72- Guía para viajar al Salto Ángel, la cascada más alta del mundo

Sobre la selva hacia Canaima, Venezuela

– Kanaima significa asesino. ¿sabías eso? –pregunta nuestro guía compulsivo, nuestro pequeño dictador, un chico de la etnia amerindia Pemón pero absurdo nombre inglés. Se llama Henry, no tiene más de diecinueve años, y no es su culpa.

El agua de la laguna de Canaima permanece calma y roja mientras balancea las canoas largas con suavidad. A esta hora de la mañana ya nada es urgente, las lanchas que debían salir para el Auyán Tepuy no están y el pueblo se mantiene tan vacío como si fuéramos los únicos testigos.

Nada, en las playas no hay voces, ni gritos. Sólo permanece el cris-cris de las hojas mecidas por la brisa y el estrépito constante de las cataratas. Seis saltos alineados que bajan un escalón de piedra de quince metros. Luego del estallido, el agua vuelve a dormitar teñida con el color de la sangre. Roja de taninos, roja por los magullones de la caída, roja por la naturaleza de la tierra de los asesinos.

No puedo evitarlo: esto es un jodido paraíso.

Palmeras que crecen a ambos lados de la orilla, niños que chapotean desnudos, mujeres que sonríen con el trabajo de una lavandería sobre la cabeza, pájaros que cantan felices, hombres que empujan canoas y extranjeros invisibles. A pesar de las avionetas, la presión local para partir cuanto antes selva adentro deja el pueblo vacío. Esta arena blanca mezclada con raíces y hojas de palmera no es una posibilidad real en la mente de los extraños que llegan a Canaima. Sólo vale el Salto.

El único.

El más alto del mundo.

EL Salto.

Lo demás es parte de lo que ocurre mientras tanto.

Y es una pena, porque en el viaje a Salto Ángel, vas a estar más tiempo en movimiento que descansando. Más tiempo en el camino que en ningún otro lugar de la selva.

Aunque la ortodoxia lo desmienta, los 979 metros de caída libre convierten al Salto Ángel, en el Salto del Ángel. Es alto.

Fue descubierto en 1937 por el aventurero y aviador Jimmy Angel, un norteamericano en busca de emociones y diamantes entre las piedras más antiguas del planeta: el Escudo de Guayana. Todo cabía en el estómago de su avión, alimentos, pólvora, cianuro, espejos, herramientas y balas. Jimmy, perdido en un laberinto de versiones sobre tesoros en las cimas de los tepuyes, solía desviarse de sus rutas entre Ciudad Bolívar y los agujeros mineros de la selva.

El Salto está dentro del Parque Nacional Canaima y se derrama desde la mesa del Auyán Tepuy al valle del río Churún. El 99,9% de los visitantes llega en avión desde Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz o Caracas para un tour de 3 días 2 noches. Junto a la pista de aterrizaje siempre espera un guía para llevarte al hotel o meterte inmediatamente en una canoa ultrarrápida hacia el Salto Ángel. Da igual la hora y el plan que te hayan vendido en la agencia de turismo. Olvida los detalles.

El viaje remontando los ríos Carrao y Churún dura cuatro horas en la estación húmeda y unas diez en la estación seca, entre febrero y abril. El piloto avanza siempre a toda velocidad levantando una ola lo suficientemente alta para cubrir la selva. El nuestro era el Schumacher de todos: hay que ver cómo esquivaba las piedras y subía los pequeños rápidos el cabrón. El único problema del viaje es que durante un mínimo de cuatro horas sólo podrás mirar hacia delante, protegerte del agua que termina empapándote y… cantar (opcional).

A los pies del Salto Ángel llegas tarde, apenas dos o tres horas antes de la puesta de sol, porque las canoas también suelen partir tarde. Estás en la selva, no en la ciudad. Olvida los detalles. El guía sacará unos sándwiches de jamón y queso embolsados, una botella grande de Coca Cola tibia, y diez minutos después comienzas el ascenso hacia la base del Salto. Es más de una hora por senderos planos y abruptos cubiertos de verde.

Si soñabas con tocar la pared del tepuy, olvídalo. Una saliente de 15 metros de altura corta el paso. Lo que sí puedes hacer es chapotear en una poza de agua de ángeles, condenadamente helada, recién caída del cielo.

En Venezuela oscurece temprano y rápido, poco después de las 6 de la tarde las hamacas ya están instaladas bajo un cobertizo y encienden un generador. Diez pollos clavados sobre el fuego alcanzan para tres canoas. Durante la noche los no iniciados en el maravilloso mundo de la hamaca descubrirán con dolor algunos músculos que no sabían que existían.

