325- ¡OJO! CUATRO SITUACIONES QUE PUEDEN CONVERTIR TU VIAJE A ESTADOS UNIDOS EN UNA PESADILLA.

¡Ojo! Viajar a Estados Unidos para conocer San Francisco, Nueva York, Miami o Nueva Orleans, o para perderte en su impresionante red de parques nacionales, es un sueño que puede convertirse en una pesadilla. Solo hay que tomar una decisión equivocada, tener un día de mala suerte o que los astros se hayan alineado en dirección a un agujero negro para que todo se tuerza. Adiós vacaciones soñadas.

Por eso es necesario prepararse para el viaje. Y no es suficiente con atragantarte de información turística: hay cosas que no aparecen en las guías de viaje ni en los folletos turísticos. Recuerda, la ley es igual para todos y desconocer las reglas y costumbres del país que visitas no te exime de culpa.

 

1- Llegar sin los documentos apropiados.

Suena lógico, pero cuando estés frente al oficial de migración deberás haber completado el ESTA (un formulario obligatorio que se gestiona por internet) y sacado el visado en la embajada de Estados Unidos si tu país no tiene un convenio especial. Tu pasaporte tiene que estar en buen estado y debe tener por lo menos seis meses de validez y suficiente espacio en blanco para que te sellen la entrada.

No intentes hacerte el simpático en el aeropuerto o en la frontera terrestre. No te hagas el gracioso, ni compartas chistes sobre violencia, el nuevo presidente o la situación del mundo. Allí se toman muy en serio todo lo que vayas a decir aunque lo digas en tono de broma. No te hagas el amigo y responde a todas las preguntas del oficial de migración con frases cortas y coherentes, preferentemente en inglés. Esa persona, que puede haber tenido un mal día o una mala noche, puede negarte el ingreso al país y enviarte de vuelta a casa en el siguiente vuelo.

2- Caer enfermo.

Estados Unidos es un mal sitio donde enfermar o sufrir un accidente si no tienes un seguro médico. La factura que llegará a tu tarjeta de crédito puede ser tan abultada como para pagar unas vacaciones en el lugar más caro que puedas imaginar. Cualquier tontería que en tu país se soluciona con una visita rutinaria a un centro de salud gratuito o cubierto por tu seguro, te puede costar un mínimo de cientos de dólares.

Por eso es recomendable viajar con un seguro médico. Nunca nos lo exigieron, pero el primero que te lo puede pedir es el oficial de migración. Si no lo tienes y no das una buena explicación es otro motivo para negarte la entrada al país. Eso sí, una vez dentro, todos los hospitales públicos tienen la obligación de atenderte en urgencias más allá de que puedas o no puedas pagar por el servicio médico. Apenas cruces la puerta y te presentes en recepción te pedirán la tarjeta de crédito, pero puedes decir que la has perdido o que no tienes y te atenderán igual.

Otro dato: los mayores de 65 años tienen asistencia gratuita en los hospitales públicos. De nuevo, es más posible que al entrar al país le pidan el seguro médico de viaje a alguien mayor de 65 años que a alguien de 30.

Una parte del dinero que pagas por el seguro de viaje a través de este enlace llega a nosotros y nos ayuda a seguir adelante, compartiendo historias y datos. Gracias por tu fidelidad y buena ruta!

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SIGUE LEYENDO: CÓMO EVITAR QUE TE COMAN LOS OSOS!

3- Responder de forma equivocada a un policía.

Estados Unidos no es un país latino. Las normas no se negocian, se cumplen. Los policías son muy rígidos y siempre te tratarán de usted. La mejor opción si has cometido un error es aceptarlo y pedir disculpas. Quizás tengas suerte y te dejen seguir adelante con una advertencia.

Una de las normas que seguramente no conoces es que está absolutamente prohibido conducir con botellas de cerveza al alcance del conductor. O sea, no puedes tener ni siquiera una botella en el asiento trasero aunque esté cerrada o vacía. Conducir borracho o con una tasa elevada de alcohol en la sangre es motivo de deportación inmediata.

