307 – Delivering good vibrations around the world | PABLO AND ANNA

Delivering good vibrations around the world! Happy Valentine’s Day and lots of love from the road! | ¡Enviando buenas vibraciones alrededor del mundo! ¡Feliz San Valentín y mucho amor desde la ruta!

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On year 2000, Pablo Rey (Buenos Aires) and Anna Callau (Barcelona) quit their jobs and rented out their apartment in Spain to travel around the world during four years. Four somehow turned into fifteen. The couple, living out of their small 4WD van, a.k.a. La Cucaracha, has travelled more than 220,000 miles, passing through 60 countries, with no end in sight.

After leaving Southern Europe, these committed nomads have driven through the Middle East, Africa —from North to South, the entire American continent —from Tierra del Fuego (at the Southern tip of Patagonia) to the Arctic Ocean in Alaska, before settling in for a couple of years of discovery in North America. Getting here was no small feat. They crossed the Atlantic Ocean from South Africa to Argentina in a fishing vessel, survived elephant and Kalashnikov attacks in Africa and paddled down an Amazon river in a 6-log wooden raft. Their engine broke down in the middle of the Sudanese Sahara and froze at 15,000 feet during a very cold winter in the Bolivian Altiplano, and that’s just scratching the surface.

In 15 years they have met, shared food and stayed with some truly amazing and hospitable people. Whether in a house, hut, tent or under the stars, the take away is the same, in whatever culture, remove the dogma and indoctrination and you realize that we are all the same, one big human family living in a beautiful, albeit fragile, Earthly home.

Pablo has written three books in Spanish; one has been translated into English, Around the World in 10 Years: The Book of Independence, available at Kindle and Amazon.com. Download the first pages here!

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289- La Cucaracha, una casa sobre ruedas | OVERLAND JOURNAL

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Texto y fotografías ©Chris Collard y Pablo Rey, publicado en la revista Overland Journal, Fall Issue 2015.

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LA CUCARACHA15 años, 50 países, 330000 km, y una boda en Las Vegas.

 

Por qué queremos a la Cucaracha (©Pablo Rey y Anna Callau).

La Cucaracha tiene su propia personalidad e idiosincrasia. La hemos querido y odiado, a menudo en un mismo día. Hubo un tiempo en que soñamos con tirarla por un barranco y cobrar el dinero de un seguro imaginario. Hemos tenido unas cuantas roturas de motor importantes: en el Sahara de Sudán, en el Parque Nacional Sibiloi en Kenia, en el Altiplano Boliviano y, de nuevo, en los Andes Chilenos. Cuando rompimos las ballestas en Mozambique, manejamos casi 1000 km con éstas atadas con un alambre hasta que encontramos un repuesto usado, que instalamos como reparación permanente. Cuando el motor murió en Iquique, Chile, instalamos otro de segunda mano. Fue un gran hallazgo en un desguace. Esto fue 9 años y 200000 km atrás. Una vez que aprendimos cómo conducirla y cuidarla, La Cucaracha se convirtió en el tercer miembro de la familia y los problemas se detuvieron.

Anteriormente se llamó la Vaca (es muy pesada), el Dragón (humea mucho), la Mitsushiti (se estropeaba mucho). Encontramos el nombre perfecto, La Cucaracha, mientras viajábamos por Colombia. Al igual que las cucarachas, es pequeña, se puede meter en cualquier lugar y sobrevive a todo, incluso a nosotros.

Apreciamos que tenga el chasis corto, entra en un contenedor, la cama está siempre hecha, y podemos ver la luna a través de la ventana del techo por la noche. Hemos dormido en la Cucaracha más noches que en cualquier otra casa convencional de ladrillo en las que hemos vivido. La embarcamos dos veces: la primera vez desde Ciudad del Cabo hasta Buenos Aires (a precio de coste), y de nuevo desde la Península de la Guajira, Colombia, hasta Colón, Panamá (gratis), donde la aseguraron en la cubierta de un barco de carga boliviano llamado Intrepide. Ha sido nuestro único 4WD, y nos ha llevado hasta muchos fines del mundo.

