282- Security on the Road: Where to Camp

Overlanders are a magnet to people's curiosity in remote areas. Ethiopia

©Pablo Rey. Published on Overland Journal Magazine, Winter 2014.

After 15 years overlanding the world, Pablo Rey shares some important tips on how to not end up walking in your underwear on a faraway road in the middle of nowhere.

One of the biggest differences we’ve noticed on our trip around the world is the perception of personal distance, the space that people allow you while watching what you do. Being the object of curiosity may be uncomfortable, especially in the beginning. But it turns into an annoying situation when it is repeated in country after country. For example, in Africa we often felt like actors representing the play of our daily life. We traveled there to discover nature, culture, and food, but at the same time we became the objects of local curiosity. It was like we were the subjects in a live National Geographic episode about western culture.

The best weapon to get rid of voyeurs is boredom. You take out a chair, sit down, and start to read a book. It works well: 10 minutes later you’ll be alone again. Several times we’ve awaked in a remote village or in a place that looked desolate the day before. But when we peeked through the windows we found ourselves surrounded by 20 or 30 people who had arrived with chairs and chickens to await the start of the show of our daily life. And, as you might expect, our first act of the day is usually to look for a toilet. It was horrible.

Sometimes the road is full of opportunities to camp in lost natural places, open deserts, or hidden nooks. It may be a lonely beach at the end of an unsigned track, behind some bushes, or in a forest close to a stream. Other times it is difficult even to find an organized camping area. So, you have to go back to Plan B. In the United States, our emergency camping places are the Wal-Mart parking lots. They are open 24 hours and you can practically take a bath in the family restroom. In the rest of the world, the best places to spend the night when you don’t find anything better are gas stations. Look for the ones that have a parking area for trucks, and are on the main roads or at the outskirts of big cities, and then settle into a corner. If the gas station is small, the appropriate thing to do is to ask one of the employees at the pumps for permission. Very rarely have they wanted to charge us a tip, which might include a Coke or a snack for the watchman.

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272- Conferencia sobre La Vuelta al Mundo en 10 Años en Madrid, España

Conferencia de Pablo Rey y Anna Callau en Madrid, Hosteworld

El 7 de mayo pasado presentamos la historia de La Vuelta al Mundo en 10 Años ante doscientas personas, durante las II Jornadas Hostelworld de los Grandes Viajes. No solo estuvo muy bien sino que, por primera vez, alguien grabó todo lo que dijimos….

Gracias a Iosu López de Mochileros TV por la edición espectacular del video, y en especial a Pablo Strubell e Itziar Marcotegui de Cómo Preparar un Gran Viaje, que han trabajado mucho para que la conferencia y estos encuentros de viajeros sean un éxito.

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268- ‘No tengan miedo. Viajar vale la pena’

Pablo Rey y Anna Callau, viajeros de La Vuelta al Mundo en 10 Años, con los libros Por el Mal Camino y El Libro de la Independencia

PABLO REY Y ANNA CALLAU, MAS DE UNA DÉCADA DANDO LA VUELTA AL MUNDO EN SU FURGONETA

Entrevista de Iosu López para Mochileros TV, publicada en mayo de 2014.

Hay viajeros y viajeros, pero lo de Pablo Rey y Anna Callau es un master de vida en la carretera. El 20 de junio del año 2000 abandonaron Barcelona para dar la vuelta al mundo en una furgoneta 4×4 durante 4 años. Llevan 14, siguen en la ruta y tienen cuerda para rato. En su cuaderno de bitácora tienen una larga lista de aventuras y peripecias: recorrieron el Sur de Europa, Oriente Próximo y África de norte a sur, cruzaron el Océano Atlántico Sur en un barco de Pescanova durante 23 días y desembarcaron en Argentina. Llevan más de una década recorriendo los rincones de América, desde el Cabo de Hornos hasta el final de la Ruta Panamericana en Alaska.

Como te puedes imaginar, les han ocurrido todo tipo de cosas: buenas y malas. Durante su periplo han sufrido cuatro averías que los dejaron tirados en lugares donde no se detiene ni el viento: el Sahara de Sudán (a 300 kilómetros de Jartum), junto al Lago Turkana en Kenia (a 800 kms del mecánico más cercano), se les congeló el motor en el Altiplano Boliviano y volvieron a romperlo en medio de los Andes Chilenos. Superaron peligros nada desdeñables como huir de hombres armados en Etiopía y elefantes en Zimbabue, tuvieron cuchillos en el cuello en Brasil, una banda armada les asaltó con kalashnikovs en Kenia, les rodeó una tribu drogada con qat en Etiopía y tuvieron que pelear (y correr) en Trinidad y Tobago.