Tampoco debes bajar de tu vehículo si un coche de policía te ordena detenerte. No hagas movimientos extraños con tus manos ni busques en tus bolsillos; hay demasiadas armas sueltas en Estados Unidos, los policías lo saben, y pueden ponerse nerviosos y dispararte en caso de duda. Por cierto, tampoco se puede fumar, beber alcohol o entrar con una botella de vidrio a ninguna playa de California.

4- Provocar un accidente y no tener seguro.

Estados Unidos es un país legalista y capitalista al máximo. Cualquier situación que haya generado un daño puede ser aprovechada por personas sin escrúpulos capaces de demandar a su madre con tal de conseguir una buena indemnización. Por supuesto, no toda la gente es así, pero los pueblos están llenos de carteles de abogados decididos a llevar a juicio a quien sea: una compañía, el estado o una persona.

Por eso, si viajas en coche, nunca olvides comprar tu seguro. La factura del mecánico si provocas un accidente, por pequeño que sea, ¡puede ser estratosférica! Eso sí, por más extraño que nos parezca, en muchos estados del país no está prohibido conducir hablando por teléfono, ni usar casco si viajas en moto.

Ya sabes, antes de viajar a Estados Unidos prepárate. Estarás entrando al cuarto país más grande del mundo. Parece muy igual, pero ciertas normas pueden ser muy distintas. Buena ruta!

 

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12 CONSEJOS PARA CRUZAR LA FRONTERA ENTRE ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlas y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic de viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.




324- Cómo comprar una moto en Vietnam para viajar por el Sudeste Asiático

Comprar una moto usada en Vietnam por poco más de doscientos dólares y saltar a la ruta por varias semanas se ha convertido en una de las aventuras más espectaculares, sencillas y baratas de organizar. Solo necesitas el pasaje de avión, un poco de dinero (no mucho) y otro poco de suerte. ¿Suerte? Sí, para sobrevivir al pánico inicial de conducir en el caos de ciudades como Hanoi o Ho Chi Minh.

Nosotros teníamos un motivo extra de preocupación: sabíamos muy poco de motos. Llevábamos 16 años viviendo en una furgo 4×4 alrededor del mundo, pero apenas habíamos aprendido a conducir una motocicleta. Tan solo unos meses antes me había roto un par de costillas en la pista de motocross de un amigo en Estados Unidos y eso le añadía a la aventura una dosis extra de adrenalina.

¿Apenas sabes andar en moto y te metes en una pista de motocross? Sí, ese soy yo.

La idea, que en principio es buena a pesar de que por momentos pueda parecer una estupidez, una especie de muerte merecida del optimista, era comprar dos motos. Motos que nos sirvieran para aprender, motos que no nos importase si se rompían al estrellarnos con ellas. Motos que pudiéramos tirar por un barranco sin remordimientos.

También queríamos viajar con poco. Mochilas de 20 y 25 litros, que pesasen no más de cinco kilos cada una, cámara de fotografías reflex y ordenador incluídos. Eso implicaba sacrificar buena parte de la seguridad mínima recomendada para un viaje en moto, como botas de caña media o alta, unos buenos guantes, vaqueros, cazadora de cuero o un mono completo resistente a la abrasión del asfalto. Al final sobrevivimos, pero nunca recomendaría viajar en moto con sandalias Teva, camiseta de manga corta y pantalón ultraligero de trekking, como hicimos nosotros. Definitivamente, no.

Dentro de toda la locura del plan nos sentíamos tranquilos: por primera vez en 15 años, habíamos comprado un seguro de viaje. Los amigos de IATI nos ofrecieron un buen trato y decidimos que, ya que íbamos a aprender sobre la marcha, estaría bien tener una red que recogiera nuestros pedacitos en caso de desastre.

Comprar una moto en Vietnam no es iniciar un viaje más: es empezar una aventura. ‘Lo que los extranjeros compran allí no son motos, ¡son viejas cafeteras!’, me habían avisado. Funcionan, pero están tan machacadas, han pasado por tantas manos que las han tratado de formas tan distintas, que es un milagro que todavía se mantengan en la ruta.

Recuerda, quieres disfrutar de un viaje en moto, no hacer un estudio sobre los talleres mecánicos de Vietnam. Así que presta atención a estos tips.

 

¿Por qué comprar la moto en Vietnam, y no en algún otro país?

