217- Lugares para conocer antes de morir: Tierra de Cañones (Estados Unidos)

Los 'Narrows', en el Parque Nacional Zion, Utah

Cuando se habla de cañones lo primero que se proyecta en la cabeza de la gente suele ser el Gran Cañón del Río Colorado. El Gran McDonalds de la naturaleza en Estados Unidos.

Hay que decirlo: Sí, es bonito. Vale la pena. Es cierto, es grande. Si no vas a caminar y te acercas solo a la orilla sur, con un día es más que suficiente. Lo siento mucho por los que fueron a ver el Gran Cañón cerca de Las Vegas: los engañaron. Para ver el Gran Cañón en toda su bestialidad hay que ir al Parque Nacional, a cientos de kilómetros de distancia.

Ya está, ahora puedo hablar del resto de los cañones que hay en el centro de Estados Unidos. Lugares en la sombra para quienes no conocen la variedad que hay entre Utah (principalmente), Arizona, Colorado y hasta New Mexico.

¿Recuerdan la película 127 horas? La historia ocurre en Utah, la auténtica tierra de cañones. El mismo estado donde puedes caminar entre las agujas de cuento de hadas de Bryce Canyon o avanzar por el sendero de agua de los Narrows, dentro del Parque Nacional Zion. Aunque lo verdaderamente recomendable es aparcar a un lado de las rutas vacías que cruzan el sur del estado y perderte por cualquier riera seca. La sorpresa, y la aventura, están garantizadas.

Si estás con un todo terreno y quieres tentar tus límites te recomiendo ir cerca de Moab, al Canyonlands National Park. La pobre Cucaracha lo sufrió y en el camino se transformó en la Cucaracha Voladora.

Si quieres hacer algo más tranquilo, tipo Conde Nast, vete cerca de Page, en Arizona, a ver el Antelope Canyon. En el camino puedes desviarte para ver el Horseshoe Bend. Aparentemente siempre está lleno de turistas japoneses. Y si quieres un poco más de adrenalina, la ruta que avanza hacia el sur pasa por un Slot Canyon, un cañón que no tiene más de un metro de ancho. Son tierras amerindias, y para entrar necesitarías un permiso. Pero…

Otros parques nacionales de la tierra de cañones que valen la pena visitar: Black Canyon of the Gunnison National Park (Colorado), Capitol Reef National Park (Utah), Arches National Park (Utah), Glen Canyon National Recreation Area (Utah), Grand Staircase Escalante National Monument (Utah)…




198- Las historias desconocidas de Petra

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El primer occidental que llegó a Petra lo hizo con trampas.

Jean Louis Burckhardt, un suizo porfiado, se encontraba en 1812 en las cercanías de Karak cuando oyó la conversación de unos beduinos acerca de una ciudad secreta encerrada entre mon­tañas impenetrables. Llevaba años viviendo y vistiendo como un árabe pero su acento seguía siendo forastero. Por eso se presentó como peregrino de una tribu del norte, donde se acaban todos los desiertos. Buscaba un guía para cumplir la promesa de sacrificar una cabra en el templo sagrado del profeta Aarón, que Allah lo guarde en la gloria.

No lo tuvo fácil para llegar hasta este siq, un cañón seco de poco más de cuatro metros de ancho y sesenta de alto, ideal para sufrir una emboscada. En el camino, la tribu de los Liyathneh y su propio guía intentaron convencerle de sacrificar la cabra en otros templos, el profeta es sensible a los actos, no a los lugares.

Pero Burckhardt insistió en entrar al siq.

La primera sorpresa son las paredes de piedra arenisca, que to­man prestada toda la variedad de azules y rojos de la naturaleza, desde el fuego violento y los atardeceres púrpuras a las mandarinas que comienzan a madurar. Miles de años de vientos pulieron los muros al extremo que tus dedos parecen estar acariciando otra piel. Piel suave, piel nueva.

El suelo, tapizado de arena y grava, se desliza sin sobresaltos ni inclinaciones bruscas. Sólo los carros tirados por caballos y cargados de turistas propensos a emitir ex­clamaciones a destiempo violan el silencio. Pequeñas esculturas y nichos votivos erosionados aparecen en algún rincón como un aviso de lo que vendrá.

