239- Adrenalina (Historia para la revista Overland Journal)

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©Pablo Rey – Historia publicada en la revista Overland Journal de Estados Unidos en su número de Spring 2013.

CAMINANDO POR EL LADO SALVAJE DE MANA POOLS. 

Pocos viajeros conocen Mana Pools, uno de los parques nacionales más espectaculares de África. A primera vista parece otro retazo de bosque protegido, surcado por un gran río y salpicado con ejemplares de todas las especies de animales africanos. Sí, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pero no tiene detalles extraordinarios. No se encuentra dentro del cráter de un volcán apagado como Ngorongoro, no tiene instalaciones para observar fauna durante la noche como Etosha, ni las llanuras infinitas de Masai Mara o Serengueti, donde la épica de las migraciones atrae a decenas de miles de visitantes al año. No, el Parque Nacional de Mana Pools, ubicado al norte de la esquilmada Zimbabue, frente a la frontera con Zambia, no tiene nada de eso.

Lo que tiene Mana Pools, y en unas sobredosis desmesuradas, es adrenalina.

En Mana Pools puedes hacer algo que está prohibido en el resto de parques nacionales africanos: caminar entre leones, hienas y elefantes sin la escolta de un guardaparques. Nadie te impedirá aparcar tu vehículo a la sombra de un baobab y alejarte desarmado en cualquier dirección, hasta donde te lleven los pies o el sentido común. Esa es una decisión particular, tu responsabilidad, tu libertad, tu riesgo, tu vida. Tu locura más hermosa del día.

Caminas hasta la orilla del río Zambeze imaginando los pasos de los primeros hombres y te detienes dentro del molde seco de una huella enorme para calcular el tamaño de unos colmillos de marfil. Observas. A la derecha, una manada de quince elefantes avanza despacio hacia la orilla. Hay dos machos grandes, unas cuantas hembras, algunos jóvenes y un par de crías ya crecidas. A la izquierda, un grupo de cebras se esconde entre ñus y antílopes con la misión imposible de pasar desapercibidas. Los hipopótamos gruñen aclarándose la garganta y tú estás allí, entre ellos, de pie y lejos de tu vehículo. Armado con un absurdo cuchillito suizo.

Al otro lado, en Zambia, una alfombra mullida de árboles tapiza la falda de las montañas. La vista es amplia, el paisaje impresionante. Es octubre, la temporada de las lluvias está a punto de comenzar y el aire permanece caliente. Entonces vuelves a dejarte llevar y sigues a la manada de elefantes, caminando despacio en contra del viento. Buscas leones entre los arbustos y los pastos altos esperando no encontrar ninguno y recorres con los ojos la superficie calma del río Zambeze, atento a los cocodrilos que asoman sus ojillos en el agua. Tu adrenalina se dispara de manera escandalosa. No, no es un método ingenioso de suicidio, esto es emocionante. Es el retorno a una vida más salvaje.

Las zonas de acampada tampoco están separadas de la naturaleza por alambradas que encierran a los humanos como en el Parque Nacional Kruger. En Mana Pools es normal encontrar elefantes partiendo ramas junto a tiendas de campaña, búfalos que se rascarían el lomo con un Land Cruiser y leones o hienas que al caer la noche se acercan atraídos por olores extraños. La carne blanca, cruda, debe ser un bocado delicioso.

Los monos vervet, que corretean y chillan como niños desbocados, se suben a los techos de los baños, orinan desde las ramas altas de los árboles en lluvias espontáneas y envían a sus crías por los agujeros diminutos de los contenedores en busca de restos de pan enmohecido, bolsas de plástico sabor pastel y latas abolladas de Coca Cola. Observarlos siempre es un espectáculo. Trepan al techo de nuestro todo terreno como una pandilla de acróbatas chillones y espían el interior a través del parabrisas. Luego piensan rascándose bajo el brazo, como si tuvieran el cerebro en el sobaco. Uno de ellos, de pie sobre el espejo retrovisor, mete el brazo a través de la ventana que dejamos apenas abierta. No hay nada al alcance de su mano. El mono vuelve a rascarse el sobaco, está pensando. De repente se cuelga del vidrio y comienza a sacudirlo violentamente para romperlo.

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En Mana Pools es fácil sentirse libre. Esa igualdad, esa posibilidad de caminar desarmado entre animales (que si te equivocas te pueden matar y comer), hace de Mana Pools una experiencia única. Tienes que confiar en tu instinto, todos tus sentidos deben permanecer atentos, incluso aquellos que se durmieron hace siglos por culpa de la vida sedentaria. “Debes pasear, y mantenerte con vida” aseguran los guardaparques después de repetir una serie de reglas básicas, recordando al francés que murió hace unas semanas.

