Dónde conseguir los libros de La Vuelta al Mundo en 10 Años.

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Ya puedes conseguir los libros de La Vuelta al Mundo en 10 Años en toda de España. Pídelos por su nombre, por su ISBN o por su distribuidora (Altaïr). Para conseguirlos en Argentina, escríbenos a [email protected]. Si vives en algún lugar del resto del mundo pídelos en Amazon.com o Kindle.

  • El Libro de la Independencia (ISBN 978-84-616-9037-4)
  • Por el Mal Camino (ISBN 978-84-615-7176-5).

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(*) Librerías Amigas de La Vuelta al Mundo en 10 Años. Estas librerías nos compraron ejemplares directamente antes de tener distribución y nos invitaron a hacer presentaciones en sus ciudades. Por eso siempre serán especiales para nosotros.

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PARA CONSEGUIR LOS LIBROS EN ARGENTINA escribinos a [email protected]

  • El Libro de la Independencia: 175 pesos.
  • Por el Mal Camino: 175 pesos.
  • Historias en Asia y África: 80 pesos.
  • Envío de un libro: 20 pesos. Los tres libros: 50 pesos. Aceptamos Paypal o transferencia bancaria.
  • Buscamos Librerías Amigas en Argentina.




213- Presentación del libro POR EL MAL CAMINO, de la serie LA VUELTA AL MUNDO EN 10 AÑOS

Pablo Rey y Anna Callau durante la presentación de su libro 'Por el Mal Camino', de la serie La Vuelta al Mundo en 10 Años, en la Librería Altaïr de Barcelona

Parece mentira que ya hayan pasado cuarenta días desde que la imprenta me entregó los primeros ejemplares del libro ‘Por el Mal Camino’.

Era el tercer libro en cinco años.

Esto iba en serio.

Había vivido los últimos siete meses escribiendo. Escarbaba en busca de la palabra perfecta, dinamitaba párrafos y alumbraba largas frases como ristras de chorizos picantes. Luego Anna sacaba el hacha, manchaba las páginas de tinta color sangre y yo volvía a empezar. Debía revivir los seis meses más difíciles de la vuelta al mundo, masticarlos otra vez, atragantarme en el mismo momento y sentir cómo mis tripas se retorcían buscando no una palabra, sino una solución.

Otra vez se rompía la furgo en medio de la nada del Sáhara de Sudán. Los zombis de dientes verdes y taparrabos nos volvían a rodear en esa ruta desolada de Etiopía para exigirnos el peaje inexistente, birrs, dinero. De nuevo me apuntaba un kaláshnikov y yo me lanzaba hacía él, con el espíritu suicida de un superhéroe de barrio que no recuerda que es de carne y hueso. Y llovía, página tras página, ¡cómo llovía! Llovía hasta que las palabras se emborronaban y se mezclaban con el barro.

Sin duda, este libro solo se podía llamar de una forma: Por el mal camino.

El ébola. Otra vez. El miedo. Otra vez. La sangre que mana del brazo herido de Anna. Otra vez. Nos acusan de algo terrible en una comisaría donde nadie habla inglés. Otra vez. Nos roban el último dinero en efectivo que tenemos. Otra vez. Ahora vuelve arriba, vuelve a empezar el párrafo.

Aquello parecía el día de la marmota. Todo se repetía. Pero no era película ni una novela. Era peor, era la vida.

Esa serie imborrable de catástrofes, errores absurdos y fracasos que nos habían atrapado en el corazón de África amenazaban con perseguirnos hasta el fin del mundo. Algunos recuerdos terminaban siendo graciosos, el tiempo lo cura casi todo y pone las cosas en su sitio. Pero otros me llevaban a revivir situaciones que hasta ese momento se habían convertido tan solo en una frase de un currículum viajero.

Se nos inundó el motor durante un diluvio junto al lago Turkana y tuvimos que hacer 800 kilómetros hasta Nairobi para buscar un mecánico. Y volver otros 800 kilómetros con él hasta la furgoneta.

Es un párrafo que se lee en menos de diez segundos, lo vives durante un mes, y tardas años en digerirlo.

