Celebramos los primeros 15 años en ruta en Sant Jordi!

La Vuelta al Mundo en 10 Años, Pablo Rey y Anna Callau, en Sant Jordi

La Vuelta al Mundo en 10 Años, Pablo Rey y Anna Callau, en Sant Jordi

 

Fue emocionante celebrar anoche en la Librería Altaïr de Barcelona, los primeros 15 años en ruta de La Vuelta al Mundo en 10 Años. Incluso le cantamos el feliz cumpleaños a La Cucaracha!

Mañana jueves 23, Sant Jordi, día del libro y la rosa en Catalunya, te esperamos en nuestra parada frente a la salida del Metro Drassanes, frente al Centro de Arte Santa Mónica, en la Rambla 5. Compartiremos datos, historias y libros con el 20% de descuento!

[email protected] a La Vuelta al Mundo en 10 Años.




Gracias Venezuela!

La Vuelta al Mundo en 10 Años
  • Gracias a Pepe Polo, catalán del Madrid, (cosas raras se ven por el mundo), por los primeros datos (preocupantes) sobre Venezuela, por su gigantesca e inmejorable predisposición de recibirnos en Caracas! Gracias a Heike, su mujer-compañera-de-viaje, por su sonrisa permanente, su amistad y sus contactos para renovar el permiso de importación temporal de la furgo. ¡Gracias por recibirnos en su casa! Puedes encontrar el trabajo viajero de José Luis en www.viajerosonline.info
  • Gracias a Rose Marty por buscarnos en el centro de Caracas y compartir los primeros momentos en una ciudad tan caótica y tan… ¿peligrosa? Eso parece. Gracias por la cena con Ricardo y Francisco y esas botellitas de vino.
  • Gracias a Miquel y Lily Marty, tíos del cuñado (Pep) de Anna, por dejarnos disfrutar de su casa ¡tan hermosa! durante su ausencia.
  • Gracias a… no se a quien, supongo que a los políticos con miedo que no se atreven a tocar el precio del combustible en Venezuela desde hace… ¿diez años? Pensábamos que los precios serían cercanos a los árabes, pero esto es de otra galaxia: llenamos el tanque con medio euro. Ridículo.
  • Gracias al Maraco, un vendedor de cocos con una barriga inmensa que nos encontró durmiendo en una estación de servicio. Llevaba 2000 cocos, ahora estoy contento de llevar 1999.
  • Gracias a Rosa González, a los Albrizzio, a la chica de migraciones del aeropuerto de Maiquetía, todos venezolanos que nos ofrecieron su ayuda en caso de necesitar cualquier cosa
  • Gracias a los bomberos de Güiria, península de Paria, en el oriente, por su recibimiento y el lugarcito que le dejaron a la furgo mientras estuvimos en Trinidad y Tobago. Según dijeron, se portó bien.
  • Gracias a los bomberos de Carúpano. Nos acogieron durante un par de días mientras su mecánico nos arregló el embrague (con su respectivo pase de factura, claro).
  • Gracias a los empleados de PDVSA de Carúpano que nos rellenaron la garrafa de gas (por fin podemos volver a cocinar!!!) y no nos cobraron…
  • Gracias a Rodolfo Zambrano, por desvivirse y prestarnos su aparcamiento durante nuestra estadía en Puerto Ordaz. Gracias por movilizar a todos sus contactos para echarnos un cable en lo que fuera (en realidad, cuando va por la calle parece el alcalde, saludando a todo el mundo): por buscar donde arreglar los pequeños desperfectos de la furgo, por ayudarnos a conseguir la autorización para contar la historia de La Vuelta al Mundo en 10 Años en el Orinokia Mall, por el toldo, las comidas y, sobre todo, por su amistad. Buena suerte con la revista am (autos y motores), con la venta de accesorios 4×4 en www.max4wd.com, con el proyecto de viaje a China, el de la Patagonia… ¡por tantas cosas!
  • Gracias a Jorge ‘Ferrari’ Rodríguez, del grupo Meru4x4 de Puerto Ordaz, por presentarnos a Rodolfo, y por la ayuda cuando se nos rompió el embrague en la playa de Puypuy. Eran malos días, acababamos de salir de un asalto en Trinidad y Tobago y volvíamos a sufrir otro intento en Venezuela…
  • Gracias a Roger Rivas, gerente del Orinokia Mall, a Alejandro, a Natalie Morfe, coordinadora de mercadeo. Gracias por abrirnos la puerta del Orinokia Mall en Puerto Ordaz para contar la historia de la Vuelta al Mundo en 10 Años y vender libros del cruce de África. Ver http://viajeros4x4x4.wordpress.com/2008/12/08/61-la-vuelta-al-mundo-en-el-orinokia-mall-de-puerto-ordaz/
  • Gracias a César, gerente de Bonsai Sushi en el Orinokia Mall, frente a los cines, por esa cena y ese almuerzo de comida japonesa ¡riquísima! Espectacular, en serio.
  • Gracias a Jorge Freites, de Gamma Color Guayana en Puerto Ordaz, por la pintura verde oscuro y plateada para pintar la nueva puerta trasera de la furgoneta. Quedará como nueva!
  • Gracias a Gustavo Rovaretto, argentino ya casi venezolano por los años que lleva en Puerto Ordaz. Algunos tienen azúcar en el armario, Gustavo tenía una puerta trasera de una Mitsubishi L300 en el jardín de la casa de su hermana.
  • Gracias a Jean y Andrés Hubert, especialistas en frenos de Puerto Ordaz, por fabricarnos una pieza para la furgo en cinco minutos, por el aceite y la grasa y, sobretodo, por hacernos sentir especiales.
