335- El Mercado de las Vías del Tren de Maeklong | TAILANDIA

El Mercado de las Vías del Tren de Maeklong es uno de los mercados más sorprendentes que encontramos en 17 años viajando alrededor del mundo. Y está a sólo una hora de Bangkok.
¿Qué fue primero? ¿El tren o el mercado?

EL MERCADO DE MAEKLONG.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en La Cucaracha, nuestra furgoneta 4×4. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 descendimos un río del Amazonas en una balsa de troncos y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo escribió 3 libros de sus viajes alrededor del mundo: El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África. Uno de ellos, El Libro de la Independencia, fue traducido al inglés: The Book of Independence. También escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros, presenta vídeos y hasta aprendió mecánica!

Pablo y Anna sirven de inspiración para un cómic de viajes creado en Boston y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y dieron charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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321- Viajar al pasado en Kengtung | MYANMAR

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(viene de EL MYANMAR QUE NADIE VISITA: LA FRONTERA DE TACHILEIK)

 

Si en Bangkok me sentí parte de un futuro de plástico y oriental, apenas cruzamos la frontera de Tailandia hacia Myanmar por el paso Mae Sai-Tachileik, sentí que estaba haciendo un viaje al pasado.

Habíamos decidido intentar unir el este y el oeste de Myanmar por las rutas del opio entre Kengtung (o Chengtung, depende dónde lo veas y quién lo diga) y Taungyii, con la confianza de que el país se estaba abriendo y la confirmación de la embajada en Bangkok y Chiang Mai de que los extranjeros ya no necesitábamos permisos especiales para circular por la región. Era sospechoso no haber encontrado en Internet ninguna historia sobre las rutas del opio en esta parte de Myanmar, más allá de los tours organizados para ver las tribus de las colinas con alguna agencia de viajes local que ponía los precios en dólares. Era un objetivo arriesgado pero tentador. Podíamos ser de los primeros extranjeros en muchas décadas en tomar esa ruta, pero también existía el riesgo de quedar atrapados allí: no siempre lo que te dicen se corresponde con la realidad. ¿Cuán rápido estaría avanzando Myanmar después de tantos años de opresión y gobiernos militares?

Solo tuvimos que cruzar el arroyo contaminado y nauseabundo que hace de frontera entre Tailandia y Myanmar para llegar a otra época, a un momento más gris, analógico y de paredes viejas. Antes de continuar debo decir que me gusta encontrarme con lugares detenidos en el tiempo, donde la comodidad sea un lujo y la comunicación un desafío constante. El este de Myanmar era eso y mucho más.

Hacía mucho que no me sentía tan observado, aunque aquello era más que el hecho circunstancial de darte cuenta que había alguien distinto, o de otro lugar, caminando a tu lado. La gente, hombres, mujeres y niños, nos escaneaban de arriba a abajo, curiosos, tratando de absorber nuestros detalles. Salvo algunos abuelos, como el relojero que cambiaba pilas y correas en el bar, casi nadie hablaba un inglés decente. La única forma de comunicación era la sonrisa, los gestos y alguna que otra palabra entrecortada. Aquello no iba a ser fácil pero me emocionaba estar allí. Todos los sentidos adormecidos por años de viaje por regiones que ya conocía volvían a despertarse. Lo sentía en las tripas.

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Cada mañana encontrábamos al fumador en el mismo lugar, en la puerta del hostal de Kentung.

UN VIAJE EN EL TIEMPO

En el este de Myanmar volví a sentirme en la Unión Sovíética, meses antes de la inesperada Perestroika. Los días grises y las paredes manchadas con las pecas de la vejez y de una economía que no había funcionado, provocaron el primer viaje en el tiempo. Kengtung 2016 era como Moscú 1992. En Rusia todo era oscuro porque era invierno y porque había que hacer colas de varias horas para conseguir una barra de pan con la cartilla de racionamiento. Aquí los días son grises porque hace tiempo que nadie pinta una pared, arregla el asfalto o se preocupa por la calidad del aire. La quema de los campos durante los primeros meses de cada año para preparar la tierra para la próxima cosecha, cambia el color del cielo de todo el sudeste asiático a una especie de gris desvaído, tan tóxico como la ideología que Myanmar intenta dejar atrás. La única luz llega de la sonrisa espontánea de la gente cuando te escucha hablar mal en su idioma. Su rostro se transforma, los ojos se iluminan y la boca abierta deja ver sus dientes rojos y carcomidos de mascar betel.

