mueves hacia arriba, hacia abajo, hacia adelante y hacia atrás. Puedes avanzar en cualquier dirección. A tus pies hay una alfombra de coral y anémonas, no un falso parquet o cemento o un suelo absurdo de cerámica.

Estás trabajando, y tu trabajo consiste en explorar, en guiar, en cuidar un mundo donde las reglas de la tierra no tienen sentido, porque estás en el mar. Bajo el agua.

¿Cuántas veces me pregunté cómo sería mi vida si pudiera empezar de nuevo? ¿Cómo sería si tuviera la información que tengo ahora, si tuviera la experiencia para tomar la decisión correcta a los veinte años sin miedo a equivocarme?

Por eso, cuando encuentro alguien que no está seguro qué camino tomar, le recuerdo que hay demasiados abogados y pocos exploradores. Que la vida es un milagro sin sentido, que debemos aprovechar el tiempo que tenemos, y que las dos terceras partes de la Tierra son agua. Que si pudiera empezar de nuevo hoy trabajaría bajo el mar, haciendo buceo.

No sé si llevaría gente a pasear por alguno de los miles de paraísos submarinos que hay en nuestro Planeta Azul, si buscaría barcos hundidos, repararía sus cascos bajo el agua, o exploraría cuevas sumergidas. No tengo idea. Sólo sé que hay mejores mapas de la Luna que del fondo del mar, y que alguien tendrá que hacerlos.

Hace unos días llegamos a la isla de Koh Tao, en Tailandia, con la idea de quedarnos un par de noches y seguir adelante. Hoy, cuando escribo esto, ya llevamos diez lunas en la isla. Yo le echo la culpa al mar y a una comunidad latina numerosa, abierta y espontánea. Chicas y chicos que llegaron a esta pequeña isla para buscar una nueva vida y se encontraron en una escuela y centro de buceo llamado Pura Vida Diving Koh Tao,

Soñadores que abandonaron un trabajo y encontraron una nueva manera de vivir. Muchos prueban aquí el buceo por primera vez y ya no lo pueden abandonar. Quedan tan enamorados que continúan haciendo cursos hasta que en unos seis meses se convierten en instructores. Y empiezan a trabajar alrededor del mundo, bajo el agua. En libertad. Exactamente lo que me gustaría hacer si pudiera comenzar de nuevo. Es lo que llamo la Universidad de Koh Tao.

Mucho mejor que ser abogado, director financiero, dentista o vendedor de lo que sea.

Si pudieras empezar de nuevo, ¿qué te gustaría hacer de tu vida?

Esta historia está dedicada a ellos. A todos los Santi, Javis, Jorges, Sonias, Carles, Alfonsos, Yolandas, Iagos, Óscar, Nahueles, Angelas y Lucías que están haciendo realidad un sueño a través del buceo. A veces hay que irse, salir y sumergirse para empezar a respirar.

‘No importaba llegar, sólo el camino. No importaba elegir el mejor, sólo uno. E importaba seguirlo ciega, febrilmente, contra males, hombres y bestias.’

El Carbonero, de Carlos Soto Femenía.

GALERÍA DE IMÁGENES

Gracias a Damián Almua por las fotografías submarinas y a Nahuel Martino por el vídeo alucinante del tiburón ballena!

INSPIRACIÓN. SÓLO HAZLO, LA PÁGINA DE PUBLICIDAD QUE ME INSPIRÓ A VIVIR COMO YO QUIERO.

VÍDEOS IMPERDIBLES. CONFERENCIA EN MADRID SOBRE LOS PRIMEROS 15 AÑOS DE VIDA EN LA RUTA

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en La Cucaracha, nuestra furgoneta 4×4. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 descendimos un río del Amazonas en una balsa de troncos y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo escribió 3 libros de sus viajes alrededor del mundo: El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África. Uno de ellos, El Libro de la Independencia, fue traducido al inglés: The Book of Independence. También escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros, presenta vídeos y hasta aprendió mecánica!

Pablo y Anna sirven de inspiración para un cómic de viajes creado en Boston y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y dieron charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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332- GR11 PIRINEOS 5 | Travesía a pie de Andorra a la Guingueta D’Aneu (con VARIANTES)

GR11 PIRINEOS Descenso al Refugio Libre de Baiau

‘Pero… ¿cómo hacen para vivir viajando?’ me preguntó la mujer, asombrada, cuando le comenté que llevábamos 17 años viviendo en la ruta. Viajando en una furgo, viajando en moto, viajando a pie. Viviendo el sueño de caminar el GR11 PIRINEOS sin prisas, durante dos meses, tomándolo como un viaje.

Y me resultó simpático, porque ella misma se había respondido momentos antes, cuando nos contaba que cada uno de ellos gastaba 50 euros por día caminando el GR11 (unos 1500 euros al mes por persona, caminando por la montaña) cuando entre nosotros dos llegamos a gastar unos 600 euros en un mes haciendo lo mismo.

‘Pues trabajamos y cuidamos el dinero que ganamos’ le respondí. ‘Casi siempre dormimos en nuestra tienda o en refugios libres. Alguna vez comemos por ahí, pero siempre cargamos y cocinamos nuestra comida… Nos bañamos en los ríos, aunque el agua esté helada… A veces es incómodo, pero si queremos seguir viajando tenemos que cuidar el dinero.’

La mujer y su marido, una pareja simpática de Euskadi con ganas de viajar por Sudamérica en furgo, me observaban. Lo que decía era sencillo, pero su filosofía de vida era distinta.

La comodidad cuesta dinero. Dormir cada noche en una cama cuando estás de viaje cuesta dinero. Que te preparen la comida cuesta dinero. Por eso nosotros siempre viajamos con la casa a cuestas’. Siempre llevamos nuestra furgo o nuestra tienda y nuestra comida.

Si no cuidásemos el dinero, nuestro viaje habría terminado hace mucho tiempo.

GR11 PIRINEOS Cruzando arroyos cerca de Ordino
Cruzando arroyos de cuento cerca del pueblo de Ordino

GR11 PIRINEOS DÍA 21 – Camino a pie de Encamp (Andorra) a La Cortinada (antes de Arans).

  • Distancia aproximada: 12 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +1300 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -1200 metros
  • Tiempo aproximado: entre 7 y 8 horas (paradas a descansar, comer, y encuentros incluídos).

Comenzamos el día con buen pie. Los amigos Celina y José María, que nos acogieron en su apartamento de Canillo, nos invitaron a acompañarles a un concurso de Gossos de Tura (perros pastores del Pirineo) que se celebra en el Coll de Ordino. Así, empezamos el día con una excusa muy buena para evitar esos 700 metros de desnivel en solo dos kilómetros.

Una vez arriba, y después de disfrutar de la habilidad de los perros para controlar las ovejas, comenzamos el descenso hacia el pueblo de Ordino. Pasamos por una zona llena de fresas silvestres y grosellas y casi media hora llegamos a la primera fuente, en una zona de picnic con barbacoas (nos faltó la carne) junto a una de las curvas de la ruta.

Caminamos siempre bajo el bosque, el calor es soportable, pero el descenso parece interminable. Después de una hora, el sendero comienza a seguir el curso de un torrente. Finalmente llegamos al cruce donde podemos elegir bajar hasta Ordino o seguir por el GR11 PIRINEOS en dirección a Arans.

En el cruce comienza nuevamente la subida; primero por un camino de tierra para vehículos; después, por un sendero que avanza como un balcón al valle que cada vez queda más abajo. La subida es empinada y no hay agua en toda esta sección hasta casi llegar a La Cortinada.

Después de una hora de ascenso todavía seguimos viendo Ordino. Eso sí, cada vez está más abajo. De repente el sendero se estabiliza y poco después comienza a descender. Nos topamos con otro de esos desvíos absurdos del GR11 Pirineos, que te hacen subir un buen tramo para rodear un par de árboles caídos, con esquivarlos y seguir avanzando en horizontal es suficiente.

Casi dos horas después de dejar atrás el cruce de Ordino (y de pasar por el único arroyo que cruza el sendero), salimos a una calle asfaltada por encima de un campo de golf. Estamos en La Cortinada. Seguimos caminando y pasamos junto a una iglesia del siglo XII que conserva algunas pinturas originales (échale un vistazo, vale la pena), y un restaurante de buffet libre de carnes por 15 euros (no lo probamos, pero me llamó la atención). Poco después encontramos un cartel que indica un camino alternativo al Coll de les Cases sin pasar por Arinsal.

Lo seguimos por unos doscientos metros y damos a la entrada de una granja, donde nos acercamos para preguntar acerca del sendero. Camina atento, tienen un perro que parece bastante bravo atado cerca de los galpones. Nos recibe Fermín, un pastor Vasco que lleva viviendo 31 años en Andorra, que primero nos ofrece un par de botellas de agua de la nevera; luego un par de sillas para conversar más cómodos; y finalmente un par de cervezas frías. No hay problema en acampar al otro lado de la entrada de la granja, donde guardan un par de trailers. Para el próximo encuentro con Fermín dejamos pendiente un asado de cordero y un buen plato de alubias.