A la mañana siguiente te levantas a las seis de la mañana, desayunas rápido y antes que te des cuenta ya estás sentado de nuevo en la canoa de Schumacher. Te mojas tanto como el día anterior y, desconcertado, comienzas a preguntarte si realmente viste El Salto. O si sólo lo soñaste.

No hay más. No tienes tiempo de asimilar la belleza ni la bestialidad de un salto que acaricia los mil metros.

–          ¿Qué les pareció Canaima?

–          ¿Quieres la verdad? Es hermoso, demasiado bonito. Pero hacía muchísimo que no me sentía un paquete express.

¿QUE HACER PARA QUE EL VIAJE A SALTO ÁNGEL NO SEA SOLO COMPLETAR UN SITIO, SACAR UNAS CUANTAS FOTOS PARA PROBAR QUE ESTUVISTE ALLÍ?

¿Qué hacer para quedarte, para mezclarte, para conocer un poco más, para detenerte en Canaima? ¿Qué hacer para tener recuerdos y no sólo esa sensación absurda de ser un envío urgente que hay que llevar y traer cuanto antes?

Si te gusta disfrutar de los lugares a tu propio ritmo, no hagas el tour de 3 días 2 noches a Salto Angel, a no ser que no tengas más alternativa. Por eso te proponemos:

  • Compra sólo el pasaje de avión a Canaima, 600 bolívares fuertes ida y vuelta (feb.09).
  • Llega a Canaima con algo de tiempo. Cinco días o una semana son suficientes.
  • Acampa gratis junto a las casas del Parque Nacional o búscate una habitación.
  • Lleva protector solar, ron y los chocolates que necesites. Allí todo es más caro.
  • Relájate en la laguna, uno de los sitios más hermosos de Venezuela.
  • Negocia con los boteros el precio para que te lleven hasta Salto Ángel y te dejen un par de días. Ten en cuenta que hay campamentos en ambas márgenes del río Churún y es mejor que no tengas que nadar para llegar al Salto.
  • Lleva puesta ropa impermeable durante las cuatro horas que dura el viaje en canoa en la época húmeda, o las diez que dura en la época seca (de febrero a abril). O viaja [email protected]
  • Tómate tu tiempo en la base del Salto Ángel. Es uno de los lugares más extraños y remotos del planeta. Disfrútalo.
  • Si te cansas o quieres quedarte más tiempo, cambias el pasaje de vuelta.

PRECIOS A FEBRERO 2009

El viaje, negociado en el aeropuerto de Ciudad Bolívar, nos costó unos 1100 bolívares fuertes en febrero 2009. Unos 400€ al cambio oficial, 200€ al cambio paralelo, precio total para dos personas. Transporte, alojamiento y comidas incluidos.

Entrada al Parque Nacional, que se cobra en el Aeropuerto de Canaima, 35 bolívares fuertes.

RUTA ALTERNATIVA POR TIERRA

Hay un camino fácil que se puede hacer hasta Paragua, al sur de Ciudad Bolívar. Allí hay que cruzar el río Orinoco en una chalana y continuar por una muy mala ruta minera hacia San Salvador de Paul. Los amigos rustiqueros de Venezuela nos desaconsejaron hacer la ruta, ya que necesitas neumáticos especiales, muy altos. Si sigues adelante tienes que continuar hasta Caño Negro. Allí estacionas en el terreno de la familia que te cruzará el río Paragua en una canoa. En tres horas caminando estás en Canaima.

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Comiéndose el mundo en su furgoneta (Revista Autos y Motores, Venezuela)

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(Artículo de Daniela “Puchi” Finco aparecido en la revista AM, Autos y Motores, en marzo 2009 en Venezuela.)

Para dar la vuelta al mundo no se necesita GPS, preguntando se llega a Roma, a la Luna, o a donde se quiera llegar.

Para unos, 10 años es la etapa en la que dejamos de ser niños, para otros es el paso a convertirse en adulto contemporáneo, para los ancianos es un destino incierto, pero para Anna Callau y Pablo Rey una década son vacaciones indefinidas, porque lo que comenzó como una aventura, que en teoría terminaría 10 años más tarde, se ha convertido en un estilo de vida que no tiene fecha de culminación. ‘Sólo cuando lleguemos a nuestro punto de partida es cuando terminamos la vuelta al mundo’.

Tengo que reconocer que siento un poco de envidia de la vida de esta pareja, primero por haber sido lo suficientemente arriesgados para tomar esa decisión, que estoy segura a más de uno le ha pasado por la menta dejar todo atrás sin tabúes ni opiniones ajenas; segundo, por no haberse arrepentido y regresado, hasta el sol de hoy,por algún episodio no grato, que hay que resaltar, han vivido unos cuantos.

