336- Si pudieras volver a empezar, ¿cómo te gustaría que fuera tu vida? | KOH TAO, TAILANDIA

Si pudieras volver a empezar, ¿qué te gustaría hacer de tu vida?

Imagina que hoy, mientras estás trabajando, pasa un tiburón ballena por encima de tu cabeza. O una manta raya, un cardumen de miles de peces de colores o un grupo de delfines. ¿No sería un trabajo increíble?

Ahora imagina que además, mientras trabajas, tienes la sensación de estar volando. En realidad no es una sensación, es casi una realidad. Flotas, te mueves hacia arriba, hacia abajo, hacia adelante y hacia atrás. Puedes avanzar en cualquier dirección. A tus pies hay una alfombra de coral y anémonas, no un falso parquet o cemento o un suelo absurdo de cerámica.

Estás trabajando, y tu trabajo consiste en explorar, en guiar, en cuidar un mundo donde las reglas de la tierra no tienen sentido, porque estás en el mar. Bajo el agua.

¿Cuántas veces me pregunté cómo sería mi vida si pudiera empezar de nuevo? ¿Cómo sería si tuviera la información que tengo ahora, si tuviera la experiencia para tomar la decisión correcta a los veinte años sin miedo a equivocarme?

Por eso, cuando encuentro alguien que no está seguro qué camino tomar, le recuerdo que hay demasiados abogados y pocos exploradores. Que la vida es un milagro sin sentido, que debemos aprovechar el tiempo que tenemos, y que las dos terceras partes de la Tierra son agua. Que si pudiera empezar de nuevo hoy trabajaría bajo el mar, haciendo buceo.

No sé si llevaría gente a pasear por alguno de los miles de paraísos submarinos que hay en nuestro Planeta Azul, si buscaría barcos hundidos, repararía sus cascos bajo el agua, o exploraría cuevas sumergidas. No tengo idea. Sólo sé que hay mejores mapas de la Luna que del fondo del mar, y que alguien tendrá que hacerlos.

Hace unos días llegamos a la isla de Koh Tao, en Tailandia, con la idea de quedarnos un par de noches y seguir adelante. Hoy, cuando escribo esto, ya llevamos diez lunas en la isla. Yo le echo la culpa al mar y a una comunidad latina numerosa, abierta y espontánea. Chicas y chicos que llegaron a esta pequeña isla para buscar una nueva vida y se encontraron en una escuela y centro de buceo llamado Pura Vida Diving Koh Tao,

Soñadores que abandonaron un trabajo y encontraron una nueva manera de vivir. Muchos prueban aquí el buceo por primera vez y ya no lo pueden abandonar. Quedan tan enamorados que continúan haciendo cursos hasta que en unos seis meses se convierten en instructores. Y empiezan a trabajar alrededor del mundo, bajo el agua. En libertad. Exactamente lo que me gustaría hacer si pudiera comenzar de nuevo. Es lo que llamo la Universidad de Koh Tao.

Mucho mejor que ser abogado, director financiero, dentista o vendedor de lo que sea.

Si pudieras empezar de nuevo, ¿qué te gustaría hacer de tu vida?

Esta historia está dedicada a ellos. A todos los Santi, Javis, Jorges, Sonias, Carles, Alfonsos, Yolandas, Iagos, Óscar, Nahueles, Angelas y Lucías que están haciendo realidad un sueño a través del buceo. A veces hay que irse, salir y sumergirse para empezar a respirar.

‘No importaba llegar, sólo el camino. No importaba elegir el mejor, sólo uno. E importaba seguirlo ciega, febrilmente, contra males, hombres y bestias.’

El Carbonero, de Carlos Soto Femenía.

GALERÍA DE IMÁGENES

Gracias a Damián Almua por las fotografías submarinas y a Nahuel Martino por el vídeo alucinante del tiburón ballena!