‘Por el Mal Camino’, no fue un libro fácil. Los primeros comentarios dicen:

  • Joder tío, qué pasada, cuando estás puteado escribes todavía mejor (Nava, Barcelona).
  • Lo alucinante no es que hayan sobrevivido, sino que después de todo eso hayan decidido seguir adelante (Jesús, Madrid).
  • Ya estoy esperando el siguiente (Inés, Bilbao)

Estas son algunas fotografías de las presentaciones de ‘Por el Mal Camino’, que dimos en algunas de las Librerías Amigas de Barcelona y Madrid (Altaïr, Llamborda, Desnivel, DeViaje), de nuestra participación en la Fira per la Terra y de un encuentro en Vancouver, Canadá.

 

Consigue ‘Por el Mal Camino’ (ISBN 978-84-615-7176-5) en nuestras Librerías Amigas en España, en Amazon.com y en formato eBook a través de Kindle.

Si no lo consigues te lo enviamos a cualquier lugar de España sin gastos de correo. Solo tienes que hacer una transferencia a una cuenta bancaria o Paypal. Escríbenos a [email protected] y te pasamos los datos.




209- Fotografías del libro Por el Mal Camino | SUDÁN

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Sudán fue el país en donde la vuelta al mundo dejó de ser turismo y se transformó en aventura.

La rotura del motor en medio del Sahara, lejos del asfalto, fue el primer golpe que puso a prueba nuestra determinación por seguir adelante. Aquello, más que un viaje comenzó a ser un manifiesto.

Las fotografías enseñan el mal camino que sigue la orilla del Nilo desde Wadi Halfa hacia Jartum vía Dóngola. Hoy, parte de esta ruta ya está asfaltada. También hay momentos de la vida de un pueblo pequeño llamado Abri que no aparece en los mapas, de la desolación del Sahara con la furgoneta rota, su rescate del desierto y de esos desconocidos en Abu Dom y Omdurman que nos dieron una mano cuando más lo necesitábamos y se transformaron en nuestra familia sudanesa…

Estas son todas las fotografías del capítulo sobre Sudán del libro ‘Por el Mal Camino’ de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años.

Aquí comenzaron los seis meses más difíciles de los últimos doce años de viaje.

 

Encuentra todas las historias que acompañan éstas fotografías en el libro Por el Mal Camino’ (ISBN 978-84-615-7176-5), de la serie La Vuelta al Mundo en 10 Años

Consíguelo en todas las Librerías de España, en Amazon.com y en formato eBook en Kindle. 

Para conseguirlo en Argentina escríbenos a [email protected].




Viajeros del Mundo

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“Para mí, viajar es una de las extraordinarias formas de la vida. Es usar los cinco sentidos con esa astucia que se vuelve única y que sólo se agudiza cuando viajamos. También creo en los sueños profundamente; es lo único que te hace mover para lograr eso que podría ser una locura. Por eso, cuando conocí a Pablo y Anna, quise escribir sobre La Vuelta al Mundo en 10 Años”

Artículo de Isha Ibargüengoytia para La Revista, México, sobre textos de Pablo Rey

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–          No te traje nada de mi viaje… Solo una idea… ¿Quieres venir conmigo a dar la vuelta al mundo?

–          ¿Pero te has vuelto loco, Pablo?

–          Quizás un poco… Sé que es una locura, pero será una locura por lo inusual, no por lo imposible. Juntamos nuestros ahorros, alquilamos el departamento para pagar la hipoteca, compramos una furgo 4×4 usada pero en buenas condiciones… y nos vamos a la ruta…

Sentada a su lado, Anna le escucha escéptica.

–          Pellízcame… por favor…

Así fue como comenzó la idea de dar la vuelta al mundo. Antes de partir, Anna tomó un curso de mecánica; Pablo, de fotografía.

TODOS LOS CAMINOS COMIENZAN EN LA PUERTA DE TU CASA.

Pablo y Anna partieron el 20 de junio del 2000. La ruta: cruzar el sur de Europa hasta Turquía. Internarse en Kurdistán, Siria, Jordania, Egipto y Sudán. De Etiopía a Sudáfrica. Atravesar el océano Atlántico hasta Sudamérica en un barco. Partir nuevamente de Tierra del Fuego, llegar al último extremo de Alaska y volver a Barcelona a través de la autopista Siberia-Finisterre.

ISHA: ¿De dónde nace la idea de la vuelta al mundo?