Su furgoneta 4×4, a la que apodan ‘La Cucaracha’, acumula más de 300.000 kilómetros y ha sido testigo su incansable compañero en miles de vivencias que nos contarán en persona este miércoles en Madrid. Como aperitivo os traemos esta entrevista que hemos mantenido con ellos pocas horas antes de que se inauguren las II Jornadas Hostelworld de los Grandes Viajes.

Un viaje que iba a ser de 4 años lleva cerca de 14 si no me equivoco. ¿El viaje es una droga que no tiene cura?

Sin duda, una vez que sales a la ruta y te quedas allí unos cinco o seis meses mínimo, ya te quedas enganchado. Imagino que la única cura son los problemas graves, la cárcel en un país complicado, secuelas físicas tras un ataque armado, un miedo muy intenso. Es muy distinto viajar por Europa o solo por asfalto que perderse por los caminos secundarios de África.

Habéis cruzado decenas de fronteras. ¿Cuál sería la más extraña que os ha tocado pasar, bien sea por el lugar, o por lo que os ocurrió?

No hay fronteras extrañas, sino situaciones nuevas, que nunca te habían pasado. Quizás elegiría nuestro cruce ilegal de la frontera entre Etiopía y Kenia por el Valle del Omo, entre tribus armadas con kalashnikovs, durante una inundación. Por supuesto, rompimos el motor y tuvimos que hacer 800 kilómetros para encontrar un mecánico decente. Y hacer otros 800 kilómetros para volver con él. Toda una aventura que uno solo disfruta cuando ya pasó mucho tiempo. La historia completa está en el libro La Vuelta al Mundo en 10 Años: Por el Mal Camino.

¿Consejos de mochileros expertos para que los policías no te tanguen y evitar los sobornos?

La gran riqueza del viajero es el tiempo. Los policías que quieren coimearte quieren hacerlo rápido. Hay que tomarse la situación con calma, hablar, hacer un café, un mate, un té, y abrir la puerta a la posibilidad de terminar en una comisaría. ¡Puede ser otra historia que contar! Por supuesto, siempre presuponiendo que uno no ha hecho nada

PABLO Y ANNA ASEGURAN QUE LOS MEJORES CAMINOS SUELEN SER LOS PEORES, LOS QUE TE LLEVAN A SITIOS QUE NO APARECEN EN LOS MAPAS. NO VIAJAN CON GPS Y LES GUSTA PERDERSE PORQUE ES LA MEJOR MANERA DE DESCUBRIR LUGARES DONDE NO VA NADIE.

Vuestra furgoneta es ya como vuestra hija adolescente. ¿Habéis tenido que arreglarla, tunearla muchas veces? ¿En qué ha mutado desde que la compraron?

Los problemas no siempre son por culpa de los caprichos del vehículo. A veces uno comete un error, y lo paga, literalmente. En mecánica sigue siendo bastante estándar, pero claro, ahora tiene una defensa, un portaequipajes, una ducha conectada a un pequeño motor Espar para precalentar el motor en climas extremadamente fríos, un tanque extra de combustible, una cocina pequeña… Honestamente, aunque se puede salir de viaje con un par de cajas y un colchón, recién ahora, después de 14 años de ruta, La Cucaracha está bien preparada para viajar.

¿Creéis que algún día encontraréis un lugar donde quedaos quietos y tener una vida digamos “más rutinaria”? ¿Qué consideráis ahora vuestro “hogar”?

El hogar es donde lo encuentras decía un anuncio de Smirnoff de los año 90. Nuestro primer hogar es la furgo, sin duda alguna. Es el techo bajo el que más noches pasé en toda mi vida. El segundo hogar estará en Barcelona. Supongo, de momento, el tiempo dirá…

La mayoría de gente, y sobre todo aquellos que no se atreven a hacerlo, siempre ponen la excusa de que hace falta mucho dinero para viajar. ¿Es posible viajar y trabajar? Imagino que dependerá de la profesión que uno sepa hacer.

Nosotros, en la ruta, gastamos menos dinero del que gastaríamos en cualquier ciudad europea si tuviéramos que pagar un alquiler, gas, teléfono, electricidad, agua, internet… Sin duda es posible viajar y trabajar, muchos lo hacemos. Creo que el gran secreto está en saber qué te gusta hacer, lo que amas hacer, que en mi caso es escribir, e inventarte un trabajo en la ruta relacionado con ello.

¿Todos estos años de qué habéis trabajado/vivido en vuestra vuelta al mundo?