INSPIRACIÓN. SÓLO HAZLO, LA PÁGINA DE PUBLICIDAD QUE ME INSPIRÓ A VIVIR COMO YO QUIERO.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en La Cucaracha, nuestra furgoneta 4×4. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 descendimos un río del Amazonas en una balsa de troncos y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo escribió 3 libros de sus viajes alrededor del mundo: El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África. Uno de ellos, El Libro de la Independencia, fue traducido al inglés: The Book of Independence. También escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros, presenta vídeos y hasta aprendió mecánica!

Pablo y Anna sirven de inspiración para un cómic de viajes creado en Boston y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y dieron charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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32- El origen del mundo según la tribu Harakmbut | PERÚ.

Esta historia la contó Walter, guía de la comunidad nativa de Shintuya, una noche a la luz de las velas mientras buscábamos la manera de conseguir una balsa de troncos para descender por el río Alto Madre de Dios.

No fue fácil llegar hasta allí. El camino de tierra que bajaba de Cusco a la selva parecía bombardeado con maldad y una rama equivocada se empecinó en buscar agua dentro del radiador de la furgoneta. No llegó a traspasar el cobre, pero se clavó. Y gota tras gota el refrigerante comenzó a manchar de verde la huella de tierra. Por suerte contábamos con estaño en polvo, uno de esos productos mágicos capaces de arreglar problemas sin que uno pueda explicarse muy bien cómo actúan…

Pero bueno, esa es otra historia.

‘Nosotros, los Harakmbut, tenemos nuestra propia historia acerca de la creación de nuestro pueblo. Es una historia que viene de hace mucho tiempo atrás y habla de fuegos terribles e inundaciones gigantescas, como jamás se han vuelto a ver.

Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, hubo un gran incendio en la selva. Un incendio maligno, que avanzaba destruyendo todo y hacía huir de sus territorios a los clanes formados por nuestros antepasados. Nada se salvaba del hambre de las llamas. Los animales, los árboles, las plantas, incluso los peces del río aparecían muertos,  flotando, hervidos en su propia agua.

Era horrible, el cielo se había cubierto de humo y la gente comenzó a creer que el mundo entero, la selva, terminaría envuelta por el fuego. Los soñadores de cada clan, ancianos visionarios que veían lo que ocurría en otros lugares a través de los sueños, alertaron a los jefes, ¡la selva se quema! ¡la selva se quema! Y los jefes decidieron reunirse.

Cuando se encontraron, y mientras discutían qué hacer, el soñador más importante notó un lorito que daba vueltas sobre ellos. Lo observó con más atención y vió que llevaba una semilla y una ramita en las patas. Entonces, habló.

          He soñado con ésta ave, el loro Jokma, que viene a ayudarnos para evitar el fuego. Hay que entregarle a una mujer. La mujer debe estar desnuda y acostada hacia arriba, mirando al cielo…

Entonces trajeron a una mujer. El loro Jokma bajaba, la observaba, pero no entregaba su semilla. Así pasaron varias mujeres, de distintas edades, todas madres o jóvenes que ya habían conocido a algún hombre. Y nuevamente, el loro Jokma bajaba, la observaba, pero no entregaba su semilla. 

Entonces el jefe de todos los clanes llamó a su propia hija, una doncella aún virgen, una niña. Cuando el loro Jokma la vió, descendió y la observó con calma. Luego de unos momentos, depositó la semilla entre sus piernas. Y rápido, rápido, comenzó a crecer un árbol nuevo, desconocido incluso para los más ancianos.

–     ¡Este árbol, enviado por los Dioses, nos ayudará a escapar de las llamas! -anunció.

Al tiempo el fuego rodeó toda la aldea, y los soñadores pidieron ayuda al árbol, que bajase su copa para poder trepar a él y salvarse de las llamas. El árbol, respondiendo a sus ruegos, bajó. Y todos los habitantes de la selva subieron a él. Todos, incluyendo a los animales que eran amigos del hombre y los que eran sus enemigos, como la serpiente y el otorongo.