Decir que están fuera de casa es mal utilizar la frase, porque su hogar es la furgoneta en la que viajan. Probablemente se imaginen una van súper equipada o un motorhome con todos los juguetes. Sin embargo, su lugar de vida es una camioneta Mitsubishi L300, modelo 1991 que compraron de segunda mano en España y de la que nunca podrán desligarse, más bien creo que podrían sacarle tanto provecho como a la vuelta al mundo. Es difícil imaginar cómo duermen, cómo comen, cómo conviven 24 horas, los 7 días de la semana, los 365 del año y no se fastidian uno del otro. Pero ya estaremos dando algunos tips que ellos mismos nos dieron para poder lograr tal convivencia sin morir en el intento.

Para mi, la mayor complicación es escribir esta entrevista, porque influyen factores como la parte de mi que desea ser como ellos y el hecho de que Pablo escribe para poder mantenerse, digamos que es su profesión en esta parte de su vida. Tienen un libro titulado “La Vuelta al Mundo en 10 Años”, donde relatan la primera etapa de su travesía, lo han impreso 3 veces y vendido en los países que visitan, de esta manera logran recolectar dinero suficiente para seguir avanzando. En él hay historias divertidas, sorprendentes, insólitas y reflexivas de su paso por África. El viaje le permitió además, enviar en un principio reportajes para el Fórum Universal de las Culturas Barcelona 2004 y luego en Chile, donde se alargó su estadía, recibiendo un pago por cada artículo escrito. Así que es un reto para mí resumir lo que ellos han experimentado en 8 años y medio en unas pocas páginas, y que he logrado averiguar en tan sólo 2 días.

 

Aprendiendo a vivir en la ruta

Él es de Argentina, país con fama de tener gente antipática, pero que sorprende cada vez que un argentino se nos presenta, pues son amables, simpáticos y por lo general tienen ese aire aventurero que Pablo resume bastante bien. Ella es española, una chica de Barcelona, a la que él no le propuso un viaje, sino conocer el mundo, a lo que ni corta ni perezosa aceptó. Muy al estilo de una proposición de matrimonio, pero destinada a ser sobre ruedas.

Una vez tomada la decisión, tomó 9 meses organizar lo que sería su vida a partir de ese momento. Anna, quien es Administradora de Empresas de profesión, con experiencia en organización de conciertos de rock, estuvo 2 meses trabajando en un taller mecánico para aprender detalles básicos en cuanto a reparaciones sencillas del carro. Más de uno quedaría sorprendido al verla llena de grasa reparándole piezas a la furgoneta, y es que ella sabía la importancia de obtener conocimientos de mecánica, pues la camioneta la adquirieron con 90 mil kilómetros, cuando su antiguo dueño, luego de usarla durante 8 años, prefirió venderla.

Cuando me reuní con Anna y Pablo, llevaban 190 mil kilómetros recorridos alrededor del mundo, y sus próximos destinos eran nuestra hermosa Gran Sabana y luego Guyana. La primera navidad fuera de casa fue la más extraña de todas, les tocó en un país musulmán, lo que representó una mesa sin nada de alcohol, un pollo escogido por ellos mismos mientras aún seguía con vida y la emoción mezclada con melancolía de estar lejos de la familia. Pero eso era lo menos significativo, porque una de las principales razones de su partida estaba estrechamente vinculada a huirle a la rutina, motivo por el cual, cansados de hacer siempre lo mismo, optaron por ser radicales. Un viaje a Zimbabwe que realizó Pablo meses antes, le cambió la perspectiva del mundo, definitivamente descubrió que esa no era la única manera de vivir.

Se consideran 100% nómadas, y no hay duda de que lo son. Manejan más de lo que podemos imaginar, aunque aseguran que prefieren no hacerlo de noche; duermen en un colchón de pocos centímetros de alto en la parte de atrás de la furgoneta, y toda su vida se resume a ese vehículo que estoy segura significa todo para ellos. Tienen un corcho donde hay uno que otro papel que les recuerda sitios importantes, dibujos, souvenirs, y un closet compuesto de gavetas, que sin duda es más ordenado que el mío, en el que aseguran llevar más de lo que necesitan. Ocho puestos los convirtieron en dos para poder adaptar el espacio, lo que obviamente nos indica que no hay disponibilidad para un tercero; sin embargo, aseguran que el día que decidan tener un hijo no lo pensarán dos veces. Ese niño si que tendrá una historia particular que contar acerca de su nacimiento, aunque mejor no nos adelantemos a los hechos, pues no está en planes.

Lo importante es el viaje, el destino es una sorpresa. 

