74- Puig, ciclista.

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– ¿Tú no serás Puig?

– Sí

Cinco minutos atrás nos habíamos detenido clavando los frenos. A un lado de la ruta desierta había un ciclista flaco revolviendo entre sus morrales. No, no era flaco, era un puñado de huesos atados por la fibra de la ruta. Era el viajero en bicicleta más flaco que habíamos conocido en la ruta.

Pero este hablaba como si hubieran pasado años desde su último encuentro con un ser humano. Las palabras se apelotonaban en su boca como un almuerzo mal digerido, y vomitaba, vomitaba palabras, frases y temas. Cambiaba tan rápido de historia que no daba tiempo a replicar.

– Hace seis años que viajo en bicicleta por Sudamérica. Soy catalán y también argentino. Hace unos meses conseguí hacer mil bolos vendiendo artesanías. No sabía dónde guardarlos. Con eso viví tres meses. Ahora estoy viviendo en casa de una mujer que cocina. Hace mucho tiempo que estoy en Venezuela, me encanta el país, pero eso de follar… si tienes un coche o una moto es fácil ligar. Pero yo tengo una bicicleta y no me dan bola. Sólo ligo con las feas y las viejas. Los ciclistas estamos minusvalorados en el mercado del transporte. Ahora me acaban de cortar el pelo gratis. Cada vez que cruzaba a Brasil me llamaban Jesucristo. Ei Jesucristo, ¿otra vez por aquí? Siempre decían lo mismo. Lo mejor para subir al Roraima es esperar en Paraytepuy a que llegue un grupo organizado de venezolanos. Por aquí la gente tiene muy buena onda y seguro se podrán unir al grupo con el guía y sin pagar nada. Eso sí, tienen que llevar su comida y sus cosas…

Entonces se detiene un momento para tomar aire. Puig está muy flaco. Puig está muy feliz.

– Ya no como carne. Y cada vez como menos. Cuando comes poco el estómago se te va haciendo cada vez más pequeño. Hace unos meses comí un poco de carne y terminé echándola para afuera. Mi estómago no estaba acostumbrado. ¿Sabían que el diesel sirve como repelente de mosquitos? Hay que mezclarlo con un poco de aceite, aceite de cocina va bien, y te lo pasas por la piel. No se te acerca nada, ni gente, ni mosquitos.

Puig lleva una camisa remendada, un regalo. Y unas sandalias nuevas que le trajo su padre desde España, compradas en su pueblo. Los morrales de su bicicleta están recosidos. Va hacia la Piedra de la Virgen, a cien kilómetros, para vender sus colgantes de piedra tallada. No le dejan instalarse en los sitios turísticos de la Gran Sabana, son exclusivamente para los Pemón, la nación indígena del sur de Venezuela.

– Pero, ¿cómo sabían mi nombre?

– Los bomberos de Carúpano nos hablaron de un ciclista español que hablaba mucho, que les había hecho unos pequeños cascos de piedra.

Puig se quedó en la ruta. Le preguntamos si necesitaba algo y nos dijo que no. Viajaba con muy poco y gastaba todavía menos. Sólo lo indispensable. Puig es libre.

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20- A Machu Picchu por la puerta trasera

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La ciudad arqueológica inca de Machu Picchu siempre fue conocida por los campesinos que vivían en la zona. Pero para los ojos del resto del mundo, estuvieron perdidos y olvidados durante cuatrocientos años en la cima casi inaccesible de una montaña.

Exactamente, hasta el 14 de julio de 1911, cuando Hiram Bingham llegó hasta la ciudadela guiado por un arrendatario de tierras llamado Melchor Arteaga y por un sargento de la policía apellidado Carrasco. Allí vivían dos familias de campesinos, los Recharte y los Álvarez, que usaban los andenes de las ruinas como terrazas de cultivos y recogían el agua de un canal de irrigación original que traía agua de un manantial.

El gran mérito de Bingham fue darse cuenta de la importancia del sitio al que le habían llevado. Machu Picchu.

Tercera maravilla del mundo durante las votaciones de 2007, es inevitable plantear un viaje para conocer una ciudad cuyas piedras están unidas sin cemento ni mortero. Es turístico, sí, pero también es algo que todo ser humano debería tener el derecho de contemplar, como Petra en Jordania o la Gran Muralla en China. La mejor época es entre mayo y septiembre, aunque en junio, julio y agosto encontrarás demasiados turistas.

