164- Sueños de Tijuana Dreams

Cruce de frontera en Tijuana, México, con Estados Unidos. Sombras

Cada día, cientos de miles de personas de cinco continentes, se acercan a la frontera entre México y Estados Unidos en busca de una oportunidad. Muchos se estrellan, muchos lo consiguen, muchos se quedan y continuarán haciendo planes durante el resto de su vida.

Tijuana se ha convertido en el ícono de la frontera de los sueños. De los  buenos sueños, y de las pesadillas. Welcome to Tijuana.

(Gracias a Isabella Soltani por escribirnos, recibirnos y guiarnos por algunos de los laberintos de Tijuana…)




66- Guyana, lo mejor de África en Sudamérica

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– ¿No te parece impresionante lo que está pasando?

– ¿A qué te refieres?

– A esto… A los cazadores que acaban de invitarnos a un pedazo de ciervo tibio, al descendiente de hindúes que nos contó la historia de su familia en media hora, a los amerindios que nos recibieron en Iwokrama.

– Y la camioneta que se cayó al río cinco minutos antes que cruzásemos el puente…

– Sí… ¿crees que la caída era nuestra? ¿Que nos tocaba a nosotros?

– Prefiero no imaginarlo… Todo pasa por algo. Si no nos hubiésemos detenido para ayudarles, no hubiéramos conocido al hindú, ni a los amerindios… ni al ciervo.

– Ni hubiéramos encontrado los 1000 dólares de Guyana que pagan estas cervezas…

– Cierto. Salud por el tipo que perdió el dinero.

– Eso.

– ¿Viste al chino? Lleva horas sentado en la misma silla, dormitando frente a la barra del bar.

Entonces nos giramos sin piedad, sin vergüenza de ser vistos. Debe ser japonés, los chinos sólo viajan en grupo.

– He is Jackie Chan –interrumpe el encargado, un hombre negro y delgado, especialista en interpretar miradas, tonos y palabras sueltas. El vocabulario silencioso del cuerpo.

Sólo pasaron menos de cuarenta horas desde que entramos en Guyana, y los sentidos acaban de explotar con una efervescencia que no sentíamos desde hace mucho tiempo. ¿Desde África? Sí, quizás, desde África.

Eso fue hace mucho tiempo, pero todavía arrastramos el olor, las buenas cicatrices, la tierra impregnada bajo las uñas. Todo se acumula bajo esta corteza de pan blanco oscurecida por el sol. Y en Guyana, inesperadamente, nos reencontramos con África. Sí, faltan los elefantes, pero hay jaguares, antílopes y tapires. Y gente de todos los colores.

Descendientes de esclavos negros y trabajadores de la India, pocos carapálidas europeos, algunos comerciantes de la China (estos no cuentan, chinos hay en todos lados) y supervivientes de las tribus originarias dispersos en la naturaleza.

Niños que juegan con arcos y flechas junto al camino de tierra roja.

En el sur de Guyana la presencia humana es tan sutil, tan invisible, que la naturaleza virgen aún ocupa su lugar original. La sabana despeja el horizonte de árboles y matorrales enredados para diseñar una Pampa suave de pastos altos moteada de termiteros. Es Masai Mara, es Serengeti, y temo y espero que en cualquier momento aparezca un león.

Pero sólo veo pájaros, montones de pájaros.

Y algo enorme, ágil como fuego negro, que se mueve sobre la hierba. Eso que parece un ala es una cola peluda. Eso que parece otra ala es una nariz larga y delgada. Un oso hormiguero gigante de pelo largo, de dos metros, busca la merienda. Nos ignora. No somos su menú de hoy.

El 80% de Guyana es selvas, y bosques, y ríos. Sin latas de conserva, sin tetrabriks, sin bolsas de supermercado, sin bocinas, sin stress. Un territorio del tamaño de Inglaterra habitado por el 5% de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires.

Y por Jabirús grandes como pterodáctilos.

Halcones reencarnados levitando en el aire.

Garzas blancas y grises que tiñen el arcén de nubes frágiles y tormentosas.

Bandadas de perdices que abandonan los arbustos un segundo antes de alcanzarlos con la furgoneta. Antes de caer en la olla.

Pájaros más pequeños, cazadores de todos los colores especializados en moscas y mosquitos.

Pájaros más grandes, negros como el bosque cerrado, y con coquetos rizos de peluquería sobre la cabeza. Alguien les avisó que llegábamos. Guyana se había preparado para nuestra visita.