“Caminaba distraído hacia el teléfono público, allí, cerca del baño, y se cruzó con un elefante. El elefante se asustó, lo atrapó con la trompa, lo arrojó al suelo y lo pisó con las patas delanteras. Después, se arrodilló sobre él”.

Nada puede detener a un elefante. Cuando un elefante se enoja, el mejor lugar donde esconderte siempre es otro lugar. Cuando un elefante se enoja lo mejor que puedes hacer es estar lejos.

“Si quieren ver un elefante muerto tomen la huella hacia Vundu. Lo encontramos ayer. Le dispararon cazadores furtivos de Zambia que a veces cruzan el río por la noche. Pero esta vez el elefante huyó herido” y se detiene un momento antes de continuar. “Nosotros ya le cortamos los colmillos, las patas, la piel y la cola y los enviamos a Harare. Parques Nacionales vende todo. También cortamos algo de carne y la repartimos entre los trabajadores del Parque Nacional.”

“¿Carne? ¿Carne de elefante? ¿Sería posible conseguir algo de carne para nosotros? Tenemos un braai en el jardín pero no tenemos carne. Y una parrilla vacía siempre da pena. ¿Podríamos comprarte un poco de carne?”

“Yo no puedo venderles” contesta el guardaparques antes de levantar la cabeza hacia otro hombre que está en la oficina. “Pero él sí.”

Así, el carnívoro que les habla y sus amigos se hicieron con tres kilos de carne de elefante recién salada y cortada en tiras estrechas para biltong, charque o carne seca. Compramos unas cervezas Zambezi heladas en el colmado para los empleados del Parque Nacional y nos fuimos a preparar un asado de elefante.

En el restaurante Carnivore de Nairobi, Kenia, habíamos cenado cebra y cocodrilo. Aquellos eran auténticos bistecs que un carnicero con experiencia había cortado teniendo en cuenta los nervios, la grasa y la medida del plato. Nada que ver con estas tiras rasgadas y desaladas con un poco de agua que se retuercen sobre el fuego.

¡El elefante está listo!” anuncio al rato. Anna y los amigos belgas (Jorick y Winnie, Ronald y Sophie, que también están cruzando África hacia Ciudad del Cabo) se acercan a la mesa. A cien metros, un grupo de búfalos bebe agua en silencio. La carne es dura y tiene un sabor fuerte, esto debía ser un elefante viejo. Un pájaro secretario corre junto a la orilla del Zambeze para volar hacia la seguridad de los árboles. Atardece. Hay que ir al baño antes que sea de noche para no convertirnos en la cena de otros carnívoros.

——

No fue difícil encontrar los restos de la cena de la noche anterior en el bosque de Mana Pools. Junto al camino principal, tres troncos caídos enmarcan una gran mancha de sangre que señala el lugar de la muerte. Ahí nace una nueva huella que esquiva un par de árboles y termina cien metros más allá, en el cadáver rodeado de buitres.

Desciendo de la furgoneta, tomo la cámara de fotos, el cuchillito suizo, y me acerco paso a paso. Busco leones, sombras, arbustos que se muevan, manchas doradas sobre la hierba, pero no descubro nada. Los buitres se quejan y escapan volando. Los intestinos, gordos como el muslo de un jugador de fútbol americano, serpentean sobre la tierra seca. El hueso del cráneo parece marrón. Las patas no están y la carne se ha vuelto negra. Comienzo a rodearlo y me cubre una nube amarga y tóxica. Mientras contengo la respiración, un viejo Land Rover verde aparca junto a la furgoneta. Son los rangers, que se acercan con rifles.

“¿Están locos? ¿No saben que hay leones?” pregunta uno.

“Si, por eso estamos aquí. Queremos verlos, pero parece que se han ido” respondo.

“No, ustedes no los ven. Ellos están allí. No debería hacer esto pero… vengan.”

Los rangers, vestidos con pantalón corto caqui y calcetines alzados hasta las rodillas avanzan armados delante nuestro, en fila india. Veinte pasos más allá el líder señala un punto entre los arbustos. A cuarenta metros del cadáver del elefante hay un león que me ha estado vigilando mientras paseaba como un jodido turista alrededor de su almuerzo. Hacia la derecha se distingue la silueta de una leona caminando bajo el sol, delante de otros dos leones jóvenes que no nos quitan un ojo de encima.