Por las noches me sentí en Sudán, más precisamente en Omdurman, la ciudad separada de Jartum por el río Nilo. No, aquí no hay oraciones en árabe ni mezquitas, pero cuando cae el sol la oscuridad en las calles de asfalto y tierra es absoluta. De noche, en Kengtung, no hay electricidad. La única luz llega de los pequeños comercios y de los carros que tientan al estómago con los olores que la brasa arranca a la comida. Todos tienen un pequeño generador que trabaja sin descanso hasta que se van a dormir. O hasta que la señora de la esquina se queda sin pinchos de salchichas o de platos de Shan noodles servidos en pedazos de hojas de palmera.

Por momentos Kengtung también era Golmud, la última estación de tren en el oeste de China, donde había llegado en 1998 buscando un camino alternativo para acercarme al Tibet. Las calles polvorientas eran las mismas, la sorpresa honesta de los locales al ver mi rostro extranjero era la misma, las barberías de cuchillas ásperas y oxidadas eran las mismas y las tapas del alcantarillado flojas, que esperaban como trampas para incautos a que metieras la pata, eran las mismas. Kengtung era tantos lugares del pasado que me daba pena estar en el aeropuerto esperando un avión para irme.

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Primero estaba seria, pero cuando le dije dos palabras incomprensibles empezó a reír.

UNIR POR TIERRA EL ESTE Y EL OESTE DE MYANMAR

Lo habíamos intentado todo. Solo nos faltaba cruzar el río a nado para evitar el control policial sobre el puente de la carretera NH4. Habíamos ido a todas las oficinas preguntando cómo seguir viaje por tierra hacia Taungyii, pero siempre nos habíamos estrellado contra la pared de las autoridades que no querían que dos extranjeros viajasen por una zona inestable. Es febrero, época de la cosecha del opio; es peligroso, tendría que haberme dicho el policía de dientes blancos y negros, podridos, que no hablaba inglés. Eso lo hubiera entendido. Es tierra de los Shan, una tribu inquieta por independizarse de Myanmar, y a veces hay enfrentamientos, tendrían que haber dicho en inmigración, en lugar de enseñarme un librito donde decía que estaba prohibido.

El libro era del año 2001. No pude contenerme, les mostré la fecha y les dije: ‘esto es viejo, Myanmar está cambiando. Myanmar ya no es Birmania’. Creo que no les gustó, porque tampoco nos dieron la autorización que nos habían pedido los vendedores de pasajes en el mercado que funciona como estación de autobuses hacia el oeste, a un kilómetro y medio del mercado principal.

La única salida era el avión, lo que no dejaba de ser una aventura. Habíamos conseguido pasaje en Yangon Airways, una especie de gran tuk tuk con alas donde el último en subir se queda sin asiento. No es broma. Los asientos no están reservados, sino que cada uno se acomoda en los sitios libres que va encontrando. Y mientras caminaba por la pista hacia el avión vi el lema de la compañía pintado en el fuselaje: you are safe with us. CON NOSOTROS ESTÁS SEGURO. Ahora me quedo tranquilo.

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Iba a extrañar la rutina de los últimos tres días. Nos habíamos alojado en el hostal Winning Crown, frente al mercado principal, por 5 dólares por persona. Curiosamente también sentía que iba a extrañar al dueño, un chino de voz ronca, cortada y marcial, que utilizaba frases que terminaban abruptamente. No había duda, aquello era un punto y aparte. No habíamos entablado una amistad, pero cada vez que me lo cruzaba me arrancaba una sonrisa. Sí, era un hombre tan particular que podría haber inspirado un nuevo personaje entrañable de los Simpson, una especie de Apu oriental. Él quería hacer negocios, trabajar, y había roto la norma que impide a los extranjeros alojarse en los mismos hostales baratos que los locales.

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Vendedoras de pescado fresco alrededor del mercado de Kengtung

Iba a extrañar cruzar la calle a las ocho de la mañana para desayunar un café con tortas fritas, o café con arroz y multitud de pequeños platos en salsas olorosas en el mercado central de Kengtung. Iba a echar de menos perderme por pasillos atestados de todo, desde gallinas vivas de plumajes que no había visto nunca a sacos enormes con diez tipos de arroz; de cuerdas de esparto, cubos de latón y silbatos de tubo para atraer al macho de una especie de pato que debía ser muy nutritiva. En cualquier rincón podía aparecer algo nuevo, algo viejo, algo distinto.