Todo pasa por algo, es una frase con la que logro identificarme, y no soy la única, ellos la aprendieron seguramente en algún capítulo de su historia y es perfectamente aplicable a su estilo de vida. De cada experiencia aprenden algo, y aunque en más de una oportunidad estuvieron a punto de tirar la toalla, lograron seguir adelante, y hoy los podemos rastrear a través de su página web que mantienen actualizada: www.viajeros4x4x4.com. Hacer un resumen de su paso por distintos países del mundo es casi imposible, explicar las razones por las que decidieron cambiar su vida en 180 grados es tarea de expertos que tendrían que analizar psicológicamente la mente de este par, y decir por qué nos parece que están locos, como los apoderan varias veces en Puerto Ordaz

Así que esto es un paseo por sus vidas, con anécdotas curiosas e interesantes, que me hacen pensar en cómo sería mi reacción a situaciones extremas como entrar en la cueva Kitum, donde aparentemente nació el virus del Ébola. Es difícil imaginar que se puede sentir estando dentro de un lugar que roza la muerte pero que no lo sabrías hasta tener los síntomas aparentes del contagio, porque no se trata de entrar a la Cueva de Guácharo, sino de un lugar desconocido, con animales que aguardan en la oscuridad cualquier movimiento inoportuna. O no tener otra opción que bajarse del carro a reparar algo durante el paso por el Parque Nacional Masai Mara, en Kenia, donde está prohibido bajarse del vehículo debido a los animales salvajes.

Historias hay miles, los han robado, intentado asaltar mientras dormían dentro de su camioneta, han tenido que huir de un grupo de 30 hombres en Etiopía que les pedía dinero bajo el efecto del chat, una droga legal; traducido cartas de amores prohibidos y ayudado a responderla sabiendo que esas palabras nunca llegarían a su destino final. Han logrado desarrollar un sexto sentido impresionante, que les ha resultado bastante bueno a la hora de decidir en quién confiar, a quien aceptarle una cama y hospedaje o a quien ayudar, habilidad que a nosotros los venezolanos tenemos inclinada hacia la desconfianza, más entre nosotros mismos que hacia extranjeros.

Se han tropezado con culturas completamente diferentes, pueden dar fe de que cada país piensa a su manera, y han podido sacar sus propias conclusiones. Uno de los preceptos del Islam es ayudar al viajero, allí frases como “porque estás de paso y no te conocemos es que te ayudamos” eran las que escuchaban mientras avanzaban, todo lo que ellos podían contarles era la principal razón por la que desvivían en mejorar su estadía. Lamentablemente Venezuela no ocupa el lugar más seguro de su lista, no sólo por experiencia, sino por referencia. Antes de su llegada las recomendaciones eran extremas, la gente sembraba temor con respecto a nuestra tierra. Por suerte fue en vano, pues Anna y Pablo nos visitaron y se llevaron un buen recuerdo, además pueden dar prueba de que la gente en Puerto Ordaz es amable, todo lo contrario a lo que estamos acostumbrados.

Para vivir podrían escoger entre México y Sudáfrica. Los sitios visitados hasta ahora más baratos son Bolivia, Zimbabwe y Perú y el más caro Trinidad. La mejor comida la peruana y la carne argentina y la peor la de Sudán por ser bastante aburrida. De gastronomía rara, o digamos exótica para el latino, podrían hacer un libro. En Uganda Pablo decidió probar las termitas que ofrecía un señor en una manta blanca, mientras en Zimbabue, junto a otros viajeros, cenaron una parrilla de carne de elefante.

Las cosas fáciles no tienen mérito

Todos aquellos que hayan o vivan en pareja saben las dificultades que eso conlleva. Ahora multiplicando lo que una pareja comparte normalmente durante un día, una semana o un mes por 100 puede que lleguemos al tiempo que ellos pasan juntos. No hay forma de decir “me voy”, no pueden encerrarse en un cuarto hasta que se pase la rabia o salir a tomarse algo para desahogarse con los amigos. Las paredes de su casa son el paisaje del lugar donde se encuentren en ese momento, y como humanos al fin, los distintos puntos de vista chocan, quizás ahora menos que al principio, pero es casi un reto que estén de acuerdo en todo lo que hagan. Su técnica, que descubrieron en algún lugar del mundo, es insultarse mutuamente, decirse palabrotas o palabras absurdas y la única regla es no repetir, para cuando la creatividad se agota, el problema puede ser discutido como adultos, a pesar de haberlo resuelto como niños. Sencilla manera de suavizar la mente que puede ser tomada como un consejo.