PABLO: Era fines de julio y me fui al sur de África aprovechando mi mes de vacaciones. Solo había comenzado a cuestionarme el sentido de lo inevitable. Hay que trabajar, hay que tomar el bus a la misma hora, hay que entrar a la oficina con la primera luz del día y salir cuando se está poniendo el sol. Esto es lo normal, la vida es así. Yo trabajaba en el maravilloso mundo de la publicidad. Hacía anuncios, desarrollaba ideas que te ayudaban a elegir la mejor cerveza, el coche que se adaptaba mejor a tus necesidades, el hotel con los mejores servicios. Me podría haber dedicado a la poesía, pero esto pagaba mejor. Me fui esos 15 días; me sentía en una vida más sencilla mientras hacía mi viaje, como si estuviera en la edad de la inocencia; esa época en la que aún crees que todos somos libres. Pero por un instante llegó mi verdadera realidad: debía regresar, esa no era mi vida real, solo era una vida prestada, mis vacaciones. Por lo que volví al gran reino animal de Barcelona.

ISHA: ¿Cuáles han sido los momentos más difíciles que han tenido durante esta vuelta al mundo?

ANNA: Cuando estábamos cruzando el Sahara en Sudán perdimos la tapa del filtro de aire y el motor se inundó de arena. Fue muy difícil salir del desierto, y luego rescatar la furgoneta con un camión.

ISHA: ¿Qué relación tienen con el tiempo?

PABLO: Cuando viajas, cuando cambias las rutinas el tiempo parece estirarse. Es mágico. Se vive más intensamente. Sales de tu lugar, da la sensación que ocurren más cosas, cosas nuevas, a las que no estás habituado.

ISHA: ¿Qué es lo que no puede faltar en la furgoneta?

PABLO: Agua y comida, por supuesto, algunas herramientas y libros, muchos libros.

ISHA: ¿Qué país les ha gustado más y por qué?

PABLO: Colombia no estuvo mal, pero lo disfrutamos más cuando nos perdimos voluntariamente en la península de la Guajira, donde convivimos algunos días con gente de la tribu Wayuu. Fue un retorno a los orígenes, a las relaciones básicas, esas que habíamos disfrutado y nos había sorprendido durante tanto tiempo en África. Turquía, Sudáfrica, Argentina y Perú también están entre nuestros países favoritos.

ISHA: ¿Cuál ha sido el mayor de sus miedos en la ruta?

PABLO: Estábamos a punto de irnos a dormir en Argentina cuando un coche se detuvo a nuestro lado y salieron cuatro tipos que se identificaron como policías. Y se pusieron a inspeccionar la furgoneta. Esos días se había emitido por televisión la historia de un hombre a quien le habían plantado una bolsita con cocaína, y había pasado un par de años en la cárcel porque no había arreglado su situación antes del juicio. No es algo normal, pero puede ocurrir, y en el momento de la inspección me fabriqué una película de terror en la que yo era el protagonista.

ISHA: En el tema de la convivencia, ¿cuál ha sido la constante que no ha faltado para que ustedes sigan juntos en la ruta?

PABLO: Anna no viaja entre algodones. No solo es una compañera, sino un amigo del camino. Intentamos que todo sea parejo entre los dos, y si hay que bajar para pelearse, ella también baja y se pelea.

“Escribir y contar historias es mi vida y nuestro camino. Hay muchas formas de vivir la literatura y probablemente la nuestra sea de las más frescas, libres y cercanas a los jóvenes.”

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ESCRITORES EN RUTA.

Pablo y Anna van por el mundo a su ritmo, a su son. Son espectadores del escenario de la vida. Escriben al mismo tiempo que cambian de ciudad, de continente. Lo hacen con la misma afición que cualquier escritor enamorado de las palabras. Pablo ha escrito dos libros, Historias en Asia y África y El Libro de la Independencia y está por publicar otro más.

PABLO: No deseamos volver a vivir atados por las obligaciones y las comodidades de la sociedad de consumo. Lo que nos motiva es recorrer, detenernos y descubrir, comprender por qué las cosas son de una manera y no de otra, vivir otras vidas, escribirlo y compartirlo. En el camino cuestionamos los prejuicios sembrados por los medios masivos de comunicación acerca de otras culturas del mundo con las que convivimos en algún momento del viaje. Nada es completamente negro ni completamente blanco.

ISHA: ¿Qué provoca lo que hacen?