Dónde comer: puedes bajar hasta Ordino (a 10 minutos del GR11); en La Cortinada hay algo y en Arinsal aparentemente hay hasta algún almacén.

Dónde dormir: en el descenso antes de llegar al pueblo de Ordino había un par de buenos lugares con agua donde plantar la tienda.

Encuentros del día: sin duda, Fermín; y David, el guía de la iglesia del siglo XII, con quien nos quedamos charlando una hora sobre historia, emigrantes, Andorra, guerra civil, pinturas religiosas… Vale la pena viajar con tiempo.

GR11 PIRINEOS Subida al Refugio de Comapedrosa
La subida hacia el Refugio de Comapedrosa desde Andorra es espectacular

GR11 PIRINEOS DÍA 22 – Camino a pie de La Cortinada al Refugio de Comapedrosa.

  • Distancia aproximada: 10 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +1500 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -550 metros
  • Tiempo aproximado: 7 horas (paradas a descansar, comer, y encuentros incluídos)

Nos habían asegurado que encontraríamos agua camino del Coll de les Cases, pero igual comenzamos el ascenso llenos. Hicimos bien, ya que no encontramos ningún torrente ni fuente hasta llegar a Arinsal, al otro lado de la montaña, tras superar otro ascenso mañanero muy vertical de algo más de 600 metros de desnivel.

Descendemos y en Arinsal desembocamos a una calle asfaltada llena de segundas residencias. Luego de un kilómetro salimos a la calle principal, con bares, restaurantes, supermercados y algunas fuentes de agua potable. También hay una tienda de equipo de montaña, en caso de que necesites algo. Avanzamos por la acera hacia la cabecera de las pistas de ski durante casi dos kilómetros. Atravesamos un túnel y al otro lado giramos a la derecha, hacia el parking de la Reserva Natural de Compedrosa.

De allí parte un camino de tierra para vehículos que un poco más arriba queda cortado por una barrera. La atravesamos, pasamos junto a un gran depósito de agua y seguimos ascendiendo lentamente hasta llegar al cruce del primer arroyo, una zona perfecta para hacer una siesta o descansar un rato.

El sendero asciende más vertical en dirección al Refugio guardado de Comapedrosa, pasando por un alguna zona espectacular donde hacer noche. Un par de horas después de partir de Arinsal llegamos al cartel que indica que el GR11 gira a la izquierda, hacia el refugio. El GR11 Pirineos original sigue recto por el valle, pero en muchos lugares ha sido desviado para que pase por pueblos y refugios. Bueno, nos merecemos una cerveza.

El Refugio guardado de Comapedrosa se encuentra en un sitio espectacular, junto a un acantilado que se asoma a todo el camino por el que venimos subiendo. Tiene una parte de refugio libre que sólo abren cuando cierra el refugio guardado. Si prefieres acampar, aléjate unos cuantos cientos de metros: hay montones de lugares cerca del agua.

Dónde comer: en Arinsal hay bares, supermercados y restaurantes. En el Refugio de Comapedrosa ofrecen desayuno, almuerzo y cena.

Dónde dormir: dormir en el Refugio de Comapedrosa cuesta 13 euros por persona. Es muy razonable teniendo en cuenta que todo lo deben llevar con helicóptero.

Equipo y material de acampada: en Arinsal encontrarás la tienda Saint Moritz, que tiene prácticamente de todo.

Encuentro del día: Xavi-Manel, o cómo sea que se llame, un montañero catalán de Esparreguera, a los pies de Montserrat, con quien compartimos cerveza, tras cerveza, tras cerveza…

GR11 PIRINEOS Coll de Baiau
En el Coll de Baiau el viento soplaba con tanta fuerza que amenazaba con llevarnos volando hasta abajo.

GR11 PIRINEOS DÍA 23 – Camino a pie del Refugio de Comapedrosa al Refugio libre de Baborte.

  • Distancia aproximada: 15 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +1100 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -1000 metros
  • Tiempo aproximado: 9 horas (paradas a descansar, comer, y encuentros incluidos)

Levantamos campamento temprano y a las siete y media ya estamos llenando las botellas con agua para encarar la subida de la Portella de Baiau en el GR11 PIRINEOS. El camino continúa desde el propio Refugio y se dirige sin pérdida hacia la subida. Si te interesa la naturaleza, en el Refugio te pueden prestar un folleto (en catalán, a devolver en el Refugio de Vallferrera) sobre la naturaleza y las formaciones que encontrarás en el camino.

El ascenso de 512 metros hasta la Portella de Baiau nos tomó casi dos horas. Antes de llegar al Estany Negre el camino se bifurca, hacia la derecha van quienes buscan coronar la cima del Comapedrosa (la montaña más alta de Andorra); nosotros seguimos recto, vigilados por los quebrantahuesos que planean sobre nosotros esperando un accidente. Ay caray!

Luego de la última subida llegamos a la Portella de Baiau, donde un viento huracanado tiene ganas de arrastrarnos hacia abajo, donde espera el Refugio libre de Baiau. Pero antes tenemos que bajar por una ‘tartera’, una pendiente muy, muy empinada, llena de piedras sueltas y pequeños bloques que van descendiendo con nosotros a media que derrapamos. Bienvenidos al Parc Natural de L’Alt Pirineu.

Seguimos las marcas del GR11 PIRINEOS hasta el primer gran lago y lo rodeamos por la derecha si queremos pasar por el Refugio de Baiau, y por la izquierda si queremos evitarlo. El Refugio de Baiau es pequeño, tiene colchonetas y mantas para unas 9 personas y se encuentra en muy buen estado. Alrededor hay lugares donde acampar, aunque el viento suele soplar muy fuerte.

Para continuar descendemos por la izquierda del refugio. El sendero está muy bien marcado y pasaremos por muchas áreas donde está permitido acampar para pasar la noche, antes de llegar al desvío que va al Refugio guardado de Vallferrera. Un poco más adelante encontrarás el parking de La Molinassa, donde están los carteles que indican que el GR11 PIRINEOS continúa en dirección a Áreu.

Nosotros buscamos una alternativa que no descendiera tanto y decidimos buscar el sendero al Refugio libre de Baborte, una variante marcada con las mismas marcas del GR11 (rojo y blanco). A mitad de camino (600 metros de desnivel) pasa por la Cabaña de Bacello (para cuatro o cinco personas), desde donde también se puede tomar la variante de Lori para ascender a la Pica d’Estats. En este tramo no cruzamos ningún torrente, solo encontramos agua superficial. Por eso, carga agua antes de abandonar el parking de La Molinassa.

Después de casi 3 horas de ascenso llegamos al Estany de Baborte, desde donde ya vemos el Refugio (de color anaranjado) y el Circo de Baborte. Es espectacular. El Refugio tiene lugar para 9 personas (con comodidad) y para más si es necesario. Puedes cargar agua de un torrente que hay unos doscientos metros más adelante. Atención con el viento, que sopla muy fuerte!

Dónde comer: si no llevas tu propia comida, las únicas oportunidades de conseguir algo serán los Refugios guardados de Comapedrosa y Vallferrera.

Dónde dormir: hay montones de lugares de acampada libre en el camino (recuerda que no puedes plantar la tienda antes de las 7-8 de la tarde, y preferentemente lejos de los refugios). Si prefieres dormir en refugios tienes la opción de pago de Vallferrera, la Cabaña de Bacello y el Refugio Libre de Baborte.

Encuentro del día: la colla (el grupo) de abuelos excursionistas de Vic, que subían hacia el Comapedrosa. Entre ellos estaba Josep, de 88 años. Espectacular. Emocionante. Gracias por resistir.

GR11 PIRINEOS Camino alternativo a Tavascán, por la Porta del Cel
Camino a la Porta del Cel, cerca del Refugio Libre de Baborte

GR11 PIRINEOS DÍA 24 – Camino a pie del Refugio Libre de Baborte a Tavascán (GR11 ALTERNATIVO).

  • Distancia aproximada: 16 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +200 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -1200 metros
  • Tiempo aproximado: 7 horas (paradas a descansar, comer, y pérdidas del sendero incluídos)

Nuestros compañeros de refugio en Baborte (una pareja de California y una familia de Valencia) decidieron partir bien temprano, por lo que decidimos quedarnos un rato más de lo habitual y disfrutar de esa casa de madera entre las nubes mientras amaina el viento, que sopla con ganas.