Después de diez días recorriendo la Gran Sabana de Venezuela, el mundo volvía a la normalidad. Allí sólo habíamos conseguido ver ranas. Nada más. El paisaje era impresionante, pero el silencio se convertía en una roca aún más densa que los tepuyes que se adivinaban cuando las nubes despejaban el cielo.

Todos los pájaros que habían huido de las parrilladas y los motores de los 4×4 venezolanos se habían refugiado en el sur de Guyana.

¿Qué demonios hay en Guyana? La poca información que habíamos conseguido en el camino ya era atractiva. Nadie sabía nada. Y lo poco que decían, estaba equivocado.

– La ruta de Lethem a Georgetown no existe.

– Hay una huella, pero con estas lluvias, se la deben haber devorado los pantanos.

– Se quedarán enterrados en el barro. No podrán salir.

– Hay bandas armadas, tengan cuidado.

– La policía es demasiado corrupta.

La única verdad, era que llovía demasiado. La policía es igual que en Argentina, Perú, Venezuela, Brasil o Bolivia. Y que la excentricidad de Guyana no era sólo un sueño. Un país de Sudamérica donde el idioma oficial es el inglés. Con la mayoría de sus habitantes de origen asiático o africano. Con más templos de nuevas formas viejas que sobrias iglesias católicas.

Seguimos en Sudamérica. O no, quizás volvimos a Africa. O nos perdimos en algún laberinto donde todos los colores son bienvenidos.

Lo único seguro es que, por fin, abandonamos Latinoamérica.

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Lugares para conocer antes de morir: Barcelona

Playa de la Barceloneta, Barcelona, Catalunya. España

Barcelona es mi casa. Es el sitio donde la gente me hablaba en castellano cuando se daban cuenta que aún no entendía catalán. Es la mejor ciudad del mundo donde vivir. Hay playa. Hay fiestas. Se come bien. Se bebe mejor. La ciudad es bonita e intrincada. Hay música. Es una ciudad internacional, hoy ya hay gente de todos los lugares. Bajo su piel pasan muchas cosas. Por ejemplo, es el sitio donde comenzó y donde terminará La Vuelta al Mundo en 10 Años. Si es que termina algún día.

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Lugares para conocer antes de morir: Mana Pools, Zimbabue

Caminando junto a elefantes en Mana Pools National Park, Zimbabwe

Pocos viajeros conocen Mana Pools, uno de los parques nacionales más espectaculares de África. A primera vista parece otro retazo de bosque protegido, surcado por un gran río y salpicado con ejemplares de todas las especies de animales africanos. Sí, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pero no tiene detalles extraordinarios. No se encuentra dentro del cráter de un volcán apagado como Ngorongoro, no tiene instalaciones para observar fauna durante la noche como Etosha, ni las llanuras infinitas de Masai Mara o Serengueti, donde la épica de las migraciones atrae a decenas de miles de visitantes al año. No, el Parque Nacional de Mana Pools, ubicado al norte de la esquilmada Zimbabue, frente a la frontera con Zambia, no tiene nada de eso.

Lo que tiene Mana Pools, y en unas sobredosis desmesuradas, es adrenalina.

En Mana Pools puedes hacer algo que está prohibido en casi todos los parques nacionales africanos: caminar entre leones, hienas, búfalos y elefantes sin la escolta de un ranger. Nadie te impedirá aparcar tu vehículo a la sombra de un baobab y alejarte desarmado en cualquier dirección, hasta donde te lleven los pies o el sentido común. Esa es una decisión particular, tu responsabilidad, tu libertad, tu riesgo, tu vida. Tu locura más hermosa del día.

Mana Pools no es un zoológico. Pero si aprendes las reglas de la selva, podrás caminar entre ellos sin convertirte en el menú del día. ¿Te parece poco?

Encuentra más historias sobre Mana Pools en Adrenalina, una historia escrita para la revista Overland Journal.

Y más información sobre Mana Pools en Wikipedia

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Lugares para conocer antes de morir: Lençois Maranhenses, Brasil

Parque Nacional de los Lençois Maranhenses,Brasil

Los Lençois Maranhenses se encuentran en el estado brasileño de Maranhao. Es una superficie gigantesca de dunas cortadas por pequeños lagos de agua dulce, tibia y transparente. Puedes zambullirte y beber hasta ahogarte. Hay muy poca vegetación, sólo arena blanca, serpientes y alguna enorme araña peluda.

Es una playa hermosa de tierra adentro.

Encuentra más historias sobre Brasil

Más sobre los Lençois Maranhenses

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