304- QUÉ LLEVAR EN LA MOCHILA | Guía para viajar con poco por el Sudeste Asiático

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Después de 15 años viviendo en la ruta en una casa con ruedas llamada La Cucaracha, decidimos asumir un nuevo desafío: dejarla. Queríamos viajar por el Sudeste Asiático con la mochila más pequeña que pudiéramos armar.

Ya habíamos abandonado nuestra furgoneta 4×4 en otras ocasiones para saltar a Cuba, a las Islas Galápagos y a Trinidad y Tobago con poco equipaje por algunas semanas. Esta vez queríamos vivir con lo mínimo durante cuatro meses, sabiendo que en Tailandia, Vietnam, Laos o Camboya el alojamiento era barato, la comida era barata y que, si todo iba bien, podríamos reemplazar nuestra furgoneta 4×4 por una o dos scooters usadas, que revenderíamos antes de abandonar la región.

Esperamos que esta lista con todo lo que llevamos en las mochilas te sirva para planear tus próximas aventuras, o para ver cómo nos organizamos y utilizamos lo poco que llevamos. Por cierto, también incluimos el material de trabajo, como el ordenador portátil, la cámara Canon, una lente y un disco duro.

Por cierto, las dos mochilas pesan 5 kilos cada una.

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EQUIPAJE BÁSICO

  • 2 mochilas chicas, de aproximadamente 20-25 litros cada una.
  • 1 bolsa impermeable (para cubrir una mochila cuando llueve y para proteger la mochila que enviamos a la bodega del avión)
  • Pasaportes (con un mínimo de 6 meses de validez al entrar al último país)
  • Carnets de conducir de España (si quieres, puedes sacar el carnet de conducir internacional, pero no es obligatorio)
  • Carnets de vacunación internacional (sí, el amarillo)
  • Carnets PADI (indispensable si vas a bucear)
  • Unas cuantas fotos carnet para los visados de Laos, Camboya, Vietnam…
  • Cinturones de seguridad (el mejor sistema para guardar dinero)
  • 1 candado de seguridad para atar los bolsos
  • 1 bolsa estanca transparente para proteger mapas de papel o tableta bajo la lluvia
  • 1 bolsa estanca para la cámara de fotos (para protegerla de la lluvia)
  • 8 bolsas Ziploc de doble cierre de distintos tamaños
  • 1 camel bag de 2 litros (puedes usar una botella de plástico, pero la camel bag va muy bien!)
  • 1 potabilizador de agua marca Sawyer (Squeeze Water Filtration System)
  • 1 herramienta multiusos
  • 2 SPORKS (cucharas/tenedor de plástico resistente)
  • 1 linterna frontal (o usar la linterna de la tableta)
  • 2 tiras ajustables ROK (para la moto)
  • Bridas de distintos tamaños (si te vas a comprar una moto pueden ser muy útiles)
  • 1 pareo (que también sirve de toalla)
  • 1 libreta pequeña
  • 2 bolígrafos

ROPA (incluye la que llevamos puesta en el avión)

PABLO

  • 1 pantalón desmontable, 3 camisetas y 2 calzoncillos marca ExOfficio.
  • 1 bañador
  • 1 abrigo tipo chándal
  • 1 par de sandalias Teva
  • 1 par de calcetines/medias
  • 1 buff
  • Gafas de sol

ANNA

  • 1 pantalón desmontable, 3 camisetas de maga corta y 1 de manga larga
  • 1 vestido corto, playero
  • 3 juegos de ropa interior
  • 1 bikini
  • 1 par de sandalias Teva
  • 2 pares de calcetines cortitos
  • 1 buff
  • Gafas de sol

EQUIPO

  • 1 cámara de fotos Canon Rebel T3i
  • 1 lente Tamron 10-24 mm. 1:3.5-4.5
  • 1 batería extra
  • 1 cargador
  • 1 paño para limpiar la lente y 2 toallitas húmedas descartables
  • 1 memoria de 32 Gb y 2 memorias de 16 Gb
  • 1 ordenador de 11” con su cargador
  • 1 disco duro de 500 Gb
  • 1 pendrive de 16 Gb
  • 2 tabletas de 7 pulgadas
  • 1 cargador universal
  • 2 auriculares y un duplicador de audio
  • 1 cable OTG (USB-microUSB)