Pero el fuego creció y creció, ¡arrasando con todo! Y llegó hasta la base del árbol, tan cerca que la gente sentía que se quemaba la planta de los pies. Entonces los soñadores volvieron a pedirle al árbol.

–    ¡Crece árbol encantado! ¡Crece! ¡Así evitaremos el fuego!

Y el árbol respondió elevándose con fuerza y sacudiéndose a las malas personas, que caían a las llamas. Todos, los soñadores, los jefes y la gente del pueblo, asombrados, comenzaron a cuidar al árbol que se había convertido en su protector. Les daba refugio, frutas y comida para que no murieran de hambre. Y le llamaron Wanamei, el árbol encantado.

Cuando la selva quedó arrasada, el fuego cesó. Pero empezaron las lluvias, tan intensas que provocaron grandes inundaciones.

Todo lo que empieza también tiene un final. Por eso, después de muchos meses cesaron las lluvias. Salió el sol, pero el suelo se había convertido en un pantano gigantesco y todo lo que caía en él era devorado por la tierra. Los hombres comenzaron a tirar lanzas y flechas para comprobar la firmeza del suelo, pero una tras otra desaparecían hundidas en el barro. Así fueron pasando los días, y después las semanas y los meses, todo el pueblo vivía trepado en el árbol encantado que les había salvado la vida.

Un día alguien lanzó su lanza y la punta quedó a la vista. Ese día hubo una fiesta en el árbol. Una fiesta sencilla porque tenían muy poco, pero como hacía mucho que no hacían una fiesta todos la disfrutaron como si fuera la fiesta más grande de la historia. Había esperanza, algún día podrían bajar del árbol y pisar la tierra.

Esperaron, esperaron y cada día la lanza se hundía menos. Aunque el suelo de la antigua selva continuaba embarrado, algunas familias comenzaron a bajar del Wanamei y a alejarse en distintas direcciones. Estos formaron los pueblos de los Matsiguenka, los Yine y otros que viven aún más lejos, tan lejos que ya hace tiempo que no se tiene noticias de ellos.

Los que se quedaron en el árbol y bajaron cuando la última lanza rebotó contra el suelo, fuimos los Harakmbut. Y nos quedamos a vivir aquí, junto a la selva del Manu, alrededor del Wanamei, para protegerlo como él nos había protegido a nosotros del fuego y de la lluvia.’

MÁS HISTORIAS SOBRE LA REGIÓN DEL MANU:

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y seguro que… ¡es capaz de sobrevivir a una bomba atómica! Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano, El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África, uno de los cuales ya fue traducido al inglés, The Book of Independence. Pablo también escribe artículos de viaje y aventura para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna trabaja en la edición de los libros y los articulos y hace collares y pulseras de macramé.

Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.




18- Cambio de Vida

Pablo Rey, Anna Callau y La Cucaracha

Perú, kilómetro 155.976 de la vuelta al mundo.

La vida es un accidente extraordinario. Una superproducción sencilla producto del caos. Un suceso maravilloso y excepcional tan común que ocurre casi sin que nos demos cuenta.

Algo tiene que estar mal para que la vida se haya devaluado de esta manera. Sobre todo cuando se convierte en una rutina y se disfraza en algo tan cotidiano como tomar cada mañana el bus, a la misma hora, para ir a la oficina. Es inevitable, hay que trabajar, hay que pagar la luz, el gas, el teléfono, el agua, los pañales, la escuela de los hijos, la hipoteca o el alquiler. Es posible que durante la semana entres a la oficina con la primera luz del día y, cuando vuelves a salir, observes con indiferencia que se está poniendo el sol.

Era 1999 y se acercaba el fin del milenio según los cálculos del matemático de un papa que había vivido demasiado tiempo atrás. Y eso parecía revolucionar las hormonas del planeta. Pocos profetas, videntes y tiradores de cartas pronosticaban el fin del mundo ya que no era redituable. Podías estar a favor o en contra de la importancia de los años que terminan en números redondos, pero todos estaban de acuerdo en desatar la fiesta más grande de la historia. A nosotros la fiesta nos daba igual.