Tenemos un apartamento en Barcelona que cuando salimos alquilamos para pagar la hipoteca. Sabíamos que teníamos que trabajar en algo en la ruta y empezamos escribiendo artículos para un par de medios de España. Luego hicimos compraventa de artesanías entre Zimbabue y Sudáfrica y aunque no tenía ganas, volví a trabajar en publicidad en Chile durante 9 meses mientras Anna trabajaba en algún restaurante japonés, algún bar de tapas, una pista de esquí… Vendimos objetos coleccionables que desenterramos de basureros antiguos a través de internet, Anna empezó a hacer pulseras y collares, se terminó de pagar la hipoteca… Escribir cada libro me llevó por lo menos 5 meses y desde el 2007 ya escribí 3 libros. Se venden en las mejores librerías de viaje de España (distribuidos por Altaïr), en Argentina, en formato digital para todo tipo de tabletas y los vendemos en mano en la ruta o cuando damos una charla/conferencia. ¡Hicimos tantas cosas!

DESCENDIERON DURANTE 10 DÍAS UN RÍO DEL AMAZONAS PERUANO EN UNA ENDEBLE BALSA DE TRONCOS, VIAJARON EN VARIOS BARCOS DE CARGA, CRUZARON TERRITORIO NARCO EN SINALOA Y CHIHUAHUA, MÉXICO, Y EXCAVARON EN PUEBLOS ABANDONADOS EN BUSCA DE BOTELLAS ANTIGUAS.

¿Viajando uno aprende a dejar de echar de menos? ¿Uno se hace más ermitaño?

Siempre se extraña algo, sin duda uno cambia después de tantos años de viaje. Personalmente, disfruto mucho los desiertos, su silencio, con lo que eso tiene de soledad.

¿Qué hacéis ahora en España? ¿Por dónde sigue ahora vuestra ruta?

Estar en España es tomarse unas vacaciones de la ruta, ese corte tan necesario para seguir sorprendiéndonos después de 14 años recorriendo el mundo. Durante el próximo año queremos terminar de recorrer extensivamente los lugares más interesantes y alejados de Norteamérica, Terranova, Quebec… quizás llegar a Groenlandia en barco o avión, no sé, ya veremos… No nos interesan demasiado las ciudades. Solo algunas.

Tres libros que han contribuido a mantener vuestro proyecto 4x4x4. ¿Nuevos proyectos en mente?

Escribir me gusta tanto como viajar. Lo hago con cariño e intento dedicarle tiempo en la ruta. Tengo varios proyectos de libros en mente, solo que me falta tiempo, ¡el día debería tener unas 30, 35 horas por lo menos! Como siempre, hay que elegir.

Un par de consejos low cost en vuestro top de estos 14 años.

No comprar por impulso. No comprar algo que realmente no necesitas. Aprender uno mismo a solucionar los problemas, a arreglar el vehículo, a diseñar los libros… todo lo que uno mismo pueda hacer es dinero ahorrado para seguir viajando.

Uno o varios momentos que podáis definir como 100% felices en la vuelta al mundo. Yo recuerdo cuando llegué a Bahía Lapataia en el Parque Nacional Tierra del Fuego 11 meses después de haber salido de Alaska.

14 años dan para unos cuántos, muchos momentos de felicidad sublime. Por ejemplo, ver en el radar del barco de Pescanova cómo el fondo del océano comienza a subir hacia la costa de Argentina, tras más de 20 días cruzando el Océano Atlántico Sur. Otro momento es cada vez que alguien me dice que le encantan las historias que comparto en los libros y por internet, cada vez que alguien me insulta con cariño porque mis historias le inspiraron para lanzarse a la ruta y le cambiaron la vida. O cada vez que me doy cuenta que el universo se vuelve a confabular para que consigamos lo imposible. Ocurre, es sorprendente pero pasa. Sobre todo cuando hace bastante tiempo que uno no se manda una cagada. Aunque nadie suele hablar de ellos, los viajeros también nos equivocamos.

¿Alguna vez tuvisteis agenda o habéis aprendido a vivir improvisando?

Improvisamos. Siempre nos damos la libertad de cambiar los planes. No tenemos agenda, ni viajamos con teléfono. Cuando viajamos intentamos solo viajar.

Una vez escuché la frase “Viajar fomenta la intolerancia”. ¿Te reafirma en algunas ideas y tira por tierra muchos prejuicios?

Viajar jamás fomenta la intolerancia. ¿Es una pregunta trampa? Viajar te abre los ojos, te vuelve tolerante, sobre todo si tu objetivo al viajar es sorprenderte y comprender lo que te rodea, y contactar con la gente. Viajar fomenta la intolerancia de aquellos que no son viajeros, de aquellos que son turistas y que siempre extrañan la seguridad de su hogar.