No todos los que llegan hasta Machu Picchu tienen los días contados y dinero para gastar. Por eso, aquí van unos datos interesantes con rutas alternativas para todo tipo de bolsillo.

DATOS BÁSICOS: Si tienes dinero y poco tiempo o si simplemente tienes dinero, el tren desde Cusco que tarda cuatro horas a Aguas Calientes, cuesta entre 80 y 110 dólares ida y vuelta. A ello hay que sumarle el autobús que sube la montaña hasta la puerta del sitio arqueológico, que cuesta unos 7 dólares por trayecto. La entrada a Machu Picchu, que debe pagarse en soles, cuesta unos 45 dólares para los extranjeros, la mitad para los estudiantes acreditados.

(Debido a las inundaciones en el años 2011 que provocaron el desmoronamiento del terraplen que soportaba las vías del tren, ahora los viajes se inician en Poroy, a cuarenta minutos de Cusco. También puedes iniciar el viaje en tren desde Ollantaytambo, pero se recomienda comprar los pasajes en Cusco)

CAMINOS ALTERNATIVOS AL TREN: Si tienes poco dinero y mucho tiempo, puedes ir en transporte público de Cusco a Santa Teresa (termas) vía Ollantaytambo. Y desde allí a la Hidroeléctrica donde comienzas a caminar sobre la vía del tren hasta Aguas Calientes (el tren cuesta 8 dólares por trayecto). Son 12 kilómetros con una leve pendiente ascendente que se recorren caminando en dos horas y media. La última parte de los Jungle Treks que cuestan entre 200 y 250 dólares recorre este camino. En Aguas Calientes se consiguen camas decentes en dormitorios desde 3 o 4 dólares la noche.

¿SE PUEDE LLEGAR CAMINANDO? Si no tienes dinero y quieres llegar a Aguas Calientes como sea, la mejor manera es tomar algún transporte público hasta Ollantaytambo y desde allí caminar por la vía del tren unos 30 kilómetros hasta Aguas Calientes. Algunos dicen que está prohibido, otros dicen que no… por intentarlo no vas a ir a prisión. Depende el estado físico de cada uno, se puede hacer en dos o tres días.

ENTRADA GRATUITA: Las lenguas viperinas y tiradores de cartas de algunos albergues dicen que te puedes ahorrar la entrada a Machu Picchu por senderos fuera del circuito turístico… Hay que empezar a caminar de noche y con un guía no oficial que cobrará unos 20 soles (6 dólares) por persona.

NUESTRA RECOMENDACIÓN PARA SUBIR HASTA MACHU PICCHU es tomar el primer autobús que sale de Aguas Calientes a Machu Picchu a eso de las 5.30 de la madrugada y guardar fuerzas para recorrer la ciudad y el Huayna Picchu. Y descender la montaña a pie hasta Aguas Calientes.

EL ASCENSO AL HUAYNA PICCHU es muy exigente y muy expuesto a caídas en algunos tramos y está limitado a 400 visitantes diarios, cupo que a las 9 de la mañana suele estar completo. Vimos algunos abuelos andaluces sufrir mucho en el intento.

EL CIRCUITO QUE RODEA AL HUAYNA PICCHU pasando por la Gran Caverna y el Templo de la Luna es un sendero de tres horas que desciende en picado hasta unos cientos de metros sobre el nivel del río y vuelve a subir nuevamente casi hasta la cumbre. Casi no hay terreno llano. En ese par de horas adelgazamos varios kilos.

EL PRECIO MÍNIMO PARA HACER EL CAMINO DEL INCA es de unos 300 dólares por persona y hay que reservar plaza con varios meses de anticipación. El precio incluye el traslado en tren hasta el kilómetro 82 (donde comienza el sendero), guía, porteadores y la comida para el camino. Seguro que es muy interesante, pero los alrededores de Cusco están plagados de sitios arqueológicos impresionantes por donde se puede caminar. Nuestros preferidos son Ollantaytambo, Pisaq, Tipón y Saqsayhuamán. Todos son accesibles en transporte público o taxis que pueden compartirse y el valor de la entrada suele variar entre 3 y 8 dólares. La alternativa es comprar el Boleto Turístico que da acceso a sitios arqueológicos y museos de la ciudad durante una semana o diez días y cuesta casi 25 dólares.