Las mujeres con cestas que ocupan el centro de los pasajes más anchos habían bajado de la sierra a vender las verduras de su huerta. Son Shan, son Lahu, son de tantas tribus que no conozco… Algunas traen mandarinas, otras ofrecen pescado seco, o peces que no se rinden, que buscan provocar el milagro de respirar fuera del agua. Algunas se protegen del sol con sombreros en forma de cono, otras llevan grandes paños enrollados sobre sus cabezas y guardan una actitud dura e independiente. Muchas tienen las mejillas embadurnadas con tanaka, una pasta tradicional que usan para protegerse del sol.

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El mercado de Kengtung fue lo mejor del este de Myanmar

Más allá venden pájaros que alegran tu karma cuando los dejas en libertad. Más acá hay tres mujeres acuclilladas en el suelo en una postura imposible para un occidental. Estaba lejos, en Myanmar, pero ahora también estaba en una aldea del centro de África donde había llegado por equivocación, benditos errores; y también estaba en la cima de los Andes, en Perú o Bolivia. Pero no, estaba en Kentung, el este olvidado de Myanmar, y me estaba yendo.

Y como habíamos hecho alguna vez en el pasado, subimos al avión con varias botellas de un litro de agua, mi navaja estilo Leatherman, cortauñas y unas cuantas bridas. El escáner no funcionaba, no era importante. Los calendarios decían que estábamos en el año 2016, pero yo estaba seguro que eso era una ilusión. Allí, en aquel rincón del mundo, estábamos todavía en 1970.

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EL MYANMAR QUE NADIE VISITA, LA FRONTERA DE TACHILEIK

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y porque es capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

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311- ¿Pocos días en Bangkok? Lo que no te puedes perder | TAILANDIA (actualizada 02/2018)

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Después de unos cuantos días callejeando por esta megaurbe llegamos a una conclusión: Bangkok es la ciudad del futuro. Y no solo porque acabemos de entrar en el año budista 2561, sino por la mezcla de idiomas y orígenes, el caos, la contaminación, el abuso del plástico y los cables que cruzan el cielo como un pentagrama multiplicado por mil. Cuando salgas de la ciudad hacia tu próximo destino verás cómo siguen construyendo autopistas en todas direcciones.

Aquí están los mejores templos, mercados, centros comerciales, sitios donde ver combates de boxeo tailandés, paseos en lancha y caminatas de Bangkok. Buenos viajes!

 

TEMPLOS BUDISTAS

Sin duda uno de los mejores sitios del Sudeste Asiático donde ver templos espectaculares es el GRAND PALACE. Allí puedes ver un Buda de jade muy venerado y parte del viejo palacio real, con una sala de armas antiguas. La entrada cuesta 500 baht (15 dólares) y no hay agencias que te lo vendan más barato. Así que si se te acerca alguien con un descuento especial, es un timo. Con la entrada al Grand Palace también puedes ir a Visitar el Palacio Vimanmek: fuimos, pero no nos pareció gran cosa. Eso sí, no te pierdas la sala del trono. Tras los atentados de mediados de 2015 hay muchísimos controles de seguridad. Recuerda que Tailandia es un país gobernado por una junta militar desde el golpe de estado de mayo de 2014.

OJO! si no te gustan las aglomeraciones de gente, el Grand Palace no es tu lugar. Sabiendo esto, y habiendo sufrido a las masas siguiendo un guía que levanta un palito con un muñequito, me lo pensaría dos veces antes de ir. Y eso que llegamos cuando abre, a las 8.30 de la mañana, cuando supuestamente hay poca gente. Nosotros preferimos pasear tranquilos por otros templos casi tan bonitos como éste, pero con muchísima menos gente. Se disfruta más.

Sí te recomendamos, y mucho, que vayas al TEMPLO DE WAT PHO, donde encontrarás un Buda gigante recostados. La entrada cuesta 100 baht (3 dólares). Los pies del Buda, llenos de textos en tailandés, están en restauración. Tuvimos la suerte de ir temprano y saludar en tailandés (aprender unas palabras abre muchas puertas!) a uno de los restauradores, que nos mostró el proceso y hasta tuvimos un pedacito del talón del Buda en nuestras manos. Fue de piel de gallina. Alrededor del templo hay tantas pagodas y templos que no sabrás dónde mirar. A Anna se le iban los ojos hacia todos lados. Todo era demasiado bonito.

Otros templos interesantes son el GOLDEN MOUNTAIN, junto a la primera parada del barco que recorre el canal Saen Saep. La entrada cuesta 20 baht y recomendamos hacer la visita al atardecer ya que desde la cima tendrás una vista panorámica de todo Bangkok. La mejor es la del lado Sur-sureste, por el contraste de templos y edificios modernos recortados en el horizonte.