Hace 20 o 30 años las motos comenzaron a reemplazar a las bicicletas, que siempre había sido el transporte tradicional en Vietnam. Hoy es el vehículo más común, el más accesible y, por sobre todo lo demás, el más fácil de transferir: no necesitas hacer ningún trámite oficial después de la compra. El vendedor te dará una tarjeta azul plastificada (la Blue Card) escrita en vietnamita, con los datos de la moto y el nombre del primer comprador, que servirá como prueba de que la moto es tuya. Solo debes comprobar que el número de bastidor y matrícula coincidan.

A partir de hoy me puedes llamar Phan Tan Dung.

 

Pero, ¿es seguro viajar por Vietnam?

Ya empezamos con los peros. En todas las ciudades grandes y turísticas como Hanoi, Ho Chi Minh o Hoi An hay rateros. Ocurre en todo el mundo. Más de una vez olvidé las llaves puestas en un pueblo perdido, con la mochila atada en el rack de la moto, y me fui a pasear. Media hora más tarde volvía corriendo a la velocidad de la taquicardia para encontrar la moto en el mismo lugar. O sea, relax. A disfrutar.

 

¿Cómo encuentro mi moto?

Nosotros compramos nuestras motos en Hanoi, donde buscamos carteles pegados por otros viajeros en farolas, hostales y backpackers, mientras dábamos vueltas por los locales de compraventa. Todos se anuncian en internet, en www.craigslist.com.vn y en www.travelswop.com; en la página de Facebook Vietnam Backpacker Sales solo encontrarás anuncios de viajeros.

Por algún motivo que escapa a nuestra comprensión, las motos son entre un 10 y un 20% más baratas en Hanoi que en Ho Chi Minh.

 

¿Cuán lejos puedo llegar?

Con una moto comprada en Vietnam puedes recorrer por lo menos todo Vietnam, Laos y Camboya. No intentamos entrar en Tailandia ya que normalmente no te dejan pasar con un vehículo que no esté a tu nombre, pero quizás, intentando por un cruce de fronteras pequeño, muy local…

¿Cuánto debo pagar por una moto de segunda mano?

Los vendedores de motos suelen pedir entre 250 y 400 dólares a los turistas por motos usadas que habitualmente no los valen. A partir de aquí solo servirá tu capacidad de negociación y de encontrar los puntos débiles de la moto que estés comprando. Si pagas 250 usd, estás pagando lo mínimo que suele pagar un extranjero a un revendedor.

Nosotros pagamos 200 dólares a un revendedor por la Hongda Wave 110 cc. del año 2007 (tras tres días de ir y volver, hasta cansarlo) y 222 dólares a un extranjero por la Hongda Win 110 cc. del año 2009. Las vendimos por el mismo precio en Ho Chi Minh. Publicamos el anuncio por la tarde y a la mañana siguiente ya las habíamos vendido.

NOTA: Existe cierto dicho que leí en una web acerca de no negociar demasiado el precio a otro extranjero que está vendiendo su moto. Una especie de ‘lealtad’ (con comillas y cursiva) entre extranjeros. Es cierto que los antecedentes de una moto son más comprobables si la compras a un extranjero: sabes que ha hecho lo mismo que tú quieres hacer y que le habrá dado un cierto mantenimiento que no podrás comprobar en una moto que puede haber estado aparcada durante meses (a la Hongda Wave que le compramos a un revendedor se le cayó el pedal de cambio a las afueras de Hanoi, ¡el día que empezamos el viaje!). Pero también es cierto que uno no tiene por qué asumir el precio o sobreprecio que otro viajero pague por su moto.

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¿Qué es mejor? ¿Comprar una moto en un negocio de compraventa de motos usadas? ¿o comprársela a otro viajero?

Nosotros compramos 2 motos, una a un mochilero, y otra en una casa de compraventa. Durante los primeros kilómetros nos salió mejor la del mochilero, una Hongda Win 110 cc. que ya venía rodando. En las subidas de Laos y el norte de Vietnam tiraba mejor el motor de la Hongda Wave 110 cc. Sí, Hongda, con g, made in China.