 

La Cucaracha. ©Chris Collard

Aunque muchos de nosotros soñamos con preparar el vehículo perfecto para nuestro “gran viaje” alrededor del mundo, solo unos pocos se lanzan a la aventura para ver su sueño hecho realidad. Este es el caso de Pablo Rey, creativo publicitario que padecía un caso agudo de “hasta aquí hemos llegado”. En 1999, durante unas vacaciones por el sur de África, tuvo una visión: no volver a comprar nunca más un pasaje de vuelta. A pesar de que volvió a su casa en Barcelona, España, no le llevó mucho tiempo renunciar a su trabajo, comprar una furgoneta 4×4 y convencer a su chica, Anna, para cambiar su vida profesional por una vida de vagabundo. Esto último fue un reto. Pablo afirma, “Recuerdo la cara que puso Anna como si fuese hoy”. Ella dijo, “¿Dar la vuelta al mundo en un 4×4? ¿Cómo? ¿Con qué dinero? ¿Hacia dónde? ¿Con qué te golpeaste la cabeza?” Pablo razonó, “Casi todos los países en el mundo están conectados por alguna carretera. Entonces, casi todas las rutas del mundo empiezan en la puerta de tu casa. Es más fácil de lo que parece”.

Su objetivo inicial fue viajar durante 4 años alrededor del mundo, deteniéndose un año por continente. Pero su plan se rompió en África, donde comenzaron a tomar todos los desvíos posibles, para quedarse durante 2 años y medio. Luego cruzaron hacia Sudamérica donde pasaron dos años más, luego otros tres, hasta llegar a los siete. Actualmente, tras seis años más entre Centro y Norteamérica siguen llevando una vida nómada. Pablo y Anna se dieron cuenta de que la vida en la ruta no era simplemente unas vacaciones más largas o un escape de la realidad. La vida en la ruta era la vida real.

La Cucaracha, una furgoneta Mitsubishi L300 Delica 4WD del año 1991, no era un coche deslumbrante cuando Pablo lo compró en pesetas a fines de 1999 por el equivalente a 12.000 euros. El que iba a ser el insecto más viajero del mundo era un vehículo de segunda mano, sin modificaciones, y le faltaban casi todas las cosas que muchos creemos necesarias para salir. Tras unos pocos meses haciendo habitable el interior del vehículo, decidieron salir a la carretera y hacer el resto de las modificaciones cuando fuesen necesarias a lo largo del viaje. La defensa fue hecha a mano en Chile ($100), el sofisticado snorkel se hizo con un tubo de 3 pulgadas de acero en un taller de Bulawayo, Zimbabue ($40), y la caja de aluminio fue añadida en Buenos Aires, Argentina (gratis). La barra de arrastre amarilla (que solo han usado recientemente después de llevarla como amuleto durante 9 años) fue un regalo de un amigo chileno en el desierto de Atacama.

La transmisión de La Cucaracha sigue siendo original; algo bueno ya que Pablo admite que él no es mecánico ni pretende serlo aunque tenga que tirarse bajo su 4×4 a arreglar algo. En contraste con los roles normales hombre/mujer, Anna, hizo un curso de mantenimiento mecánico y tiene buen oído para detectar fallas. Pablo, el creativo, enfoca su energía en fotografiar el viaje, mantener el contacto en sus redes sociales y escribir libros de sus aventuras.

Pablo y Anna están convencidos que solo puedes arrepentirte de cosas que no hiciste, no de las que intentaste hacer aunque hayas fallado.

Una mirada al interior revela la personificación de la funcionalidad y eficiencia. Si lo piensas, viajar un año sí, y otro también, requiere llevar ropa y equipo para todas las estaciones. Cada cosa tiene su lugar específico, y hay un lugar específico para cada cosa. Viajan sin nevera, ya que ocuparía demasiado espacio vital. Como resultado, solo comen productos frescos. La cocina consiste en un solitario quemador de gas conectado a una garrafa de 6 litros de propano, y una caja pequeña de plástico para guardar ollas y sartenes. Bajo el colchón tienen tres cajas de aluminio de Panama Jack y un armario de madera donde guardan de todo, desde herramientas y zapatos a abrigos de invierno, comida y paquetes con los libros que van vendiendo en el camino. Echas un colchón de 3 pulgadas de espesor encima y ya tienes una cama para dos. La pala, la mesa, las sillas de camping y los fluidos están arrinconados a sus pies. En el lado de estribor hay un armario que contiene cajas de plástico con ropa (para que no se llene de polvo), comida, papel higiénico, más libros y medicinas. Al otro lado del armario, sobre la pared, hay un mapa con una línea delgada que dibuja los 15 años de viaje por el mundo de este trío.