  • Gracias a Pedro Poleo de Servicauchos Correa en Puerto Ordaz, por el balanceo de los neumáticos y todo lo que pueda venir a la vuelta de Guyana!
  • Gracias a José Luis, de Pulilavados José Luis, que nos cambió el aceite de las cajas y engrasó todos los puntos en la transmisión de la furgo. Y todo de noche, cuando ya se había retirado su madre, la que lleva las cuentas!
  • Gracias a Efrain Vega, de la finca Vigirama de Upata, por invitarnos a vender libros y exponer la historia de la Vuelta al Mundo en 10 Años en la Décima edición del Cross Country Upata 4×4 Copa Friosa. Fue escalofriante ver las torsiones y la salida de los participantes de la piscina de barro… Competencias como esta dan trabajo a muchos mecánicos!
  • Gracias a Gabriel y Germán Montiel, de SMR, Puerto Ordaz por reconstruir las protecciones de aluminio de los bajos de la furgo. Los nuevos amigos hacen magia con cualquier pedazo de fierro.
  • Gracias a Santa Claus, que se esconde bajo el nombre de Nandor Polyecsko y vive en Puerto Ordaz (no en el Polo norte), por su simpatía y por sentarse (a presión) en el asiento de la furgo para la historia de Navidad del 2008.
  • Gracias a Kike de Auto Talleres Caroni, en Puerto Ordaz, por arreglar y pintar la puerta trasera que nos regaló Gustavo… ahora abre sin tener que golpearla! Impresionante.
  • Gracias a Trini y su hijo José Luis, que tienen un taller de chapa y pintura en Castillito, Puerto Ordaz, por ayudarnos a montar la puerta en la furgo… todavía no lo podemos creer.
  • Gracias a Jesús Gamero, gerente general de Disprolacteos, distribuidores de jugos California y leche Mi Vaca, de Puerto Ordaz, por las cajas de jugos y leche que nos hicieron despreciar el agua durante un par de semanas en la Gran Sabana de Venezuela
  • Gracias a Raúl, de Raúl Helicópteros, en Santa Elena de Uairén, por cedernos un espacio para acampar junto a sus helicópteros que parten… ¡a las cinco de la mañana! ¡Cómo se mueve la furgo!
  • Gracias a Esther Ibáñez, de Baflex en Puerto Ordaz, por los bujes de poliuretano que nos llevarán hasta el final del mundo… Con esto ya no tendrán más problemas de alineación… ¡Por Dios! ¡Ojalá! Ya les contaremos…
  • Gracias a Enrique Restrepo, por TODO, TODO, TODO y TODO. Por su amistad, por su energía a los 71 años (es un ejemplo), por sus ganas de hacer cosas, por su predisposición cuando propones un asado y por ayudarnos a arreglar lo que sea que la furgoneta necesite. Nos ofreció sus mecánicos en CAT EQUIPOS y, luego, llevar la furgo a mecánicos externos para arreglar lo que faltase. Nos robó el alma con su simpatía y su manera de tomarse la vida y los problemas. Impresionante. Que siempre sea hasta pronto, hasta luego, hasta el whisky de esta noche.
  • Gracias a Rafael Irigoyen, de CAT EQUIPOS que hace algunos años le robó una hija a Enrique, por su amistad y su entrega. Como le dijimos a Enrique, gracias por todo, y que la vida cruce nuestros caminos en Miami, Alaska, Barcelona o Buenos Aires! Gracias a su padre Gonzalo, gracias a Carlos por poner la parrilla… todos hacen un grupo especial y muy divertido.
  • Gracias a Ingo y Claudia Moosmuller, en Ciudad Bolívar, por guardarnos la furgo en el jardín de su casa mientras aprovechábamos una super oferta para volar a Canaima y Salto Angel. Tienen una agencia de turismo de atención personalizada y puedes contactarlos en www.fulldayturismo.com
  • Gracias a Lolita, Iván y Carlos León, de Anaco, por su amistad, su acogida y por malacostumbrarnos tanto!!! ¡Cuánto cariño! Tienen una veterinaria y un buscador de información en www.ubikalo.com
  • Gracias a Germán González, de Servmet, en Puerto Ordaz, por su invitación al mecánico y el almuerzo de domingo!
  • Gracias a Lilibel y a Margarita, de Caracas, por darnos una tarde hermosa en El Avila, después de un par de días para olvidar…
  • Gracias a Javier Fuentes, El Muerto 57, por su completa disposición a echarnos una mano en lo que sea en Caracas, y a su chica Idanic (mezcla de los nombres de sus padres, Ida y Nicolás, una buena manera de no pelearse por bautizar a un bebé). Nos llevó al aeropuerto, nos volvió a traer, nos regaló un GPS, organizó un encuentro con fanáticos de Land Rover, nos encontró otro amigo mecánico… y en Venezuela van…
  • Gracias a Marcial, mecánico rasta de Caracaos, tipazo, buena onda y muy buen mecánico. Si tienes algún problema con tu coche o tu 4×4, llámalo: 0412 026 9208.
  • Gracias a Hans Carlos Licht Ramírez, primo de Enrique Restrepo, en San Antonio de Táchira, por abrirnos la puerta de su galpón con habitaciones (vaya nidito de ligue) mientras renovábamos el permiso de importación temporal de la furgo en la peor aduana del mundo: tardaron 2 días, DOS DIAS, más que en Sudán!!! Vaya revolución la de Venezuela…
  • Gracias a José Abraham, alias ‘el negro’, por su amistad y por invitarnos a visitar los cayos del Parque Nacional Morrocoy, metiéndonos en una de las lanchas que salen del muelle donde trabaja. Si necesitas un guía en Morrocoy, llámale al 0414 3133323.

