336- Si pudieras volver a empezar, ¿cómo te gustaría que fuera tu vida? | KOH TAO, TAILANDIA

Si pudieras volver a empezar, ¿qué te gustaría hacer de tu vida?

Imagina que hoy, mientras estás trabajando, pasa un tiburón ballena por encima de tu cabeza. O una manta raya, un cardumen de miles de peces de colores o un grupo de delfines. ¿No sería un trabajo increíble?

Ahora imagina que además, mientras trabajas, tienes la sensación de estar volando. En realidad no es una sensación, es casi una realidad. Flotas, te mueves hacia arriba, hacia abajo, hacia adelante y hacia atrás. Puedes avanzar en cualquier dirección. A tus pies hay una alfombra de coral y anémonas, no un falso parquet o cemento o un suelo absurdo de cerámica.

Estás trabajando, y tu trabajo consiste en explorar, en guiar, en cuidar un mundo donde las reglas de la tierra no tienen sentido, porque estás en el mar. Bajo el agua.

¿Cuántas veces me pregunté cómo sería mi vida si pudiera empezar de nuevo? ¿Cómo sería si tuviera la información que tengo ahora, si tuviera la experiencia para tomar la decisión correcta a los veinte años sin miedo a equivocarme?

Por eso, cuando encuentro alguien que no está seguro qué camino tomar, le recuerdo que hay demasiados abogados y pocos exploradores. Que la vida es un milagro sin sentido, que debemos aprovechar el tiempo que tenemos, y que las dos terceras partes de la Tierra son agua. Que si pudiera empezar de nuevo hoy trabajaría bajo el mar, haciendo buceo.

No sé si llevaría gente a pasear por alguno de los miles de paraísos submarinos que hay en nuestro Planeta Azul, si buscaría barcos hundidos, repararía sus cascos bajo el agua, o exploraría cuevas sumergidas. No tengo idea. Sólo sé que hay mejores mapas de la Luna que del fondo del mar, y que alguien tendrá que hacerlos.

Hace unos días llegamos a la isla de Koh Tao, en Tailandia, con la idea de quedarnos un par de noches y seguir adelante. Hoy, cuando escribo esto, ya llevamos diez lunas en la isla. Yo le echo la culpa al mar y a una comunidad latina numerosa, abierta y espontánea. Chicas y chicos que llegaron a esta pequeña isla para buscar una nueva vida y se encontraron en una escuela y centro de buceo llamado Pura Vida Diving Koh Tao,

Soñadores que abandonaron un trabajo y encontraron una nueva manera de vivir. Muchos prueban aquí el buceo por primera vez y ya no lo pueden abandonar. Quedan tan enamorados que continúan haciendo cursos hasta que en unos seis meses se convierten en instructores. Y empiezan a trabajar alrededor del mundo, bajo el agua. En libertad. Exactamente lo que me gustaría hacer si pudiera comenzar de nuevo. Es lo que llamo la Universidad de Koh Tao.

Mucho mejor que ser abogado, director financiero, dentista o vendedor de lo que sea.

Si pudieras empezar de nuevo, ¿qué te gustaría hacer de tu vida?

Esta historia está dedicada a ellos. A todos los Santi, Javis, Jorges, Sonias, Carles, Alfonsos, Yolandas, Iagos, Óscar, Nahueles, Angelas y Lucías que están haciendo realidad un sueño a través del buceo. A veces hay que irse, salir y sumergirse para empezar a respirar.

‘No importaba llegar, sólo el camino. No importaba elegir el mejor, sólo uno. E importaba seguirlo ciega, febrilmente, contra males, hombres y bestias.’

El Carbonero, de Carlos Soto Femenía.

GALERÍA DE IMÁGENES

Gracias a Damián Almua por las fotografías submarinas y a Nahuel Martino por el vídeo alucinante del tiburón ballena!

INSPIRACIÓN. SÓLO HAZLO, LA PÁGINA DE PUBLICIDAD QUE ME INSPIRÓ A VIVIR COMO YO QUIERO.