Cambios más convencionales incluyen unos neumáticos todo terreno General Grabber AT2 y una barra de luces LED de BajaDesigns. Después de conocer a Sergio Murillo, propietario de BajaRack, en la Overland Expo, La Cucaracha encontró su camino hasta Ensenada, México, donde Sergio y su equipo construyeron un portaequipajes modular a medida, diseñado con un agujero central para tener una buena vista de los cielos a través de la ventana del techo. Levantando la lona que cubre el equipaje, aparecen bicicletas plegables, mochilas, colchonetas de camping, maletas y combustible de emergencia.

Debido a manos golosas en muchas partes del mundo, cinco de las ventanas están cerradas con planchas de aluminio, y unos candados básicos aseguran las puertas. No es elegante, pero cumple su función. Como en la mayoría de los países es ilegal poseer un arma de fuego, Pablo tiene un palo de golf estilo ninja y Anna un par de tubos de spray de pimienta. Ambos métodos han sido utilizados con efectividad.

En algún momento se dieron cuenta de que su vida en la ruta era algo más que unas buenas vacaciones más largas o un escape de la realidad. La vida en la ruta era la vida real.

Alguien se puede preguntar cómo la Cucaracha financia sus viajes. Una buena pregunta para esos que “sueñan”. La primera regla es alinearse uno mismo con humanos que no necesitan filet mignon todas las noches. La segunda es trabajar en el camino. A pesar que la mayoría del tiempo la pareja la pasa moviéndose lentamente, tomando cuantas más curvas posibles, Pablo ha escrito varios libros y es colaborador habitual en distintas publicaciones alrededor del mundo. Anna trabaja eventualmente con una promotora de conciertos de rock en España y teje pulseras y collares de macramé. Si te encuentras con ellos en la ruta, y escuchas algunas de sus historias, es seguro que termines con alguno de sus libros de aventuras bajo el brazo.

Este junio cumplieron 15 años en ruta, viviendo juntos codo a codo en una furgoneta de 5 metros cuadrados. Son nómadas verdaderos, y hace poco confirmaron su amor a la ruta (y al otro) en una capilla con drive-thru en Las Vegas. La Cucaracha, que ejerció las labores de padrino del novio, padre de la novia, damas de honor de la novia, testigo y altar (se casaron sentados dentro), ha llevado a la pareja durante más de 330.000 km a través de más de 50 países. Tiene las cicatrices de guerra de piedras voladoras en Kenia y Etiopía (locales poco amistosos o aburridos), ramas de árbol de los caminos estrechos de Sudamérica y rocas de senderos no recomendados en el Parque Nacional de Canyonlands. Ocultando las heridas hay tatuajes de pinturas rupestres de Zimbabue, serpientes Moche de Perú y bandidos durmiendo recostados en un cactus de México. Aunque vivir en la ruta no siempre es un mar de rosas, Pablo y Anna están convencidos que solo puedes arrepentirte de cosas que no hiciste, no de las que intentaste hacer aunque hayas fallado. Buenas palabras para guiarse.

Especificaciones

  • 1991 Mitsubishi L300 Delica GLX 4WD.
  • Motor: D4D56, 2.500cc, 4 cilindros diésel.
  • Cambio de marchas manual, 5 velocidades.
  • Capacidad tanque combustible/autonomía: 130 litros/1100 km (dos tanques).
  • Portaequipajes: BajaRack, customizado.
  • Suspensión delantera: barras de torsión y amortiguadores
  • Suspensión trasera: ballestas/elásticos.
  • Defensa: manufacturada en Chile.
  • Neumáticos: General Grabber AT2, OE.
  • Baterías: Optima Yellow Top (2), Red Top (1), con interruptor manual.
  • Electricidad: panel solar Goal Zero Boulder 30, inversor 300-watt .
  • Precalentador del motor y ducha exterior: Espar Hydronic D5.
  • Compresor de aire: Viair 90.

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257- Lugares para conocer antes de morir: Nueva Orleans, Luisiana, Estados Unidos

Música en la calle en Nueva Orleans. Second Line.