Yo, Pablo, había trabajado en una de las mejores agencias de publicidad de España, Casadevall Pedreño PRG, y estaba apostando por un nuevo proyecto, El Sindicato, con el que pretendíamos hacer algo más que publicidad. La creatividad es una explosión en la cabeza que, con mucho trabajo, podría extenderse a otros campos como la creación de contenidos y productos. El límite estaba en el cielo.

Anna trabajaba en las oficinas de una promotora de conciertos. Asistir a recitales de Lou Reed, los Red Hot Chili Peppers, Maceo Parker, Iggy Pop, Molotov, grupos desconocidos y abuelitos rockeros era un aliciente para el fin de semana. Su sangre de mujer práctica triunfó desde el principio: las cosas son como son, está lo que está y lo que no hay, no hay. O por lo menos aún. Y si aparece, ya veremos. Su filosofía era vivir cada día, uno por uno. Vivía la vida fácil de la ciudad, la misma que me esperaba a la salida del trabajo.

Porque, ¿qué experiencia puede competir con tomar cafés, cervezas y rones con los amigos en el bar de la esquina? En la ciudad puedes ir a bailar, al cine y al teatro, acostarte en la playa, darte un baño de espuma, ver a la familia y pasar el fin de semana en la montaña o en un centro comercial. Puedes vivir la vidas de famosos y farsantes, huir de compras, correr detrás de algún tipo de pelota y sentir la seguridad de un trabajo estable. Y cuando todo te aburra, puedes navegar por internet o buscar algún programa en los cientos de canales de cable.

No, la vida urbana no es una mala vida: allí es fácil olvidar la posibilidad de una vida distinta, lejos del ruido y el stress.

Pero a veces la vida que aparenta ser perfecta tampoco funciona. Durante meses, cada noche, la almohada preguntaba: ¿eres feliz? Podemos engañarla una vez, pero no siempre. Yo tenía el futuro asegurado, la publicidad pagaba bien y era bueno, pero veía algún jefe gordo regodeándose con un puro en la contemplación de su barriga y me preguntaba si ese era el futuro. Una vida aparentemente feliz, satisfecha de rutinas, segura y escrita antes de haberla descubierto. Cada amanecer debería ser una sorpresa, me repetía día sí día quizás también, no ésta cara de hastío dormido y entregado que se refleja en el espejo.

¿Cómo se cambia de vida? ¿Publicas un anuncio tipo Canjeo buena vida cómoda y reluciente, en buen estado y con pocos roces, por vida inquieta y más emocionante? ¿Desapareces? ¿Compras el primer billete de avión disponible? ¿Cómo dejamos de ser nosotros y nos convertimos en algo mejor? ¿Cómo, cómo se cambia de vida?

En medio de una de esas marejadas de dudas viajé solo al sur de África, a Johannesburgo, donde nadie me esperaba. Quería sorprenderme, necesitaba sorprenderme. El primer día conocí un suizo que, en otro idioma, me mostró lo que había hecho. Parecía sencillo: durante el último año había cruzado África en un viejo Land Rover que no costaría más de dos mil euros. Ahora buscaba alguien con quien compartir los gastos. Era una vida tan cercana a los sueños y tan lejana a la realidad que, cuando volví a Barcelona y me reencontré con Anna, no pude más que decirle:

         No te traje ningún regalo de África, sólo una propuesta… ¿quieres venir a dar la vuelta al mundo conmigo?

Media hora más tarde, Anna respondió sí.

Ruta buena

Ruta mala

La vida normal, de compras durante el viaje 

El plan era tomar unas vacaciones largas, dar la vuelta al mundo en 4 años. Y volver, volver a la vida anterior, a la comodidad, al trabajo estable y a todo lo que ya no soportaba. Soñar y despertar. Pero las cosas casi nunca salen como uno las planea.