EN LOS MESES DE LLUVIA, de noviembre a marzo, es muy probable que el camino del Inca esté cerrado.

PARA LOS VIAJEROS CON VEHÍCULO PROPIO hay un circuito demasiado bonito desde Cusco-Urubamba-Calca-Lares-Quellouno-Quillabamba-Santa Teresa, que pasa por varias termas de agua caliente. El vehículo lo dejas en un estacionamiento en Santa Teresa. El resto del camino hasta Aguas Calientes está explicado más arriba. La mayor parte de la ruta la hicimos a un promedio de 20 kilómetros por hora. Buena parte tiene un solo carril que avanza junto a un precipicio. Cruza los dedos y ruega no encontrar un camión. El retorno a Cusco se puede hacer directamente desde Santa Teresa a Ollantaytambo (y luego Cusco) vía el Abra Málaga…

A partir de julio de 2011 la entrada a Machu Picchu está restringida a solo 2500 personas por día. O sea, compra la entrada con anticipación o llega temprano.

 

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La Cucaracha

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Nací en Japón en 1991 y para los amigos soy La Cucaracha. Para los demás soy un minibús o van Mitsubishi L300/Delica 4×4 de motor turbo diésel 2.5 ensamblado en la factoría de Mizushima. Mis primeros años fueron tranquilos, me compró un médico que me usaba para llevar a su familia de picnic todos los fines de semana. Dormía todas las noche en un garage. Me lavaban todos los fines de semana. Una vez fuimos a la montaña. Era una vida estupenda.

Pero en 1999 el doctorcito me abandonó por otra más joven. Entonces caí en las manos de un vendedor de coches usados, un desconsiderado que no tuvo reparo en rebajarme los kilómetros para deshacerse de mí cuando dos principiantes en busca de emociones fuertes creyeron que yo era el vehículo indicado para dar la vuelta al mundo. ¿Por qué no se enrolan en la Legión Extranjera y me dejan en paz? ¡Idiotas! ¡Ciegos! ¡Boludos!

Me llevaron por lugares alejados de toda civilización donde los mecánicos eran brutos y me miraban con una expresión rara. Me hicieron cruzar desiertos, barrizales, ríos y cordilleras, he bebido los peores combustibles del mundo, tragué agua, arena y una vez ¡hasta se me congeló el aceite! ¡Me insultaron! ¡Amenazaron con tirarme a un barranco y cobrar el seguro! ¡¡Me llamaron coche del Ratón Mickey!! Sufrí tanto, Recambio Original bendito, que tuvieron que hacerme un transplante de motor. Creo que el donante fue coreano.

Después de tanto maltrato por esos caminos alejados de África, Asia y América por lo menos merezco que se me conceda un deseo. Me gustaría jubilarme en Miami. Y si no es en Miami que sea en algún sitio tranquilo y llano, donde todas las calles estén asfaltadas y los mecánicos trabajen con guantes descartables.

Pero no consigo deshacerme de Anna y Pablo. Se han emperrado en terminar la vuelta al mundo… ¡conmigo! ¡A través de Siberia! Y tampoco se deciden a tomar la ruta, porque suben y bajan y vuelven a los mismos lugares y se pierden por caminos de mierda por donde no va ni Dios. ¡Por favor! ¡Que alguien les regale un GPS! Y encima, ahora, me llaman La Cucaracha por que dicen que me meto en todos lados y que ni una bomba atómica va a acabar conmigo…

¿Por qué me hacen esto? ¿Qué les hice?

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Anna Callau

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Anna nació en Barcelona. Su primer viaje fue a Marruecos, en tren y autobuses. Se fue con una amiga del barrio, ignorando las advertencias de su familia y abandonando a su novio, que repetía historias acerca de los peligros de la trata de blancas. Al volver tuvo que elegir una carrera universitaria sin saber todavía qué quería hacer con su vida. Por eso empezó a estudiar Empresariales, que ofrecía muchas oportunidades de trabajo.