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01 – De Buenos Aires, hacia Alaska

La furgo de La Vuelta al Mundo en 10 Años en la Garganta del Diablo, Tilcara, Jujuy, Argentina

Hoy hace tanto calor que el asfalto se pega a la suela de las zapatillas. Las vacas se amontonan bajo las sombras amarretas de los pocos árboles que quedan en pie en la interminable, insoportable llanura pampeana y hasta el descamisado más pobre se rindió ante la evidencia: este año, los mediodías solo existen para los suicidas.

Por eso los policías que controlan la frontera entre las provincias de Buenos Aires y Santa Fe decidieron hacer turnos de veinte minutos. Mientras dos mojan las sobaqueras del uniforme controlando la ruta y el reloj, los otros dos toman mate bajo una sombrilla, junto a su patrullero. Treinta y cinco grados a la sombra, aseguraron por la radio. El terremoto que provocó el tsunami de diciembre de 2005 debe haber movido los trópicos hacia el sur.

Nada, nunca pasa nada. Los ladrones de coches ya saben que allí hay un puesto fijo y lo evitan religiosamente, no sea que en la lotería del destino les toque un policía honesto. Los jefes tampoco organizan inspecciones sorpresivas en otras curvas de la ruta. Por eso nada, nunca pasa nada. Todos mantienen el status quo.

En los meses posteriores a la dolorosa crisis de fines de 2001 en la ruta solo veías camiones, autobuses y camionetas manchadas de barro, los coches particulares casi no salían de las ciudades. Afortunadamente la situación se estabilizó y el gobierno decidió anclar la economía en la realidad: un peso no puede ser un dólar, Argentina no es Estados Unidos.