Los primeros dos kilómetros del sendero la Porta del Cel (la Puerta del Cielo) ascienden con calma entre pequeños estanques de agua y senderos pedregosos. Luego baja un poco hasta el cartel de un cruce de caminos. Nuestra idea era avanzar por la Porta del Cel hacia Tavascán, pero pronto perdimos el sendero. Nuevamente empezó a soplar el viento, vimos que aquello subía y subía y luego de muchas dudas decidimos volver atrás y cambiar de ruta.

Retornamos al cruce de caminos y comenzamos a descender hacia el Pla de Boavi acompañando un arroyo por un sendero que avanza en zigzag. Luego de unos cuantos kilómetros y justo antes de cambiar de valle entramos en una especie de olla en donde convergen varios torrentes que forman cascadas y saltos espectaculares. Ojo con embalarte en la bajada, que si sigues de largo en alguna curva la caída hasta el río es de 30 metros!

Avanzamos siguiendo el nuevo torrente (la Noguera de Lladorte) por el fondo del valle y de repente entramos en un camino de tierra por el que circulan coches de excursionistas que van a pasar el día. Por suerte avanzan despacio y no levantan demasiado polvo.

Hay muchos lugares espectaculares donde acampar a lo largo de los casi 9 kilómetros de camino que hay hasta Tavascán.

Dónde dormir: en Tavascán no hay refugio ni camping. Pedimos información en la oficina de información y no tenían información sobre dónde acampar. Un hombre del pueblo que andaba por allí nos recomendó seguir hasta el pueblo siguiente, a un plano que al día siguiente fuimos incapaces de encontrar. En el hotel Llacs de Cardos, con ‘precios especiales para caminantes del GR11’, piden 60 euros por habitación. Finalmente caminamos unos 200 metros fuera del pueblo en dirección Estaón y, a mano derecha, acampamos en una terraza cubierta de pasto. Justo antes de salir del pueblo hay una fuente de agua potable.

Dónde comer: en Tavascan hay bares, restaurantes y hasta un pequeño almacén. Si está cerrado, toca timbre y la señora te abre.

Equipo de montaña: hay una tienda con souvenirs y algunos cartuchos viejos de camping gas.

Las Bordas de Nibros eran un auténtico pueblo abandonado.

GR11 PIRINEOS DÍA 25 | Camino a pie de Tavascán a la Borda de Palau (Estaón).

  • Distancia aproximada: 13 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +1300 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -1000 metros
  • Tiempo aproximado: 7 horas (paradas a descansar, comer, y charlar con la gente que te encuentras incluidas)

El camino desde Tavascán hacia Estaón y la Guingueta d’Àneu se parece mucho al que sufrimos semanas atrás cuando atravesamos el bosque mediterráneo desde Llancà a Requesens (etapa 1), y de La Jonquera a Macanet de Cabrenys (etapa 2). Calor, mucho calor.

Por eso hay que empezar temprano, preferentemente con la primera luz del día para evitar las horas de ascenso y sol sobre tierra pelada. Ese es el mejor motivo para volver a la fuente de Tavascán desde nuestro sitio de acampada para salir bien bebidos, llenos de agua, listos para las subidas que se avecinan.

Retomamos el GR11 PIRINEOS hacia el pueblo de Aineto por el sendero que sube lentamente siguiendo el lateral de la montaña. El avance es espectacular, parece que estuviéramos caminando por un balcón asentado en piedra antigua que da directamente sobre el valle, que poco a poco va quedando más abajo. En realidad es un sendero empedrado construido hace siglos.

Veinte minutos después llegamos a Aineto, con una pequeña plaza y una fuente de agua. Cruzamos el pueblo y subimos unos metros por un camino de cemento. Luego de una curva hay que tomar un desvío a la izquierda. Si llegaste a la antena de telefonía, te pasaste. Tras el desvío comienza una subida empinada, con pocos árboles y nada de agua. Media hora más tarde volvemos a avanzar en horizontal, con subidas y bajadas suaves y volviendo a caminar sobre un balcón natural con vistas espectaculares del valle.

Justo antes de llegar a Lleret cruzamos un pequeño torrente, ideal para hacer un descanso bajo el bosque. Si necesitas una fuente tienes que cruzar el pueblo buscando la parte alta, donde en una pared encontré un grifo. Era buena, casi toda el agua que sale de un grifo en una pared es buena.

De Lleret seguimos un camino de tierra para vehículos que continúa ascendiendo lentamente, pasamos un par de tranqueras que hay que abrir y cerrar, y volvemos a dejar atrás a los árboles. El sol, que ya está arriba, pega fuerte en agosto. Algo más de una hora después abandonamos el camino y giramos a la izquierda. Luego de un abrevadero para animales (la Font Freda) comienza el ascenso fuerte, capaz de dejarte con la lengua afuera, por un canal desparejo y cubierto de polvo suelto. Llegar a la cima del Col de Jou es la gloria, sobre todo porque sabes que ya solo queda bajar.

En el descenso pasamos por la Borda de Vidal (sin agua) para finalmente llegar al río en la Borda de Nibrós. A partir de aquí y hasta llegar a Estaón encontrarás montones de lugares paradisíacos donde acampar (recuerda que sólo está permitida la acampada libre de 8 de la tarde a 8 de la mañana, joer…).

Llegar al Refugio de Estaón tiene su premio: la cerveza artesana Boga está muy buena y a sólo dos euros la caña es una buena manera de dejar pasar la tarde a la sombra, conversando con otros viajeros a pie como Gregoire y Franck, de Tolouse. El calor es tremendo. Allí mismo comemos un plato combinado (6 euros) y nos damos una vuelta por Estaón, uno de los pueblos más bonitos del GR11.

DATO: en la parte baja del pueblo, junto a la carretera asfaltada, hay montones de árboles de ciruelas muy pequeñas, casi como uvas.

A las siete de la tarde, cuando el sol se pone tras la montaña, nos despedimos de la cerveza y los amigos y continuamos avanzando otra media hora hasta la Borda de Palau. Allí hay una fuente, un torrente (un poco más adelante) y algunas pequeñas terrazas algo inclinadas donde plantar la tienda.

¿Por qué no nos quedamos a dormir en Estaón, por más que se pueda acampar en la antigua iglesia en ruinas? El ascenso que nos toca mañana tampoco tiene mucho bosque. Necesitaremos empezar a caminar con la primera luz del día.

Dónde dormir: El Refugio de Estaón cuesta 16 euros por noche. Los chicos que atienden son de los más amables de todo el GR11.

Dónde comer: en el Refugio de Estaón ofrecen todos los servicios: desayuno, almuerzo, cena y unos platos combinados a 6 euros (butifarra, 2 huevos fritos, patatas fritas, lechuga) que fueron vitaminas para el alma.

Encuentros del día: la calle peatonal de piedra, frente al Refugio de Estaón, es el sitio perfecto para tomar una cerveza a la sombra y conocer a todos los viajeros a pie que hacen noche allí. Viajeros como Franck y Greg, con quienes ya quedamos para hacer una oveja asada cuando nos acerquemos a Toulouse.

Mochilas para caminar el GR11 PIRINEOS
Anna y yo formamos un equipo y entre los dos nos repartimos todo lo necesario, tienda, saco de dormir y cocina incluidos, para que ninguna tenga que cargar más de 9 o 10 kilos mientras caminamos el GR11.

GR11 PIRINEOS DÍA 26 | Camino a pie de la Borda de Palau (Estaón) a la Guingueta d’Aneu.

  • Distancia aproximada: 9 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +900 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -1400 metros
  • Tiempo aproximado: entre 4 y 5 horas (paradas a descansar incluidas)

Es otro día para madrugar. Nos despertamos antes del amanecer y, mientras hacemos el café y desmontamos la tienda comienza a clarear. A las 6.15 de la mañana ya estamos en marcha.

La subida es constante durante algo más de dos horas. El GR11 Pirineos está bien marcado y casi no hay posibilidad de perderse. Cada tanto aparece una pequeña mancha de bosque que sirve para refrescar la cabeza ante el sol que a las 8 ya ilumina, y quema nuestro cerebro.

A medida que nos acercamos hacia el collado iremos encontrando varias falsas cimas. Son pequeños prados sin agua, escalones en el continuo ascenso hacia la cima de Lo Calbo.

El final del ascenso es un sitio ideal para tomar un respiro antes de comenzar el descenso vertiginoso hacia Dorve (pueblo vacío, con fuente de agua) y la Guingueta d’Àneu, donde acampamos. Ojo con las rodillas…

Dónde dormir: en Dorve hay varios llanos donde acampar después de las 8 de la tarde sin molestar a nadie. En la Guingueta d’Àneu hay hoteles, edificios donde puedes alquilar un apartamento para 4 personas por 70 euros y dos campings. El Nou camping (12 euros por persona, incluye tienda, 1 euro diario si quieres internet) es más moderno, pero nosotros preferimos el Camping de Vall d’Aneo (5,70 euros por persona, más 5,70 euros por tienda, incluido internet, 973 626 390), que es más familiar.