Las decisiones van de la mano de los cambios, independientemente del área en donde se tomen. No todo el mundo es capaz de asumir los cambios, mucho menos cuando se trata de dejar todo lo material que nos rodea para ir tras un sueño. Su recomendación es viajar, no tiene que ser durante 10 años o más, al contrario, reconocen que eso es una locura que ellos comenzaron y que deben terminar, pero si coinciden en que debería ser ley de vida. Ellos no piensan parar, una vez que lleguen a Barcelona, la Vuelta al Mundo finaliza, pero vendrán más viajes, más cortos, pero con otras experiencias. Plantean conocer lo que les falte del globo, quizás salir 6 meses o los 12 completos cada dos o tres años, o cuando les provoque y volver para planificar la próxima salida. Claro que tienen planes a futuro, escribir otro libros con muchas más páginas, quizás montar un bar súper original en la ciudad donde decidan vivir, con la furgoneta en el medio y de principal atractivo, tener hijos, y muchos más que seguramente nos enteraremos con el tiempo.

Una de las fotos que más hablan por si solas, por lo menos desde mi perspectiva, es en la que aparecen junto a un cartel de señalización de un lugar llamado “FIN DEL MUNDO”. No se la tomaron creyendo literalmente en esas palabras, sino por el trasfondo que se le puede dar. ¿Cuál es en verdad el fin del mundo? Puede ser muy al sur o muy al norte de algún continente. No es una carrera con una meta, es un propósito y un destino que ellos mismos eligieron y que están compartiendo con todo aquél que se cruce por su camino.

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Vivir es un privilegio breve

Recorrer el mundo no es sólo una aventura, es adoptar una forma de vida que podría ser para siempre, podría terminar en cualquier momento, en cualquier región del mundo y por cualquier razón. Pero es un riesgo que ellos están dispuestos a seguir. Así viven, rodando en una camioneta, conociendo cada rincón, aprendiendo de las experiencias, disfrutando de las diferencias del mundo, entendiendo que no importa nuestra procedencia, todos somos seres humanos y en algo coincidimos. Para Anna y Pablo la moda no existe, la tecnología se resume a lo más básico, las fiestas son para dos, los celulares no tienen importancia y, definitivamente, son el mejor ejemplo de que el dinero no hace la felicidad, pues obtienen lo que necesitan para seguir su ruta.

La furgoneta 

Manejan una Mitsubishi L300 4×4, año 1991, con motor diesel 4D56 de 2500 cc., que se convirtió en su hogar hace ocho años atrás. Algunas de las remodelaciones que le hicieron para poder rodar y vivir en ella fueron la construcción de un armario horizontal con puertas de madera que a su vez funciona como cama, y otro vertical en uno de los laterales; la incorporación de un portaequipajes, una defensa de hierro forjado, un tanque de combustible extra de 75 litros y para no perder la gracia, una bocina que imita el mugido de una vaca. Para garantizarse más seguridad remacharon unas chapas para cerrar las puertas con candados, cegaron algunas ventanas traseras con planchas de aluminio y protegieron el cárter con otra

Demostrando que de errores se aprende y que no es divertido tropezarse dos veces con la misma piedra, después de que en África se les inundara el motor, instalaron un snorkel

Top 10 antes de morir

Según estos viajeros, a quienes estoy segura hay que creerles, existen diez sitios en el mundo que deberíamos visitar antes de morir. Si eres aventurero, historiador, biólogo o simplemente consideras que para apreciar lo que tenemos hay que conocerlo, entonces sigue las recomendaciones de dos personas que no se fijan en lo turístico del lugar, sino en las cualidad y características de su geografía, paisaje, fauna, flora y calidad humana para calificarlo.

  • Patagonia, Argentina
  • Capadocia, Turquía,
  • Petra, Jordania
  • Las Pirámides de Egipto
  • Ras Mohamed, península del Sinaí, Egipto
  • Lalibela, Etiopía,
  • Etosha, Namibia
  • Mana Pools, Zimbabue,
  • Desierto de Atacama, Chile
  • Machu Picchu, Perú

¿Te animas?




69- Lugares para conocer antes de morir: Catarata Kaieteur, Guyana

Kaieteur enorme, brutal. Guyana

(viene de Caminando por la selva de Guyana)

Desde lejos Kaieteur no impresiona. Parece una catarata más, una catarata clásica, de esas de postal, de las que hay en todos los países. De esas. Más de lo mismo, agua que cae de arriba para abajo. Más locales que hablan de su catarata con orgullo, como si fuera la única del mundo.