Cuando comenzó a trabajar se dio cuenta que aquello no era para ella y que sería más divertido trabajar en la música. Por eso abandonó todo y empezó de nuevo en Doctor Music, una promotora de conciertos de rock donde su espíritu rebelde encajaba mejor. Fue allí donde su camino se cruzó con el de Pablo Rey, un argentino que llevaba 6 años y medio viviendo en España. El mismo que, tiempo después, le hizo una proposición indecente: ‘¿querés venir a dar la vuelta al mundo conmigo?’. Tardó 20 minutos en decirle que sí.

9 meses más tarde, el 20 de junio del año 2000, Anna y Pablo partieron de Barcelona en una furgoneta Mitsubishi L300 4×4 de 1991 bautizada como ‘La Cucaracha’, para dar la vuelta al mundo en 4 años. Todavía viven en la ruta.

Juntos recorrieron el sur de Europa, Oriente Próximo y África de norte a sur, cruzaron el Océano Atlántico Sur durante 23 días en un barco de pesca y avanzaron despacio por todos los países de América, desde el extremo sur de Tierra del Fuego hasta el Océano Ártico en Alaska y la isla de Terranova en Canadá.

En el camino sobrevivieron a persecuciones armadas en Etiopía, ataques con kalashnikovs en Kenia y cargas de elefantes en Zimbabue. Descendieron un río del Amazonas Peruano en una balsa de 6 troncos y rompieron el motor en lugares extremos y desolados, como el Desierto del Sahara en Sudán y el Altiplano en Bolivia, durante un invierno especialmente frío que congeló todos los líquidos de La Cucaracha a casi 5000 metros de altura.

Durante más de 400.000 kilómetros de rutas y más de 50 países recorridos compartieron casa y comida con cientos de personas de culturas, idiomas y orígenes distintos. Por allí, en lugares perdidos que no figuran en los mapas, descubrieron que el techo puede ser de cemento, paja o estrellas, pero la gente es la misma: si quitas los dogmas y el adoctrinamiento, somos todos iguales, una gran familia humana, viviendo en un planeta hermoso y frágil.

Anna ha trabajado en la edición de los libros escritos por Pablo sobre La Vuelta al Mundo en 10 Años. Juntos dan charlas y conferencias en España, Estados Unidos y donde les pille la ruta y han participado en eventos importantes, entre los que destacan la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), el Museo de Arte de Puerto Rico, la Universidad Carlos III de Madrid, Sant Jordi y la Fira per la Terra en Barcelona, la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador) y la Overland Expo de Arizona.

En el año 2012, durante sus vacaciones del viaje en Barcelona, trabajó en la producción de los conciertos de Bruce Springsteen, en la Vuelta Ciclista a España como coordinadora de azafatas de Festina, y en el Fòrum, el Centro de Convenciones de Barcelona.

¿Cuándo terminarán su viaje? Nadie lo sabe.

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Pablo Rey

Retrato de Pablo Rey por Carlos Holemans

Pablo Rey nació en Buenos Aires. En 1992 decidió emigrar a España. El vuelo Buenos Aires-Recife-Isla de Sal-Argel-Moscú-Madrid con Aeroflot fue una gran aventura: no ofrecían películas, no te obligaban a usar el cinturón de seguridad, se podía fumar hasta en el baño y un ruso borracho le pegó a una azafata. Al tipo lo abandonaron en Argel. España estaba en crisis, pero igual decidió quedarse. Le gustaba el país, le gustaba el Barça del Dream Team y le gustaba el carácter explosivo de las españolas.

Tras casi un año y medio ejerciendo de orgulloso inmigrante ilegal, Pablo consiguió su permiso de trabajo y comenzó a trabajar en publicidad. Fue el inicio de una carrera intensa que le llevó a ganar más 20 premios nacionales e internacionales representando a agencias españolas. Al mismo tiempo empezó a viajar: Croacia y Eslovenia (apenas terminada la guerra de los Balcanes), Islandia, el norte de África, Hawaii, Amsterdam y Barcelona.

Su primer recuerdo de Barcelona es una herida sangrante: cuando se levantó por la mañana descubrió que su coche había desaparecido. Se lo había llevado la grúa. Todo el dinero que tenía para ese fin de semana se esfumó de repente. Entonces mandó a Barcelona al demonio y se volvió a Madrid a tomar unas cañas

La segunda vez que pisó Barcelona fue mortal, una daga directa al corazón: la belleza antigua del barrio gótico, los bares del Raval, el pueblo con playa de la Barceloneta, y la tolerancia de la gente que te habla en castellano si no comprendes catalán, fueron una invitación a quedarse. Y se mudó a Barcelona.