Dónde comer: en el pueblo hay restaurantes de menú a 13 euros, los dos campings tienen bar y el Nou camping tiene también un pequeño almacén con productos básicos.

Equipo de acampada: en el Nou camping tienen algunos cilindros de gas, que no eran los que necesitábamos. Por eso decidí tomar un bus hasta el Decathlon de Lleida (13,10 euros, dos veces al día de lunes a viernes, una vez en sábados y domingos).

GR11 PIRINEOS DÍA 27 | Descanso.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlas y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic de viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida

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330- GR11 PIRINEOS 3 | Travesía ALTERNATIVA a pie desde Beget a Puigcerdà.

El circo de Carança desde el GR11 Pirineos camino de Núria - Viajeros4x4x4

Esta vez nos equivocamos. Era lógico, tenía que pasar. Estamos acostumbrados a buscar nuestro propio camino, a hacer las cosas a nuestra manera, y a veces la mejor solución es seguir la huella que han dejado otros. ¿Cuándo voy a aprender? Nos salimos de las rutas más transitadas con la furgo, ¿cómo no lo íbamos a hacer con un par de mochilas en la espalda, en el GR11 Pirineos, cuando se pueden seguir tantas huellas salvajes?

Ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta que el sendero marcado en el mapa de Alpina (que no aparecía en el de Prades, ni en Maps.me, ni en la Guía Cicerone del GR11) estaba en el terreno como en el papel, en línea punteada. Estaba y no estaba, estaba y no estaba, estaba y no estaba. Sí, porque a veces no estaba, desaparecía sin más, devorado por los brotes tiernos de pinos jóvenes que cerraban el sendero, ocultando las pocas marcas que habían sobrevivido a incendios y tormentas en los árboles que aún quedaban en pie.

Habíamos tomado un atajo para evitar bajar a Setcases y ahora teníamos que pagar las consecuencias: siete kilómetros de sendero apartando ramas, buscando huellas, volviendo atrás cuando sabíamos que nos habíamos vuelto a perder, subiendo la ladera en busca de una marca en un tronco, bajándola, subiéndola, retrocediendo; dudando. Si todavía avanzáramos a cuatro patas hubiera sido más fácil, porque esto era más que un sendero, esto era aventura. Cuando saliéramos a la carretera antes de Ulldeter me sentiría feliz. Ahora, solo me sentía agobiado, y cansado, por más que mi pequeño demonio estuviera contento. Había desafío.

Solo faltaba que comenzase a llover como aquella vez en Ecuador, cuando parecía que llegaba el Anticristo.

Por eso teníamos que darnos prisa y subir este otro torrente trepando por las piedras, tratando de evitar los arbustos espinosos que habían dejado un pentagrama dibujado en mis piernas. Un poco más. Ya falta menos. Siempre falta menos, maldición.

Esto es precioso, y me encanta, pero hoy no paramos al mediodía y mis piernas comienzan a fallar. Tiemblan. Y la inclinación de la ladera de la montaña es suficiente como para que la gravedad y alguna piedra suelta me lleven a pegarme un buen tortazo con cualquiera de los troncos que esperan unos metros más abajo. Me empiezan a gustar los viajes a pie.

Si fuera fácil, si fuera inofensivo, el GR11 Pirineos no tendría mérito.

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Barraca de Tirapits, refugio libre de emergencia entre Ulldeter y Núria - VIAJEROS4X4X4
Barraca de Tirapits, refugio libre de emergencia entre Ulldeter y Núria

GR11 PIRINEOS DÍA 11b – CAMINO A PIE DE BEGET AL COLL DE LA BOIXERA.

  • Distancia aproximada: 6 kilómetros (20 kilómetros desde el Refugio libre de Talaixá)
  • Desnivel aproximado (ascenso): +500 metros (+1000 metros desde el Refugio libre de Talaixá)
  • Desnivel aproximado (descenso): -50 metros (-700 metros desde el Refugio libre de Talaixá)
  • Tiempo aproximado: algo más de una hora (7 horas desde el Refugio libre de Tailaixá)

Nota: este día en realidad partimos desde el Refugio Libre de Talaixá. Aquí se cuenta la etapa solo desde Beget, para ponérselo más fácil a quienes decidan caminar el GR11 por etapas. Pronto compartiré la guía completa del GR11. Si quieres leer cómo empezamos el día en el Refugio Libre de Talaixá, haz click aquí.

Beget es uno de los pueblos más bonitos del GR11 Pirineos. Hay lugares donde comer más o menos caros y un almacén donde venden bocadillos y bebidas. No vas a encontrar pan, ni los restaurantes ni el almacén querrán venderte pan. No es negocio.

Si te gusta la historia y el arte no dejes de visitar la iglesia románica de Beget (1 euro), que tiene unos 1000 años de antiguedad y se salvó de la quema en 1936, cuando grupos de gente se dedicaron a quemar iglesias a lo largo de España en venganza por el apoyo eclesiástico al golpe militar de Franco. Luego cruza el puente grande, sigue las calles de piedra, alucina un poco, y cruza el puente pequeño. Un poco más adelante encontrarás unas pozas de agua donde bañarte y algo de sombra donde echar una siesta. Allí también hay posibles lugares de acampada, pero ¡que no te vean!

El sendero sale de Beget por un gran estacionamiento y continúa avanzando unos kilómetros entre la carretera y el río. Luego gira a la izquierda, vuelve un poco atrás, cruza la carretera, pasa bajo el castillo en ruinas de Rocabruna (no se ve) y avanza por un bosque cerrado, junto a un arroyo. Pasa junto al precioso Molino de Sarolla y llega hasta Can Planes, donde encontramos una sorprendente ventana abierta con bebidas heladas y precios razonables. Obvio, nos detuvimos.

Tocamos un timbre y un Labrador blanco comenzó a ladrar. A los minutos apareció Toni, un chico muy buena onda de unos 30 años que nos enseñó el interior de la Masía, antigua casa de colonias. Allí se puede dormir por 10 euros la noche, en una cama de verdad, con ducha de agua caliente y derecho a cocina. Además de las bebidas tiene algunos pocos productos de almacén, y un rocódromo en una habitación. Y pan, Toni, ¡los caminantes del GR11 Pirineos quieren pan!

Decidimos seguir adelante (un error, debimos habernos quedado) y terminamos acampando en la cima del Coll de Boixera, cruzando la ruta, junto a unas balas de pasto. Allí estaba Brian Johnson, un viejete simpático, autor de una guía de bolsillo en inglés del GR11 de la editorial Cicerone. Me gusta esto de encontrarnos con otros autores de libros de viaje.

Dónde dormir: en Beget hay hoteles pero te recomendamos avanzar un par de kilómetros más y dormir en Can Planes, Toni i Estel, 617 021 614 o 972 740 653.

Dónde comer: en Beget hay restaurantes buenos, bonitos y algo caros, y un almacén donde hacen bocadillos. No te van a vender pan. En Can Planes tienen algunos productos de almacén y prometieron empezar a tener pan.

Encuentro del día: conocimos mucha gente simpática que estaba de paso por Beget, Mercè y su marido, que suben a comer de Barcelona, Lilian y Jordi Carles (un argentino independentista, cosas más raras que hay en esta tierra…), Toni en Can Planes, y a Marc Inglés y Patri, que estaban viajando por allí con su furgo Renault de más de 50 años de antiguedad! Me encantó.

Refugio Libre de Les Saleres de Cardeguet entre Molló y Setcases - Viajeros4x4x4
Refugio Libre de Les Saleres de Cardeguet entre Molló y Setcases

GR 11 PIRINEOS DÍA 12 – CAMINO A PIE DESDE EL COLL DE BOIXERA (MOLLÓ) AL REFUGIO LIBRE DE LES SALERES DE CARDEGUET (CAMINO ALTERNATIVO AL GR 11 EVITANDO SETCASES).

  • Distancia aproximada: 15 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +1000 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -150 metros
  • Tiempo aproximado: 5 horas

Desde el Coll de la Boixadera a Molló hay que cruzar un par de colinas y bajar al arroyo Ritort, junto al que encontramos varios lugares espectaculares donde acampar junto al río. Luego el sendero sube hasta el pueblo, donde hay hoteles, bares, restaurantes y un par de almacenes.

En Molló decidimos separarnos del GR11. Empezamos a tener la sensación de que el sendero había sido redibujado para que pasara por cuantos más pueblos mejor, lo que hacía que subiéramos y bajáramos cada día, en lugar de ir avanzando por valles o carenando montañas. De Beget a Molló subes y bajas una montaña, de Molló a Setcases subes y bajas otra montaña, cuando originalmente el GR11 Pirineos debía de pasar por un pueblo cada 3 o 4 días.