El GOLDEN BUDDHA (SUKHOTAI TRAIMMIT) es otro de los templos más visitados en Bangkok. Su Buda tiene una historia muy particular, ya que está formado por cinco toneladas y media de oro macizo. Sí, 5.5 toneladas de oro. Cuenta la historia que este Buda estuvo cientos de años olvidado y cubierto de yeso. Un día, durante un traslado rutinario, la figura se golpeó, el yeso se quebró, y el Buda dorado apareció. La entrada cuesta 40 baht (1 euro).

El WAT INTHARAWIHAN es un Buda gigante que está de pie. Está cerca de Samsen Road y vale la pena visitarlo por lo menos para ver de cerca el tamaño de sus pies. Si te gustan las momias tipo Lenin, o mejor dicho, los seres humanos embalsamados, un pequeño templo guarda el cuerpo embalsamado de un monje. Está dentro de una urna de cristal.

Si al atardecer estás cerca del río Chao Phraya, tómate un barco hasta la parada N.8 Tha Tien. En el embarcadero hay un bar restaurante muy modesto, con un balcón sobre el río y vistas al WAT ARUN, uno de los templos más representativos de Tailandia, que aparece en todas las monedas de 10 baht. Verás cómo a medida que va oscureciendo le salen los colores al templo, literalmente. Es mágico.

CÓMO VESTIR EN UN TEMPLO BUDISTA. Lo primero que tienes que saber es que tu calzado lo tienes que dejar en la puerta y entrar descalzo. En Tailandia puedes usar calcetines (medias), pero en Myanmar no. Nosotros siempre llevamos una bolsa para guardar las sandalias por si queremos salir por otra puerta, y un poco por seguridad. No conocemos ningún caso de alguien a quien le hayan robado el calzado, pero tampoco queremos ser los primeros. En los templos budistas también está prohibido enseñar demasiada piel. En el Grand Palace y los templos ligados a la monarquía tailandesa no puedes entrar ni siquiera con pantalones cortos. En el resto de los templos verás carteles que indican que están prohibidas las camisetas con tirantes, fumar, beber alcohol o darse besos en la boca. Es un aviso para occidentales besucones. Es lo que hay.

Enlace relacionado: TIPS PARA ENTENDER EL SISTEMA DE AUTOBUSES, TUK TUKS, LANCHAS PÚBLICAS Y TAXIS DE BANGKOK.

 

MERCADOS FLOTANTES

Si quieres comer bien y barato te recomendamos el Mercado Flotante de Talingchan, una de las mejores visitas que hicimos en Bangkok. Teníamos ganas de explorar los canales que hay más allá del centro de Bangkok, pero no hay lanchas públicas que vayan por allí. Estábamos a punto de pagar un tour privado (o chárter boat) de una hora con unos belgas (5 pasajeros, 1000 baht, 30 dólares), cuando nos enteramos en el Bangkok information Center que los sábados y domingos hay tours colectivos en lancha a precio local desde el Talingchan Floating Market. Cuestan 99 baht (3 dólares) por persona.

Nosotros tomamos el tour de los 3 mercados flotantes, Talingchan, Klonglatmayom y Watsaphan. Sale a las 9:45 horas, dura 3 horas y fue genial, ya que pudimos ver la cara de los barrios fluviales de Bangkok e ir picoteando cosas ricas cocinadas en botes por mamitas tailandesas. Quienes vivan en Buenos Aires o hayan estado allí, y se hayan dado una vuelta por El Tigre, bueno, nada que ver, pero como dicen aquí: Es SAME SAME BUT DIFFERENT.

Otros tours que puedes contratar en el Mercado de Talingchan son:

  • Templos e invernadero de orquídeas. Sale a las 10:30, dura 3 horas y cuesta 100 baht. Sábados y domingos.
  • Templos y Casa de Artistas y actuaciones de títeres. Sale a las 13:15, dura 2h30’ y cuesta 100 baht. Solo sábados.
  • Tour del canal. Sale a las 14h, dura 1 hora y cuesta 60 baht. Sábados y domingos

La forma más barata de llegar hasta el mercado de Talingchan es tomar el bus 79, que para en ambos extremos del puente Phra Pinklao (cruza el río Chao Phraya). Puedes llegar hasta allí en una lancha colectiva, hay parada. Como el bus no llegaba nunca tomamos un taxi que nos costó unos 80 bahts (2,5 dólares), que compartimos con una pareja de canadienses. Casi nada. Recuerda: los taxistas son muy vivos, ¡insiste en que te pongan el taxímetro!

Si te interesan las embarcaciones curiosas, date una vuelta por el Royal Barge Museum. Está a diez minutos caminando desde el puente Phra Pinklao y la entrada cuesta 100 baht (3 dólares).