Pero a medida que caminas sucede algo extraño: no llegas nunca. Te acercas pero no alcanzas la orilla, caminas pero el salto continúa agrandándose, haciéndote sentir cada vez más pequeño. Avanzas, esquivas los brazos verdes de una bromelia, una planta gigante con nombre de tía antigua, una superviviente de la megalomanía biológica. Tentáculos largos, bigotes. Allí delante encuentras un espacio vacío, te asomas al abismo e inmediatamente das un paso atrás: los árboles del fondo parecen repollos enanos.

Entonces algo te paraliza sobre una piedra que se estira desafiando la ley de gravedad. Estás en medio de la selva, sobre el mirador del Tarzán de Johnny Weismuller. Parpadeas, te has convertido en una hormiga. Una pequeña garrapata entre las grietas de la piedra más vieja del mundo.

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Dicho de otra manera: al lado de Kaieteur, eres insignificante.

El agua, mucha agua, demasiada agua, pierde el equilibrio junto a tus pies y cae 226 metros hasta reventar contra las rocas escondidas del abismo. Doscientos veintiséis metros. Allí hay una explosión permanente, un big bang de agua pulverizada despedida a la velocidad dolorosa de la confusión. Estás allí, existe, pero todavía necesitas que alguien te patee el culo para asegurarte que esto no es un sueño. Que estás despierto.

Arriba, ranas doradas que viven en un estanque natural dentro de la misma bromelia. Y gallitos de las rocas, rojos como chavistas venezolanos, como neocomunistas melancólicos entre las ramas de un mundo verde.

Abajo, al fondo de la grieta, un enorme arco iris se levanta en el aire para saltar las orillas con los colores más hippies de la naturaleza. Y en el medio estás tú, sentado en la orilla del mundo, con los pies colgando que se balancean con el viento.

El espectáculo es hipnótico, un circo natural que te llama, que te ata una cuerda invisible en las tripas y te pide que saltes, con la certeza que el vapor detendrá la inercia y podrás volar. Acompañar a los pájaros que se lanzan en un vuelo kamikaze, suicida, perpendicular, hacia una caída vertiginosa siguiendo la corriente del agua.

Y a mitad de camino las aves vuelven a sorprender, a quebrarse en un nuevo ángulo recto y a sumergirse en el hueco oscuro que aguarda detrás de la catarata. Sí, la misma catarata desbordante de taninos que continúa cayendo, para volver a acumularse, extenuada y llena de moretones, toda negra y encauzada, en el fondo del valle. Allí, a doscientos veintiséis metros.

De todas las grandes cataratas del mundo, Iguazú, Victoria, Niágara y Nilo Azul, Kaieteur es la gran desconocida. La única en donde puedes permanecer en la más absoluta soledad durante varios días. Sin ruidosos grupos turísticos. Sin puestos de Coca Cola. Sin souvenirs de plástico. Solos en la naturaleza, como debió ser en el principio de todo.

No hay ruta para llegar a Kaieteur. Sólo puedes acercarte caminando en un trekking a través de la selva (4 días), en bote con motor desde Pamela Landing (1 día), o en avión (1 hora). Los precios para este viaje espectacular los podrás encontrar en www.rftours.com

Gracias a Frank Haralsingh, de la Guyana Tourism Authority, que nos dió todas las facilidades para recorrer el país menos conocido de Sudamérica, y a Frank Singh, director de Rainforest Tours, que nos invitó a uno de los tours más espectaculares del continente: un trekking de varios días a través de la selva de Guyana hasta la desconocida catarata Kaieteur. Inolvidable.

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67- Hasta el final del último camino

www.viajeros4x4x4.com

(viene de Guyana, lo mejor de África en Sudamérica)

Hoy es un día extraño. No llueve.

Enero siempre fue un mes seco, un buen mes para recorrer por tierra el escudo de las Guayanas. Guyana, Surinam, el sur de Venezuela, el norte de Brasil y hasta el territorio colonial de la Guyana Francesa, que aparece en todos los billetes de euros a pesar de encontrarse en América. La tierra emergida más antigua del planeta. El Mundo Perdido de Arthur Conan Doyle y la teoría de que en la cima de algún tepuy aún quedan dinosaurios aislados. Rugiendo, esperando al próximo turista para el almuerzo.

Enero siempre fue un mes seco, pero todo está cambiando. A mediados de diciembre el cielo comenzó a desbordarse en auténticas cataratas de agua. Los días se sucedían iguales, doce horas de lluvia, once horas de nubes y cincuenta y seis minutos de sol. Alguien olvidó cerrar el grifo y todos terminamos chapoteando de cansancio. Quizás Dios había decidido cortarse las venas en la bañera de pura impotencia.