Por eso tomamos un camino alternativo hacia Espinavell, saliendo de Molló por el camino del cementerio. Luego de atravesarlo, seguimos la cota de nivel por dentro de un bosque en dirección a Espinavell. No hay marcas, así que es pura intuición y GPS. Pasamos por un caserío donde salieron dos perros a ladrarnos y finalmente tomamos la carretera asfaltada que llega a Espinavell.

En el pueblo la ruta se convierte en tierra, cruza un puente pequeño y sigue el curso del Torrent de La Cassasa (hay muchos lugares donde acampar) hasta que el camino rodado que conecta con Setcases comienza a subir en dirección a Puig Sistra y la Collada Verda. Luego de una media hora, en la cuarta curva cerrada, tomamos un sendero que avanza directamente por la cima, casi paralelo al camino, y lleva hasta el Refugio Libre de Les Saleres de Cardeguet.

El refugio es pequeño y está en buen estado. Es perfecto para pasar una noche. Hay un par de escobas para barrer el suelo y una fuente de agua que cae directamente a un bebedero de vacas a unos 400 metros más adelante. La entrada está marcada con un punto azul en una piedra, a la izquierda de la ruta de tierra en dirección a Setcases. Si lo hubiera visto por la tarde, me hubiera bañado allí: ¡el bebedero parecía una gran bañera de agua!

El problema de caminar por la ruta de tierra fue que cada 10 o 15 minutos pasaba un coche. Algunos bajaban la velocidad y otros nos llenaban de polvo. La solución que encontramos fue caminar por el centro de la ruta para que todos bajasen la velocidad.

VARIANTE: Si no quieres caminar por la ruta que tomamos puedes seguir el GR11 desde Molló hasta la Collada de la Fembra Morta y desviarte allí hacia el Refugio libre de les Saleres de Cardeguet. 

Dónde dormir: hay hoteles en Molló y lugares de acampada a lo largo del camino. El Refugio libre de Les Saleres de Cardeguet

Dónde comer: en Molló hay almacenes, bares y restaurantes.

Encuentro del día: el abuelete que estaba descansando a la sombra, después de Espinavell, con quien nos quedamos charlando un rato.

  • SI TE GUSTA CAMINAR NO TE PUEDES PERDER ESTE ENLACE: VIAJES A PIE
Camino alternativo al GR11 entre el Refugio Libre Jaume Ferrer y el Refugio de Ulldeter. Espectacularmente salvaje
Camino alternativo al GR11 entre el Refugio Libre Jaume Ferrer y el Refugio de Ulldeter. Espectacularmente salvaje.

GR11 PIRINEOS DÍA 13 – CAMINO A PIE DESDE EL REFUGIO LIBRE DE LES SALERES DE CARDEGUET AL REFUGIO DE ULLDETER (CAMINO DIFÍCIL ALTERNATIVO AL GR11 PIRINEOS).

  • Distancia aproximada: 16 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +900 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -200 metros
  • Tiempo aproximado: 10 horas

Partimos siguiendo el camino de tierra hacia Setcases. A unos 400 metros pasamos por encima de la fuente natural que cae a un bebedero de vacas. Seguimos avanzando y conectamos en la cima con el sendero que llega desde el GR11 Pirineos. Los carteles anuncian que estamos siguiendo el SENDERO DE LA TRANSHUMANCIA.

Luego de una bajada suave encontramos una placa conmemorativa de un accidente aéreo que tuvo lugar aquí en 1956. De allí cerca sale otro camino de tierra (cerrado con una valla) que sube al Refugio Forestal libre Jaume Ferrer. Estamos a 5 kilómetros del Refugio de les Saleres de Cardeguet. El refugio tiene dos habitaciones sencillas, es habitable, hay ratones y un abrevadero de animales a unos metros, con agua que hay que purificar. Gracias a quien haya dejado los potes de garbanzos, nos liquidamos uno. Estaban buenísimos.

“Cuando sea tan viejo que no pueda viajar ni caminar los senderos, me encargaré de volver a estos refugios para dejar comida para los caminantes. Y si el cuerpo me deja, los limpiaré y pintaré por dentro. Es una promesa. ¡Cómo se agradece encontrar sitios libres, rústicos, con techo, donde pasar la noche! ¡Qué alegría encontrar unos sencillos potes de garbanzos!”

Cuando lo abandonamos seguimos adelante por un camino muy claro que avanza sin subir ni bajar, y cruza varios torrentes donde acampar sería muy fácil. Las vacas están muy cómodas y no tienen intención de moverse. Luego de 4 kilómetros de paseo el camino termina abruptamente en el bosque. Recuerda que este es un sendero alternativo al GR11 Pirineos, que encontramos en los mapas de Alpina.

Aquí se complica un poco seguir el sendero sin un GPS, ya que los animales abrieron varios caminos y no sabemos cuál es el correcto. Estamos buscando dos líneas horizontales, una blanca y una amarilla, que son las que supuestamente van en nuestra dirección; ya comprobamos que los puntos rojos marcan senderos que suben la montaña hacia la Roca Colom.

Desde el final del camino abierto avanzamos unos 50 metros descendiendo suavemente en diagonal hasta cruzar un torrente. Con la ayuda del GPS del teléfono y de Maps.me empezamos a enlazar puntos, marcas en los árboles, montones de piedras y partes de sendero gastado hasta salir al otro lado de la torrentera, a unos 500 metros. Allí nuestro sendero de marcas blancas y amarillas vuelve a subir, pasa junto a un pequeño refugio de pastores abandonado (bajo, de piedra) y continúa hacia Ulldeter pasando por todos los estados de ánimo: de bien marcado a casi inexistente, de cubierto de árboles caídos por una antigua tormenta a lleno de árboles jóvenes que no dejan ver las viejas marcas, de subir por un torrente tortuoso a paseo por ladera boscosa de caída vertical y tierra revuelta por jabalíes. No es un sendero fácil, es un sendero solo apto para caminantes con ganas de aventura. Vuelve a leer la introducción a esta entrada.

Después de 7 kilómetros el sendero se reencuentra con el GR11 Pirineos cerca del Hotel Pastuira (48 euros por persona en habitación privada) y sube casi verticalmente hasta el Refugio de Ulldeter. No solemos parar en refugios, nos gusta la acampada libre en lugares vacíos de gente, pero ese día nos merecíamos una colchoneta y una ducha. Fue una gran decepción.

En la recepción del Refugio de Ulldeter nos comentaron que habían cambiado las reglas y que ahora, para dormir allí, también había que pagar el desayuno. Sabemos que hacer llegar provisiones y dar un mínimo de confort al montañero requiere un esfuerzo importante, sobre todo en aquellos refugios alejados de una ruta. Tenemos amigos que llevan un refugio en los Pirineos y alguna vez hemos subido la montaña con ellos, cargados con mochilas llenas de latas de cerveza. Pero no queríamos un desayuno, solo la cama y una ducha, y estábamos dispuestos a pagar por ellos.

Insistimos un poco, buscando la posibilidad de pagar por la cama y la ducha, pero la respuesta fue si se quieren quedar a dormir, tienen que pagar el desayuno. Cansados y decepcionados decidimos buscar un nuevo sitio de acampada a unos 500 metros del Refugio de Ulldeter, camino al Coll de la Marrana. Yo pensaba, esto ya no es un refugio, es un hotel de montaña…

Dónde dormir: Refugio Libre Jaume Ferrer, Hotel Pastuira si quieres una habitación privada, Refugi de Ulldeter (23 euros la noche, incluye el desayuno). Por las dudas, hay muchos lugares donde acampar por encima del Refugi de Ulldeter.

Dónde comer: Hotel Pastuira, Refugi de Ulldeter. No hay almacenes en el camino.

Acampada libre cerca del refugio de Ulldeter. Viajeros4x4x4
Acampada libre cerca del Refugio de Ulldeter.

GR11 PIRINEOS DÍA 14 – CAMINO A PIE DEL REFUGI DE ULLDETER AL CAMPING DE NÚRIA POR EL COLL DE NOUFONTS.

  • Distancia aproximada: 14 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +850 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -1000 metros
  • Tiempo aproximado: 5 horas

Salimos temprano de nuestro lugar de acampada libre en dirección a Núria. El camino está muy bien marcado, con abundante agua en diferentes lugares. Aquí ya volvemos a encontrar gente que hace circuitos cortos, se acaba la soledad del GR11 Pirineos.

Cargamos agua antes de subir el Coll de la Marrana, y la renovamos a mitad de camino del Coll de Tirapits, donde encontramos una surgiente. En el Coll de Tirapits está la Cabana de Tirapits, un refugio muy precario con un pulsador que conecta directamente con los bomberos en caso de urgencia.

Una vez en la cima avanzamos carenando hacia el Pic de la Fossa del Gegant, con la vista puesta en el espectacular Circo de Carança, del lado francés, que recorrimos un año atrás. Ver Circuito de los Refugis del Torb.