 

MERCADOS Y SHOPPING CENTERS

El MBK Shopping Center es uno de los más conocidos y visitados de Bangkok. La parada W1 (National Stadium) del Sky Train está al lado. También puedes llegar en transporte público fluvial por el canal de Saen Saep, parada 23 (Ratchatewi). En el MBK encontrarás casi de todo, excepto equipo de camping y de montaña. Los miércoles de 18 a 20:30 hs. hay combates gratuitos de Muay Thai o Boxeo Tailandés en un ring instalado frente a la puerta principal (ver más abajo!). Si quieres descansar en el quinto piso tienen una sala VIP para extranjeros. Tienes que presentar tu pasaporte y podrás disfrutar de WiFi, sofás mullidos, enchufes, mesas, café, galletitas y hasta baño ducha!

Chaktuchak es el mercado de los fines de semana de Bangkok. Es bestialmente grande. Encontrarás desde animales enjaulados a fundas de almohadones, platos, paella, ropa y, sobre todo por la tarde, muchos chinos buscando las rebajas de última hora. Se llega con el SkyTrain, bajando en la parada Mo Chit. Si entras por la Gate 2, verás un lugar de comida con un chef gordote preparando paellas gigantes en la puerta del negocio. Es Fernando, un español de La Rioja que ha encontrado su nicho de mercado y lugar en el mundo trabajando solo los fines de semana. Vende porciones de paella como churros, a 150 baht (5 euros) la ración, y siempre hay cola para comprar y gente sacando fotos. Su récord son 17 paellas en un día. Si vienes de España, no es la paella que tú y yo conocemos, es una adaptación a la tailandesa. Pero a los asiáticos les encanta. En la zona de peces vas a ver ranas, anfibios y hasta gambas de color rojo, blanco y azul. En algún puesto de comida también podrás probar insectos, cucarachas y gusanos salteados. Un snack delicioso para paladares chinos y tailandeses.

El Pantip Plaza es el centro comercial especializado en todo lo que tenga que ver con informática. Allí tienes ordenadores, teléfonos, tabletas, accesorios y gente que arregla ordenadores. Eso fue lo más importante para nosotros, ya que nuestro ordenador dejó de funcionar en Ayutthaya y decidimos volver a Bangkok para buscar un sitio donde arreglarlo.

ANTIGÜEDADES. En los alrededores del mercado de Chatuchak hay varias tiendas de antigüedades e incluso puestos en la calle con artículos para coleccionistas. Hay un edificio con varias tiendas frente a la estación de Kamphaeng Phet. Y si viajas en el Sky Train y te bajas en Saphan Khwai, encontrarás montones de puestos en las aceras con botellas, monedas, tabacos, objetos antiguos y relicarios con imágenes de Buda, que es lo que colecciona la gente por aquí.

EL DATO: BANGKOK INFORMATION CENTER. Todos conocen a las oficinas de turismo de Tailandia por sus siglas T.A.T. La oficina de Bangkok junto al río Chao Phraya y bajo el puente Somdet Phra Pin Klao es de las mejores oficinas de información que nos encontramos durante el viaje. Saben de todo y tienen ganas de ayudar.

 

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RECORRIDO POR LA ORILLA DEL RÍO CHAO PHRAYA

Nos gusta mucho caminar, por lo que mirando los mapas nos inventamos recorridos que nadie recomienda, pero que siempre traen descubrimientos. Para guiarnos usamos la aplicación MAPS.ME (alrededor de 3 o 4 dólares en Google Play). Descargamos en la tableta el mapa del país que vamos a visitar (tiene mapas de todo el mundo) y lo usamos offline, sin conexión a internet. Hoy casi todas las tabletas traen GPS, por lo que es muy fácil saber dónde estás. Más allá del calor, este recorrido nos gustó mucho.

Cruzas el río Chao Phraya para ver el templo de Wat Arun. No entramos porque estaba en restauración, pero la entrada cuesta unos 50 baht (1,3 dólares) y es uno de los más hermosos de Bangkok. De allí caminas por las callejuelas hacia la parte de atrás, cruzas el Khlong (canal) Bangkok Yai por el puente y vuelves a la orilla, donde encontrarás otros templos budistas chinos, con más Budas gigantes, poco visitados y gratuitos. Desde el Templo Kudi Chin hay una pasarela para caminar por la orilla del río hasta el puente Pathom Borommarachanuson (sí, es así de largo). En el camino pasarás por delante de un templo chino muy antiguo y casi olvidado, el Kuan An Keng Shrine y la Iglesia de Santa Cruz. Hay muy pocos turistas y el contraste es muy interesante.