Porque en Gaza seguía muriendo gente. En Darfur seguía muriendo gente. En Zimbabue seguía muriendo gente. En Irak seguía muriendo gente. En el Congo seguía muriendo gente. Y no era la enfermedad, ni la vejez. En el 2009 la vida y la muerte continuaban igual de peleados que durante el 2008. Nada había cambiado.

A pesar de la lluvia, en Guyana los caminos seguían sorprendentemente abiertos. Firmes, con poco lodo y más pozos, pero transitables. La gente nos rodeaba de curiosidad y calor. Pocos extranjeros deciden tomar sus vacaciones en el único país anglófono de América del Sur. Ya habíamos visto monos, osos hormigueros gigantes, nutrias, unas ratas enormes de culo rojo, un mapache que parecía un perro, un perezoso sonriente y todos los modelos de aves conocidas. Sólo faltaba Noé, un hombre negro empeñado en construir un barco en medio de la selva.

– No lo molesten. Es un visionario, un místico –diría su mujer, hinchada de maíz y casaba (o mandioca, o yuca, que es lo mismo).

– Es un tarado –diría un vecino. –No tiene sentido construir un barco tan grande lejos del mar.

Hoy no llueve. Y en Guyana el universo brilla con la pureza de los inicios, cuando no existían las botellas de plástico ni los tetrabriks. Es la naturaleza virgen, el vacío provocado por las estadísticas: hay más guyaneses viviendo en el extranjero que dentro del país.

Tres nubes de Botero cubren el horizonte con su cuerpo de agua frappé. Sobre tu cabeza el universo azul de todos los días, lleno de planetas y estrellas invisibles.

Hoy es el primer día sin lluvia en muchas semanas y los hombres del pueblo siguen bajo el techo del bar cerrado. Las costumbres se vuelven pegajosas. Los periódicos no hablan del final de esta estación húmeda extraordinaria, nadie se atreve a dar un veredicto. Si hay que apostar nadie arriesga, todos se deciden por la continuidad.

El capitán de la aldea, la máxima autoridad amerindia, sólo tiene que esperar a que los días secos comiencen a repetirse uno detrás del otro. Entonces se convertirán en una rutina distinta, tan absoluta como los días húmedos.

Hoy no llueve y después de 35 días cruzando el sur de Venezuela y toda Guyana bajo una cortina de agua, parece un milagro.

Podría ser el día número uno.

El loco Noé podría ser el único cuerdo.

Al final de la mala ruta que llega a Pamela Landing, quince kilómetros o una hora después de Mahdia, centro geográfico de Guyana, está el río Potaro. Cincuenta metros antes está el almacén-bar de Mr. Godfrey Welcome, un descendiente de hindúes que aprovisiona de gaseosas, cervezas, galletas y aguardiente a los mineros de la zona. Bienvenido señor Welcome, ¿cómo está señor Welcome? Yo quiero tener ese apellido.

Todos hablan el inglés cerrado del interior de Guyana, el creole, el inglés criollo. Para un extranjero suena más difícil que el acento australiano, como si el alcohol o una mueca extraña te hubieran dejado la lengua con dolor de cuello. Complicado. Sólo entiendes la mitad, el resto es una suposición.

En la reja cubierta de alambre tejido que separa la barra de las mesas de madera del almacén-bar-cine de Mr. Welcome, hay carteles que recomiendan el uso de condones junto a otros que recomiendan el uso de Guiness. En los países de influencia caribeña, poblados casi exclusivamente por gente de piel oscura, se bebe mucha cerveza negra.

Eso es autoafirmación. Orgullo racial instintivo.

Alrededor del almacén-bar-cine-discoteca de Mr. Welcome vagan hombres gastados. Los tuertos, los mancos y los nuevos se mezclan con los desdentados que, a pesar del calor, sonríen exhibiendo sus coronas de oro. Negros, hindúes, amerindios y unos pocos blancos, todos con el cuerpo esculpido en piedra, sin un gramo de grasa, con los pectorales de Brad Pitt.

Todos los demás somos vulgares oficinistas. Gordos y sonrosados cerditos de matadero.

Amigos, es sencillo: para tener un cuerpo escultural, no hay que hacer régimen ni ir al gimnasio. Hay que convertirse en minero.

Ellos, auténticos modelos 100% fibra y 0% grasa, los porkknockers, buscadores informales de oro y diamantes, persiguen la veta escondida que los proclame Rey de la Capital.

Alcohol, putas de lujo, coches caros, casas grandes, el sueño americano pero descarnadamente sincero.

El sueño americano sin maquillaje, sin el pellejo decorado que lo hace vistoso. Un sueño de carne color canela y olor a ron. Sexo y comodidad. El mismo sueño en todos los arrabales del mundo: Guyana, Estados Unidos, Buenos Aires, México, Moscú, Kuala Lumpur, Japón, Nairobi, Hospitalet.