VÍDEOS IMPERDIBLES. CONFERENCIA EN MADRID SOBRE LOS PRIMEROS 15 AÑOS DE VIDA EN LA RUTA

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en La Cucaracha, nuestra furgoneta 4×4. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 descendimos un río del Amazonas en una balsa de troncos y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo escribió 3 libros de sus viajes alrededor del mundo: El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África. Uno de ellos, El Libro de la Independencia, fue traducido al inglés: The Book of Independence. También escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros, presenta vídeos y hasta aprendió mecánica!

Pablo y Anna sirven de inspiración para un cómic de viajes creado en Boston y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y dieron charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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335- El Mercado de las Vías del Tren de Maeklong | TAILANDIA

El Mercado de las Vías del Tren de Maeklong es uno de los mercados más sorprendentes que encontramos en 17 años viajando alrededor del mundo. Y está a sólo una hora de Bangkok.
¿Qué fue primero? ¿El tren o el mercado?

EL MERCADO DE MAEKLONG.

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326- Lugares para conocer antes de morir: Kong Lor, una cueva única en el mundo | LAOS

Lo más espectacular de viajar con tu propia moto (o tu propio vehículo) por Vietnam, Laos o Camboya, es que puedes tomar todos los desvíos que quieras para llegar hasta donde te pida tu instinto. Una cueva, una playa, una montaña, un pueblo, una tribu, un lugar sin nombre. Ya has pasado inconscientemente por el proceso constante de selección, donde tu cerebro ha ido filtrando la información que te llegaba en cada momento.

De alguna manera -pudo ser la forma en que está escrita una frase, dónde puso el acento el escritor, o el traductor, o un dato irrelevante para el resto del mundo pero que para ti era fundamental- habíamos decidido hacer una gran S para recorrer este rincón del Sudeste Asiático con las motos que habíamos comprado en Hanoi.

Poco a poco habíamos llegado a la conclusión de que, en Laos, Luang Prabang era una visita obligada y Vientiane era descartable. Van Vieng era una incognita, parecía demasiado contaminado por el ruido del turismo. También habíamos marcado las cuevas-refugio de Sam Neau donde los milicianos comunistas aguantaron los embates de las bombas y el napalm norteamericano durante la guerra de Vietnam (sí, la guerra de Vietnam había dejado Laos sembrada de bombas que aún continúan sin explotar); y nos habían hablado bien de un pequeño pueblo que aparecía en nuestro camino llamado Nong Khiaw. Savannakhet, el extremo norte y el extremo sur, quedarían para otro viaje.

Esa sucesión de decisiones, de síes y noes, de círculos emborronados en el mapa y lugares que seguirían siendo una incógnita, nos habían llevado a tomar la ruta 8, camino de la frontera con Vietnam de Nam Paho/Cao Treo. Casi a mitad de camino, en un desvío hacia el sur que parecía accidental, estaba la ruta de entrada a la cueva de Kong Lor, en la Reserva de Conservación de la Biodiversidad de Khammouane. Según el mapa era una cueva más, otro punto negro, entre los miles de cuevas que horadan las montañas karsticas de Laos y Vietnam.

Pero Kong Lor era mucho más que eso. Kong Lor es una cueva extraordinaria: alberga un río subterráneo navegable en botes tradicionales de madera que atraviesan una montaña de lado a lado. Sí, de lado a lado. Tras siete kilómetros (¡siete kilómetros!) de oscuridad, emerges como por acto de magia al otro lado de la montaña, en un bosque verde y virgen. Era un viaje único en el mundo por las entrañas de la Tierra.

Solo por eso ya era mejor visitar Kong Lor que Maxahai, el grupo de cuevas que donde va la mayoría de los extranjeros. Sólo por esta sorpresa, ya vale la pena comprar una moto para viajar por el Sudeste Asiático. Apúntalo.

Lo primero que nos sorprendió al aparcar las motos fue que allí no había un solo extranjero. Familias enteras se reunían para un picnic, grupos de amigos se juntaban a tomar cerveza con hielo, hombres, mujeres y niños locales saltaban al agua entre los bloques redondeados por el Nam Hin Bun, el río que surge calmo del interior de la montaña.