Tenemos muchos lectores que sueñan con hacer cosas como vosotros sentados tras la pantalla, soñando… ¿qué les diríais?

Que no tengan miedo. Que arriesguen. Que vale la pena.

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267- El mosquito, la tortura del viajero | SALUD EN VIAJE

La Vuelta al Mundo en 10 Años - www.viajeros4x4x4.com

Ningún ser vivo que se dedique a chuparte la sangre puede ser tu amigo. Y esto incluye a mosquitos, banqueros, jejenes, mecánicos deshonestos, moscas negras, cerrajeros nocturnos, piojos, procuradores, pulgas, abogados de divorcios, moscas tsé-tsé y otros insectos indeseables que te dejarán enfermo, hinchado o seco.

Vista la comparación, el mosquito nos parecerá un ser inofensivo, incluso simpático. Vamos, ¿a quién no le gustaría ser libre para volar y picar alguna nalga en una playa cálida?

Pero identificarte con ellos tiene sus problemas: en algunas regiones del mundo los moquitos contagian enfermedades que pueden llevarte al borde de la muerte y más allá. Y eso ya no es tan atractivo.

Hablando rápido, transmiten malaria (también llamado paludismo), dengue, fiebre amarilla, zika y chikunguña, la última enfermedad que se está poniendo de moda en los bares de sangre roja frecuentados por estos insectos. Solo existe una vacuna preventiva contra la fiebre amarilla, que dura 10 años, pero nada te evitará jugar a la ruleta rusa si no tomas precauciones. Confiar en tu mala sangre o inyectarte con varios gin tonics diarios, como hacían los exploradores africanos del siglo dieciocho y diecinueve con el pretexto de que la tónica tiene quinina, ya no sirve como excusa. La medicina y la conciencia humana han avanzado.

QUÉ HACER

La primera medida que debes tomar para protegerte de las enfermedades transmitidas por las picaduras de mosquitos es dejar la menor cantidad posible de superficie de piel a la vista. No necesitas usar un burka, no es obligatorio vestir como las mujeres musulmanas tradicionales que no enseñan ni la punta de las uñas, pero sí es muy recomendable usar pantalones y camisetas de mangas largas. En caso de que las hordas de mosquitos estén extremadamente hambrientas, también aconsejamos ponerte el pantalón por dentro de los calcetines. No es muy sexy ni queda muy elegante, pero es útil y hasta te pueden confundir con un jockey de vacaciones.

La empresa ExOfficio, que nos apoyó con ropa durante parte del viaje, tiene camisas, camisetas, pantalones y pañuelos embebidos en Permetrina. Es un líquido que no huele y que, según el sistema que utilizan, aguanta unos setenta lavados, lo que suele durar cualquier prenda. Si insistes en usar tu ropa de siempre busca el producto por internet, es posible que lo consigas y que encuentres las instrucciones de uso.

La segunda medida, indispensable, es rociarte la piel expuesta con repelentes de insectos que utilicen DEET como ingrediente activo. Nosotros utilizamos el spray Repel Sportsmen Max, que tiene un 40% de DEET y compramos en Walmart por menos de 4 dólares. El compuesto es capaz de borrar las letras del tablero de la furgo y de la cámara fotográfica, pero aparentemente es inocuo a la piel. Llevamos años usándolo y más allá de la obsesión por buscar caminos lejanos infestados de insectos no notamos ningún otro efecto secundario.

Por cierto, ayer nos cruzamos con un motociclista que llevaba un repelente de insectos fabricado en Estados Unidos con el 98% de DEET.

La tercera medida es encender espirales anti mosquitos dentro del vehículo (o de la tienda) apenas nos detenemos. Cerramos las puertas y nos vamos a pasear, dejando que una densa humareda impregne todo. Al abrir las puertas ni los insectos, ni los seres humanos querrán intentar entrar. A veces es un poco frustrante.

En ciertos lugares, como el norte de Quebec, Alaska, Yukón, las selvas africanas, americanas o asiáticas, o donde la incidencia de enfermedades transmitidas por mosquitos es mayor, antes de ir a dormir rociamos el interior de nuestra casa con ruedas con algún insecticida extremo tipo Raid o Baygon. Cerramos las puertas y esperamos unos minutos. Lo ideal sería airear un poco antes de entrar, pero corres el riesgo de que otros intrépidos insectos tomen el sitio de los que ya han caído en acción. Entonces, aguanta la respiración, entra rápido, y cruza los dedos para que tu intoxicación solo sea leve. Llevamos años sobreviviendo así.