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HISTORIAS RELACIONADAS:

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HIGIENE

  • 2 cepillos y pasta de dientes
  • 1 envase pequeño de hilo dental
  • Sobres de champú y suavizante
  • 1 jabón pequeño para el cuerpo
  • 1 desodorante
  • 1 peine
  • 1 cortauñas
  • 1 tijera plegable muy pequeña
  • 1 papel higiénico ultracomprmido
  • Condones
  • 1 crema solar con factor de protección 30
  • 1 repelente de insectos Off Deep Woods de 71 gramos

PABLO

  • 1 espuma de afeitar de 64 gr.
  • 1 afeitadora Gillete Match 3 con 3 recambios

ANNA

  • 1 paquete de Salvaslips
  • 1 copa menstrual
  • 1 manopla de depilación
  • 1 maquinilla de afeitar femenina
  • 1 crema facial

MEDICINAS (Anna insistió, yo soy optimista)

  • 1 caja de Malarone de 12 comprimidos (en caso de malaria o dengue)
  • 3 sobres de muestra de pomada para picaduras de insectos Allegra
  • 2 sobres de muestra de pomada para ayudar a cicatrizar heridas a base de Bacitracin Zinc
  • 2 sobres de muestra de yodo
  • 4 pastillas de Alka Seltzer
  • 2 tiritas/curitas grandes, 2 medianas y 2 pequeñas
  • Tiras de sutura adhesiva
  • 2 pastillas antialérgicas (base de Cetirizina)
  • 4 dosis individuales de colirio para los ojos
  • 8 pastillas de Ibuprofeno de 600 mg.
  • 15 pastillas de Paracetamol 500

 

COSAS QUE NO TRAJIMOS PERO QUE IREMOS CONSIGUIENDO

  • Sombrero o gorra para protegerte del sol.
  • Sábanas de viaje de seda tipo bolsa.
  • Hilo y aguja.
  • Tapones para los oídos.
  • Abrigo impermeable o poncho de lluvia
  • Ropa térmica?

Iré completando el listado la medida que vayamos descubriendo qué nos faltó. Buenas rutas, y que te sirva!

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Enlaces recomendados:

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlas y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic de viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.




104- Playa de Sámara. El riesgo es que te quieras quedar | COSTA RICA

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Otra vez la hemos vuelto a embarrar. Se me mezclaron los papeles, cayó agua sobre la tinta, fumar yerba mate te hace sentir en la India. Perdimos el norte y nos quedamos en el centro. El riesgo es que te quieras quedar era el slogan de Colombia.

(¿Te acuerdas de Colombia? ¿De ese calor terrible y sofocante en la costa del Caribe? A pesar de Bracons y Cartagena y el aire fresco de las montañas y Villa de Leyva, a pesar del acento cariñoso y los desiertos absorbentes de la Guajira, no, no me hubiera quedado. Ese tufo a paramilitares que se reparten el país hacía que me doliera la mejilla. Y eso que nosotros no poníamos la jeta)

Pero, otra vez, la hemos vuelto a embarrar. No es la primera vez que nos pasa pero esta vez el agujero es más profundo, tampoco podemos salir. Porque la cabeza y el cuerpo no se ponen de acuerdo mientras vuelve a amanecer y la voluntad de partir queda enterrada en la arena de una playa casi vacía. Y el riesgo de naufragar en tierra firme, de volver a enviar todos los planes al armario de la furgoneta se convierte en algo demasiado real para jugar aleatoriamente con palabras etéreas y bonitas.

–          Esto es un puto paraíso. ¿Te das cuenta?

Playa de Sámara, Guanacaste, Costa Rica. Nueve grados cincuenta y dos siete noventa y siete minutos norte, ochenta y cinco grados, treinta y uno ocho treinta y siete minutos oeste. Hemisferio norte. Centroamérica.