Así es Mana Pools, espectacular, hermoso y peligroso si uno se descuida. Auténtica adrenalina. Abandonar la seguridad de mi todo terreno para caminar entre animales salvajes fue un impulso primario, ese volver a arriesgar para encontrar un nuevo límite. Mana Pools fue el reencuentro con nuestro mundo perdido.

Desde entonces, cuando no sueño de noche que persigo elefantes junto a los bosques del Zambeze, sueño de día haciendo planes para volver a Mana Pools.

Adrenaline. Story for Overland Journal Tail Lamp




223- Birr! Birr! Birr! | Rodeados por una tribu en ETIOPÍA.

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Extracto del libro ‘Por el Mal Camino’.

Habían pasado varias horas desde nuestra salida de Lalibela, y la ruta hacia Addis Abeba estaba poblada de tribus que iban cambiando a medida que hacíamos kilómetros…

          “Al subir una colina por el interior Yde un bosque, al llegar al punto en que el camino parece que va a comenzar a bajar, aparece un grupo de unos treinta hombres marchando por la carretera. Nos acercamos rápido pero ellos no se apartan. Reducimos la velocidad, ellos no se apartan. Van vestidos con taparrabos y llevan gruesos palos de caña de dos metros de largo, que golpean contra el pavimento mientras siguen el ritmo de la música que sale de un radiocasete enorme, que uno lleva sobre el hombro.

Podría ser el inicio de otro anuncio radiante de Coca Cola: la tribu africana que manifiesta su alegría al ritmo de una canción con una botella en la mano. Seguro que en cualquier momento uno de los que marchan adelante se despega del grupo para hacer unos giros de breakdance.

Pero no, ellos siguen sin apartarse. Frenamos.

No hay casas, no hay coches, no hay nadie más que ellos y nosotros. En esta parte del mundo nadie baila breakdance.

Y mientras nos rodean vuelvo a recordar la historia de los ingleses apaleados.

Los hombres pegan su rostro de ojos amarillentos a los vidrios y, sin dejar de golpear el suelo con sus palos, comienzan a gritar, a repetir la letra de una canción que solo tiene una palabra.

– Birr! Birr! Birr! Birr!

Recuerdo, imagino el pánico de los ingleses machacados ante una situación que no tiene lógica, que no aparece en los manuales de convivencia humana ni en las guías de la Lonely Planet.

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Anna está inmóvil. Siento como las cañas acarician la carrocería y pienso, intento pensar rápido. El birr es la moneda de Etiopía, quieren dinero.

– Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr!

Si uno de ellos golpea la furgoneta estamos perdidos. Un solo hombre es peligroso pero puede ser manejable. Treinta hombres pueden ser mortales. La masa excitada funciona como la nitroglicerina, el movimiento brusco de uno se convierte en la explosión de todos. Un simple tropiezo y todo se va a la mierda.

– Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! -gritan cada vez más fuerte, más cerca. Más sordos. Más bravos.

– ¡Sal-salgan del medio! -atino a decir.

Se me podría ocurrir algo mejor.

– Birr ok, birr ok, no problem -repito intentando una sonrisa tranquilizadora mientras señalo adelante, a un lado del camino.

Sigo avanzando muy lentamente, cero coma cinco kilómetros por hora, a través de los cuerpos que se pegan al metal oscuro. Algunos gritan con la boca verde de hojas de khat, una droga legal y natural, ligeramente estimulante, cuyo efecto es parecido al de las anfetaminas. Te despierta, te excita, te deja los dientes verdes.

El coro no cesa y sus ojos abiertos se aferran a todo lo que ven. Un rosario musulmán, mi camiseta, unas monedas sobre el salpicadero, un mapa, un bolígrafo, una mujer blanca.

– Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr! Birr!

Gano centímetro a centímetro haciendo promesas de dinero, de futuros birrs con una mueca cada vez más forzada. Con una mano llevo el volante y con la otra señalo a través de la ventana cerrada hacia algún punto imaginario que queda junto al camino, a un par de metros, aquí mismo. El sitio donde todos los deseos se hacen realidad.

Cada cuerpo deja una marca personal sobre la carrocería. La grasa de una huella digital, un rayón sabor a caña, saliva verde espesa.

Cuando se abre un hueco entre los hombres y los palos, suelto el embrague y acelero al máximo posible.

El tablero enloquece, las revoluciones saltan hasta un nuevo límite y el motor levanta su voz más aguda. No es la reacción del óxido nitroso en el combustible, no tenemos un todo terreno superpoderoso, pero los toma por sorpresa.

En el espejo retrovisor hay siete u ocho hombres que reaccionan y corren hacia nosotros. Durante el segundo que tardo en cambiar de marcha acortan distancias. Parece que nos alcanzan.