De repente sientes un latigazo, una conmoción, una sorpresa que te endereza el espinazo. Abro la boca en un intento de reaccio­nar, pero se me escapan las palabras. Al final de la grieta, bajo una luz dorada, aparecen las primeras formas de Khazné, El Tesoro. A ambos lados de las columnas que guardan las puertas abiertas al cora­zón excavado en la montaña hay escalones tallados en la piedra vertical. Los esclavos que trabajaron aquí eran equilibristas.

La película de Indiana Jones y La Última Cruzada fue la mejor campaña publicitaria para dar a conocer Petra. A partir de esa tarde de cine se multiplicaron los turistas que buscaban perderse entre las fachadas clásicas talladas por los nabateos en las paredes del desierto. El resultado es espectacular.

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Sólo se puede comprender la magnitud del trabajo al con­templar las laderas cinceladas durante kilómetros de valles muer­tos. La visión es tan poderosa que, antes del tratado de paz con Jordania, los jóvenes israelíes se lanzaban a un desafío peligroso: cruzar la frontera militarizada, llegar clandestinamente a Petra y regresar a Israel con una piedra de colores.

A veces no volvían; a veces, simplemente, desaparecían.

Tahal tiene veintitrés años y trabaja en una de las curvas del siq. Su puesto rebosa artesanías y monedas antiguas. No le va mal. Es simpático y tiene ganas de hacer negocio, pero al final se toma un descanso y nos invita a un té.

– Veinte años atrás, mi tribu, los Bdul, vivía en las cuevas de Petra. Yo nací allí. Teníamos nuestros camellos, nuestras cabras y vivíamos sin preocuparnos de nada más. No necesitábamos más. Éramos felices, tan libres como lo habían sido nuestros antepasa­dos –repite y se detiene un momento para recordar tiempos que no ha vivido. Toma un sorbo de té y continúa. Sus ojos se vuelven un poco más melancólicos. –Petra era parte de nues­tras tierras. Pero el gobierno nos echó y nos entregó unas casas cuadradas. A mi madre le gustó el cambio, las casas tenían agua y electricidad, no habría que acarrear más cubos ni encender foga­tas. Había llegado el progreso a nuestra familia. Pero… ¿sabes? yo miro el pasado y lo comparo con el presente y siento que salimos perdiendo. Ahora ya no caminamos por el desierto con nuestros ca­mellos y nuestras cabras, ya no buscamos pastos buenos y aguadas frescas. Ahora sólo nos dedicamos a vender postales a los turistas.

Extracto de ‘El Libro de la Independencia’, de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años

Encuentra más fotografías sobre Petra en Lugares para conocer antes de morir: Petra, Jordania.




170- Lugares para conocer antes de morir: los tepuyes venezolanos

Tepuy en Venezuela

A veces pasa el tiempo y te das cuenta que en determinados lugares tendrías que haberte quedado más, disfrutando un sitio que por algún motivo es único. Eso es lo que me pasa con el sur de Venezuela, con el mundo perdido de los tepuyes.

Es imposible olvidar esa sucesión de montañas de cimas planas y verticales interrumpida por pequeños ríos en medio de la selva tropical que rodea al Salto del Angel. O ese llano desértico de vida llamado Gran Sabana venezolana (¿dónde fueron todos los animales? ¿y las aves? ¿quién se las comió?), que termina en la frontera con Guyana.

En la distancia del tiempo siento que me hubiera gustado perderme en los laberintos surrealistas de la cima plana del Roraima, excavados por agua que no sabe por donde escapar hacia la llanura. Sé, estoy seguro, que me hubiera perdido feliz buscando un camino alternativo para llegar hasta donde el Salto del Angel pierde pie y cae casi 1000 metros hacia la selva.

Sí, a pesar de los mosquitos, de los jejenes y de todos los bichos que hacen que tu viaje sea miserable y alucinante al mismo tiempo

Son aventuras pendientes, montañas extrañas, cimas aisladas que cada tanto vuelven a levantarse frente a mis ojos, aunque me encuentre en el otro extremo del mundo.

Una nueva excusa para volver.

