72- Guía para viajar al Salto Ángel, la cascada más alta del mundo

Sobre la selva hacia Canaima, Venezuela

– Kanaima significa asesino. ¿sabías eso? –pregunta nuestro guía compulsivo, nuestro pequeño dictador, un chico de la etnia amerindia Pemón pero absurdo nombre inglés. Se llama Henry, no tiene más de diecinueve años, y no es su culpa.

El agua de la laguna de Canaima permanece calma y roja mientras balancea las canoas largas con suavidad. A esta hora de la mañana ya nada es urgente, las lanchas que debían salir para el Auyán Tepuy no están y el pueblo se mantiene tan vacío como si fuéramos los únicos testigos.

Nada, en las playas no hay voces, ni gritos. Sólo permanece el cris-cris de las hojas mecidas por la brisa y el estrépito constante de las cataratas. Seis saltos alineados que bajan un escalón de piedra de quince metros. Luego del estallido, el agua vuelve a dormitar teñida con el color de la sangre. Roja de taninos, roja por los magullones de la caída, roja por la naturaleza de la tierra de los asesinos.

No puedo evitarlo: esto es un jodido paraíso.

Palmeras que crecen a ambos lados de la orilla, niños que chapotean desnudos, mujeres que sonríen con el trabajo de una lavandería sobre la cabeza, pájaros que cantan felices, hombres que empujan canoas y extranjeros invisibles. A pesar de las avionetas, la presión local para partir cuanto antes selva adentro deja el pueblo vacío. Esta arena blanca mezclada con raíces y hojas de palmera no es una posibilidad real en la mente de los extraños que llegan a Canaima. Sólo vale el Salto.

El único.

El más alto del mundo.

EL Salto.

Lo demás es parte de lo que ocurre mientras tanto.

Y es una pena, porque en el viaje a Salto Ángel, vas a estar más tiempo en movimiento que descansando. Más tiempo en el camino que en ningún otro lugar de la selva.

Aunque la ortodoxia lo desmienta, los 979 metros de caída libre convierten al Salto Ángel, en el Salto del Ángel. Es alto.

Fue descubierto en 1937 por el aventurero y aviador Jimmy Angel, un norteamericano en busca de emociones y diamantes entre las piedras más antiguas del planeta: el Escudo de Guayana. Todo cabía en el estómago de su avión, alimentos, pólvora, cianuro, espejos, herramientas y balas. Jimmy, perdido en un laberinto de versiones sobre tesoros en las cimas de los tepuyes, solía desviarse de sus rutas entre Ciudad Bolívar y los agujeros mineros de la selva.

El Salto está dentro del Parque Nacional Canaima y se derrama desde la mesa del Auyán Tepuy al valle del río Churún. El 99,9% de los visitantes llega en avión desde Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz o Caracas para un tour de 3 días 2 noches. Junto a la pista de aterrizaje siempre espera un guía para llevarte al hotel o meterte inmediatamente en una canoa ultrarrápida hacia el Salto Ángel. Da igual la hora y el plan que te hayan vendido en la agencia de turismo. Olvida los detalles.

El viaje remontando los ríos Carrao y Churún dura cuatro horas en la estación húmeda y unas diez en la estación seca, entre febrero y abril. El piloto avanza siempre a toda velocidad levantando una ola lo suficientemente alta para cubrir la selva. El nuestro era el Schumacher de todos: hay que ver cómo esquivaba las piedras y subía los pequeños rápidos el cabrón. El único problema del viaje es que durante un mínimo de cuatro horas sólo podrás mirar hacia delante, protegerte del agua que termina empapándote y… cantar (opcional).

A los pies del Salto Ángel llegas tarde, apenas dos o tres horas antes de la puesta de sol, porque las canoas también suelen partir tarde. Estás en la selva, no en la ciudad. Olvida los detalles. El guía sacará unos sándwiches de jamón y queso embolsados, una botella grande de Coca Cola tibia, y diez minutos después comienzas el ascenso hacia la base del Salto. Es más de una hora por senderos planos y abruptos cubiertos de verde.