Apenas habíamos comenzado a recorrer el Asia cercana, Turquía, Siria, el mundo se sacaba la corbata y se preocupaba por la salud de su camello. La historia no se centraba en guerras mundiales con armas atómicas o genocidios raciales, sino en guerras de religión alrededor de restos arqueológicos con miles de años de erosión. Hermosas piedras gastadas. Los almacenes no presentaban carne empaquetada y aséptica como una bolsa de espaguetis, sino cabezas despellejadas de carneros con los ojos idos en su sitio. Y la gente, la gente se acercaba para preguntar con una especie de camisón llamado galabiya y un pañuelo en la cabeza acerca de tu familia.

No hablaban de bolsa ni de beneficios económicos ni enloquecían por el precio de la vivienda. Hablaban raro, eso sí, algunos tenían ganas de venderte algo, pero si te negabas te invitaban a un té. Otros nos invitaban a su casa, aunque fuéramos desconocidos, o precisamente porque éramos desconocidos y tendríamos algo nuevo que contar. Y cuando llegaba la hora de partir insistían en continuar compartiendo lo que poseían, mucho o poco, compartían lo que poseían, no lo que sobraba.

Eso ocurrió unos meses después de partir, a fines del año 2000. Desde entonces recorrimos Medio Oriente, África de norte a sur y buena parte de Sudamérica, incluyendo la improbable ruta Transamazónica. Nos persiguieron elefantes y hombres armados, nos asaltaron y robaron, peleamos por nuestra vida en la costa de Brasil y nos quedamos sin motor en medio del Sahara de Sudán, en el lago Turkana en Kenia y el Altiplano en Bolivia. Cruzamos el océano Atlántico en un barquito de pesca, convivimos en la casa de nuevos amigos de distintos países y llegamos a los extremos de cada uno de los continentes que pisamos.

Rutas argentinas

Hoy, 7 años más tarde, creemos haber superado el ecuador del viaje. En el camino nos hemos despojado de muchas cosas necesarias. Ya no sabemos muy bien cómo funciona un teléfono móvil, cada vez que agarramos uno lo sentimos frío. Hemos aprendido a usar las herramientas y las manos. Aunque a veces la echamos en falta, hemos dejado atrás la comodidad de vivir en una casa. Hemos derribado muchos prejuicios y aprendido a confiar en los desconocidos. Hemos sumado amigos en cuatro continentes y despertado en algunos las ganas de viajar. Hemos visto la muerte de cerca y aprendido a disfrutar de las cosas más sencillas. Hemos descubierto que no hay vuelta atrás. Hemos despertado y comprobado que hay otra manera de vivir la vida. No hay que comprar todo lo que te venden. Hemos empezado a cumplir nuestro sueño.

Hace poco, mientras vendíamos nuestro libro en la calle, nos preguntaron si pertenecíamos a alguna religión.

Este viaje es una historia conseguida a corazón y voluntad. No tenemos patrocinadores, ni somos herederos. Sólo queremos demostrar que cualquier sueño es realizable, basta con tenerlo, sacrificar lo necesario durante un tiempo más o menos largo y luchar hasta el final.

Nuestra vida se ha simplificado tanto que, cuando volvemos a Barcelona o Buenos Aires, la primera sensación es que el mundo está atravesando una crisis de locura. Ansiedad. Stress. Poder. Acumulación. Yo, Pablo, sólo amontono botellas viejas y antiguas. Ya tengo unas mil quinientas distintas, los amigos y la familia con armarios y altillos ocupados lo saben.

Cada uno tiene un sueño y ninguno es imposible. Unos sueñan con tener una casa propia, otros con formar una familia, tener hijos, un pene o unas tetas más grandes, abrir un negocio o independizarse o acabar una carrera. Nunca es demasiado tarde.

Nuestro sueño es viajar, dar la vuelta al mundo, comprender. ¿Cuál es el tuyo?

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