Una de las consecuencias de vivir mucho tiempo en la ruta, moviéndote, buscando y a veces encontrando, es que pierdes algo de la capacidad de sorpresa. Mucho de lo que ves ya lo viste en otro lugar. Las ciudades coloniales de México dejan de ser especiales después de recorrer hasta el último callejón de Antigua, Oaxaca, San Cristóbal de las Casas y el Distrito Federal; las cascadas no provocan desvíos a no ser que sean cataratas; los arcos de piedra se convierten en agujeros después de Utah y las grandes ciudades de Norteamérica… bueno, ¿para qué?

Exactamente hoy, llevamos 13 años y 9 meses de viaje, sin contar las vacaciones en nuestra vida anterior. Y eso es mucho tiempo.

El encuentro con Nueva Orleans fue algo completamente inesperado. Y no, no estoy hablando de la arquitectura del French Quarter, distinta, que es lo primero que te llena los ojos, o de los letreros en el sitio más inesperado escritos con gracia, rima y tono de negra de voz aguda. No men, no-no-no.

Hablo de algo más profundo, del arte en la vida cotidiana. La vida con música en cada esquina. El silencio de las calles vacías y antiguas roto por una guitarra. Un violín electrónico frente a la puerta lateral de una iglesia. Bares donde todavía se puede fumar, calles en las que todavía se puede beber. Artistas de la vida, buscavidas de todos los colores, vagabundos educados, músicos callejeros lanzando el anzuelo de una canción.

Nueva Orleans me recuerda a mi Barcelona de los 90, cuando tocar en la calle era un acto espontáneo y no había que pedir permiso al Ajuntament. A mi Buenos Aires que ya no existe, esa ciudad de conventillos y habitaciones inundadas de ideas, donde cualquier cosa podía suceder.

Supongo que al final Nueva Orleans es Nueva Orleans, ese lugar nuevo y viejo al mismo tiempo, esa sorpresa inesperada, ese sitio que no solo hay que visitar antes de morir. En Nueva Orleans hay que vivir antes de morir, sobre todo, antes de que cambie.

Antes de que se llene de casinos, música envasada y cosas que ya viste en otros lugares. Y se pierda para siempre.

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El viaje interminable, Lonely Planet Traveller

La Vuelta al Mundo en 10 Años, viajeros4x4x4
(Entrevista de Oriol Rodríguez, publicada en abril de 2013 en Lonely Planet Traveller)El término viajero se queda extremadamente chico para describir la odisea trotamundos de Anna Callau y Pablo Rey. Partieron de casa, en Barcelona, con la intención de pasar los siguientes cuatro años descubriendo el planeta, pero ya hace trece que su vieja furgoneta todoterreno les lleva de un continente a otro. Podéis seguir su expedición sin fin en su página web viajeros4x4x4.com, o descubrir más sobre sus aventuras en los tres libros sobre su extraordinaria epopeya transfronterera que han publicado a lo largo de este tiempo. Lonely Planet Traveller les localizó en México y charla con Pablo Rey, pero quién sabe dónde estarán cuando leáis estas líneas.¿Cómo surgió la idea de iniciar esta aventura infinita?Fue en 1999, un año que llevaba en sus genes el final de una etapa. Durante un viaje por el sur de África me di cuenta que vivía de lunes a viernes pensando en el fin de semana, y que postergábamos el sueño de viajar con excusas que nos dejaban la conciencia tranquila: “Todavía no es el momento”, “Hay que pagar la hipoteca” y “No puedo dejar este trabajo” eran las frases más usuales. La única forma de no convertirnos en viejos que recuerdan lo que no han hecho era romper con todo de forma drástica. En mi caso, el disparador fue cruzarme con un suizo con todas las rastas de Bob Marley que llevaba dos años viviendo en un Land Rover destartalado. Si él podía hacerlo, seguro que yo también, aunque no supiera nada de mecánica. Todos tenemos alguien que nos inspira a hacer algo nuevo.

La Vuelta al Mundo en 10 Años, viajeros4x4x4

Un viaje que en un principio iba a durar cuatro años pero que habéis ido alargando, alargando y ya lleváis más de una década cruzando fronteras. ¿Vuestra furgoneta ya es vuestro hogar y pequeña patria?