Si soñabas con tocar la pared del tepuy, olvídalo. Una saliente de 15 metros de altura corta el paso. Lo que sí puedes hacer es chapotear en una poza de agua de ángeles, condenadamente helada, recién caída del cielo.

En Venezuela oscurece temprano y rápido, poco después de las 6 de la tarde las hamacas ya están instaladas bajo un cobertizo y encienden un generador. Diez pollos clavados sobre el fuego alcanzan para tres canoas. Durante la noche los no iniciados en el maravilloso mundo de la hamaca descubrirán con dolor algunos músculos que no sabían que existían.

A la mañana siguiente te levantas a las seis de la mañana, desayunas rápido y antes que te des cuenta ya estás sentado de nuevo en la canoa de Schumacher. Te mojas tanto como el día anterior y, desconcertado, comienzas a preguntarte si realmente viste El Salto. O si sólo lo soñaste.

No hay más. No tienes tiempo de asimilar la belleza ni la bestialidad de un salto que acaricia los mil metros.

–          ¿Qué les pareció Canaima?

–          ¿Quieres la verdad? Es hermoso, demasiado bonito. Pero hacía muchísimo que no me sentía un paquete express.

¿QUE HACER PARA QUE EL VIAJE A SALTO ÁNGEL NO SEA SOLO COMPLETAR UN SITIO, SACAR UNAS CUANTAS FOTOS PARA PROBAR QUE ESTUVISTE ALLÍ?

¿Qué hacer para quedarte, para mezclarte, para conocer un poco más, para detenerte en Canaima? ¿Qué hacer para tener recuerdos y no sólo esa sensación absurda de ser un envío urgente que hay que llevar y traer cuanto antes?

Si te gusta disfrutar de los lugares a tu propio ritmo, no hagas el tour de 3 días 2 noches a Salto Angel, a no ser que no tengas más alternativa. Por eso te proponemos:

  • Compra sólo el pasaje de avión a Canaima, 600 bolívares fuertes ida y vuelta (feb.09).
  • Llega a Canaima con algo de tiempo. Cinco días o una semana son suficientes.
  • Acampa gratis junto a las casas del Parque Nacional o búscate una habitación.
  • Lleva protector solar, ron y los chocolates que necesites. Allí todo es más caro.
  • Relájate en la laguna, uno de los sitios más hermosos de Venezuela.
  • Negocia con los boteros el precio para que te lleven hasta Salto Ángel y te dejen un par de días. Ten en cuenta que hay campamentos en ambas márgenes del río Churún y es mejor que no tengas que nadar para llegar al Salto.
  • Lleva puesta ropa impermeable durante las cuatro horas que dura el viaje en canoa en la época húmeda, o las diez que dura en la época seca (de febrero a abril). O viaja [email protected]
  • Tómate tu tiempo en la base del Salto Ángel. Es uno de los lugares más extraños y remotos del planeta. Disfrútalo.
  • Si te cansas o quieres quedarte más tiempo, cambias el pasaje de vuelta.

PRECIOS A FEBRERO 2009

El viaje, negociado en el aeropuerto de Ciudad Bolívar, nos costó unos 1100 bolívares fuertes en febrero 2009. Unos 400€ al cambio oficial, 200€ al cambio paralelo, precio total para dos personas. Transporte, alojamiento y comidas incluidos.

Entrada al Parque Nacional, que se cobra en el Aeropuerto de Canaima, 35 bolívares fuertes.

RUTA ALTERNATIVA POR TIERRA

Hay un camino fácil que se puede hacer hasta Paragua, al sur de Ciudad Bolívar. Allí hay que cruzar el río Orinoco en una chalana y continuar por una muy mala ruta minera hacia San Salvador de Paul. Los amigos rustiqueros de Venezuela nos desaconsejaron hacer la ruta, ya que necesitas neumáticos especiales, muy altos. Si sigues adelante tienes que continuar hasta Caño Negro. Allí estacionas en el terreno de la familia que te cruzará el río Paragua en una canoa. En tres horas caminando estás en Canaima.