Si era verdad lo que leíamos en los carteles, aquello era mucho más espectacular de lo que explicaba la Lonely Planet. La cueva de Kong Lor, también llamada Tham Kong Lo, señalaba el cambio de una época, la apertura del Laos comunista al resto del mundo. Porque fue hace muy pocos años, a fines de la década de 1990, que un grupo de exploradores holandeses remontó el río subterráneo y encontró el inicio, la entrada que había pasado desapercibida, al otro lado de esa cadena montañosa de piedra caliza. ¡Solo habían pasado veinte años! Eso había sido ¡ayer!

La cueva de Kong Lor era uno de los sitios más inesperados, una de las maravillas geológicas del Sudeste Asiático.

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QUÉ LLEVAR EN LA MOCHILA: GUÍA PARA VIAJAR CON POCO POR EL SUDESTE ASIÁTICO

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No te voy a explicar todos los detalles del viaje en bote por la cueva de Kong Lor, porque es un viaje personal a través de la oscuridad. Una travesía bajo la montaña en la que solo estarás armado de una linterna que te dan cuando pagas tu bote. Una aventura en la que los únicos sonidos serán el ruido constante del motor y del agua golpeando contra la madera. En algún momento deberás bajar y ayudar a empujar el bote entre las rocas; en otro caminarás por un sendero autoguiado dentro de una sala subterránea gigantesca, del tamaño de varios campos de fútbol, entre formaciones calcáreas iluminadas con luces de colores.

Laos y Vietnam están llenos de cuevas preparadas para el turismo, cuevas para caminar, cuevas para ver imágenes de Buda y cuevas para navegar en embarcaciones que entran y salen por la misma boca. Todas son bonitas, pocas son espectaculares, y luego está Kong Lor, que desprecia el turismo pasivo para convertirse en una experiencia donde todos tus sentidos se afilarán para intentar captar lo que tus ojos no llegan a ver.

 

CUÁNDO IR A KONG LOR

La mejor época es durante la temporada seca, de noviembre a marzo.

 

DÓNDE DORMIR

Hay bastantes alojamientos justo antes de la entrada a la zona de la cueva, desde hostales con habitaciones con aire acondicionado y restaurante, pasando por alojamientos familiares y chozas con paredes de ramas que dejarán pasar la luz del sol al amanecer. No es necesario reservar con anticipación y el precio puede variar desde los 7  a los 20 dólares por noche y habitación. Si estás cerca, no te lo pierdas.

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MAS INFORMACIÓN

DATOS PARA VIAJAR POR LAOS, VIETNAM Y CAMBOYA

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Nuestra casa con ruedas se mete por todos lados y parece capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic sobre viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream su primer vehículo para no viajar, junto a unos amigos de Ensenada, Baja California. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

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322- 5 frutas raras del Sudeste Asiático!

Yo viajo para sorprenderme. Por eso, cuando encuentro alguna comida que no conozco intento probarla. Y no solo hablo de platos preparados o fruta, sino también de insectos. Ya sé, puajjjj, por eso esta vez voy a hablar de frutas. Frutas raras, curiosas, distintas, de formas caprichosas, sabores intensos o espinas capaces de pincharte un neumático.

Alguna, como la dragon fruit (o fruta del dragón), ya la conocíamos con otro nombre. Otras, fueron auténticos descubrimientos

 

DURIÁN

El durián es una de esas frutas raras que parecen creadas por un dibujante de historietas con una imaginación desbocada. No solo es diferente por fuera, con su corteza (que parece más un caparazón) cubierta de espinas, sino que su olor es tan intenso que el metro de Bangkok decidió prohibir su consumo bajo tierra. La acusan de que su olor es desagradable. El durián puede llegar a pesar varios kilos, tiene una textura cremosa parecida a la del aguacate (o palta) y crece en árboles que pueden llegar a medir 25 metros de altura. ¡Que no te caiga una en la cabeza! Lo encontrarás ya pelado y listo para consumir en la puerta de muchos templos. ¿Lo mejor? La textura.

 

POMELO DEL SUDESTE ASIÁTICO

Bah, es otro pomelo, pensé cuando lo vi por primera vez a la venta, pelado y en gajos, en las calles de Bangkok. Pero no, el pomelo del Sudeste Asiático, también conocido como pamplemusa, cimboa o pomelo chino, no solo es mucho más grande que el que conocemos en occidente, sino que tiene el pellejo de los gajos más grueso, por lo que también es recomendable pelar los gajos. Cuando finalmente llegas a la pulpa, ésta fruta enorme se descubre como multitud de pequeñas gotas dulces casi sólidas que estallan en tu boca. Riquísimo. Una de esas frutas raras para comer caminando por la calle.