Como su nombre lo indica, los locales de compraventa se dedican principalmente a comprar y vender motos a extranjeros. Los mejores negocios los hacen con los viajeros que no pudieron vender su moto antes de abandonar el país: les ofrecen entre un 50 y un 70% menos de lo que valen, les hacen dos arreglos (o no), a veces las repintan, les pegan nuevas calcomanías y las vuelven a vender. Más o menos lo mismo que hace un revendedor de coches de tu ciudad. Lo mismo que le hicieron a nuestra furgo, La Cucaracha. Nunca sabrás el historial de la moto, qué se le ha hecho en el camino ni dónde suele fallar. En una casa de compraventa te van a vender cualquier cosa si no sabes de motos. Y no por eso te van a hacer un descuento. Recuerda, eres extranjero, y se te nota.

Si le compras la moto a un viajero, es bastante probable que tenga Facebook o una página web donde haya estado escribiendo acerca de su aventura. Es la mejor manera de saber si disfrutó con ella, además de algunos de los arreglos que le haya hecho en los últimos kilómetros. También se supone que existe una cierta lealtad entre viajeros, que quien te la venda te explicará qué le ha hecho específicamente a esa moto, además de darte datos y consejos de viaje.

 

Entonces, ¿cuál es la mejor opción?

La mejor opción quizás es un poco más incómoda. Si tuviésemos que volver a comprar una moto en Vietnam, y tuviéramos tiempo, lo primero que haríamos es salir del circuito turístico. Abandonar Hanoi o Ho Chi Minh en bus y bajar en cualquier pueblo medianamente grande, o en un barrio de las afueras. Vietnam es el país de las motos, por lo tanto, también vas a encontrar mecánicos en casi todas partes. Y los mecánicos venden motos, o saben quién vende motos.

Hay dos motivos muy importantes para salir del circuito turístico en busca de tu moto. Uno: la gente local usa las motos para moverse por su pueblo o ciudad, no cruzan el país de punta a punta, varias veces, en su moto de 110cc, y a veces llevando un pasajero además de dos mochilas. Así que cualquier moto de un local no tendrá ni tantos kilómetros ni tanta metralla del camino (dunas, caminos de tierra, rutas de montaña) como la que le puedas comprar a otro viajero o a un revendedor de motos. CONTRATIEMPO: en los pueblos la gente no habla inglés, solo vietnamita. Ups…

Dos: En Hanoi y Ho Chi Minh escuchamos muchas veces Special Price for you; y eso en realidad no significa que les hayas caído bien y te van a hacer un descuento, sino que te están cobrando bastante más que el precio real. Ese es el verdadero Special Price. A no ser que tengas un amigo vietnamita que negocie por ti siempre vas a pagar más que un local. Como dice un amigo canadiense, es el skin tax.

 

¿Qué tipo de moto me conviene comprar?

En principio, las más comunes, que al momento del viaje eran la Hongda Win 110 cc. con cambio de marchas manual, y la Hongda Wave, también de 110 cc., con caja de cambios semiautomática. Son las que compramos y con las que recorrimos 6000 kilómetros durante dos meses.

Otra moto bastante común es la Hongda Dream, también de 110 cc. La Hongda Wave también tiene una versión de 125 cc. Al ser las más comunes encontrarás piezas de recambio en cualquier taller, a buen precio, y te las sabrán arreglar en rincón del país.

Honda dejó de fabricar la Honda Win en el año 2000. Por lo tanto, cualquier moto posterior a ese año es una copia China, marca Hongda, (aguantan, aunque son de bastante peor calidad), que sí o sí vas a tener que reparar en algún momento. Una Hongda Win china nueva se vende por unos 600 dólares, más lo que cueste registrarla.

A partir del año 2007 o 2008, se empezó a fabricar una versión vietnamita, la Honda Win Sufat, que tiene una calidad un poco más aceptable que la china. O sea, sea cual sea la moto que compres, será una aventura.

TIP: TODAS LAS MOTOS SE VENDEN CON CASCO Y CORREAS ELÁSTICAS PARA ASEGURAR TU MOCHILA.

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¿Qué debo revisar?

Antes de comprar una moto, prueba unas cuantas. Por lo menos, como me dijo el amigo Pato de La Chancha Viajera, más de 3. ‘Date unas vueltas. Olvida la estética, seguro que habrá alguna que sentirás mejor que las otras.’ Si no sabes nada de motos, no te canses de preguntar. Guíate por las sensaciones que te den cuando las pruebas.