Alcohol, putas de lujo, coches caros, casas grandes. El deseo original, globalizado antes que alguien inventara la globalización.

Estamos en Pamela Landing, esperando a dos alemanes, dos finlandeses y dos guías de Guyana para iniciar el camino hacia las cataratas Kaieteur. Son cuatro días a pie y en un bote a motor a través de la selva para llegar a la joya menos conocida de la naturaleza sudamericana. Un espectáculo que promete compararse con Iguazú, con los Lençois Maranhenses, con el Salar de Uyuni, la Patagonia, el desierto de Atacama, el derrumbe del glaciar Perito Moreno o el canal de Beagle.

Sitios de naturaleza abrumadora, que te dejan atontado, paralizado, deseando no haberlos conocido nunca porque siempre soñarás con volver.

Y de momento no hay mucho por hacer. Sólo esperar.

Y escribir todo lo que me pase por la cabeza.

De algún lugar llega el ruido del progreso: una excavadora levanta la tierra que rodea un árbol gigante y luego lo empuja. Se hace deforestación selectiva. Hay que matar a los viejos. Sin el sostén de las raíces, los árboles más grandes caen como astillas, con las piernas quebradas por otro defensor vasco.

Un minero que sólo habla portugués sonríe descarado cuando le digo bon día, boa sorte. Es el amuleto del gringo. Donde todos hablan inglés, donde estoy mudo, donde nadie me entiende, un nuevo extranjero me habla en el idioma de mi tierra.

Hoy es el primer día sin lluvia en muchas semanas y los mineros, y los leñadores, y los extranjeros, se juntan a celebrar en un rincón perdido, al final del último camino de Guyana.

 

GRACIAS A RAINFOREST TOURS POR SU APOYO DURANTE NUESTRO VIAJE POR GUYANA.

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63- URGENTE: SE BUSCA HOMBRE DE ROJO QUE NOS ROBÓ LA FURGONETA

Santa Claus se va de viaje
Adió-ós!

FELICES NOCHES BUENAS, FELICES NAVIDADES, FELICES AÑOS NUEVOS, FELICES LO QUE QUIERAS QUE SEA… ¡PERO QUE SEAN FELICES!

“Sí, sí… por lastimado y jodido que uno esté, siempre puedes encontrar contemporáneos en cualquier lugar del tiempo y compatriotas en cualquier lugar del mundo. Y cada vez que eso ocurre, y mientras eso dura, uno tiene la suerte de sentir que es algo en la infinita soledad del universo: algo más que una ridícula mota de polvo, algo más que un fugaz momentito.”

Profesión de fe, Eduardo Galeano

Gracias a todos los que durante el 2008 nos hicieron sentir que nuestra casa puede estar en cualquier lugar del mundo.

Gracias a la familia Rubiño Albrizzio de Lima. Gracias a la china Mari Osaki y a Miriam Paredes de Lima. Gracias a Cristina Herdoiza y a Carlos, ecuatoriana y argentino, en viaje hacia Argentina. Gracias a Yecith Mayo en Guayaquil y a Robinson Parrales recién casado en Bogotá. Gracias a José Pepe Polo y Heike en Caracas. Gracias a Pipo Zaro en Copiapó, Chile. Gracias a Rodolfo Zambrano y Deisy en Puerto Ordaz, Venezuela. Y gracias a todos los mecánicos de rústicos, reconstructores de carros 4×4, que nos están echando una mano (en realidad, las dos manos) en Puerto Ordaz para mejorar la salud de la furgo (están en Gracias Venezuela!)

Gracias a todos los amigazos que nos envían mensajes de apoyo y nos hacen estar más cerquita. Gracias especialmente a todos los que nos ayudaron y nos alojaron en los 8 años y medio que dura la Vuelta al Mundo: en España, Argentina, Perú, Chile, Ecuador, Colombia, Sudáfrica, Sudán, Egipto, Kenia, Turquía, Siria, Italia… si pusiéramos todos los nombres, la lista sería interminable!

Gracias a las empresas que nos apoyan con lo que pueden: a Panama Jack que nos sigue calzando con sus botas para que pisemos fuerte durante la Vuelta al Mundo. Y a Jordi de Catering Cufí, por los zapatos para la furgoneta durante 2008. A ver si el 2009 nos trae nuevas empresas que apoyen la Vuelta al Mundo!!!

Y gracias a Nandor Polyecsko, que se esconde bajo el seudónimo de Santa Claus. No está en el Polo Norte, está en Puerto Ordaz, Ciudad Guayana, Venezuela.

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