La idea, efectivamente, era dar la vuelta al mundo en cuatro años, que ya es mucho, pero los cuatro años se convirtieron en un proyecto de siete. Posteriormente, al sexto año encontramos un nombre redondo: La Vuelta al Mundo en 10 Años, y ahora ya da igual. A esta altura, “casa”, es casa con ruedas. Nunca estuve tanto tiempo bajo el mismo techo en toda mi vida.

Imagino que para llevar a cabo el viaje tuvisteis que dejar muchas cosas atrás, trabajo, amigos… ¿Cómo reaccionó vuestro entorno a este proyecto?

Yo ya me había ido de Argentina en 1992 y había dejado a mi familia y mis amigos de toda la vida allá. Partir otra vez fue emocionante, un nuevo salto al vacío, aunque creo que los amigos de Barcelona y Madrid sospechaban que en cualquier momento me convertiría en el amigo invisible. En el caso de Anna fue distinto, ya que ella nunca se había ido, pero su familia se lo tomó bien. “Si eso es lo que te hace feliz, adelante”, fue su comentario. Tiene mérito decirle eso a una hija.

¿Les encontráis a faltar o después de tanto tiempo ya os habéis acostumbrado a estar constantemente lejos de los seres queridos?Yo ya estoy acostumbrado a las ausencias. Supongo que para sobrevivir haciendo lo que uno quiere (en mi caso, viajar y escribir), a veces hay que construir una coraza que te proteja de tus emociones. La frase “quiero estar contigo pero no puedo porque elegí este camino” es una buena síntesis de lo que nos pasa a quienes emigramos no sólo de nuestro país, sino también de nuestros afectos. Anna extraña un poco más. Aunque nada es definitivo, siempre hay épocas para todo, épocas para extrañar y épocas para desbordar y épocas de autismo.Por el contrario, ahora debéis tener amigos en todos los rincones del planeta.Sí, eso es lo más increíble de todo. La vida perfecta sería juntar esos amigos con los que te ríes, esos amigos que te encienden y que están dispersos en Bélgica, Canadá, Argentina, España, México, Estados Unidos, Perú, Chile, Venezuela… y hacer una fiesta al mes. O una fiesta cada fin de semana. Sí, la riqueza de viajar no está solo en las piedras viejas que cuentan historias, sino en la gente que te cuenta su vida cotidiana, aquellos que te abren las puertas de su casa, los que no sólo quieren exprimir tus historias, sino que están dispuestos a compartir las suyas.

¿A qué os dedicabais antes de empezar el viaje?

Yo hacía campañas de publicidad en Madrid y luego en Barcelona. En cuatro años había ganado más de veinte premios nacionales e internacionales. Anna trabajaba en Doctor Music, una productora de conciertos de rock, y cada semana íbamos a ver una o dos bandas. Gratis, por supuesto. Ese fue nuestro punto de partida, un sitio también idílico, una vida distinta y, por qué no, buena también.

¿Y si ahora os preguntara a qué os dedicáis, qué responderíais?

A vivir más intensamente, a tener aventuras, a meternos donde nadie nos llama, a escribir…

Uno de los principales problemas para realizar un viaje interminable como el vuestro debe ser el económico. ¿Qué vías de financiación utilizáis para seguir adelante?

En el año 2000 partimos con los ahorros, un par de trabajos escribiendo historias desde el camino y una hipoteca en Barcelona. Ahora contamos con el alquiler del apartamento, que complementamos con la venta de los tres libros sobre La vuelta al mundo en 10 años en librerías de España y Argentina, los artículos que escribo cada tanto para las revistas Altaïr (España) y Overland Journal (Estados Unidos), las chapas de cerveza que vendo a los coleccionistas, las pulseras de macramé que hace Anna, las charlas y ventas de libros que organizamos en el camino… Todo aporta, todo sirve para seguir en la ruta. He vendido objetos coleccionables por internet, desenterrado cosas raras en pueblos abandonados, traficado libros y batiks y hasta… ¡volví a trabajar una temporada en publicidad en Chile!

avería de motor, bush, lejos, como salir de los problemas

¿Cómo elegís la ruta a seguir?