Si ya sabes más o menos cuál es la que quieres, revísala bien. Prueba los frenos, fíjate que entren bien las marchas, que funcionen todas las luces (carretera, intermitentes y freno) (en realidad, ya sería un milagro que tuviera todas las luces), la suspensión (debe volver a su sitio en un viaje solamente, sin rebote), los neumáticos (fíjate que la rueda no esté lisa, que le quede una buena parte del relieve y que no esté agrietada); las ruedas no deben tener juego lateral, mira que no tenga ninguna pérdida de aceite (que no te deje una mancha o gotita en el suelo después de probarla; si te quieres asegurar, agáchate y mira que no esté húmeda de aceite por abajo), que no haya nada medio suelto de la carrocería, los pedales o caballete y prueba varias veces el arranque para cerciorarte que funciona bien.

Si le encuentras algún problema tienes 3 opciones: usar los defectos que encuentres para bajar el precio de la moto, pedirle a quien te la venda que lo arregle, o las dos cosas. El regateo es un arte y algo intrínseco en la cultura de Vietnam y están muy bien entrenados. Si en algún momento ves que no bajan hasta lo que pretendías pagar, no te enfades, le dices con calma que muchas gracias y te vas enseñando tu mejor sonrisa. Quizás te llamen y acepten tu precio. Quizás no.

Sabíamos que la Hongda Win 110 cc que le compramos a un viajero venía directamente de la carretera, o sea, funcionaba, y no la iban a llevar al mecánico para arreglar detalles como la luz de freno, que no funcionaba. Lo único que se podía negociar era el precio, que pasó de 250 a 222 dólares. La Hongda Wave 110 cc se la compramos a un revendedor que empezó pidiéndonos 280 dólares. Finalmente la compramos por 200 dólares después de varias visitas y tras pedirle que le arregle una fuga de aceite, que le cambie un neumático agrietado, le ajuste los plásticos de la carrocería y le coloque un rack.

Antes de entregar el dinero, pide la Blue Card y asegúrate que coinciden los datos de la tarjeta con los de la moto (número de matrícula, número de chasis y número de motor) Los vendedores saben perfectamente dónde están los números de motor y de chasis. Pide que te los muestren.

 

Debes sospechar que quieren engañarte o quieren venderte la moto si te dicen:

  • It is a rebuilt. Probablemente sea mentira, y solo le habrán repintado el motor. Y en caso que sea cierto, seguramente sea una reconstrución con partes usadas, lo cual no es una gran garantía.
  • Guarantee buy back. Algunos vendedores te ofrecen recomprarte la moto al final de tu viaje, allí o en otra ciudad. Si te interesa la opción, ten en cuenta que cuando la lleves es muy posible que encuentren todos los defectos (incluso algunos que ya tenía cuando la compraste) y te ofrecerán el 50% por tu moto. O incluso menos.
  • Si se le rompe algo te devolvemos el dinero de la reparación. Tú vas a estar lejos, en cualquier rincón del Sudeste Asiático. Y no vas a volver adonde compraste la moto para reclamar 5 o 10 dólares. Recuerda que probablemente no vuelvas a ver a ese vendedor en tu vida.

 

No olvides el casco

Si te compras una moto en Vietnam, debes saber que el tráfico es caótico, que te vas a estresar, que los carteles de dirección prohibida son mera decoración (igual que algunos semáforos) y que la prioridad de paso siempre la tiene el vehículo más grande. Así que no es una mala idea invertir unos dólares extras en un buen casco, la única parte del equipo que es absolutamente obligatoria para circular.

Tanto los backpackers como los vendedores, te darán casco y straps para atar tu mochila en la moto. Muchas veces, los cascos que te ofrecen son algo parecidos a los cascos de obra, y en caso de accidente, no te van a ayudar mucho, así que cómprate uno nuevo. No cuestan más de 10 o 15 dólares.

En Vietnam es difícil encontrar tiendas que te vendan el equipo recomendado para viajar en moto, como botas, un mono de cuero o material sintético resistente a las caídas y guantes con protecciones. Nuestra recomendación es que los lleves desde casa o asumas las consecuencias. Nosotros optamos por esto último y sobrevivimos, aunque con algunas raspaduras y cortes dolorosos que de otra manera hubiéramos evitado. Eso sí, ningún policía te detendrá por no llevar el equipo adecuado. Ese es tu riesgo y responsabilidad.