Las suelas de los zapatos del policía gordo se resisten a despegarse del asfalto. Los vehículos aminoran la velocidad y pasan el examen desganado de la sospecha. Uno, dos, tres, pasan de largo. Aquel aparece blindado, aislado del infierno en una cápsula de aire acondicionado. A esos da gusto detenerlos y hacerles bajar la ventanilla para pedirles los documentos.

Entonces, en el horizonte aparece una especie de mosca verde con ruedas. Tiene la panza plateada y parece rebotar con las arrugas de la ruta. Es una furgoneta, no puede estar bailando. El policía mira la hora, faltan cuatro minutos para ir a tomar mate. Observa que la patente es blanca, extranjeros, aire acondicionado fijo. Junta las piernas frente a un cono anaranjado, levanta la mano e indica el arcén. Lo hace todo en un solo movimiento acalorado, lento, tai chi en la ruta.

 Buenos días –saluda cambiando la sonrisa por un rigor mortis facial. Estos gringos llegan con la ventana baja, maldición, sobre la chapa podría hacer huevos fritos.

 Buenos días –responde el tipo que conduce, barba de chivo y pañuelo de colores en la cabeza.

 Permiso de conducir y papeles del vehículo por favor. ¿De dónde vienen?

 ¿Ahora? ¿O antes?

El policía deja de observar a la mujer sentada en el asiento del acompañante que baja el volumen de una música que parece gitana, y vuelve sus ojos cansados al conductor. Hace calor, tiene sed y detuvo a un hippie que hace preguntas estúpidas.

 Ahora venimos de Buenos Aires.

 ¿Adónde van? –repite por vigésima vez en el día, mientras recibe un carnet de conducir de cartulina rosa y despliega un papel blanco, un permiso de importación temporal.

 Para Alaska.

Dos segundos de delay después, el policía se separa de la furgoneta y calcula. El calor es insoportable, a él también le gustaría estar en Alaska. Pero no, en una ventana hay una lista de países, España, Francia, Suiza, comienza a leer.

 Turquía, Siria, Egipto, Sudán, Etiopía, Mozambique… ¿Usted estuvo ahí?

 Sí, los tres.

El tipo de uniforme estira la cabeza pero no ve a nadie más.

 Nosotros dos y la furgoneta, los tres cruzamos África. Y ahora vamos a cruzar América. Hasta Alaska.

 ¿Con esto? ¿Y sin aire acondicionado? –pregunta señalando a la Mitsu. –Usted está loco.

Vaya novedad. Me llamo Pablo, mi chica es Anna-la-catalana y el 20 de junio del año 2000, día de la bandera de nuestro corazón, salimos de Barcelona, España, con la idea de dar la vuelta al mundo. El proyecto era volver al lugar de donde partimos cuatro años más tarde, pero cuando lleguemos ese sitio ya no será el mismo. Y nosotros tampoco.

En los últimos seis años y medio recorrimos el sur de Europa, Oriente Medio, África de norte a sur y cruzamos el Océano Atlántico en un barquito de pesca. Veintitrés días, demasiado. Luego viajamos desde Ushuaia a Belem, donde desemboca el Amazonas, y atravesamos toda la ruta Transamazónica hasta la selva boliviana.

En este tiempo pasaron muchas, muchas cosas: se nos rompió el motor en el Sahara sudanés y junto al lago Turkana en Kenia, a ochocientos cincuenta kilómetros del mecánico confiable más cercano. Nos persiguieron elefantes y nativos armados con escopetas y palos. Entramos a la cueva del ébola y compartimos la vida cotidiana de decenas de familias de todos los orígenes, culturas y religiones posibles. En el altiplano boliviano se nos congeló el motor. En un minipueblo del desierto de Atacama elegimos al peor mecánico del mundo para desarmarlo y, después, ya no supo cómo volver a poner las piezas en su sitio. Un desastre. Nos picaron pulgas, garrapatas, mosquitos, tábanos, jejenes, putsy flies, tsé tsé, avispas, arañas, chinches, medusas y algún otro bicho aún no clasificado por la biología.

Ahora, hoy, el policía mira su reloj y se da cuenta que toca estar a la sombra. Pero no importa. Alaska… que lindo sería estar allá.

Entonces me devuelve el carnet de conducir de cartulina rosa, el papel de aduanas que certifica que la furgoneta no es una inmigrante ilegal en Argentina y, antes de alzar la mano para dejarnos continuar, dice

 Que tengan suerte. Creo que la van a necesitar.