Cruzas caminando el puente del nombre largo sobre el río Chao Phraya hasta el Yodpiman Market Riverwalk, o mercado de las flores. Antes de entrar encontramos un puestito con zumos riquísimos a 20 Baht (tomamos cuatro). Déjate perder por los pasillos laberínticos y podrás ver a la gente haciendo arreglos florales para las ofrendas, fábricas de hielo, puestos de frutas, verduras, comida y dulces. ¡Nos encantan los mercados!

El recorrido termina allí, pero si te va la marcha puedes seguir hasta el mercado de amuletos, el Tha Phra Chan. Está entre la Universidad Thammasat (¡ve a comer en el comedor de la universidad: es bueno, bonito y barato!) y el centro comercial Tha Maharaj (en SuperRich tienen el mejor cambio de Bangkok, por si quieres aprovechar para cambiar dinero). Es interesante darse una vuelta por el mercado de amuletos y preguntar a algún vendedor por los productos que ofrece. La mayoría son para protección. Quise averiguar si había alguno para los viajes, pero me decían ‘¡Todos sirven para los viajes! ¡Todos!’ Mmmmm…

Si todavía quieres caminar un poco más, allí cerquita está el Museo de Siam. La entrada cuesta 200 Baht, está abierto de 10 a 18h, y a partir de las 16h es gratis. Tiene aire acondicionado (importantísimo) y es interesante para comprender algo más sobre Tailandia, pero no es imprescindible. Por cierto, todos los museos de Bangkok están cerrados los lunes.

 

CHINATOWN

Bangkok es una ciudad muy segura de noche, por eso decidimos ir caminando desde el centro hasta Chinatown. Salvo la rata bilingüe que se cruzó en nuestro camino y nos saludó en chino y tailandés, no pasó nada digno de mención.

En realidad, Chinatown es otro mundo dentro de Bangkok. La calle es un loquero de bocinas, puestos de comida, humo y tiendas que vale la pena conocer. Habíamos leído acerca de un sitio llamado Lek and Rut donde la comida era buena y barata. Bueno, no fue exactamente así. La comida no estaba mal (aunque tampoco era nada del otro mundo), y era barata en relación con los precios de Europa. Si quieres comer barato, ve al Mercado Flotante de Talingchan.

A la vuelta tomamos nuestro único tuk tuk de Bangkok, a la Samsen Road por 80 baht. Eso sí, caminamos un poco para salir del bullicio. A más gente y más turistas, los tuk tuks son más caros y más duros de negociar.

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Chinatown en Bangkok

Enlace relacionado: DÓNDE DORMIR BARATO, COMER BARATO Y OTRAS CLAVES PARA DISFRUTAR BANGKOK.

 

LA FIESTA

Si extrañas salir de fiesta en una calle que intenta parecerse a algo que viste alguna vez cerca de tu casa (sí, cuando estabas [email protected]), tu lugar es Khao San Road. Allí encontrarás más occidentales que asiáticos por metro cuadrado, mucha cerveza, insectos para probar cuando ya no recuerdes quien eres, y fiesta hasta bien entrada la noche.

 

MASAJE TAILANDÉS

En Bangkok probamos por primera vez el masaje Thai. Los verás por toda la ciudad, y suelen cobrar 200 baht (6 dólares) por hora. Nosotros fuimos al Baan Sabai Thai Massage, que queda en el número 46 de la Soi Samsen 6, muy cerca del hostal donde paramos. Si has estado caminando duro, te sentará muy bien.

 

MUAI THAI (BOXEO TAILANDÉS)

Una de las cosas que más nos gustó de Bangkok fue descubrir el Muai Thai o Boxeo Thailandés. No nos gusta la violencia, ni el boxeo, pero vimos varios combates en el centro comercial MBK y nos encantó el ritmo de los boxeadores (parece que bailan), sus rituales antes de iniciar las peleas, y la forma en que se abrazan y respetan al final de la lucha. Incluso se sonríen. No sé si pensarán ‘te voy a romper la crisma’, pero nos gustó.

Después de esta introducción quisimos ir a ver un combate en el Ratchadmnoen Boxing Stadium, donde nos habían recomendado huir de los asientos para extranjeros y buscar los más baratos, junto a los corredores de apuestas. Parece que ahí está el espectáculo alternativo. Pero el día que fuimos estaba cerrado. El estadio solo abre los días lunes, miércoles, jueves y domingos, y los combates comienzan a las 18.30 hs. Los precios varían entre 500 baht (15 dólares) y 2000 baht (60 dólares), al costado del ring.