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Mecánicos y mantenimiento de la moto

En Vietnam hay tantos habitantes como mecánicos de moto. Todos tienen una moto, la han conducido, la han sufrido, la han arreglado, y casi siempre encontrarás un alma que se apiade de ti y te eche una mano, aunque no entienda una sola palabra de lo que le estás diciendo. Nos ha pasado. Siempre encontrarás alguien que sepa arreglar o localizar el problema que tengas. Lo que te cobren por su trabajo y por las piezas es irrisorio, una fracción de lo que pagarías en tu casa, estés en España, Estados Unidos, México o Argentina.

Por ejemplo: cambiar el cable del embrague, material y mano de obra, un dólar. Sí, leíste bien, 1 dólar. Cambiar el aceite, algo muy recomendado cada 500 kilómetros máximo, 3 o 4 dólares. O sea, la moto es barata, y el mecánico también; lo más parecido a un paraíso.

Los portaequipajes de estas motos suelen ser frágiles. Como estarás viajando es muy probable que lleves una mochila, que terminará rompiendo los soportes del portaequipajes de la moto y te hará buscar un soldador. Por eso intenta que la mayor parte del peso quede sobre la moto y no sobre el pequeño portaequipajes. Y si en algún momento lo tienes que arreglar, intenta que le coloquen otro tubo por dentro para aumentar su solidez.

Cruzando las fronteras con tu moto

Nuestro primer cruce de fronteras fue de Vietnam a Laos por Na Meo, el único paso autorizado cerca de Hanoi para extranjeros que viajan con una moto vietnamita (la única excepción para cruzar por alguno de los pasos ubicados más al norte es que tu moto tenga matrícula de esa misma provincia vietnamita). Allí parece establecido el cobro de una tasa extra para extranjeros que viajan en moto. No es mucho dinero, unos 10 dólares, pero no te dan recibo ni existe ninguna constancia oficial o cartel que confirme la legalidad de cobrar ese dinero, por lo que creemos que es un impuesto revolucionario, una skin tax.

Es imposible cruzar una moto vietnamita directamente de Laos a Camboya. La lógica de la región es que tu moto es vietnamita y siempre tiene que volver a Vietnam, por lo que no te dejarán salir con ella de Laos y, si te dejan, no podrás entrar a Camboya. Muchos viajeros lo intentaron, legal e ilegalmente, y siempre fueron rechazados en uno u otro lugar. En realidad, ellos no, la moto. Y en muchos casos tuvieron que malvenderla para poder seguir adelante, ya que tampoco la podían entrar oficialmente en Laos, ya que no es una frontera con Vietnam. O sea, si viajas en moto, hazlo fácil: cruza de vuelta a Vietnam y luego a Camboya.

Da igual tu recorrido, la moto la puedes vender en cualquier lugar. Recuerda que el único documento que prueba que la moto es tuya está a nombre de otro.

¿Y qué tal con la policía?

Durante los dos meses que estuvimos viajando por Vietnam, Laos y Camboya apenas tuvimos problemas con la policía. Apenas. Otros viajeros ya nos habían avisado de problemas en la zona de playas y dunas de Mui Né. Allí la policía detiene a todos los extranjeros que viajan en moto y les exige un pago que puede ir de 25 a 100 dólares para dejarlos continuar. ¿Cómo lo evitamos? Decidimos no ir.

Otra zona conflictiva es en Sihanoukville, en la costa de Camboya. La policía nos detuvo en la rotonda de los leones y nos pidió que pusiéramos las motos fuera de la vista, dentro de una garita que tienen allí. Decidimos no hacerlo y las dejamos aparcadas en la acera, fuera de la calle. Luego nos invitaron a su oficina y nos ofrecieron un par de sillas. Nos negamos a sentarnos con el pretexto de que no teníamos nada que hacer allí. Cuando comenzaron a decirnos que era ilegal andar con motos vietnamitas en Camboya les dijimos que en la frontera nos habían autorizado, que si nos hubieran negado el paso no estaríamos allí. Y que por lo tanto nuestras motos eran legales. Después de 15 minutos de tira y afloja nos dejaron seguir adelante.