Ascendemos nuevamente hasta el Coll de Noucreus, desde donde ya podemos bajar hacia Núria, pero decidimos seguir adelante hasta el Coll de Noufonts, por donde tomamos la riera y bajamos.

Al final del camino está Núria, con todo lo que puedas necesitar.

Dónde dormir: en el camino hay varios lugares aptos para la acampada libre con fácil acceso al agua. En Núria hay hotel y una zona de acampada regulada (8 euros por persona) donde puedes quedarte un máximo de 2 noches. Hay duchas… ¡¡de agua helada!! La oficina de Atención al Cliente donde puedes pagar la noche está abierta solo hasta las 16.45 hs.

Dónde comer: en Núria hay un almacén turístico, un restaurante con buffet libre (22 euros) y un bar con menús en fin de semana y platos a precios muy accesibles. El tren de cremallera es una buena manera de entrar o salir de Núria, en caso de necesidad.

Después de la cima del Puigmal, carenando las montañas en dirección a Puigcerdá.
Después de la cima del Puigmal, carenando las montañas en dirección a Puigcerdá.

GR11 PIRINEOS DIA 15 – CAMINO A PIE DESDE NÚRIA AL COLL DE LA CREU DE MEIANS PASANDO POR EL PUIGMAL (CAMINO ALTERNATIVO AL GR11).

  • Distancia aproximada: 23 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +1100 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -1100 metros
  • Tiempo aproximado: 9 horas

En esta etapa nos encontramos con el mismo problema que en la etapa Beget-Molló-Setcases. El GR11 parecía haberse desviado de su recorrido original para pasar por un par de pueblos (Queralbs y Planoles) que te obligaban a subir y bajar grandes desniveles en el mismo día. Parecía que la decisión de cambiar el recorrido original del GR11 Pirineos, que ascendía al Puigmal, obedecía a razones turísticas y económicas, más que a razones de montaña.

Por eso decidimos volver a cambiar el recorrido recomendado y, primero, subir el Puigmal. Luego, caminar por la cresta de las montañas, límite fronterizo entre España y Francia, camino a Puigcerdá.

Siempre es mejor encarar los grandes desniveles al amanecer, cuando el sol continúa débil y el calor no te presiona contra el suelo. Por eso nos levantamos a las 5 de la mañana y poco después de las 6 ya estábamos camino del Puigmal (de 2911 metros) una de las montañas más emblemáticas de Catalunya.

La subida es constante y, con 15 kilos de mochila en la espalda, tardamos 3 horas y media en superar los 1000 metros de desnivel. Hay varios puntos donde acampar, si llevas buen equipo para pasar noches frías. En el camino avanzamos en buena parte junto a un arroyo (que desaparece bajo tierra en una parte del sendero), por lo que solo cargamos lo indispensable hasta que cruzamos el arroyo por última vez y encaramos la subida lenta y casi vertical al Puigmal.

Una vez en la cima del Puigmal, el sendero entra constantemente en Francia por pequeños trechos, carenando la cima de las montañas en dirección a Puigcerdá mientras sigues primero marcas amarillas y verdes, y luego una simple línea blanca. No vas a encontrar agua en todo el camino, unos 12 o 13 kilómetros, así que rellena todas tus bolsas y botellas antes de ascender al Puigmal. La huella está muy bien marcada y desciende suavemente durante casi todo el trayecto por colinas de pastos.

Todo fue muy bien hasta que llegamos a la Cima de Coma Morera, donde el sendero desaparece. A partir de allí hay dos opciones: seguir la alambrada fronteriza sobre arbustos espinosos, o cruzar a España y descender por una huella de tierra apta para vehículos 4×4, que baja hasta conectar con el GR11 en el Coll de la Creu de Meians.

A esta altura ya habíamos caminado bastante, por lo que apenas encontramos el arroyo que cruza el camino en el Clot de Meians, a menos de un kilómetro del Coll, decidimos detenernos y acampar. Vamos, que daba ganas de leer historietas de viaje.

Dónde dormir: el camino está lleno de lugares donde acampar, el problema es el acceso al agua, sencillo en el camino hacia la cima del Puigmal, difícil mientras vas carenando las montañas hacia el Coll de la Creu de Meians.

Dónde comer: en ningún sitio.

 

GR11 Pirineos, acampando en el Clot de Meians, camino de Puigcerdá - Viajeros4x4x4
Acampando en el Clot de Meians, camino de Puigcerdà

GR11 PIRINEOS DÍA 16 – CAMINO A PIE DESDE EL CLOT DE MEIANS A PUIGCERDÀ.

  • Distancia aproximada: 13 kilómetros
  • Desnivel aproximado (ascenso): +200 metros
  • Desnivel aproximado (descenso): -1000 metros
  • Tiempo aproximado: 4 horas

El camino sigue una pista forestal y desciende fácil desde nuestro último lugar de acampada hacia Puigcerdà. En julio de 2017 había muy poca agua disponible. La sorpresa agradable fue encontrar el Refugio Libre de Vilallobent a mitad de camino, que no aparece en las guías y apenas se ve en los mapas. Es habitable, el único problema es que en la riera cercana apenas había agua.

Después de descender la montaña, el sendero avanza plano por la carretera asfaltada que conecta el anodino pueblo de segundas residencias de Vilallobent (se supone que hay una fuente, pero no la encontramos), cruza un arroyo donde podemos purificar agua, atraviesa el pueblo de Age (más antiguo, todo cerrado, segundas residencias) y finalmente llega a Puigcerdà.

Era mediodía, y a nuestra izquierda, justo antes de la primera rotonda, vemos un gran cartel que dice Restaurante Xinès Wok, donde nos apuntamos a un buffet libre y digestión prolongada mientras cargábamos nuestros móviles. Había casi de todo, solo faltaban insectos comestibles como los chapulines mexicanos y los jumiles, esos bichitos que saben a menta.

Dónde dormir: Refugio Libre de Vilallobent, escasas zonas de acampada con acceso a agua. En Puigcerdá está el camping Pirineus (25 euros por dos personas), la Fonda Cerdanya (39 euros por una persona, 50 euros dos personas) y el Hostal L’Estació (mismos precios que la Fonda Cerdanya). ¿Qué elegimos? Nos tocaba un día de descanso, y decidimos tomar el tren a Barcelona (12 euros, 3 horas) y dormir en el mejor hotel que conocemos: nuestra casa.

Dónde comer: en Puigcerdà hay supermercados, bares, restaurantes… y el buffet libre del Wok.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlas y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic de viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida

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321- Viajar al pasado en Kengtung | MYANMAR

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(viene de EL MYANMAR QUE NADIE VISITA: LA FRONTERA DE TACHILEIK)

 

Si en Bangkok me sentí parte de un futuro de plástico y oriental, apenas cruzamos la frontera de Tailandia hacia Myanmar por el paso Mae Sai-Tachileik, sentí que estaba haciendo un viaje al pasado.

Habíamos decidido intentar unir el este y el oeste de Myanmar por las rutas del opio entre Kengtung (o Chengtung, depende dónde lo veas y quién lo diga) y Taungyii, con la confianza de que el país se estaba abriendo y la confirmación de la embajada en Bangkok y Chiang Mai de que los extranjeros ya no necesitábamos permisos especiales para circular por la región. Era sospechoso no haber encontrado en Internet ninguna historia sobre las rutas del opio en esta parte de Myanmar, más allá de los tours organizados para ver las tribus de las colinas con alguna agencia de viajes local que ponía los precios en dólares. Era un objetivo arriesgado pero tentador. Podíamos ser de los primeros extranjeros en muchas décadas en tomar esa ruta, pero también existía el riesgo de quedar atrapados allí: no siempre lo que te dicen se corresponde con la realidad. ¿Cuán rápido estaría avanzando Myanmar después de tantos años de opresión y gobiernos militares?

Solo tuvimos que cruzar el arroyo contaminado y nauseabundo que hace de frontera entre Tailandia y Myanmar para llegar a otra época, a un momento más gris, analógico y de paredes viejas. Antes de continuar debo decir que me gusta encontrarme con lugares detenidos en el tiempo, donde la comodidad sea un lujo y la comunicación un desafío constante. El este de Myanmar era eso y mucho más.

Hacía mucho que no me sentía tan observado, aunque aquello era más que el hecho circunstancial de darte cuenta que había alguien distinto, o de otro lugar, caminando a tu lado. La gente, hombres, mujeres y niños, nos escaneaban de arriba a abajo, curiosos, tratando de absorber nuestros detalles. Salvo algunos abuelos, como el relojero que cambiaba pilas y correas en el bar, casi nadie hablaba un inglés decente. La única forma de comunicación era la sonrisa, los gestos y alguna que otra palabra entrecortada. Aquello no iba a ser fácil pero me emocionaba estar allí. Todos los sentidos adormecidos por años de viaje por regiones que ya conocía volvían a despertarse. Lo sentía en las tripas.