PABLO Y ANNA: La furgoneta llama la atención. Atrae aventureros de 4×4, viajeros a tiempo completo y viajeros de fin de semana, soñadores de otras vidas, escapistas de la rutina y, sobre todo, adolescentes y estudiantes que se quedan con la boca abierta cuando les contamos la historia de los Escritores en Ruta. Historias que inquietan la vida rutinaria, que presentan otras alternativas y reviven esos sueños que la realidad arrinconó en un cajón.

Más de una vez nos quedamos afónicos después de ocho días contando historias, como cuando nos cedieron un espacio en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, en Ecuador, o durante Sant Jordi en Barcelona. Nos hemos detenido esporádicamente en plazas, parques, ferias de artesanías, mercados, playas, centros comerciales y escuelas donde nos han recibido siempre con los brazos abiertos, siempre con sorpresa e incredulidad. “¿Diez años? ¡Ustedes sí que son libres!” es una de las expresiones más comunes. Sin duda, no es fácil vivir permanentemente juntos en cuatro metros cuadrados ni estar lejos de la familia y los amigos. Pero es la vida que elegimos, el precio que debemos pagar por esta libertad.

ISHA: ¿Y cómo se mantienen?

PABLO Y ANNA: Metimos nuestra vida en cajas y alquilamos nuestro apartamento en Barcelona, cuya hipoteca se terminó de pagar hace cuatro años. Vendemos nuestros libros en librerías de España y en la ruta. Escribimos algún artículo para revistas (Lonely Planet y Altaïr en España, Viajeros en Perú, Viva en Ecuador, Overland Journal en Estados Unidos…). Aceptamos la hospitalidad de desconocidos que nos alojan en sus casas, de empresas que nos apoyan con sus productos (Panama Jack, adHerma Grup, Sahara4x4…). Esto no es un viaje, es la vida, una vida sencilla, sin lujos, pero tremendamente libre. Sabemos que somos buena carne para los medios de comunicación, que nuestra historia entusiasma, que descubre nuevas perspectivas y demuestra que el trabajo y el tesón abren puertas, sea cual sea el camino elegido. La vida es una cuestión de actitud. También sabemos que atraemos mecánicos que dejarán manchas de aceite sobre algunas páginas, espíritus inquietos a quienes guiaremos en su viaje iniciático por África; jóvenes que conocerán la historia de Gareb, quien cambió nuestra percepción sobre muchas cosas cuando nos dijo: “Si te invito a mi casa es porque no te conozco”.

Todo esto es parte de la historia de los Escritores en Ruta, la historia de La vuelta al mundo en 10 años, que serán quince, que serán veinte. Ya da igual, el tiempo ha cobrado otro sentido.

“La Vuelta al Mundo en 10 Años es un camino sin patrocinadores ni límite de tiempo. Nadie nos espera, nadie nos persigue. En el camino hemos aprendido a andar desarmados entre leones y elefantes; a comunicarnos con la mirada y los gestos con personas que continúan viviendo como los primeros hombres de la humanidad.”

LOS VIAJEROS EN MÉXICO

Pablo y Anna ahora están en nuestro país. Llegaron en mayo y han estado recorriendo desde la Catedral hasta las playas mexicanas. Estarán celebrando su décimo aniversario de vida en la ruta en alguna playa del Pacífico Mexicano. Seguirán hacia Estados Unidos, Canadá y terminarán la vuelta al mundo volviendo a Barcelona a través de Siberia. ¿Cuántos años más les quedan en la ruta? No lo saben ni ellos. Pueden ser 4 años, o quizá serán viajeros de ruta toda su vida.




183- La ruta hacia el Ártico 8: Bienvenido a Deadhorse, bienvenido a Prudhoe Bay

Cartel de Deadhorse, bienvenido al norte de Alaska, final de la Dalton Highway, y de la ruta Panamericana en América del Norte

Es la una del mediodía del 25 de julio y la temperatura en Deadhorse, Alaska, final de la última ruta en el norte de Norteamérica, es de 4 grados centígrados. Lo dicen los termómetros.

Es verano en la línea del paralelo 70 norte.

Sigue nublado, como ayer y antes de ayer y como casi todos los días que recuerdo en el estado número cuarenta y nueve de Estados Unidos. Hace frío, frío del tipo maldito que se te inyecta en los huesos con hambre y se agarra desesperado pidiendo atención.