Pomelo chino - La Vuelta al Mundo en 10 Años

 

GAK o GAC

¿Y esto se come? suele ser una de mis preguntas preferidas cuando me encuentro con algo que no conozco. La respuesta aquí es no, el gak se bebe. Amigos, les presento a una de esas frutas raras y desconocidas que la moda o la ciencia están convirtiendo en una superfruta. Que haya sido utilizada durante siglos en la medicina tradicional china le aporta un caché confirmado por su alta cantidad de antioxidantes, betacarotenos, licopenas y la supuesta habilidad de fortalecer el esperma. Tiene el tamaño de un limón espinoso y la manera más sencilla de probarlo es en los mercados, donde algunos puestos tienen botellitas de jugo de gak. No está mal, pero tampoco será una experiencia inolvidable.

gak

 

MANO DE BUDA

Si las espinas del durián parecían raras, quiero verte pelando una mano de Buda. Esta fruta con una innumerable cantidad de dedos de color amarillo es muy utilizada como ofrenda en los templos budistas de Vietnam. Según leí por ahí, también se usa para confitar y aromatizar los platos. No la probamos, pero cuando la veas encontrarás una de las frutas más extrañas que hayas visto en tu vida.

Mano de Buda - La Vuelta al Mundo en 10 Años

 

DRAGON FRUIT

También llamada Pitaya o Pitahaya en las Américas, es una de las frutas más dulces y sabrosas que probamos en los 16 años de viaje. Eso sí, tienes que elegirlas bien maduras, sino será como comer agua. Un tip de una vendedora de Camboya: busca aquellas que tengan gajos externos más grandes; esas están más desarrolladas y tendrán más sabor. Otro tip: si puedes elegir, escoge las de pulpa roja, son más dulces que las de pulpa blanca.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y porque es capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

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319- El MYANMAR que nadie visita: la frontera de Tachileik

El oficial de inmigración de la frontera entre Mae Sai y Tachileik abrió mi pasaporte en un gesto rutinario. Ya sabía lo que iba a encontrar: otro extranjero que usaba ese paso para renovar su visado tailandés. Era un cruce práctico, de cinco minutos, pim-pam, y para ellos era un negocio redondo. Estampaban un sello y pase por caja: 500 baht o 20 dólares, que no es lo mismo, o la cifra que fuera, una cantidad que podía cambiar según el estado del tiempo, el humor y las necesidades.

En medio del puente que separaba Tailandia de Myanmar, un viajero con pinta de vividor del Sudeste Asiático, sandalias gastadas, pantalones gastados, camisa del color de la tierra, collares y un par de rastas que sobresalían de su cabeza calva, pedía ayuda en varios idiomas: no le aceptaban el billete de 20 dólares.

‘Estos malditos idiotas dicen que el billete está viejo, que está muy usado, pero mira, está bueno, no está roto, ni rayado!’

En ese momento no entendí el problema. Honestamente, pensé que quizás el billete sería falso, como aquellos famosos dólares colombianos que nos habían endosado en Ecuador. Nosotros estábamos llegando a Tachileik en el este de Myanmar, la región abierta a los extranjeros menos visitada del país, con la intención de intentar unir por tierra las ciudades de Kentung con Taungyyi. Era una ruta prohibida: cruzaba la vertiente sur de las enormes plantaciones de opio que estaban en manos de guerrilleros, o del ejército, o de bandidos. Nadie tenía una respuesta definitiva.

En la oficina, el oficial de inmigración abrió mi pasaporte y se sorprendió. ‘¡Visa! ¡Visa!’ dijo a sus compañeros levantando la voz y señalando un asiento frente a un escritorio. Allí había un ordenador, montones de papeles, un par de sellos y una cámara de sobremesa, colocada a la altura de mi ombligo. La foto para el registro de extranjeros en Myanmar quedaría con un gesto forzado, como el de una jirafa que tiene que abrirse de piernas y estirar el cuello hacia abajo para beber agua.