Viajamos para ser más libres, por eso nunca tenemos una “agenda” cerrada. Sabemos más o menos por dónde queremos pasar, pero siempre tomamos desvíos aleatorios y curvas que nunca estuvieron en los planes. Y los cambiamos. ¿Por qué crees que llevamos casi 13 años en la ruta?

Vuestro viaje huye de las rutas turísticas habituales, lo que después de trece año os debe haber llevado a vivir todo tipo de situaciones.

Creemos que un viaje sin problemas es solo turismo, algo que no está mal, pero hay un punto en que si no le agregas algo de riesgo, algo de emoción, comienza a ser un viaje para jubilados. Y todavía nos quedan bastantes aventuras por vivir antes de jubilarnos. Un viaje que solo avanza por asfalto, o de la mano de un guía, es difícil que pase más allá de la piel de un país. Para conocer un país hay que confundirse, hay que tocarlo, compartir ratos con su gente, beber con ellos, dejarte invitar a su casa, ir a los lugares alejados, a los aislados, los feos y los malolientes. Y hablando de problemas, aparte de cuatro roturas de motor en medio de la nada, sufrimos algunos robos, un asalto con Kalashnikov, me pusieron un machete en el cuello, caímos en un par de peleas callejeras, cruces ilegales de frontera, persecuciones de elefantes… La vida en la ruta es más emocionante que la vida en la ciudad.

También habréis vivido mil y una anécdotas de cariz más… divertido ¿no?

Estábamos junto a Petra, en un pueblito de Jordania llamado Wadi Musa, y necesitábamos recargar nuestra bombona de gas. Era viernes, día festivo en los países musulmanes, y por supuesto estaba todo cerrado. El encargado igual abrió el negocio y nos invitó a quedarnos en su casa. Hasta aquí, no hay nada nuevo ni extraordinario en la historia. Durante esos días que pasamos en su casa, sencilla, sin ducha, compartiendo la comida con su mujer y sus nueve hijos, nos dijo algo que se quedó grabado para siempre en nosotros: “Si te invito a mi casa es porque no te conozco”. Sin saberlo, Gareb provocó un terremoto considerable en mi escala de valores, tan occidental.

¿Y el vehículo qué tal se porta? Supongo que una de vuestras pesadillas son esas roturas de motor en medio de la nada.

Por ahora se porta bien. Lo seguimos castigando por malos caminos, pero supongo que con el tiempo aprendimos a tratarlo con un poco más de cariño. Un 4×4 no es un tanque. Igual, nada nos libra de las cuatro roturas de motor que tuvimos en los primeros 6 años de viaje: la primera en el Sáhara de Sudán a 270 kilómetros al norte de Jartum: perdimos la tapa del filtro de aire (o un gracioso la quitó, nunca lo sabremos) y el motor se llenó de arena. La segunda fue dos meses más tarde junto al lago Turkana, en el Parque Nacional Sibiloi, Kenia, a 800 kilómetros de Nairobi, durante la primera lluvia en cuatro años que… provocó una inundación. Y nosotros estábamos ahí. La tercera vez fue junto a la Laguna Colorada, en el Altiplano Boliviano, donde se nos congeló el motor, rompimos balancines al intentar arrancar y tuvimos que bajar 35 kilómetros a puro envión, sin motor, quemando frenos, desde la frontera entre Bolivia y Chile hasta San Pedro de Atacama. La cuarta rotura de motor fue junto al Salar de Pedernales en Chile: para evitar una nueva congelación dejamos el motor al ralentí toda la noche, y como era un motor viejo filtró algo del combustible no quemado hasta el cárter. Cuando por la mañana lo detuvimos, el combustible se separó del aceite. Al volver a arrancar, el cigüeñal estaba lubricado con combustible, mala idea. Finalmente tuvimos que cambiar el motor. O sea, tuvimos 4 roturas de motor en sitios completamente aislados, donde los caminos son de tierra, arena o barro, nunca de asfalto. Y no solo salimos con vida, sino con ganas de seguir viajando.

¿Si tenéis respuesta para esta pregunta, cuál es el país que más os ha sorprendido o fascinado hasta el momento?

Hay varios: Turquía, Zimbabue, Argentina, Perú, Chile, México, Cuba…

Más allá de amigos y familia, ¿qué echáis de menos?