Nos persiguen zombis negros en taparrabos, de dientes verdes y ojos amarillentos.

Entonces la furgo contraataca con nuestra arma secreta más eficaz: el humo negro del tubo de escape que quema diesel de mala calidad. Es el triunfo de la civilización sobre la vida salvaje.”

(Extracto del libro ‘Por el Mal Camino’)

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlas y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic de viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.




211- Fotografías del libro Por el Mal Camino | KENIA

Unimog stranded in the mud at Sibiloi National Park, Kenya

Estas son todas las fotografías del capítulo sobre Kenia del libro Por el Mal Camino (ISBN 978-84-615-7176-5) de la serie La Vuelta al Mundo en 10 Años.

En Kenia nos encontró el apocalipsis. Mientras cruzábamos la frontera desde Etiopía por un paso ilegal comenzó a llover. Y llovió tanto, que el suelo desapareció bajo nuestros pies…

No solo se nos inundó el motor de la furgo junto al lago Turkana, en el Parque Nacional Sibiloi, el más aislado de Kenia. Allí tampoco había rutas ni transporte público ni pueblos donde tomar impulso para llegar hasta Nairobi, el único sitio donde podríamos encontrar un mecánico decente. Nairobi, además, estaba a 800 kilómetros de malos caminos.

– ¿Querías viajar? Viaja. Encuentra tu maldita Arca de Noé. 

Y hay asaltos con Kalashnikov, desmayos en el agua tibia del Océano Índico, tribus pacíficas y violentas, animales salvajes, fauna urbana, trucos usados para robar en Nairobbery y hasta la historia del ébola, ese virus mortal que fuimos a visitar a uno de sus hogares: la cueva Kitum, dentro del Parque Nacional del Monte Elgon.

Más que un libro de viajes, el libro Por el Mal Camino parece una película de aventuras.

Encuentra las historias que acompañan éstas fotografías en el libro Por el Mal Camino (ISBN 978-84-615-7176-5), de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años.

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210- Fotografías del libro Por el Mal Camino | ETIOPÍA

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Etiopía no era el fin del mundo. Era el inicio. Un país fascinante y desconocido donde viajar a través del tiempo, casi hasta la Edad de Piedra.

Las historias nos estaban esperando junto al camino y se lanzaron sobre nosotros con más saña que nunca: los dos hombres armados que nos persiguieron en una moto porque decían que habíamos matado una vaca y teníamos que pagarla, la tribu de zombis mascadores de khat que nos rodeó en medio de la nada exigiendo dinero, las iglesias excavadas en la piedra de Lalibela, el robo en Addis Abeba, la huida de un policía, la noche que terminamos en otra comisaría, el encuentro con las tribus del valle del Omo, el cruce ilegal de la frontera hacia Kenia por el lago Turkana. La inundación.

En Etiopía no íbamos a tener paz. Íbamos a tener aventuras.

Estas son todas las fotografías del capítulo sobre Etiopía del libro ‘Por el Mal Camino’ de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años.

Fueron los seis meses más difíciles de toda la vuelta al mundo.

Encuentra todas las historias que acompañan éstas fotografías en el libro ‘Por el Mal Camino’ (ISBN 978-84-615-7176-5), de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años.

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POR EL MAL CAMINO | La Vuelta al Mundo en 10 Años

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Por el Mal Camino. ISBN de España 978-84-615-7176-5
Esta es la historia de los seis meses más difíciles de los primeros 20 años de viaje alrededor del mundo

“¿Quieres ir a África? Vas a África. ¿Quieres romper con tu vida rutinaria? Vas a romper con tu vida rutinaria ¿Quieres vivir la aventura de tu vida? Vas a vivir algo inolvidable. Te lo aseguro. Después no digas que no lo pediste.”

“Tomamos este camino para evitar el convoy militar obligatorio entre Moyale y Marsabit, una ruta atacada esporádicamente por los shiftas somalíes. Los mismos que desde hace décadas se dedican a secuestrar extranjeros y asaltar autobuses en nombre de algún Señor de la Guerra. Bandidos, sí, pero gente normal a pesar de los tiros. Personas con amigos, sentimientos, alegrías y tristezas que practican con devoción una tradición ancestral que llega hasta nosotros desde los primeros días del hombre: matarse los unos a los otros. Dentro de pocas horas, nos vamos a arrepentir.”

Hay robos, asaltos con kalashnikov, roturas de motor, desmayos, tribus, animales salvajes, inundaciones, comisarías perdidas, cruces ilegales de frontera, militares y, sobre todo, mucha aventura y vida en aldeas perdidas en el corazón de África. Lejos, donde nunca deberías tener problemas de motor.