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Cada mañana encontrábamos al fumador en el mismo lugar, en la puerta del hostal de Kentung.

UN VIAJE EN EL TIEMPO

En el este de Myanmar volví a sentirme en la Unión Sovíética, meses antes de la inesperada Perestroika. Los días grises y las paredes manchadas con las pecas de la vejez y de una economía que no había funcionado, provocaron el primer viaje en el tiempo. Kengtung 2016 era como Moscú 1992. En Rusia todo era oscuro porque era invierno y porque había que hacer colas de varias horas para conseguir una barra de pan con la cartilla de racionamiento. Aquí los días son grises porque hace tiempo que nadie pinta una pared, arregla el asfalto o se preocupa por la calidad del aire. La quema de los campos durante los primeros meses de cada año para preparar la tierra para la próxima cosecha, cambia el color del cielo de todo el sudeste asiático a una especie de gris desvaído, tan tóxico como la ideología que Myanmar intenta dejar atrás. La única luz llega de la sonrisa espontánea de la gente cuando te escucha hablar mal en su idioma. Su rostro se transforma, los ojos se iluminan y la boca abierta deja ver sus dientes rojos y carcomidos de mascar betel.

Por las noches me sentí en Sudán, más precisamente en Omdurman, la ciudad separada de Jartum por el río Nilo. No, aquí no hay oraciones en árabe ni mezquitas, pero cuando cae el sol la oscuridad en las calles de asfalto y tierra es absoluta. De noche, en Kengtung, no hay electricidad. La única luz llega de los pequeños comercios y de los carros que tientan al estómago con los olores que la brasa arranca a la comida. Todos tienen un pequeño generador que trabaja sin descanso hasta que se van a dormir. O hasta que la señora de la esquina se queda sin pinchos de salchichas o de platos de Shan noodles servidos en pedazos de hojas de palmera.

Por momentos Kengtung también era Golmud, la última estación de tren en el oeste de China, donde había llegado en 1998 buscando un camino alternativo para acercarme al Tibet. Las calles polvorientas eran las mismas, la sorpresa honesta de los locales al ver mi rostro extranjero era la misma, las barberías de cuchillas ásperas y oxidadas eran las mismas y las tapas del alcantarillado flojas, que esperaban como trampas para incautos a que metieras la pata, eran las mismas. Kengtung era tantos lugares del pasado que me daba pena estar en el aeropuerto esperando un avión para irme.

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Primero estaba seria, pero cuando le dije dos palabras incomprensibles empezó a reír.

UNIR POR TIERRA EL ESTE Y EL OESTE DE MYANMAR

Lo habíamos intentado todo. Solo nos faltaba cruzar el río a nado para evitar el control policial sobre el puente de la carretera NH4. Habíamos ido a todas las oficinas preguntando cómo seguir viaje por tierra hacia Taungyii, pero siempre nos habíamos estrellado contra la pared de las autoridades que no querían que dos extranjeros viajasen por una zona inestable. Es febrero, época de la cosecha del opio; es peligroso, tendría que haberme dicho el policía de dientes blancos y negros, podridos, que no hablaba inglés. Eso lo hubiera entendido. Es tierra de los Shan, una tribu inquieta por independizarse de Myanmar, y a veces hay enfrentamientos, tendrían que haber dicho en inmigración, en lugar de enseñarme un librito donde decía que estaba prohibido.

El libro era del año 2001. No pude contenerme, les mostré la fecha y les dije: ‘esto es viejo, Myanmar está cambiando. Myanmar ya no es Birmania’. Creo que no les gustó, porque tampoco nos dieron la autorización que nos habían pedido los vendedores de pasajes en el mercado que funciona como estación de autobuses hacia el oeste, a un kilómetro y medio del mercado principal.

La única salida era el avión, lo que no dejaba de ser una aventura. Habíamos conseguido pasaje en Yangon Airways, una especie de gran tuk tuk con alas donde el último en subir se queda sin asiento. No es broma. Los asientos no están reservados, sino que cada uno se acomoda en los sitios libres que va encontrando. Y mientras caminaba por la pista hacia el avión vi el lema de la compañía pintado en el fuselaje: you are safe with us. CON NOSOTROS ESTÁS SEGURO. Ahora me quedo tranquilo.

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CINCO COSAS QUE DEBES SABER ANTES DE VIAJAR A MYANMAR

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Iba a extrañar la rutina de los últimos tres días. Nos habíamos alojado en el hostal Winning Crown, frente al mercado principal, por 5 dólares por persona. Curiosamente también sentía que iba a extrañar al dueño, un chino de voz ronca, cortada y marcial, que utilizaba frases que terminaban abruptamente. No había duda, aquello era un punto y aparte. No habíamos entablado una amistad, pero cada vez que me lo cruzaba me arrancaba una sonrisa. Sí, era un hombre tan particular que podría haber inspirado un nuevo personaje entrañable de los Simpson, una especie de Apu oriental. Él quería hacer negocios, trabajar, y había roto la norma que impide a los extranjeros alojarse en los mismos hostales baratos que los locales.

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Vendedoras de pescado fresco alrededor del mercado de Kengtung

Iba a extrañar cruzar la calle a las ocho de la mañana para desayunar un café con tortas fritas, o café con arroz y multitud de pequeños platos en salsas olorosas en el mercado central de Kengtung. Iba a echar de menos perderme por pasillos atestados de todo, desde gallinas vivas de plumajes que no había visto nunca a sacos enormes con diez tipos de arroz; de cuerdas de esparto, cubos de latón y silbatos de tubo para atraer al macho de una especie de pato que debía ser muy nutritiva. En cualquier rincón podía aparecer algo nuevo, algo viejo, algo distinto.

Las mujeres con cestas que ocupan el centro de los pasajes más anchos habían bajado de la sierra a vender las verduras de su huerta. Son Shan, son Lahu, son de tantas tribus que no conozco… Algunas traen mandarinas, otras ofrecen pescado seco, o peces que no se rinden, que buscan provocar el milagro de respirar fuera del agua. Algunas se protegen del sol con sombreros en forma de cono, otras llevan grandes paños enrollados sobre sus cabezas y guardan una actitud dura e independiente. Muchas tienen las mejillas embadurnadas con tanaka, una pasta tradicional que usan para protegerse del sol.

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El mercado de Kengtung fue lo mejor del este de Myanmar

Más allá venden pájaros que alegran tu karma cuando los dejas en libertad. Más acá hay tres mujeres acuclilladas en el suelo en una postura imposible para un occidental. Estaba lejos, en Myanmar, pero ahora también estaba en una aldea del centro de África donde había llegado por equivocación, benditos errores; y también estaba en la cima de los Andes, en Perú o Bolivia. Pero no, estaba en Kentung, el este olvidado de Myanmar, y me estaba yendo.

Y como habíamos hecho alguna vez en el pasado, subimos al avión con varias botellas de un litro de agua, mi navaja estilo Leatherman, cortauñas y unas cuantas bridas. El escáner no funcionaba, no era importante. Los calendarios decían que estábamos en el año 2016, pero yo estaba seguro que eso era una ilusión. Allí, en aquel rincón del mundo, estábamos todavía en 1970.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y porque es capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

www.viajeros4x4x4.com




319- El MYANMAR que nadie visita: la frontera de Tachileik

El oficial de inmigración de la frontera entre Mae Sai y Tachileik abrió mi pasaporte en un gesto rutinario. Ya sabía lo que iba a encontrar: otro extranjero que usaba ese paso para renovar su visado tailandés. Era un cruce práctico, de cinco minutos, pim-pam, y para ellos era un negocio redondo. Estampaban un sello y pase por caja: 500 baht o 20 dólares, que no es lo mismo, o la cifra que fuera, una cantidad que podía cambiar según el estado del tiempo, el humor y las necesidades.

En medio del puente que separaba Tailandia de Myanmar, un viajero con pinta de vividor del Sudeste Asiático, sandalias gastadas, pantalones gastados, camisa del color de la tierra, collares y un par de rastas que sobresalían de su cabeza calva, pedía ayuda en varios idiomas: no le aceptaban el billete de 20 dólares.

‘Estos malditos idiotas dicen que el billete está viejo, que está muy usado, pero mira, está bueno, no está roto, ni rayado!’

En ese momento no entendí el problema. Honestamente, pensé que quizás el billete sería falso, como aquellos famosos dólares colombianos que nos habían endosado en Ecuador. Nosotros estábamos llegando a Tachileik en el este de Myanmar, la región abierta a los extranjeros menos visitada del país, con la intención de intentar unir por tierra las ciudades de Kentung con Taungyyi. Era una ruta prohibida: cruzaba la vertiente sur de las enormes plantaciones de opio que estaban en manos de guerrilleros, o del ejército, o de bandidos. Nadie tenía una respuesta definitiva.