¿Qué hacer? Toma nota del párrafo anterior. No sigas todas sus indicaciones. Sonríe siempre y jamás te pongas violento ni enojado. Tengan o no tengan razón, son la autoridad, y tú tienes todas las de perder.

Conclusiones

Estuvimos dos meses viajando en moto por Vietnam, Laos y Camboya, y sin duda alguna fue la mejor parte del recorrido que incluyó Tailandia y Myanmar. La libertad que nos dio la moto valió mucho más que el dinero que nos costó. Fue nuestra herramienta para llegar a lugares donde no llega el turismo, la manera de intentar conocer la verdadera vida de la gente en este rincón del mundo.

En ninguna otra región del planeta encontrarás las facilidades de precio, mecánicos y papeleo que hay aquí. Ese fue nuestro momento de lanzarnos a esa aventura y nuestra manera de aprender a conducir una motocicleta. Sobrevivimos, y la sensación de felicidad todavía perdura.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Nuestra casa con ruedas se mete por todos lados y parece capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic sobre viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream su primer vehículo para no viajar, junto a unos amigos de Ensenada, Baja California. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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322- 5 frutas raras del Sudeste Asiático!

Yo viajo para sorprenderme. Por eso, cuando encuentro alguna comida que no conozco intento probarla. Y no solo hablo de platos preparados o fruta, sino también de insectos. Ya sé, puajjjj, por eso esta vez voy a hablar de frutas. Frutas raras, curiosas, distintas, de formas caprichosas, sabores intensos o espinas capaces de pincharte un neumático.

Alguna, como la dragon fruit (o fruta del dragón), ya la conocíamos con otro nombre. Otras, fueron auténticos descubrimientos

 

DURIÁN

El durián es una de esas frutas raras que parecen creadas por un dibujante de historietas con una imaginación desbocada. No solo es diferente por fuera, con su corteza (que parece más un caparazón) cubierta de espinas, sino que su olor es tan intenso que el metro de Bangkok decidió prohibir su consumo bajo tierra. La acusan de que su olor es desagradable. El durián puede llegar a pesar varios kilos, tiene una textura cremosa parecida a la del aguacate (o palta) y crece en árboles que pueden llegar a medir 25 metros de altura. ¡Que no te caiga una en la cabeza! Lo encontrarás ya pelado y listo para consumir en la puerta de muchos templos. ¿Lo mejor? La textura.

 

POMELO DEL SUDESTE ASIÁTICO

Bah, es otro pomelo, pensé cuando lo vi por primera vez a la venta, pelado y en gajos, en las calles de Bangkok. Pero no, el pomelo del Sudeste Asiático, también conocido como pamplemusa, cimboa o pomelo chino, no solo es mucho más grande que el que conocemos en occidente, sino que tiene el pellejo de los gajos más grueso, por lo que también es recomendable pelar los gajos. Cuando finalmente llegas a la pulpa, ésta fruta enorme se descubre como multitud de pequeñas gotas dulces casi sólidas que estallan en tu boca. Riquísimo. Una de esas frutas raras para comer caminando por la calle.

Pomelo chino - La Vuelta al Mundo en 10 Años

 

GAK o GAC

¿Y esto se come? suele ser una de mis preguntas preferidas cuando me encuentro con algo que no conozco. La respuesta aquí es no, el gak se bebe. Amigos, les presento a una de esas frutas raras y desconocidas que la moda o la ciencia están convirtiendo en una superfruta. Que haya sido utilizada durante siglos en la medicina tradicional china le aporta un caché confirmado por su alta cantidad de antioxidantes, betacarotenos, licopenas y la supuesta habilidad de fortalecer el esperma. Tiene el tamaño de un limón espinoso y la manera más sencilla de probarlo es en los mercados, donde algunos puestos tienen botellitas de jugo de gak. No está mal, pero tampoco será una experiencia inolvidable.

gak

 

MANO DE BUDA

Si las espinas del durián parecían raras, quiero verte pelando una mano de Buda. Esta fruta con una innumerable cantidad de dedos de color amarillo es muy utilizada como ofrenda en los templos budistas de Vietnam. Según leí por ahí, también se usa para confitar y aromatizar los platos. No la probamos, pero cuando la veas encontrarás una de las frutas más extrañas que hayas visto en tu vida.