Estábamos con nuestras mochilas de 5 kilos en uno de aquellos rincones olvidados de un país que lentamente se abría al turismo. Myanmar había permanecido aislado por muchos años debido al boicot a un gobierno militar sanguinario, y por el mismo boicot de los militares hacia el mundo, que daban los visados con cuentagotas. La presión internacional y el cansancio de vivir en un país sin futuro, habían abierto las puertas a los primeros cambios, con elecciones casi libres. Parecía que los militares estaban dispuestos a entregar el gobierno, pero no el poder.

Los perros nos echaron del templo en construcción, con andamios levantados con troncos de árbol
Los perros nos echaron del templo en construcción, con andamios levantados con largas cañas de bambú.

Apenas recorrimos los primeros diez metros de Myanmar cuando una catarata de motociclistas y guías turísticos amateurs se acercaron para llevarnos donde fuera. Recién entrábamos, no teníamos muchos planes, solo queríamos comprobar la capacidad de transformación de un país que estaba abriéndose. ¿Podríamos comprar una moto? Que supiéramos, ningún extranjero lo había hecho. ¿Podríamos viajar libremente por el este del país? Parecía que sí. ¿Podríamos evitar los controles de carretera? En los consulados de Bangkok y Chiang Mai nos habían asegurado que se podía circular libremente entre el este y el oeste.

Soltamos nuestro primer hola en birmano, mingalabah, y esquivamos a los mototaxis con una sonrisa haciendo gestos negativos con la mano. Lo curioso era que no insistían. No nos acompañaban por la calle señalando puntos en un mapa. Quizás se debía a nuestra falsa seguridad, a eso que aprendimos en la ruta, de dar la impresión de que sabes lo que haces, o hacia dónde vas, aunque no tengas ni puta idea. Quizás era simplemente porque no hablaban una sola palabra de inglés.

Los rostros lo decían todo. Sorpresa, duda, estupor. La sonrisa funcionaba mejor que nunca como idioma y los leves movimientos de cabeza precedían a un saludo más espontáneo, más real. Era una sensación extraña, y al mismo tiempo única. En Tachileik estábamos volviendo a aquellos lugares en donde los extranjeros son una rareza.

El Barça estaba en todos lados.
El Barça estaba en todos lados.

Tailandia había sido una especie de paraíso turístico donde todo era alcanzable, aunque a veces no te trataran bien o no te entendieran. Esto era otro mundo. No había más que iniciar el saludo, con un deje de duda en la entonación. Volvías a intentarlo, y a la segunda o tercera vez, entendían que intentabas decir hola, nada más, y entonces ocurría el milagro. El campesino, el mecánico, el cocinero del puesto de la calle, se convertían en maestros de idiomas. Una sonrisa les estallaba en el rostro ante tus errores obvios de extranjero que intentaba comunicarse en un idioma nuevo. Era una sonrisa de orgullo, una sonrisa heroica, de superviviente.

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IMPRESCINDIBLE: 5 COSAS QUE DEBES SABER ANTES DE VIAJAR A MYANMAR

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La caminata por Tachileik casi no tenía sentido. Íbamos en dirección contraria y lo sabíamos aunque realmente no nos importaba mucho. Las mochilas, de cinco kilos cada una, no eran una molestia. Necesitábamos absorber los gestos, el aire, los olores de un nuevo país del que apenas teníamos información. Aquella era una zona lejana, donde ningún blogger había intentado viajar. Lonely Planet solo le había dedicado unas páginas vagas, con menciones a tours.

Las calles estaban rodeadas de casas y edificios que llevaban décadas sin pintarse. Sobre el asfalto, hombres vestidos con pantalones y hombres vestidos con longyii, una especie de falda que llega hasta los pies, se cruzaban con mujeres de rostro despejado y mujeres que llevaban las mejillas teñidas de amarillo. Era la tanaka, una pasta que utilizan para protegerse del sol. Entramos a un hostal oscuro y vacío, sin cuadros ni mapas en las paredes. Damos un par de palmadas y un hombre sale a nuestro encuentro. Solo dice 500 baht, el precio de la habitación, el doble de lo que pagábamos en Tailandia. Estamos en Myanmar pero la moneda de uso corriente sigue siendo el baht tailandés. Seguimos adelante.