En la oficina, el oficial de inmigración abrió mi pasaporte y se sorprendió. ‘¡Visa! ¡Visa!’ dijo a sus compañeros levantando la voz y señalando un asiento frente a un escritorio. Allí había un ordenador, montones de papeles, un par de sellos y una cámara de sobremesa, colocada a la altura de mi ombligo. La foto para el registro de extranjeros en Myanmar quedaría con un gesto forzado, como el de una jirafa que tiene que abrirse de piernas y estirar el cuello hacia abajo para beber agua.

Estábamos con nuestras mochilas de 5 kilos en uno de aquellos rincones olvidados de un país que lentamente se abría al turismo. Myanmar había permanecido aislado por muchos años debido al boicot a un gobierno militar sanguinario, y por el mismo boicot de los militares hacia el mundo, que daban los visados con cuentagotas. La presión internacional y el cansancio de vivir en un país sin futuro, habían abierto las puertas a los primeros cambios, con elecciones casi libres. Parecía que los militares estaban dispuestos a entregar el gobierno, pero no el poder.

Los perros nos echaron del templo en construcción, con andamios levantados con troncos de árbol
Los perros nos echaron del templo en construcción, con andamios levantados con largas cañas de bambú.

Apenas recorrimos los primeros diez metros de Myanmar cuando una catarata de motociclistas y guías turísticos amateurs se acercaron para llevarnos donde fuera. Recién entrábamos, no teníamos muchos planes, solo queríamos comprobar la capacidad de transformación de un país que estaba abriéndose. ¿Podríamos comprar una moto? Que supiéramos, ningún extranjero lo había hecho. ¿Podríamos viajar libremente por el este del país? Parecía que sí. ¿Podríamos evitar los controles de carretera? En los consulados de Bangkok y Chiang Mai nos habían asegurado que se podía circular libremente entre el este y el oeste.

Soltamos nuestro primer hola en birmano, mingalabah, y esquivamos a los mototaxis con una sonrisa haciendo gestos negativos con la mano. Lo curioso era que no insistían. No nos acompañaban por la calle señalando puntos en un mapa. Quizás se debía a nuestra falsa seguridad, a eso que aprendimos en la ruta, de dar la impresión de que sabes lo que haces, o hacia dónde vas, aunque no tengas ni puta idea. Quizás era simplemente porque no hablaban una sola palabra de inglés.

Los rostros lo decían todo. Sorpresa, duda, estupor. La sonrisa funcionaba mejor que nunca como idioma y los leves movimientos de cabeza precedían a un saludo más espontáneo, más real. Era una sensación extraña, y al mismo tiempo única. En Tachileik estábamos volviendo a aquellos lugares en donde los extranjeros son una rareza.

El Barça estaba en todos lados.
El Barça estaba en todos lados.

Tailandia había sido una especie de paraíso turístico donde todo era alcanzable, aunque a veces no te trataran bien o no te entendieran. Esto era otro mundo. No había más que iniciar el saludo, con un deje de duda en la entonación. Volvías a intentarlo, y a la segunda o tercera vez, entendían que intentabas decir hola, nada más, y entonces ocurría el milagro. El campesino, el mecánico, el cocinero del puesto de la calle, se convertían en maestros de idiomas. Una sonrisa les estallaba en el rostro ante tus errores obvios de extranjero que intentaba comunicarse en un idioma nuevo. Era una sonrisa de orgullo, una sonrisa heroica, de superviviente.

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IMPRESCINDIBLE: 5 COSAS QUE DEBES SABER ANTES DE VIAJAR A MYANMAR

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La caminata por Tachileik casi no tenía sentido. Íbamos en dirección contraria y lo sabíamos aunque realmente no nos importaba mucho. Las mochilas, de cinco kilos cada una, no eran una molestia. Necesitábamos absorber los gestos, el aire, los olores de un nuevo país del que apenas teníamos información. Aquella era una zona lejana, donde ningún blogger había intentado viajar. Lonely Planet solo le había dedicado unas páginas vagas, con menciones a tours.

Las calles estaban rodeadas de casas y edificios que llevaban décadas sin pintarse. Sobre el asfalto, hombres vestidos con pantalones y hombres vestidos con longyii, una especie de falda que llega hasta los pies, se cruzaban con mujeres de rostro despejado y mujeres que llevaban las mejillas teñidas de amarillo. Era la tanaka, una pasta que utilizan para protegerse del sol. Entramos a un hostal oscuro y vacío, sin cuadros ni mapas en las paredes. Damos un par de palmadas y un hombre sale a nuestro encuentro. Solo dice 500 baht, el precio de la habitación, el doble de lo que pagábamos en Tailandia. Estamos en Myanmar pero la moneda de uso corriente sigue siendo el baht tailandés. Seguimos adelante.

Por las callejas de Tachileik se abrían los mercados del barrio
Por las callejas de Tachileik se abrían los mercados del barrio

En la otra acera hay un taller de motos. Sería ideal comprar un scotter para viajar por todo Myanmar, pero todavía no sabemos cuánto ha cambiado el país. ¿Podemos conducir nuestra propia moto local, por Myanmar? En el taller hay cuatro jóvenes que parecen de etnias completamente distintas: uno es de piel oscura, barba y nariz aguileña, otro es delgado y blanco como el papel pero de rasgos asiáticos, otro es de rostro ancho y lleva una camiseta con el escudo del Barça y un tercero es de piel trigueña. Parece que las dudas iniciales, la timidez, dejan paso a una sensación de curiosidad. Nos ofrecen una moto sin matrícula ni papeles por 6000 baht, 220 dólares. Una moto con papeles cuesta 29.000 baht.

Afuera hay un grupo de policías que parece que tienen el día libre. La ciudad está tranquila, se acabó la época de los disparos y las batallas en la calle. Mingalabah. A la gente de Myanmar les encanta nuestros intentos por balbucear unas palabras de birmano, acompañadas siempre por una sonrisa permanente que dice ‘oye, lo siento, no hablo tu idioma pero lo voy a intentar’. A los cinco minutos los policías llaman por teléfono a una agencia de viajes y poco después aparece un hombre en un coche que, sin querer vendernos nada, nos cuenta que algunas rutas siguen cerradas a los extranjeros, que se necesitan permisos, que las normas del país impiden que podamos tener nuestra propia moto… Nos sugiere tomar un bus hasta la estación de autobuses, que está a uno o dos kilómetros.

Los abuelos parecen ser los únicos que hablan inglés en el este de Myanmar
Los abuelos parecen ser los únicos que hablan inglés en el este de Myanmar

Pero antes de seguir adelante necesitamos cambiar dinero. Algo habíamos escuchado de la manía nacional porque los billetes en moneda extranjera parezcan recién salidos de la imprenta. Pero nunca imaginamos que… serían tan puñeteros. Los primeros billetes de cien dólares que llevamos a la oficina bancaria están impecables, pero no los aceptan porque están doblados a lo largo, a la medida de un cinturón de seguridad. Empiezo a comprender al extranjero que los puteaba sin entender por qué no le aceptaban sus veinte dólares en la frontera. Tras un pequeño tira y afloja y muchas sonrisas, aceptan el tercer billete.

Hacía mucho tiempo que no me sentía tan observado. Los rostros se levantaban para observarnos, muy pocos eran indiferentes. Y eso era una buena señal. Si yo levantaba la mano para saludar a quien nos miraba, el otro sonreía con candidez y devolvía el saludo. Lo había atrapado. No había vergüenza en mirar, porque era una mirada clara, de sorpresa. Nítida. Sin segundas intenciones.

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ESTA HISTORIA CONTINÚA EN

VIAJAR AL PASADO EN KENGTUNG, MYANMAR

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La estación de autobuses hacia Kentung estaba a siete, ocho kilómetros. Es un gran descampado, o un patio interior abierto, con dos autobuses que hoy no salen y una furgoneta cargada de gente apretujada. Pero los autobuses también salen de la calle, en realidad todo el la estación. Allí nos ofrecen un taxi por 70 dólares. Los autobuses valen muchísimo menos, pero no salen hasta el día siguiente. ¿La tarifa? 10.000 kyat por persona, nueve dólares, varias veces más de lo que cuesta el pasaje para los locales. Es el precio estándar mínimo impuesto por el gobierno militar para los extranjeros.

A la mañana siguiente, partimos hacia Chentung
A la mañana siguiente, partimos hacia Chentung

Después de tantos años viajando por países donde podíamos hablar con la gente en uno u otro idioma, llegamos adonde nos habíamos propuesto. A esos lugares donde nadie te entiende, donde la cultura es tan diferente que los gestos pueden significar otra cosa, donde viajar se convierte en un desafío. El este de Myanmar, vacío de extranjeros, donde solo los abuelos hablan algo de inglés, era el lugar perfecto para empezar una nueva aventura.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y porque es capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

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