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69- Lugares para conocer antes de morir: Catarata Kaieteur, Guyana

Kaieteur enorme, brutal. Guyana

(viene de Caminando por la selva de Guyana)

Desde lejos Kaieteur no impresiona. Parece una catarata más, una catarata clásica, de esas de postal, de las que hay en todos los países. De esas. Más de lo mismo, agua que cae de arriba para abajo. Más locales que hablan de su catarata con orgullo, como si fuera la única del mundo.

Pero a medida que caminas sucede algo extraño: no llegas nunca. Te acercas pero no alcanzas la orilla, caminas pero el salto continúa agrandándose, haciéndote sentir cada vez más pequeño. Avanzas, esquivas los brazos verdes de una bromelia, una planta gigante con nombre de tía antigua, una superviviente de la megalomanía biológica. Tentáculos largos, bigotes. Allí delante encuentras un espacio vacío, te asomas al abismo e inmediatamente das un paso atrás: los árboles del fondo parecen repollos enanos.

Entonces algo te paraliza sobre una piedra que se estira desafiando la ley de gravedad. Estás en medio de la selva, sobre el mirador del Tarzán de Johnny Weismuller. Parpadeas, te has convertido en una hormiga. Una pequeña garrapata entre las grietas de la piedra más vieja del mundo.

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Dicho de otra manera: al lado de Kaieteur, eres insignificante.

El agua, mucha agua, demasiada agua, pierde el equilibrio junto a tus pies y cae 226 metros hasta reventar contra las rocas escondidas del abismo. Doscientos veintiséis metros. Allí hay una explosión permanente, un big bang de agua pulverizada despedida a la velocidad dolorosa de la confusión. Estás allí, existe, pero todavía necesitas que alguien te patee el culo para asegurarte que esto no es un sueño. Que estás despierto.

Arriba, ranas doradas que viven en un estanque natural dentro de la misma bromelia. Y gallitos de las rocas, rojos como chavistas venezolanos, como neocomunistas melancólicos entre las ramas de un mundo verde.

Abajo, al fondo de la grieta, un enorme arco iris se levanta en el aire para saltar las orillas con los colores más hippies de la naturaleza. Y en el medio estás tú, sentado en la orilla del mundo, con los pies colgando que se balancean con el viento.

El espectáculo es hipnótico, un circo natural que te llama, que te ata una cuerda invisible en las tripas y te pide que saltes, con la certeza que el vapor detendrá la inercia y podrás volar. Acompañar a los pájaros que se lanzan en un vuelo kamikaze, suicida, perpendicular, hacia una caída vertiginosa siguiendo la corriente del agua.

Y a mitad de camino las aves vuelven a sorprender, a quebrarse en un nuevo ángulo recto y a sumergirse en el hueco oscuro que aguarda detrás de la catarata. Sí, la misma catarata desbordante de taninos que continúa cayendo, para volver a acumularse, extenuada y llena de moretones, toda negra y encauzada, en el fondo del valle. Allí, a doscientos veintiséis metros.

De todas las grandes cataratas del mundo, Iguazú, Victoria, Niágara y Nilo Azul, Kaieteur es la gran desconocida. La única en donde puedes permanecer en la más absoluta soledad durante varios días. Sin ruidosos grupos turísticos. Sin puestos de Coca Cola. Sin souvenirs de plástico. Solos en la naturaleza, como debió ser en el principio de todo.

No hay ruta para llegar a Kaieteur. Sólo puedes acercarte caminando en un trekking a través de la selva (4 días), en bote con motor desde Pamela Landing (1 día), o en avión (1 hora). Los precios para este viaje espectacular los podrás encontrar en www.rftours.com

Gracias a Frank Haralsingh, de la Guyana Tourism Authority, que nos dió todas las facilidades para recorrer el país menos conocido de Sudamérica, y a Frank Singh, director de Rainforest Tours, que nos invitó a uno de los tours más espectaculares del continente: un trekking de varios días a través de la selva de Guyana hasta la desconocida catarata Kaieteur. Inolvidable.