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A las cinco y veintidós de la mañana, un sol rojo se levanta por detrás de los montes que se derrumban hacia el Pacífico más pacífico. La costa, erizada de palmeras, abre sus ventanas para dejar ver dos o tres bultos marrones, casas que alguien construyó en un lugar increíble. Debajo está el agua, rocas que resistirán otros miles de años el embate de las olas, una playa enorme que se deja ver cuando desciende la marea, y la isla de Chora, un coscorrón empinado que mantiene su bosque virgen intacto.

Luego la línea se sumerge y cierra la bahía vestida con un arrecife de rocas oscuras y algunos corales redondos como lunas sumergidas, picoteadas por los astronautas del fondo del mar. Cuando vuelve a tocar la orilla, a mi derecha, la costa se llama Cangrejal, aunque hace tiempo que los cangrejos desaparecieron en la olla. De Cangrejal hasta mis pies, hasta el camping Aloha, hay quinientos metros de playa y palmeras y una tropilla de caballos que a veces galopa por la orilla y un arroyo de agua dulce que esconde un pequeño cocodrilo.

Ya llevamos tres semanas aquí, en Sámara, Costa Rica, veintiún días calmos, voladores, embriagadores, entre monos aulladores que imitan a los humanos y se recuestan a remolonear colgados de una palmera.

Y estorninos azules casi negros, que cantan y carraspean como radios de viejo.

Dentro, en algún lugar de la rejilla del pueblo, pululan artesanos, rasta man, surfers y expatriados argentinos y españoles y catalanes y colombianos y canadienses y norteamericanos y franceses y alemanes y suizos, que vendieron su alma de ciudad por un lote en el paraíso.

Aquí se hacen cursos espontáneos de lo que se proponga: pulseras de hilo, tallado en madera de coco, preparación de ñoquis caseros, de caipirinhas de ron, de boomerang, de pesca con arpón, de parapente y de yoga. Se enseña a abrir cocos con machete. Se pasan noches vomitivas de San Pedro peruano. Se comparten películas sobre la arena, con música de olas. Se aprende a dejar pasar el tiempo. Volvemos a romper las predicciones de Nostradamus.

–          ¿Planes? Yo ya no hago planes. Dejo que las cosas ocurran –dice José, y se inclina frente a un altar con forma de parrilla, mientras Sebastián promete que su paramotor nos hará volar más que un cigarrillo de yerba mate.

Después de tres semanas con los pies enterrados en la arena, el problema es volver a despegar.

PD: Buenos recuerdos para Richard, que vende propiedades en Sámara; para Sebas, José y Franco, parte de la comunidad pizzera argentina e imbatibles en fútbol sala; para Olga y Carlos, catalana y colombiano, artesanos entrañables; para Tsunami Zulema, viajera argentina jubilada que recorre las Americas en su 4×4 con su perro llamado Pelé; y especialmente para la familia quebecoise, Nathalie, Réjean, Eve y Charlotte. Sin todos ellos, Sámara hubiera sido sólo otro lugar bonito.

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72- Guía para viajar al Salto Ángel, la cascada más alta del mundo

Sobre la selva hacia Canaima, Venezuela

– Kanaima significa asesino. ¿sabías eso? –pregunta nuestro guía compulsivo, nuestro pequeño dictador, un chico de la etnia amerindia Pemón pero absurdo nombre inglés. Se llama Henry, no tiene más de diecinueve años, y no es su culpa.

El agua de la laguna de Canaima permanece calma y roja mientras balancea las canoas largas con suavidad. A esta hora de la mañana ya nada es urgente, las lanchas que debían salir para el Auyán Tepuy no están y el pueblo se mantiene tan vacío como si fuéramos los únicos testigos.

Nada, en las playas no hay voces, ni gritos. Sólo permanece el cris-cris de las hojas mecidas por la brisa y el estrépito constante de las cataratas. Seis saltos alineados que bajan un escalón de piedra de quince metros. Luego del estallido, el agua vuelve a dormitar teñida con el color de la sangre. Roja de taninos, roja por los magullones de la caída, roja por la naturaleza de la tierra de los asesinos.

No puedo evitarlo: esto es un jodido paraíso.