 

VISADO DE MYANMAR EN BANGKOK

La embajada de Myanmar en Bangkok está en Surasak. Si estás alojado en la zona de Samsen Road puedes llegar en transporte fluvial. Bajate en Sathom, y de allí puedes caminar. Está a solo 10 minutos siguiendo el recorrido del Sky Train. Para el visado te pedirán fotocopia del pasaporte, 2 fotos, y rellenar un formulario. Te darán número para atenderte. Cuando te atiendan, tendrás que desembolsar 800 baht por visado y pasar a buscar tu pasaporte con el visado listo 2 días más tarde. También puedes optar por el servicio de un día o del mismo día, pero sale más caro.

Cerca de la embajada de Myanmar, al final de la calle donde está la puerta para los visados, hay un templo hindú. Es completamente distinto de todos los templos que habrás visto en Bangkok porque… es hindú.

El Museo de Bangkok no está muy lejos tampoco, y la entrada es gratuita. No hay mucho para ver, pero si estás por la zona, vale la pena entrar.

Visados de turismo para entrar en Myanmar
Visados de turismo para entrar en Myanmar

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224- La destrucción del zoco de Alepo. | SIRIA

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El zoco de Alepo nunca volverá a ser lo que describimos en ‘El Libro de la Independencia’.

“El zoco de Alepo es una interminable sucesión de pasillos estrechos invadidos por un pandemónium de mercancías que comienza a un paso de la calle. Es enorme, oscuro y ruidoso, arrugado, un laberinto de techos altos donde los cuerpos avanzan, se rozan y tropiezan con sacos de granos, cajas de cartón y banquetas abandonadas. La presencia de los animales que empujan para pasar es constante, y las bombillas de luz amarilla que cuelgan de hilos delgados desatan una epidemia de hepatitis aparente.

Cada cinco o diez metros cambia la consistencia del aire y una nueva contradicción llega a tu nariz. Sudor, pimienta, incienso, tabaco dulce, comino, orina, sésamo, carne oreada, humo, bosta de burro. Los sentidos se excitan, es provocación tras provocación, primero picante, luego dulce, luego amargo, hasta que todo comienza a combinarse. Té, aceitunas, camello, pistacho verde, henna, tomates aplastados.

Atravesamos locales especializados en joyas auténticas y joyas falsas atendidos por señores con un aire de respetabilidad sospechosa. Hay telas por metro, pantalones, galabiyas para el caballero, chadores y burkas con diseños de última moda para la dama, camisetas de los Rolling Stones, adornos plateados y espejados, frutos secos, aceite de oliva denso y pequeñas mezquitas que se suceden en memoria de santones olvidados. A la derecha se abre un portal labrado que da entrada a un antiguo khan, un hospedaje de forasteros y caravanas convertido en taller de costura. Un almacén ofrece bebidas de todos los sabores, colores y marcas menos Pepsi o Coca Cola. Siria es uno de los pocos países del mundo que cerró la puerta a los símbolos de la cultura norteamericana. El suelo, duro y rugoso, cambia de consistencia en la sección carnes degolladas para convertirse en una pista de patinaje húmeda y efervescente de vida. Es la pesadilla de un ama de casa acostumbrada a los supermercados impolutos. ‘Disculpe, ¿dónde están los congelados?’ 

Tus antenas se desequilibran o peor, se confunden. Entonces comienzas a oler con la boca, llena de saliva espesa empapada de partículas volátiles. Las bananas aplastadas por la pezuña de un burro saben a aguacate pasado. Un rincón lleno de basura y moscas sabe a aliento de perro. Es sorprendente la cantidad de espuma que puedes segregar automáticamente para enjuagarte el paladar. El paso arrastrado de un anciano tiene gusto a polvo antiguo, a casa encerrada y húmeda. Un ciego podría avanzar sin necesidad de un lazarillo hacia el rincón que siempre huele a orina de camello. Tu boca se vicia, se contagia. Los pasillos laterales dan curvas imposibles hasta callejones sin salida llenos de zapateros y malabaristas sin profesión definida.

Casi todos los números están escritos en farsi. El precio del kilo de mandarinas está en farsi. Los teléfonos públicos tienen los botones en farsi. La fecha impresa en la portada del periódico local, las matrículas de los coches y los carteles de los taxis están en farsi. Hasta los visados llevan las fechas de entrada y el tiempo de permanencia otorgado en farsi. Los números farsi nos rodean para recordar que los dibujos que utilizamos en occidente son sólo uno de los alfabetos numéricos que existen en el mundo.