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62- Guía para Viajar por Trinidad y Tobago

Playa de Piggeon Point, Tobago

– Sólo en las Antillas hay más países que en América del Sur.

Cuando me puse a contar no podía creerlo. Cuba, Haití, República Dominicana, Jamaica, Barbados, Bahamas, Trinidad y Tobago, Dominica, Granada, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vincente y las Granadinas, Curaçao, Antigua y Barbuda.

– Barbuda, imagínate, dices me voy de vacaciones a Barbuda. Y uno no sabe si te vas a la peluquería. ¡Hay un país llamado Barbuda!

Y esos son sólo los países. Las Antillas, las famosas Indias Occidentales redescubiertas por Colón, están llenas de pequeñas colonias holandesas, francesas, norteamericanas e inglesas.

Nosotros pusimos el pie en Trinidad y Tobago, en el extremo sureste de la cadena de islas. Llegamos en ferry desde Venezuela, esta es la información básica para moverse por las islas gastando lo menos posible. Con muchísimos aportes de Venezolanos que cruzan a las islas a cambiar su cupo Cadivi. Vale la pena leer los comentarios. Buena suerte amigos.

El cambio al momento de escribir estos datos es de 6,10 TTs por dólar y de 7,70 TTs por euro.

Pira funeraria hindú junto al Temple on the Sea
Temple on the Sea, Waterloo, Trinidad, Trinidad y Tobago

CÓMO LLEGAR 

El ferry desde Güiria (Venezuela) a Chaguaramas (Trinidad) cuesta 92 dólares por trayecto. A la salida de Trinidad te cobrarán una tasa de 75 TTs (pronúnciese titís) o 13 dólares. El puerto de llegada está a una media hora de Port of Spain y, dado que llegas a las 9 de la noche, no hay más alternativa que tomar un taxi que cuesta 25 dólares. Nosotros nos juntamos con otro grupo de viajeros perdidos y conseguimos una combi.

En Trinidad y Tobago no hay tanta variedad de precios de hotel como en Sudamérica. Por supuesto, siempre encontrarás de los caros, esos nunca faltan. Allí, aparte del precio de la habitación, tienes que sumar el 15% de impuestos y un 10% de propinas que te lo cargan automáticamente. O sea, suma un 25% a todos los precios que te digan.

En Chaguaramas le pedimos al conductor de nuestra combi (Peter Francis, cell 390-0969, un tipo legal que te invitará a ron en el camino) que nos lleve al Hotel de las Cucarachas. Al más barato de la ciudad. Nos dejó en Pearl’s, una casa antigua de madera, en los números 3-4 de la calle Melbourne, frente al Victoria Square. Cuesta 100 titís (18 dólares) por persona, con baño y cocina compartidos, habitaciones con ventilador y balcones de madera. El dueño, Peter, no es la persona más expresiva del mundo, pero no hay problema. Si te quedas unos cuantos días y presionas un poco, te hará descuento.

Para moverte dentro de la ciudad tienes el clásico taxi compartido (levantas la mano en cualquier calle y se detiene cualquier coche) que cobra 4 titís por persona y hay autobuses públicos, pero para usarlos necesitas comprar el pasaje con anticipación en algún almacén o en la terminal de autobuses. Para moverte entre ciudades tienes los autobuses que parten de la terminal (con aire acondicionado a temperaturas árticas y asientos confortables) y los maxitaxis, las combis, normalmente hechas pedazos, un milagro de la supervivencia automotriz. El Pitch Lake es uno de los tres lagos naturales de asfalto del mundo

El Pitch Lake es uno de los tres lagos naturales de asfalto del mundo. Trinidad y Tobago
Pitch Lake, La Brea, isla de Trinidad, Trinidad y Tobago

VISITAS EN TRINIDAD

La oficina de información turística de Port of Spain está en la esquina de Duke St. con St. Vincent, tienen mapas de la ciudad y de las islas. Intentarán subirte a un tour para visitar la isla, pero aquí abajo están los datos para que te muevas de forma independiente.