La buena comida española, el buen vino a un precio decente, los asados argentinos que empiezan al mediodía y terminan de noche… Anna agrega la cotidianeidad de las cosas.

Este debe de estar siendo un viaje que ha cambiado vuestra visión del mundo, liberándoos de cualquier tipo de prejuicio e idea preestablecida, ¿verdad?

Es imposible quitarse todos los prejuicios de encima, los prejuicios buenos o los prejuicios malos, pero sin duda ahora somos mucho más libres, intentamos juzgar menos a los demás, y tenemos una visión más optimista de la gente y más pesimista de quienes nos gobiernan.

Desde vuestro punto de vista de viajeros constantes, ¿cómo creéis que ha cambiado el mundo en estos últimos diez años?

El mundo cambia constantemente. Siempre lo hizo. Pocas revoluciones son realmente exitosas, la mayoría parten con buenas intenciones pero terminan corrompiéndose. El dinero y el poder es un veneno que suele contaminar los ideales. El mundo jamás será perfecto, pero es el que tenemos. Hace tiempo leí una frase que pasó a formar parte de mi vida. Más o menos decía algo así como que uno no debería intentar cambiar todo el mundo, con mejorar el pedacito del mundo que te rodea es suficiente.

¿Qué recomendarías a aquellos que quieran realizar un viaje similar al vuestro, si es que esto es posible?

Que nunca salgan con una furgo 4×2, se perderían muchos sitios donde no es tan fácil llegar. Y que arriesguen. Como dice el tango Cambalache: “El que no arriesga no gana”. Y es verdad.

Si nunca acabáis ésta, ¿habéis pensado en una futura aventura?

Creo que muchas aventuras estarán incluidas en este viaje, que no terminará hasta que la furgo vuelva a Barcelona a través de Siberia. Pero sí, me acabo de comprar una bicicleta de montaña plegable y cada día tengo más ganas de sacar el carnet de conducir de motos. Y volver a hacer descenso de barrancos, espeleología y más buceo.

¿Hasta el momento cuántos países y continentes habéis visitado? ¿Tenéis calculados cuántos kilómetros habéis recorrido?

Son casi 300.000 kilómetros, en cuatro continentes y algo más de 50 países. En algunos de esos países hemos pasado más de un año, como Argentina, Chile, México… No nos interesa viajar rápido (creo que eso está claro, ¿no?), sino conocer. Y para conocer hay que detenerse más.

¿Vas a seguir escribiendo? ¿O sólo escribes libros para financiarte el viaje?

Escribir forma parte de mi vida. Trabajo escribiendo desde los 20 años, así que llevo más tiempo escribiendo que viajando. Seguiré escribiendo, sin duda, y espero terminar este año con la trilogía del cruce de África, la continuación de El Libro de la Independencia y Por el Mal Camino.

Death Valley, California, La Vuelta al Mundo en 10 Años, aventura




225- La música de La Vuelta al Mundo en 10 Años, Vol. 2

www.viajeros4x4x4.com

1.

Si se pudiera elegir una canción para escribir un currículum, yo elegiría ‘Ya no sé qué hacer conmigo’, de El Cuarteto de Nos. 

2.

’25 minutes to go’ de Johnny Cash es espectacular. Cuenta los últimos 25 minutos de un condenado a muerte. Está incluída en el álbum En vivo desde la prisión Folsom, donde Johnny Cash pasó unos cuantos años a pensión completa.

3.

‘Indios de Barcelona’ de Manu Chao. Sí, ¡también somos de la tribu de Barcelona!

4.

Brindo por el momento en que tu y yo nos conocimos, brindo por los corazones que se han roto en el camino, brindo porque esta noche un amigo paga el vino. Brindo con lo que sea que caiga hoy en el vaso, brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso…

‘Salud’, dinero y amor de Los Rodríguez ¿qué más se puede pedir?

5.

Yo no quería una vida normal, no me gustaban los horarios de oficina, mi espíritu rebelde se reía, del dinero del lujo y el confort. Y tuve una revelación, ya se que quiero en esta vida, voy a seguir mi vocación, será la música mi techo y mi comida.

Si no te gusta lo que tienes, invéntate un trabajo con lo que quieres… Con ustedes, ‘La Guitarra’, por Los Auténticos Decadentes.