Por las callejas de Tachileik se abrían los mercados del barrio
Por las callejas de Tachileik se abrían los mercados del barrio

En la otra acera hay un taller de motos. Sería ideal comprar un scotter para viajar por todo Myanmar, pero todavía no sabemos cuánto ha cambiado el país. ¿Podemos conducir nuestra propia moto local, por Myanmar? En el taller hay cuatro jóvenes que parecen de etnias completamente distintas: uno es de piel oscura, barba y nariz aguileña, otro es delgado y blanco como el papel pero de rasgos asiáticos, otro es de rostro ancho y lleva una camiseta con el escudo del Barça y un tercero es de piel trigueña. Parece que las dudas iniciales, la timidez, dejan paso a una sensación de curiosidad. Nos ofrecen una moto sin matrícula ni papeles por 6000 baht, 220 dólares. Una moto con papeles cuesta 29.000 baht.

Afuera hay un grupo de policías que parece que tienen el día libre. La ciudad está tranquila, se acabó la época de los disparos y las batallas en la calle. Mingalabah. A la gente de Myanmar les encanta nuestros intentos por balbucear unas palabras de birmano, acompañadas siempre por una sonrisa permanente que dice ‘oye, lo siento, no hablo tu idioma pero lo voy a intentar’. A los cinco minutos los policías llaman por teléfono a una agencia de viajes y poco después aparece un hombre en un coche que, sin querer vendernos nada, nos cuenta que algunas rutas siguen cerradas a los extranjeros, que se necesitan permisos, que las normas del país impiden que podamos tener nuestra propia moto… Nos sugiere tomar un bus hasta la estación de autobuses, que está a uno o dos kilómetros.

Los abuelos parecen ser los únicos que hablan inglés en el este de Myanmar
Los abuelos parecen ser los únicos que hablan inglés en el este de Myanmar

Pero antes de seguir adelante necesitamos cambiar dinero. Algo habíamos escuchado de la manía nacional porque los billetes en moneda extranjera parezcan recién salidos de la imprenta. Pero nunca imaginamos que… serían tan puñeteros. Los primeros billetes de cien dólares que llevamos a la oficina bancaria están impecables, pero no los aceptan porque están doblados a lo largo, a la medida de un cinturón de seguridad. Empiezo a comprender al extranjero que los puteaba sin entender por qué no le aceptaban sus veinte dólares en la frontera. Tras un pequeño tira y afloja y muchas sonrisas, aceptan el tercer billete.

Hacía mucho tiempo que no me sentía tan observado. Los rostros se levantaban para observarnos, muy pocos eran indiferentes. Y eso era una buena señal. Si yo levantaba la mano para saludar a quien nos miraba, el otro sonreía con candidez y devolvía el saludo. Lo había atrapado. No había vergüenza en mirar, porque era una mirada clara, de sorpresa. Nítida. Sin segundas intenciones.

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ESTA HISTORIA CONTINÚA EN

VIAJAR AL PASADO EN KENGTUNG, MYANMAR

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La estación de autobuses hacia Kentung estaba a siete, ocho kilómetros. Es un gran descampado, o un patio interior abierto, con dos autobuses que hoy no salen y una furgoneta cargada de gente apretujada. Pero los autobuses también salen de la calle, en realidad todo el la estación. Allí nos ofrecen un taxi por 70 dólares. Los autobuses valen muchísimo menos, pero no salen hasta el día siguiente. ¿La tarifa? 10.000 kyat por persona, nueve dólares, varias veces más de lo que cuesta el pasaje para los locales. Es el precio estándar mínimo impuesto por el gobierno militar para los extranjeros.

A la mañana siguiente, partimos hacia Chentung
A la mañana siguiente, partimos hacia Chentung

Después de tantos años viajando por países donde podíamos hablar con la gente en uno u otro idioma, llegamos adonde nos habíamos propuesto. A esos lugares donde nadie te entiende, donde la cultura es tan diferente que los gestos pueden significar otra cosa, donde viajar se convierte en un desafío. El este de Myanmar, vacío de extranjeros, donde solo los abuelos hablan algo de inglés, era el lugar perfecto para empezar una nueva aventura.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y porque es capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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