El Pitch Lake, en La Brea, uno de los tres lagos naturales de asfalto que existen en el mundo es un sitio raro. Parece un gigantesco vertido incontrolado de asfalto junto a una ruta en construcción, pero es natural. Un acto vandálico de la naturaleza. Puedes caminar por encima, hacer tiras de asfalto con ramitas y observar en determinados puntos cómo surge del fondo de la tierra.

Para llegar tienes que tomar un bus hasta San Fernando (6 titís) y desde la misma terminal tomas un maxitaxi hasta el Pitch Lake (otros 6 titís). Te deja en la puerta. La entrada es gratuita, aunque insisten en que vayas con un guía que cobra 30 titís por persona. Nosotros entramos sin guía.

Temple in the Sea es un templo levantado sobre el agua por un fiel hindú para evitar la prohibición colonial de levantar templos que no fueran cristianos sobre tierra firme. Está rodeado de banderas de colores (una por cada oración) y por pilas de madera preparadas para incinerar cadáveres según la tradición. Se encuentra en la zona de Waterloo, donde se puede combinar con una visita al Museo Hindú del Caribe y a un conjunto de templos hindúes que incluyen una estatua de un mono humano (perdón por la ignorancia) de unos 25 metros de altura.

Para llegar hay que tomar un bus hasta Chaguanas (4 titís), de allí un taxi colectivo hasta la St. Mary’s Junction (4 titís) y otro taxi desde allí al Temple in the Sea (4 titís)

Maracas Bay es la playa preferida de Port of Spain, probablemente la más bonita de las que conocimos en Trinidad y Tobago. Está bastante limpia y la entrada a la Playa de Maracas Bay en la isla de Trinidad es gratuita (en Tobago te cobran para entrar a algunas playas). Sin duda, vale la pena.

Para llegar hay que tomar un bus que sólo circula de lunes a viernes en horarios limitados (4 titís) o un maxitaxi en cualquier momento, que parte de la esquina de Prince St. con George St. (9 titís)

St. James es la zona de fiesta de Port of Spain. Está lleno de bares con grandes pantallas de televisión que transmiten deportes las 24 horas y borrachos perdidos en los callejones.

Playa de Maracas Bay en la isla de Trinidad
Playa de Maracas Bay, Trinidad island, Trinidad y Tobago

VISITAS EN TOBAGO

Para moverte desde la isla de Trinidad a la isla de Tobago puedes tomar un ferry que parte junto al centro de Port of Spain y te deja en Scarborough. El viaje dura 2 horas y media y el precio es de 100 titís por persona, ida y vuelta.

De allí puedes tomar un bus (3 titís) o un taxi (5 titís) a Buccoo, donde nos alojamos en Miller’s Guesthouse (cell 772-5609, tel. 660-8371, email: [email protected]). El precio básico es de 100 titís por persona, pero si es temporada baja puedes pedir descuento, sobre todo si te quedas varios días. Tiene habitaciones compartidas con ventilador y cocina y habitaciones privadas con aire acondicionado, baño, TV con cable y nevera.

Buccoo está bien, puedes arreglar salidas para hacer snorkel en el arrecife de coral (150 titís) en botes con base de vidrio y llegar a playas cercanas con buenas olas para surfistas, aunque quizás hubiera sido mejor quedarnos en Scarborough y movernos desde allí.

Piggeon Point es la playa más conocida de Tobago. Se llega desde Scarborough en taxi (6 titís hasta el cruce, 7 titís hasta la puerta, 8 titís hasta el extremo alejado). La entrada a la playa cuesta 18 titís por persona y te da acceso al uso de la arena y el baño (bastante decadente). El arrecife está ahí, pero no puedes hacer snorkel por tu cuenta, tienes que contratar una salida en bote.