 

CÓMO LLEGAR A LA CIMA DE LOS TEPUYES

Es posible subir al monte Roraima. Para ello hay que dirigirse a la ciudad de Santa Elena de Uairén, en la frontera con Brasil, desde donde se puede organizar el ascenso, siempre con un guía autorizado.

Subir a los tepuyes de la selva es un poco más complicado, pero no imposible. Sobre todo, es un sueño subir a la cima del tepuy desde donde cae el salto del Angel, en el Auyán Tepuy. El trekking se puede organizar desde el parque nacional Canaima. Te mirarán raro, muy poca gente se atreve, pero es posible.




169- Lugares para conocer antes de morir: Las Vegas, Nevada, Estados Unidos

Venecia en Las Vegas, gondoliero haciendo el payaso

Odio Las Vegas. Pero la verdad, me encanta.

En realidad debería decir que odio el espacio que Las Vegas ocupaba en mi cabeza. En mi imaginación era una sucesión de gigantescos casinos donde abuelitas, incautos y pequeños ciudadanos eran desplumados por corporaciones del juego hasta quitarles el dinero, la dignidad y los calzones.

Sí, vi abuelitas enamoradas de una máquina, con la tarjeta de crédito agujereada para poder pasarle un cordel y llevarla atada de la muñeca para que no se pierda. Para que no se quede enganchada en una máquina.

Las Vegas también es eso. Una ciudad alimentada por millones de perdedores potenciales que se turnan en la fantasía de convertirse en ganadores por un día. En realidad, a la gente no piensa en que puede perder si cree que tiene alguna posibilidad de ganar.

Pero nadie, jamás, gana a largo plazo en un tragamonedas. Si tienes bastante suerte y un método hay un poquito más de posibilidades de ganar en la ruleta, y más aún si te sientas en una mesa abierta de póker, donde el casino solo hace de árbitro. Pero la regla básica por la que un grupo de empresarios o una tribu decide construir un casino es porque los dueños ganan mucho dinero y la enorme mayoría de los clientes lo pierden. Es así de sencillo.

Olvidando los casinos, lo que me gustó de Las Vegas, lo que me encandiló, me hizo cambiar de opinión y me llevó a una sorpresa detrás de la otra, es que la ciudad es mucho más que juego.

Paseando por la calle puedes encontrar la Torre Eiffel (casino Paris), la Estatua de la Libertad (casino New York), una gigantesca pirámide de cristal (casino Luxor) y hasta los canales de Venecia (casino Venetian), con su respectivo gondolieri remando en una piscina entre la torre de la plaza de San Marcos y el puente de Rialto. Todo en el mismo sitio, en la misma ciudad: Las Vegas

Cada casino viene con su hotel y su centro comercial adosado, y unos cuantos son auténticas obras de la imitación del arte. En realidad, convierten a la ciudad en un gigantesco parque de atracciones para adultos donde pasear por la calle se convierte en una sucesión interminable de estímulos. Consumir, ver, sorprenderte, consumir, jugar, beber, ahí va otro Elvis más gordo, mira esas esculturas basadas en movimientos de los artistas del Circ du Soleil, ¡mira! ¡las orejas originales de Mister Spock en un anticuario, junto a una carta de Charles Darwin y la muñeca de la Mujer Maravilla en su caja original! ¡Y los malabares de los barmans con botellas y vasos! Sin duda, es divertido y extravagante, una caja de sorpresas descomunal.

En el Venetian puedes adquirir auténticos trajes clásicos del carnaval veneciano, perfectos para un baile de máscaras del siglo XIX. En el Caesar’s Palace puedes comprar colmillos de mamut tallados por artistas chinos que murieron cientos de años atrás. En el Paris todos los negocios comienzan con Le: Le Bistró, Le Burguer, Le Café, Le Restaurant… y no solo eso, también puedes conseguir el champagne más caro de Francia y antigüedades romanas a precios de nuevo rico. Y siempre, paseando por galerías comerciales cerradas con los techos pintados como cielos celestes apenas nublados teñidos por la luz del atardecer.

El momento perfecto, en cualquier lugar del mundo, para salir de compras.

