137- Haciendo el King Kong | UGANDA.

La Vuelta al Mundo en 10 Años - Viajeros4x4x4

Los niños siguen siendo niños sin importar la religión, la política, la pobreza o la violencia que pueda rodear su mundo. Una parte fundamental e invisible se resiste a una realidad que puede ser cruel. Pueden perder la inocencia pero no las ganas de jugar ni de hacer el payaso.

Por eso un tercio de los niños que nos cruzamos en el camino sonríe y saluda cuando la furgo avanza por la ruta. Otro tercio es tímido. En cambio el último tercio se cree King Kong, Rambo o Bruce Lee. Imitan de forma despiadada los movimientos de los grandes gorilas o las manos afiladas de las películas chinas que ven desde la puerta de chozas con antena parabólica reconvertidas en cines irregulares. La sesión es continua y afuera siempre hay alguien que cobra una entrada mientras te dice la programación de corrido. Ahora hay una de Jackie Chan, luego viene una con Van Damm, después el noticiero de la CNN y a las diez comienza La invasión de las tarántulas mutantes. Si tienes suerte y la choza está medio vacía, puedes conseguir un espacio en una banqueta de madera compartida, la envidia de los niños que no consiguen colarse.

Por ejemplo, en esta fotografía tenemos una niña tímida, un King Kong, un Rambo simpático y otro que comienza a darse cuenta que jamás podrá ser como cualquiera de los luchadores del cine. Mientras tanto, la herida de su pierna, rojo tierno sobre piel negra, duda entre infectarse o sanar frente a la iglesia de San Kizito, en Bujagali, Uganda.

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Esa es la historia que hay detrás del momento en que tomé la fotografía de los niños, muy cerca de los rápidos de Bujagali, a pocos kilómetros del nacimiento del Nilo, Uganda. Haz click en la fotografía para ampliarla. El texto es un extracto de ‘El Libro de la Independencia’ de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años, y dice:

Somos extraños, vestimos de otra manera, nuestro rostro pertenece a otro lugar. Nuestra historia tomó otro camino: la acumulación de sacrificios, casualidades, ritos, crisis, mudanzas, nacimientos inesperados, asesinatos y alegrías que desembocaron en nosotros es tan largo como el suyo. Nos separamos en algún momento de la historia y hoy nos volvemos a encontrar.

Para ver más fotografías dispara aquí.





69- Lugares para conocer antes de morir: Catarata Kaieteur, Guyana

Kaieteur enorme, brutal. Guyana

(viene de Caminando por la selva de Guyana)

Desde lejos Kaieteur no impresiona. Parece una catarata más, una catarata clásica, de esas de postal, de las que hay en todos los países. De esas. Más de lo mismo, agua que cae de arriba para abajo. Más locales que hablan de su catarata con orgullo, como si fuera la única del mundo.

Pero a medida que caminas sucede algo extraño: no llegas nunca. Te acercas pero no alcanzas la orilla, caminas pero el salto continúa agrandándose, haciéndote sentir cada vez más pequeño. Avanzas, esquivas los brazos verdes de una bromelia, una planta gigante con nombre de tía antigua, una superviviente de la megalomanía biológica. Tentáculos largos, bigotes. Allí delante encuentras un espacio vacío, te asomas al abismo e inmediatamente das un paso atrás: los árboles del fondo parecen repollos enanos.

Entonces algo te paraliza sobre una piedra que se estira desafiando la ley de gravedad. Estás en medio de la selva, sobre el mirador del Tarzán de Johnny Weismuller. Parpadeas, te has convertido en una hormiga. Una pequeña garrapata entre las grietas de la piedra más vieja del mundo.

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Dicho de otra manera: al lado de Kaieteur, eres insignificante.

El agua, mucha agua, demasiada agua, pierde el equilibrio junto a tus pies y cae 226 metros hasta reventar contra las rocas escondidas del abismo. Doscientos veintiséis metros. Allí hay una explosión permanente, un big bang de agua pulverizada despedida a la velocidad dolorosa de la confusión. Estás allí, existe, pero todavía necesitas que alguien te patee el culo para asegurarte que esto no es un sueño. Que estás despierto.

Arriba, ranas doradas que viven en un estanque natural dentro de la misma bromelia. Y gallitos de las rocas, rojos como chavistas venezolanos, como neocomunistas melancólicos entre las ramas de un mundo verde.

Abajo, al fondo de la grieta, un enorme arco iris se levanta en el aire para saltar las orillas con los colores más hippies de la naturaleza. Y en el medio estás tú, sentado en la orilla del mundo, con los pies colgando que se balancean con el viento.

El espectáculo es hipnótico, un circo natural que te llama, que te ata una cuerda invisible en las tripas y te pide que saltes, con la certeza que el vapor detendrá la inercia y podrás volar. Acompañar a los pájaros que se lanzan en un vuelo kamikaze, suicida, perpendicular, hacia una caída vertiginosa siguiendo la corriente del agua.

Y a mitad de camino las aves vuelven a sorprender, a quebrarse en un nuevo ángulo recto y a sumergirse en el hueco oscuro que aguarda detrás de la catarata. Sí, la misma catarata desbordante de taninos que continúa cayendo, para volver a acumularse, extenuada y llena de moretones, toda negra y encauzada, en el fondo del valle. Allí, a doscientos veintiséis metros.

De todas las grandes cataratas del mundo, Iguazú, Victoria, Niágara y Nilo Azul, Kaieteur es la gran desconocida. La única en donde puedes permanecer en la más absoluta soledad durante varios días. Sin ruidosos grupos turísticos. Sin puestos de Coca Cola. Sin souvenirs de plástico. Solos en la naturaleza, como debió ser en el principio de todo.

No hay ruta para llegar a Kaieteur. Sólo puedes acercarte caminando en un trekking a través de la selva (4 días), en bote con motor desde Pamela Landing (1 día), o en avión (1 hora). Los precios para este viaje espectacular los podrás encontrar en www.rftours.com

Gracias a Frank Haralsingh, de la Guyana Tourism Authority, que nos dió todas las facilidades para recorrer el país menos conocido de Sudamérica, y a Frank Singh, director de Rainforest Tours, que nos invitó a uno de los tours más espectaculares del continente: un trekking de varios días a través de la selva de Guyana hasta la desconocida catarata Kaieteur. Inolvidable.

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