Aunque el guardia de seguridad del portón que cierra el camino hacia el norte va en camisa oficial de manga corta. No desentona, casi todos los que trabajan en este pueblo industrial levantado al filo de la orilla del Océano Ártico van en manga corta. Sí, es verano, en Deadhorse hace un frío de los mil demonios pero es verano. Y hay que vivir como en verano.

El guardia es un gordo fortachón llamado Randy, simpático a pesar de que me dice que no puedo sacar las fotos que ya saqué.

–          Todos los edificios que hay por aquí son de compañías que brindan servicios al campo petrolero de Prudhoe Bay, que pertenece a BP. Supongo que ya sabes que no puedes pasar con tu vehículo a través de la puerta.

Asiento en silencio.

–          Lo siento, son las reglas –afirma sin perder la sonrisa.

–          ¿Era igual antes de los ataques terroristas del 2001?

–          Sí, las normas son las mismas desde antes del 2001. Si te interesa llegar hasta el Océano Ártico puedes tomar el tour. Cuesta cuarenta y cinco dólares y tienes que registrarte con veinticuatro horas de anticipación para que seguridad nacional pueda investigarte. Pero la verdad, no lo recomiendo. Te llevarán por las instalaciones petrolíferas y después de un rato te enseñarán el mar. Y si quieres puedes mojar el pie en el Ártico. Nada más. Si solo quieres ver el mar, hazlo. Está a solo diez kilómetros…

Más allá de la disyuntiva personal de si es indispensable gastar ese dinero para meter el pie en agua fría, lo que encontramos en Deadhorse es casi angustiante. Deadhorse es un sitio práctico y feo, dedicado a producir dinero en una de las regiones más inhóspitas del mundo. Todos los edificios son metálicos e impersonales. Las grúas se mezclan con los camiones cisterna y las máquinas perforadoras y las camionetas todo terreno con los contenedores.

Deadhorse es uno de esos pueblos que uno quisiera que fueran distintos. Que tuvieran algo memorable, algo que te ayudara a recordarlo con satisfacción, más allá de los 100.000 kilómetros de ruta que te llevaron hasta aquí. Por lo menos, que los edificios fueran iglús gigantes, que el tipo vestido de guardia de seguridad en realidad fuera un oso blanco o hubiera barra libre de combustible.

Pero no, Deadhorse es feo y se encuentra aislado en una región que permanece con temperaturas bajo cero más de la mitad del año. Hay que pagar bien para atraer a la gente a este agujero helado. El acuerdo no es malo. Los empleados trabajan dos semanas y tienen dos semanas libres. Suficiente para tomar un taxi, que aquí tienen alas, y volar a Fairbanks o Anchorage, donde casi todos tienen un hogar cuando dejan Deadhorse.

Pienso: dos semanas y un buen sueldo dan para volar a China y volver. O a la Patagonia, o a Europa, o a África, o a donde quiera que sueñes, diez días, una vez al mes. Si te gusta viajar, no está tan mal trabajar aquí.

Luego vamos a la oficina de correos, de donde nos enviamos un par de postales a nosotros mismos. A Barcelona. Junto a la ventanilla hay una colección de fotos Polaroid, de cuando hace unos años retrataban a los viajeros con ruedas que llegaban de lejos.

–          ¿Qué hace la gente para entretenerse en invierno, además de ver la televisión y dormir como marmotas? –le pregunto a una de las dos mujeres que atienden el puesto, que se ríen.

–          En invierno, aunque no lo parezca, hay muchos más caminos que en verano. El hielo y la nieve pavimentan ríos y senderos que puedes recorrer con raquetas y motos de nieve. Puedes viajar por los bosques con trineos tirados por perros que nunca se rompen, o pescar en agujeros en el hielo, o dedicarte a la caza con rifle o a la caza tradicional con arco y flecha… siempre hay cosas por hacer. Y si no hay, te las inventas. Aquí nadie se aburre.

Tiene razón. Entonces recuerdo que una de las aficiones del invierno es apostar en primavera sobre el día y la hora en que se romperá la capa de hielo que cubre el río Yukón. En un pueblo llamado Chicken tiran cañonazos cargados de ropa interior. En la costa puedes cazar salmones con arpón. Lo hice, es fácil.

Mientras tanto la vida sigue normal en el norte del mundo, donde ese apocalipsis llamado calentamiento global parece más bien una bendición. Entonces los inviernos serán menos duros y largos. Menos blancos. Y la vida más amable, en este rincón helado del planeta Tierra.

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