Tras perderse por México, Guatemala, China, Mongolia, Tibet y Japón, comenzó a tener la sensación de que el tiempo debería valer más que el dinero. Que le podían pagar demasiado bien por su trabajo, pero que jamás sería suficiente como para compensar los días que permanecía encerrado en una oficina. En esa época, mientras desarrollaba un proyecto de juego de mesa en las oficinas de una promotora de conciertos de rock de Barcelona, conoció a una catalana llamada Anna.

Luego viajó por Sudáfrica, Zimbabue y Namiba, cada vez más lejos de las rutas asfaltadas, y aprendió a perderse, a olvidar el miedo a lo desconocido, y a vivir el presente. Y se dio cuenta que las vacaciones nunca serían suficientes, porque siempre terminan cuando uno comienza a acostumbrarse a ellas. Y que tenía que cambiar de vida. Debía renunciar a todo lo que había conseguido, e inventar algo nuevo.

“Jamás olvidaré el lunes que apoyé el cañón de una pistola en mi cabeza y disparé hasta quedarme sin balas, sin detenerme a pensar en lo que hacía para no darle otra oportunidad al arrepentimiento. Era la despedida a un trabajo fijo, la renuncia a un futuro previsible, la jubilación de la seguridad. Pasaban diez minutos de las diez de la mañana y mis últimas palabras decían, más o menos, ‘quédense ustedes con el muerto que  yo me largo’. Mi cuerpo se desplomó y yo salí por la puerta.”

(Extracto de ‘El Libro de la Independencia’)

Eso ocurrió en septiembre de 1999.

Nueve meses más tarde, el 20 de junio del año 2000, Pablo Rey y Anna Callau partieron de Barcelona en una furgoneta Mitsubishi L300 4×4 de 1991 bautizada como ‘La Cucaracha’, para dar la vuelta al mundo en 4 años. Todavía viven en la ruta.

Juntos recorrieron el sur de Europa, Oriente Próximo y África de norte a sur, cruzaron el Océano Atlántico Sur durante 23 días en un barco de pesca y avanzaron despacio por todos los países de América, desde el extremo sur de Tierra del Fuego hasta el Océano Ártico en Alaska y la isla de Terranova en Canadá.

En el camino sobrevivieron a persecuciones armadas en Etiopía, ataques con kalashnikovs en Kenia y cargas de elefantes en Zimbabue. Descendieron un río del Amazonas Peruano en una balsa de 6 troncos y rompieron el motor en lugares extremos y desolados, como el Desierto del Sahara en Sudán y el Altiplano en Bolivia, durante un invierno especialmente frío que congeló todos los líquidos de La Cucaracha a casi 5000 metros de altura.

Durante más de 400.000 kilómetros de rutas y más de 50 países recorridos compartieron casa y comida con cientos de personas de culturas, idiomas y orígenes distintos. Por allí, en lugares perdidos que no figuran en los mapas, descubrieron que el techo puede ser de cemento, paja o estrellas, pero la gente es la misma: si quitas los dogmas y el adoctrinamiento, somos todos iguales, una gran familia humana, viviendo en un planeta hermoso y frágil.

Pablo ha escrito artículos para revistas como Lonely Planet, Altaïr y Overland Journal. En los últimos años ha escrito y editado 3 libros en castellano (El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino, Historias en Asia y África) y uno en inglés (Around the World in 10 Years: The Book of Independence). Todos se pueden conseguir en España, en Argentina y en todo el mundo a través de las páginas web de Amazon.com y Kindle.

Pablo y Anna también dan charlas y conferencias en España, Estados Unidos y donde les pille la ruta y han participado en eventos en eventos importantes entre los que destacan la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), el Museo de Arte de Puerto Rico, la Universidad Carlos III de Madrid, Sant Jordi y la Fira per la Terra en Barcelona, la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador) y la Overland Expo de Arizona.

Su página web está llena de información de primera mano para espíritus inquietos que sueñan con empezar una nueva vida o, por lo menos, con tomar un año sabático y partir a descubrir el mundo.

¿Cuándo terminarán su viaje? Nadie lo sabe.

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Retrato de Pablo Rey por Carlos Holemans

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