Palmeras que crecen a ambos lados de la orilla, niños que chapotean desnudos, mujeres que sonríen con el trabajo de una lavandería sobre la cabeza, pájaros que cantan felices, hombres que empujan canoas y extranjeros invisibles. A pesar de las avionetas, la presión local para partir cuanto antes selva adentro deja el pueblo vacío. Esta arena blanca mezclada con raíces y hojas de palmera no es una posibilidad real en la mente de los extraños que llegan a Canaima. Sólo vale el Salto.

El único.

El más alto del mundo.

EL Salto.

Lo demás es parte de lo que ocurre mientras tanto.

Y es una pena, porque en el viaje a Salto Ángel, vas a estar más tiempo en movimiento que descansando. Más tiempo en el camino que en ningún otro lugar de la selva.

Aunque la ortodoxia lo desmienta, los 979 metros de caída libre convierten al Salto Ángel, en el Salto del Ángel. Es alto.

Fue descubierto en 1937 por el aventurero y aviador Jimmy Angel, un norteamericano en busca de emociones y diamantes entre las piedras más antiguas del planeta: el Escudo de Guayana. Todo cabía en el estómago de su avión, alimentos, pólvora, cianuro, espejos, herramientas y balas. Jimmy, perdido en un laberinto de versiones sobre tesoros en las cimas de los tepuyes, solía desviarse de sus rutas entre Ciudad Bolívar y los agujeros mineros de la selva.

El Salto está dentro del Parque Nacional Canaima y se derrama desde la mesa del Auyán Tepuy al valle del río Churún. El 99,9% de los visitantes llega en avión desde Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz o Caracas para un tour de 3 días 2 noches. Junto a la pista de aterrizaje siempre espera un guía para llevarte al hotel o meterte inmediatamente en una canoa ultrarrápida hacia el Salto Ángel. Da igual la hora y el plan que te hayan vendido en la agencia de turismo. Olvida los detalles.

El viaje remontando los ríos Carrao y Churún dura cuatro horas en la estación húmeda y unas diez en la estación seca, entre febrero y abril. El piloto avanza siempre a toda velocidad levantando una ola lo suficientemente alta para cubrir la selva. El nuestro era el Schumacher de todos: hay que ver cómo esquivaba las piedras y subía los pequeños rápidos el cabrón. El único problema del viaje es que durante un mínimo de cuatro horas sólo podrás mirar hacia delante, protegerte del agua que termina empapándote y… cantar (opcional).

A los pies del Salto Ángel llegas tarde, apenas dos o tres horas antes de la puesta de sol, porque las canoas también suelen partir tarde. Estás en la selva, no en la ciudad. Olvida los detalles. El guía sacará unos sándwiches de jamón y queso embolsados, una botella grande de Coca Cola tibia, y diez minutos después comienzas el ascenso hacia la base del Salto. Es más de una hora por senderos planos y abruptos cubiertos de verde.

Si soñabas con tocar la pared del tepuy, olvídalo. Una saliente de 15 metros de altura corta el paso. Lo que sí puedes hacer es chapotear en una poza de agua de ángeles, condenadamente helada, recién caída del cielo.

En Venezuela oscurece temprano y rápido, poco después de las 6 de la tarde las hamacas ya están instaladas bajo un cobertizo y encienden un generador. Diez pollos clavados sobre el fuego alcanzan para tres canoas. Durante la noche los no iniciados en el maravilloso mundo de la hamaca descubrirán con dolor algunos músculos que no sabían que existían.

A la mañana siguiente te levantas a las seis de la mañana, desayunas rápido y antes que te des cuenta ya estás sentado de nuevo en la canoa de Schumacher. Te mojas tanto como el día anterior y, desconcertado, comienzas a preguntarte si realmente viste El Salto. O si sólo lo soñaste.

No hay más. No tienes tiempo de asimilar la belleza ni la bestialidad de un salto que acaricia los mil metros.

–          ¿Qué les pareció Canaima?

–          ¿Quieres la verdad? Es hermoso, demasiado bonito. Pero hacía muchísimo que no me sentía un paquete express.

¿QUE HACER PARA QUE EL VIAJE A SALTO ÁNGEL NO SEA SOLO COMPLETAR UN SITIO, SACAR UNAS CUANTAS FOTOS PARA PROBAR QUE ESTUVISTE ALLÍ?