Constantemente aparecen nuevos productos mágicos que prometen liberarte de los mosquitos de una forma más natural. Los hemos probado casi todos, y ninguno es tan efectivo como los métodos que te acabo de contar. El último invento que cayó en nuestras manos es una pulsera que utiliza aceites de geraniol, citronella y lemongrass (en inglés, según la etiqueta) como ingredientes activos.

Había tantos insectos volviéndome loco (adiós Buda, bienvenido Karate Kid, ver historia El Predador más Sanguinario de Norteamérica) junto a aquel lago idílico de Quebec, que terminé poniéndome la pulsera elástica en el cuello. Los bichos desaparecieron casi instantáneamente. Cuando empecé a notar que los colores comenzaban a verse bastante más intensos de cómo debían ser pensé que aquello no sería muy sano y decidí hacer caso a las indicaciones que recomendaban usarla en el tobillo o la muñeca. A pesar de que la etiqueta dice que ‘ahuyenta los mosquitos y otros insectos durante 200 horas’, solo funcionó durante las primeras tres horas.

Otra opción es la de dormir siempre dentro de una mosquitera. En este caso, la trama de la malla debe ser inferior a 1,5 milímetros.

La cuarta medida, pero solo para lugares donde exista un riesgo importante de contraer malaria, es tomar medicinas como Malarone o Paludrine. No son vacunas, pero fortalecen tu sistema inmunológico. Durante nuestro recorrido de casi 2 años por África estuvimos tomando una pastilla de Malarone (compuesto Atovacuona y Clorhidrato de Proguanil) al día y una de Paludrine (compuesto: Proguanil) a la semana. Entre estas medidas y las enumeradas antes, conseguimos evitar contraer alguna enfermedades transmitida por mosquitos.

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Resumiendo, después de un tiempo y una buena dosis de frustración y paranoia me di cuenta que, en cuestión de mosquitos, lo único que sirve es la prevención. Es indispensable usar ropa de mangas largas, rociar el interior de tu vehículo con insecticida y tu piel con repelente de insectos con un alto porcentaje de DEET. Si viajas por zonas donde la malaria sea común, es recomendable tomar algún coctail de pastillas que refuerce tus defensas.

Como en América decidimos no medicarnos, llevamos una alternativa llamada Lariam (componente activo: Mefloquina) para tomar en caso de enfermar en una zona alejada, donde no haya hospitales. Lariam puede causar ciertos efectos secundarios desagradables como convulsiones, alucinaciones, episodios psicóticos, tendencias depresivas, irritabilidad, obnubilación, mareos, insomnio, vértigos y cefaleas, entre otros. La llevamos para tomar solo en casos de emergencia.

Recuerda, los mosquitos no son tus amigos. La malaria no es una medalla para colgar en el currículum. El más listo no es el que sobrevivió a una malaria, sino el que se protegió a tiempo.

Encuentra más información sobre la malaria en la Fundación Io.

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¡MÁS DE 15 AÑOS TRABAJANDO DESDE LA RUTA Y VIAJANDO SIN PARAR ALREDEDOR DEL MUNDO EN FURGO 4X4 Y MOCHILA.

El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y seguro que… ¡es capaz de sobrevivir a una bomba atómica! Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano, El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África, uno de los cuales ya fue traducido al inglés, The Book of Independence. Pablo también escribe artículos de viaje y aventura para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna trabaja en la edición de los libros y los articulos y hace collares y pulseras de macramé.

Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

 




262- 14 años después todavía seguimos en la ruta. Entrevista en video.

www.viajeros4x4x4.com

El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años. Algo pasó, porque 14 años, 4 continentes y más de 300.000 kilómetros después todavía seguimos en la ruta. La misma pareja con la misma furgo 4×4, La Cucaracha.

Hace unas semanas Che Toba, de Argentina, nos hizo esta entrevista para su blog, donde nos preguntó cosas que nadie había preguntado. Creo que es la mejor manera de celebrar este aniversario con todos los amigos visibles e invisibles que nos acompañan en la ruta. Más abajo está el video.

También queremos agradecer a todos los que compran los libros en España, Argentina y a través de Amazon y Kindle y se entusiasman con las historias. Sin ese apoyo sería mucho más difícil seguir viviendo en la ruta.

Gracias también a Panama Jack en España por ponernos las botas durante 14 años, y a ExOfficio en Estados Unidos por vestirnos durante el último año. Ahora estamos más guapos que nunca.

14 años después de empezar, todavía seguimos en la ruta.

Nos vemos por ahí.

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