Detrás de una fortaleza de cajas de cartón aparece la ciudadela, símbolo de Alepo y escenario de las guerras de religión más importantes de nuestra historia: las cruzadas. El islam avanzaba desde la península arábiga conquistando todo con la consigna ‘si no te conviertes, tendremos que matarte’. Los cruzados contraatacaban para ‘exterminar a los infieles y purificar con su sangre la tierra sagrada’. Así se iniciaron los problemas de Oriente Próximo: a Dios se le mezclaron los papeles y prometió la misma tierra a demasiada gente…”

Extracto de ‘El Libro de la Independencia’de la serie de libros de viaje sobre La Vuelta al Mundo en 10 Años.




195- Cuando el sueño americano se convierte en pesadilla.

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Hace unos meses nos encontramos con Jim o Joshua en medio de la nada. Iba caminando con todo su equipaje bajo el sol del desierto que rodea la Ruta 66 en Arizona. Clavé los frenos y dimos la vuelta.

Estuvimos conversando como una hora. Antes de irse me dijo: Yo creo en Jesús, pero ahora creo más en Diana, diosa de la luna que vive en Venus y está calva por las malas radiaciones que recibió en la Tierra.

La crisis no es local. La crisis es internacional.

Después del final de la Segunda Guerra Mundial, Europa fue desplazada como poder colonial por la nueva superpotencia que nos había salvado del nazismo y le hacía frente al estalinismo soviético. Años más tarde nuestros salvadores nos pasaron la factura y globalización comenzó a significar norteamericanización.

Y el mundo siguió rodando feliz como en una película de Walt Disney. Había McDonalds, Coca Colas y películas de Hollywood para todos. Solo tenías que poner las palomitas (el pochoclo) en el microondas.

Hasta que en algún momento de las últimas décadas, a algún genio de la economía se le ocurrió reemplazar la producción de bienes por la producción de dinero. Y entonces, comenzó una escalada de precios provocada por la multiplicación mágica de billetes provocada a su vez por la desregulación del sistema monetario. Y por supuesto, por la ambición de los bancos de multiplicar su negocio.

Esa es la historia super comprimida de la bomba atómica que estalló hace un par de años en la cocina del capitalismo. Fue entonces cuando el relato de familias que abandonan sus casas porque vale más la hipoteca que la propiedad dejaron de ser murmullos y se extendieron como una avalancha por todo Estados Unidos.

Porque en Estados Unidos la ley es distinta que en Europa. Aquí la ley dice que solo respondes ante el banco con la propiedad hipotecada. De alguna manera el banco es tu socio involuntario, pone su parte de capital, asume sus riesgos por prestarte el dinero, y cobra por ello.

Por eso, tras el crack del 2008, se multiplicaron las casas seminuevas alquiladas dentro de urbanizaciones pintadas de color ladrillo. Metros cuadrados que fueron un hogar o un proyecto, que hablan de otra época, no hace tanto, cuando la prosperidad era un sitio común y la vida un capítulo más de Mujeres Desesperadas.

Pero ahora el sueño americano ha acabado. O por lo menos está en estado catatónico hasta nuevo aviso. Hoy, la tribu más salvaje y marginal de Estados Unidos se despliega por las principales ciudades del país como un ejército desarrapado, amable y silencioso. Es gente más temida que los antiguos Apaches corta-cabelleras de las llanuras. Más evitada que un Navajo borracho.

Cada vez hay más homeless, gente sin hogar, en norteamérica.

Hace unos meses nos encontramos con Jim o Joshua en medio de la nada de la Ruta 66 a su paso por Arizona. Jim o Joshua viajaba caminando por el arcén bajo el sol del desierto mientras empujaba una carretilla cargada con todas las cosas que le quedaban.

Hace un año perdió la fe, la esperanza y su casa en el estado de Washington.

Washington es lejos. Como a cinco mil kilómetros caminando.

Y eso, además de muchos kilómetros, es mucho tiempo. Jim o Joshua hablaba con los ojos abiertos y la intensidad de palabra que solo poseen los locos y los profetas. Supongo que hay que escuchar, y no solo a los que se visten o parecen como nosotros.

Jim o Joshua me dijo: Yo creo en Jesús, pero ahora creo más en Diana, diosa de la luna que vive en Venus y está calva por las malas radiaciones que recibió en la Tierra.

Honestamente, pienso en estos días de crisis que nos tocan vivir, en el desamparo de buena parte del mundo y me doy cuenta que tiene razón. En cualquier momento todos volveremos a hacer ofrendas a los dioses antiguos.

Al Dios de la caza, a la Diosa del amor, al Dios del trabajo imposible, a la Diosa de la tierra fecunda, al Dios de los mares repletos de peces…