¿Qué hacer para quedarte, para mezclarte, para conocer un poco más, para detenerte en Canaima? ¿Qué hacer para tener recuerdos y no sólo esa sensación absurda de ser un envío urgente que hay que llevar y traer cuanto antes?

Si te gusta disfrutar de los lugares a tu propio ritmo, no hagas el tour de 3 días 2 noches a Salto Angel, a no ser que no tengas más alternativa. Por eso te proponemos:

  • Compra sólo el pasaje de avión a Canaima, 600 bolívares fuertes ida y vuelta (feb.09).
  • Llega a Canaima con algo de tiempo. Cinco días o una semana son suficientes.
  • Acampa gratis junto a las casas del Parque Nacional o búscate una habitación.
  • Lleva protector solar, ron y los chocolates que necesites. Allí todo es más caro.
  • Relájate en la laguna, uno de los sitios más hermosos de Venezuela.
  • Negocia con los boteros el precio para que te lleven hasta Salto Ángel y te dejen un par de días. Ten en cuenta que hay campamentos en ambas márgenes del río Churún y es mejor que no tengas que nadar para llegar al Salto.
  • Lleva puesta ropa impermeable durante las cuatro horas que dura el viaje en canoa en la época húmeda, o las diez que dura en la época seca (de febrero a abril). O viaja [email protected]
  • Tómate tu tiempo en la base del Salto Ángel. Es uno de los lugares más extraños y remotos del planeta. Disfrútalo.
  • Si te cansas o quieres quedarte más tiempo, cambias el pasaje de vuelta.

PRECIOS A FEBRERO 2009

El viaje, negociado en el aeropuerto de Ciudad Bolívar, nos costó unos 1100 bolívares fuertes en febrero 2009. Unos 400€ al cambio oficial, 200€ al cambio paralelo, precio total para dos personas. Transporte, alojamiento y comidas incluidos.

Entrada al Parque Nacional, que se cobra en el Aeropuerto de Canaima, 35 bolívares fuertes.

RUTA ALTERNATIVA POR TIERRA

Hay un camino fácil que se puede hacer hasta Paragua, al sur de Ciudad Bolívar. Allí hay que cruzar el río Orinoco en una chalana y continuar por una muy mala ruta minera hacia San Salvador de Paul. Los amigos rustiqueros de Venezuela nos desaconsejaron hacer la ruta, ya que necesitas neumáticos especiales, muy altos. Si sigues adelante tienes que continuar hasta Caño Negro. Allí estacionas en el terreno de la familia que te cruzará el río Paragua en una canoa. En tres horas caminando estás en Canaima.

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69- Lugares para conocer antes de morir: Catarata Kaieteur, Guyana

Kaieteur enorme, brutal. Guyana

(viene de Caminando por la selva de Guyana)

Desde lejos Kaieteur no impresiona. Parece una catarata más, una catarata clásica, de esas de postal, de las que hay en todos los países. De esas. Más de lo mismo, agua que cae de arriba para abajo. Más locales que hablan de su catarata con orgullo, como si fuera la única del mundo.

Pero a medida que caminas sucede algo extraño: no llegas nunca. Te acercas pero no alcanzas la orilla, caminas pero el salto continúa agrandándose, haciéndote sentir cada vez más pequeño. Avanzas, esquivas los brazos verdes de una bromelia, una planta gigante con nombre de tía antigua, una superviviente de la megalomanía biológica. Tentáculos largos, bigotes. Allí delante encuentras un espacio vacío, te asomas al abismo e inmediatamente das un paso atrás: los árboles del fondo parecen repollos enanos.

Entonces algo te paraliza sobre una piedra que se estira desafiando la ley de gravedad. Estás en medio de la selva, sobre el mirador del Tarzán de Johnny Weismuller. Parpadeas, te has convertido en una hormiga. Una pequeña garrapata entre las grietas de la piedra más vieja del mundo.

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Dicho de otra manera: al lado de Kaieteur, eres insignificante.

El agua, mucha agua, demasiada agua, pierde el equilibrio junto a tus pies y cae 226 metros hasta reventar contra las rocas escondidas del abismo. Doscientos veintiséis metros. Allí hay una explosión permanente, un big bang de agua pulverizada despedida a la velocidad dolorosa de la confusión. Estás allí, existe, pero todavía necesitas que alguien te patee el culo para asegurarte que esto no es un sueño. Que estás despierto.