Además de cabarets y espectáculos de strip tease, Las Vegas tiene shows de comediantes, magos, hipnotizadores, teatro, imitadores, músicos que viven de sus éxitos del pasado (Barry Manilow, Celine Dion, ¿no se cansan de cantar siempre lo mismo?) y hasta circo. Sí, Las Vegas es el centro de operaciones del Cirque du Soleil, que tiene montados en la ciudad casi una decena de espectáculos distintos.

Las Vegas, Las Vegas, Las Vegas. Las Vegas es una ciudad donde no se cumplen las reglas normales de la sociedad. Una ciudad sin relojes, que no duerme, donde puedes encontrar un café, una cena, una manicura, un supermercado, una frutería, un espectáculo en vivo, una limusina y alguien que te case a cualquier hora del día y de la noche.

En la calle hay cientos de Elvis entre quienes es posible que aún se esconda el original. Hay parques de atracciones con montañas rusas que vuelan entre los edificios y montañas rusas ensambladas bajo cúpulas de cristal. Está la pantalla de proyecciones más grande del mundo, que cubre con leds más de 300 metros lineales y continuos de la calle Fremont y durante la noche se enciende en collages de luces con canciones de los Doors, Queen y otros grupos de los años setenta y ochenta.

En Las Vegas está el Caesar’s Palace, donde se celebraban los combates de boxeo por el título del mundo. Está el museo del Pinball (también llamado Flipper en Argentina o Millón en España), con más de doscientas máquinas de todas las épocas donde puedes jugar insertando los correspondientes 25 centavos. Está la pepita de oro en exhibición más grande del mundo, la fuente de chocolate más grande del mundo, colecciones de máquinas de coser antiguas, de bates de béisbol, motos que solo podría haber imaginado la mente enferma y loca de Dalí.

Ufff, Las Vegas. Vegas es mucho Vegas, por eso nos casamos allí después de casi once años en la ruta. Por eso volvimos allí para otra semana un mes más tarde. Las Vegas es el arte para atraer a la gente en espacios públicos y de paso. Las Vegas es la ciudad de los estímulos, de las flores gigantes de cristal abiertas como paraguas en el lobby del Bellagio. Es la ciudad de la magia, de los shows de David Copperfield, de los buffets libres más extravagantes que puedas imaginar. De los mendigos con carteles que dicen I don’t want money. I want whisky.

Las Vegas es una ciudad inventada en medio del desierto. Por eso, temo que sea un espejismo.




105- Lugares para conocer antes de morir: Arribada masiva de tortugas en la playa de Ostional, Costa Rica

Arribada masiva de tortugas lora a la Playa de Ostional, Costa Rica

Una vez al mes, durante dos, tres o cuatro días, la playa de Ostional es la base de un encuentro espectacular, único, que asombra a todos los afortunados que pasaban por allí. Días antes de la luna nueva, una flota de miles de tortugas lora llegan a tierra para desovar en el mismo sitio donde nacieron.

Están agotadas y son tantas, y tantas, y tantas, que las autoridades de la Reserva Nacional Ostional permiten la recolección de huevos para consumo a los vecinos de la comunidad durante los primeros dos o tres días.

Esto que parece una barbaridad tiene una explicación sencilla: cada tortuga deposita aproximadamente 100 huevos en un nido que excavan en la arena. Al haber tantas tortugas, las que llegan más tarde hacen un agujero donde ya hay otro nido y rompen sus huevos convirtiendo la playa en una enorme tortilla nauseabunda de moscas, yema de tortuga nonata e infecciones.

(Consecuencia: el huevo frito de tortuga no tiene nada que ver con el huevo frito de gallina. Es pura yema y muy espeso, casi como mantequilla)

(Paradoja curiosa: en el país más conservacionista de América es legal comer huevos de tortuga)

(Propuesta mientras tanto:  sin duda, sería mejor meter los huevos en incubadoras y llevarlos a otras playas donde no haya tortugas…) (Problema: la tradición local de comer huevos de tortuga porque supuestamente le da mayor potencia sexual al hombre)

Nosotros solo conseguimos ver unas 50 tortugas lora llegando juntas a la una de la mañana. Y solo 50 tortugas, les aseguro, ya es un espectáculo emocionante.

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