'Por el Mal Camino' es el segundo libro de la serie La Vuelta al Mundo en 10 Años. ISBN de España 978-84-615-7176-5.

‘Por el Mal Camino es un recorrido de buenos y malos momentos, en que playas espectaculares, desiertos de ensueño, encuentros con desconocidos, animales salvajes y tribus se entremezclan con robos, persecuciones armadas, averías en medio del desierto del Sáhara, comisarías, Kalashnikovs, escapadas de la policía, inundaciones, algún cruce ilegal de fronteras y varias cosas que no tendrían que haber sucedido. Por el mal camino es un desafío extremo en el que siempre tienes que estar preparado para que te ocurra lo inesperado.’ Revista Lonely Planet

‘El libro me ha emocionado, la aventura es brutal, y la manera de contarla, genial. Sigue así, has conseguido llevarme a África sin moverme del sillón.’ Invy, España

‘Espero que el tercero de la saga llegue pronto, que los dos anteriores ya los he leído dos veces.’ Bart Molina Félix

‘Una vez que lo empiezas no puedes parar. Me encanta la manera en que está escrito y los toques viaje-filosóficos de Pablo. Ya le dije: tío, cuando estás puteado escribes genial. Tengo los tres que tienen editados, y éste es el que más me ha gustado, el final es muy especial y emotivo. ¡Quiero más!’ Nava, España

‘Hoy, en ese metro de gente con caras aburridas he empezado el libro que adquirí ayer, y mierda, ya estoy pillado, me acabo de meter dentro de vuestro viaje again!’ Daniel Rial

‘Estoy terminando el capítulo “Estallando desde el océano” y creo que tengo arena entre los dientes, mientras no dejo de beber agua fresca a litros…’ Cosk Cos Coscu

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‘Tengo a Marià leyendo vuestro libro y va diciendo todo el rato: ‘¡uauuu! ¡Vaya tela! uffff… ¡Madre mía!’ Y luego se ríe. Ahora está en el momento en que quieren subir a pulso a La Cucaracha en el camión. También quiero confesarles que a veces, antes de ir a dormir, le digo a Marià que me cuente un cuento, y me lee algunas páginas de vuestro último libro. ¡Me encanta ir a dormir con vuestras historias!’ Marta Tibau Llinás, Catalunya, España

Me ha gustado Por el mal camino. Ya no recordaba muchas de vuestras batallas. El hecho de leerlas con tanto detalle me ha puesto los pelos de punta. Qué horror, me ha quedado clarísimo que yo así no viajo en la vida, qué nervios, cuántas dudas, cuántas decisiones, cuantísimo miedo… No puedo ni imaginarme qué haría yo en estas ocasiones, avería total en el desierto, persecución a causa de una vaca, intento de robo, desmayo de mi pareja dentro del océano, más averías… Yo probablemente hubiese intentado desaparecer.’ Pilar Callau, Catalunya, España

‘No puede ser que en la última página, después de un montón de malos ratos, llegue a ‘La tarde en que volví a renunciar. Mi dedo recorriendo un mapa del mundo’ y empiece de repente a hiperventilar, temblar y llorar. ¿Qué me pasa doctor? Gracias por otro libro genial, y por otra vuelta más de tuerca.’ Nimué Nimú, Andalucía, España

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Pablo Rey nació en Buenos Aires. Llegó a Madrid en 1992, cuando España entraba en una nueva crisis. En 1996 adoptó Barcelona y en el año 2000 alquiló su apartamento y se mudó a una furgoneta con Anna Callau, su compañera de aventuras. El objetivo: dar la vuelta al mundo en 4 años a través del sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur, América de sur a norte para volver a Barcelona uniendo Vladivostok con Finisterre. Todavía viven en la ruta.

Pablo Rey ha escrito artículos para las revistas Altaïr, Lonely Planet y Overland Journal. Ha ganado más de veinte premios como creativo publicitario, es ex inmigrante ilegal, desenterrador de botellas antiguas en pueblos abandonados y uno de los tantos argentinos de Barcelona, españoles de Buenos Aires, que se quedaron a vivir en la mitad del océano.

También es autor de ‘El Libro de la Independencia’ e ‘Historias en Asia y África’.

‘Por el mal camino’ (ISBN 978-84-615-7176-5), de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años, tiene 15 x 21 cm., mapa del recorrido, unas cuantas fotografías y 300 páginas de historias verdaderas. Esto no es una novela.

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