Arriba, ranas doradas que viven en un estanque natural dentro de la misma bromelia. Y gallitos de las rocas, rojos como chavistas venezolanos, como neocomunistas melancólicos entre las ramas de un mundo verde.

Abajo, al fondo de la grieta, un enorme arco iris se levanta en el aire para saltar las orillas con los colores más hippies de la naturaleza. Y en el medio estás tú, sentado en la orilla del mundo, con los pies colgando que se balancean con el viento.

El espectáculo es hipnótico, un circo natural que te llama, que te ata una cuerda invisible en las tripas y te pide que saltes, con la certeza que el vapor detendrá la inercia y podrás volar. Acompañar a los pájaros que se lanzan en un vuelo kamikaze, suicida, perpendicular, hacia una caída vertiginosa siguiendo la corriente del agua.

Y a mitad de camino las aves vuelven a sorprender, a quebrarse en un nuevo ángulo recto y a sumergirse en el hueco oscuro que aguarda detrás de la catarata. Sí, la misma catarata desbordante de taninos que continúa cayendo, para volver a acumularse, extenuada y llena de moretones, toda negra y encauzada, en el fondo del valle. Allí, a doscientos veintiséis metros.

De todas las grandes cataratas del mundo, Iguazú, Victoria, Niágara y Nilo Azul, Kaieteur es la gran desconocida. La única en donde puedes permanecer en la más absoluta soledad durante varios días. Sin ruidosos grupos turísticos. Sin puestos de Coca Cola. Sin souvenirs de plástico. Solos en la naturaleza, como debió ser en el principio de todo.

No hay ruta para llegar a Kaieteur. Sólo puedes acercarte caminando en un trekking a través de la selva (4 días), en bote con motor desde Pamela Landing (1 día), o en avión (1 hora). Los precios para este viaje espectacular los podrás encontrar en www.rftours.com

Gracias a Frank Haralsingh, de la Guyana Tourism Authority, que nos dió todas las facilidades para recorrer el país menos conocido de Sudamérica, y a Frank Singh, director de Rainforest Tours, que nos invitó a uno de los tours más espectaculares del continente: un trekking de varios días a través de la selva de Guyana hasta la desconocida catarata Kaieteur. Inolvidable.

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Lugares para conocer antes de morir: Mana Pools, Zimbabue

Caminando junto a elefantes en Mana Pools National Park, Zimbabwe

Pocos viajeros conocen Mana Pools, uno de los parques nacionales más espectaculares de África. A primera vista parece otro retazo de bosque protegido, surcado por un gran río y salpicado con ejemplares de todas las especies de animales africanos. Sí, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pero no tiene detalles extraordinarios. No se encuentra dentro del cráter de un volcán apagado como Ngorongoro, no tiene instalaciones para observar fauna durante la noche como Etosha, ni las llanuras infinitas de Masai Mara o Serengueti, donde la épica de las migraciones atrae a decenas de miles de visitantes al año. No, el Parque Nacional de Mana Pools, ubicado al norte de la esquilmada Zimbabue, frente a la frontera con Zambia, no tiene nada de eso.

Lo que tiene Mana Pools, y en unas sobredosis desmesuradas, es adrenalina.

En Mana Pools puedes hacer algo que está prohibido en casi todos los parques nacionales africanos: caminar entre leones, hienas, búfalos y elefantes sin la escolta de un ranger. Nadie te impedirá aparcar tu vehículo a la sombra de un baobab y alejarte desarmado en cualquier dirección, hasta donde te lleven los pies o el sentido común. Esa es una decisión particular, tu responsabilidad, tu libertad, tu riesgo, tu vida. Tu locura más hermosa del día.

Mana Pools no es un zoológico. Pero si aprendes las reglas de la selva, podrás caminar entre ellos sin convertirte en el menú del día. ¿Te parece poco?

Encuentra más historias sobre Mana Pools en Adrenalina, una historia escrita para la revista Overland Journal.

Y más información sobre Mana Pools en Wikipedia

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