Charlotteville se encuentra en el otro extremo de la isla. Se llega desde Scarborough en bus (8 titís por persona). El pueblo es bonito y desde allí puedes caminar hasta Pirate’s Bay por un sendero (20 minutos) hasta las escaleras que bajan a la playa. No hay servicios, nada. Hay que llevar agua, comida, todo. Puedes hacer snorkel, aunque no esperes gran cosa.

Justo antes de Charlotteville está Speyside, la meca del buceo en las islas. La playa casi no existe. De nuevo, hay que tomar un bote para llegar a los lugares de snorkel (150 titís).

Black Rock es un antiguo punto defensivo colonial donde sólo quedan un par de cañones. Puedes llegar en un paseo desde Buccoo, o tomar un maxitaxi en el cruce por 2 titís. Es un buen mirador de las bahías y las playas de los alrededores.

SEGURIDAD

Fuimos asaltados con violencia la primera noche, apenas llegamos a Port of Spain. Es una situación desagradable, así que recomendamos mucha prudencia para moverse por el centro cuando cae el sol (ver  Asalto en Trinidad y Tobago)

La isla de Trinidad vive del petróleo, por lo que no necesita del turismo y eso se nota. Hay muy pocos extranjeros en las calles y la predisposición para recibir al turista o al viajero es realmente baja.

OTROS DATOS

Nos comentaron que la policía tolera el consumo de drogas en los locales pero es duramente perseguido entre los extranjeros.

El gobierno estableció el castellano como segunda lengua del país aunque casi nadie la hable. Por eso encontrarás carteles en la ruta que dicen Prohibido parar. En caso de emergencia usar el hombrillo (de shoulder, arcén en inglés)

El 40% de la población es negra, descendiente de los esclavos traídos por la fuerza desde Africa, hay un 40% de hindúes (aprox.) y el resto son blancos, chinos y árabes. La comunidad rastafari es notoria. Caminando por las calles te das cuenta: En realidad, Marge Simpson es rastafari.

Playa de Piggeon Point, Tobago
Playa de Piggeon Point, Tobago

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Lugares para conocer antes de morir: Mana Pools, Zimbabue

Caminando junto a elefantes en Mana Pools National Park, Zimbabwe

Pocos viajeros conocen Mana Pools, uno de los parques nacionales más espectaculares de África. A primera vista parece otro retazo de bosque protegido, surcado por un gran río y salpicado con ejemplares de todas las especies de animales africanos. Sí, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pero no tiene detalles extraordinarios. No se encuentra dentro del cráter de un volcán apagado como Ngorongoro, no tiene instalaciones para observar fauna durante la noche como Etosha, ni las llanuras infinitas de Masai Mara o Serengueti, donde la épica de las migraciones atrae a decenas de miles de visitantes al año. No, el Parque Nacional de Mana Pools, ubicado al norte de la esquilmada Zimbabue, frente a la frontera con Zambia, no tiene nada de eso.

Lo que tiene Mana Pools, y en unas sobredosis desmesuradas, es adrenalina.

En Mana Pools puedes hacer algo que está prohibido en casi todos los parques nacionales africanos: caminar entre leones, hienas, búfalos y elefantes sin la escolta de un ranger. Nadie te impedirá aparcar tu vehículo a la sombra de un baobab y alejarte desarmado en cualquier dirección, hasta donde te lleven los pies o el sentido común. Esa es una decisión particular, tu responsabilidad, tu libertad, tu riesgo, tu vida. Tu locura más hermosa del día.

Mana Pools no es un zoológico. Pero si aprendes las reglas de la selva, podrás caminar entre ellos sin convertirte en el menú del día. ¿Te parece poco?

Encuentra más historias sobre Mana Pools en Adrenalina, una historia escrita para la revista Overland Journal.

Y más información sobre Mana Pools en Wikipedia

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