Mano de Buda - La Vuelta al Mundo en 10 Años

 

DRAGON FRUIT

También llamada Pitaya o Pitahaya en las Américas, es una de las frutas más dulces y sabrosas que probamos en los 16 años de viaje. Eso sí, tienes que elegirlas bien maduras, sino será como comer agua. Un tip de una vendedora de Camboya: busca aquellas que tengan gajos externos más grandes; esas están más desarrolladas y tendrán más sabor. Otro tip: si puedes elegir, escoge las de pulpa roja, son más dulces que las de pulpa blanca.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y porque es capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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321- Viajar al pasado en Kengtung | MYANMAR

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(viene de EL MYANMAR QUE NADIE VISITA: LA FRONTERA DE TACHILEIK)

 

Si en Bangkok me sentí parte de un futuro de plástico y oriental, apenas cruzamos la frontera de Tailandia hacia Myanmar por el paso Mae Sai-Tachileik, sentí que estaba haciendo un viaje al pasado.

Habíamos decidido intentar unir el este y el oeste de Myanmar por las rutas del opio entre Kengtung (o Chengtung, depende dónde lo veas y quién lo diga) y Taungyii, con la confianza de que el país se estaba abriendo y la confirmación de la embajada en Bangkok y Chiang Mai de que los extranjeros ya no necesitábamos permisos especiales para circular por la región. Era sospechoso no haber encontrado en Internet ninguna historia sobre las rutas del opio en esta parte de Myanmar, más allá de los tours organizados para ver las tribus de las colinas con alguna agencia de viajes local que ponía los precios en dólares. Era un objetivo arriesgado pero tentador. Podíamos ser de los primeros extranjeros en muchas décadas en tomar esa ruta, pero también existía el riesgo de quedar atrapados allí: no siempre lo que te dicen se corresponde con la realidad. ¿Cuán rápido estaría avanzando Myanmar después de tantos años de opresión y gobiernos militares?

Solo tuvimos que cruzar el arroyo contaminado y nauseabundo que hace de frontera entre Tailandia y Myanmar para llegar a otra época, a un momento más gris, analógico y de paredes viejas. Antes de continuar debo decir que me gusta encontrarme con lugares detenidos en el tiempo, donde la comodidad sea un lujo y la comunicación un desafío constante. El este de Myanmar era eso y mucho más.

Hacía mucho que no me sentía tan observado, aunque aquello era más que el hecho circunstancial de darte cuenta que había alguien distinto, o de otro lugar, caminando a tu lado. La gente, hombres, mujeres y niños, nos escaneaban de arriba a abajo, curiosos, tratando de absorber nuestros detalles. Salvo algunos abuelos, como el relojero que cambiaba pilas y correas en el bar, casi nadie hablaba un inglés decente. La única forma de comunicación era la sonrisa, los gestos y alguna que otra palabra entrecortada. Aquello no iba a ser fácil pero me emocionaba estar allí. Todos los sentidos adormecidos por años de viaje por regiones que ya conocía volvían a despertarse. Lo sentía en las tripas.

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Cada mañana encontrábamos al fumador en el mismo lugar, en la puerta del hostal de Kentung.

UN VIAJE EN EL TIEMPO

En el este de Myanmar volví a sentirme en la Unión Sovíética, meses antes de la inesperada Perestroika. Los días grises y las paredes manchadas con las pecas de la vejez y de una economía que no había funcionado, provocaron el primer viaje en el tiempo. Kengtung 2016 era como Moscú 1992. En Rusia todo era oscuro porque era invierno y porque había que hacer colas de varias horas para conseguir una barra de pan con la cartilla de racionamiento. Aquí los días son grises porque hace tiempo que nadie pinta una pared, arregla el asfalto o se preocupa por la calidad del aire. La quema de los campos durante los primeros meses de cada año para preparar la tierra para la próxima cosecha, cambia el color del cielo de todo el sudeste asiático a una especie de gris desvaído, tan tóxico como la ideología que Myanmar intenta dejar atrás. La única luz llega de la sonrisa espontánea de la gente cuando te escucha hablar mal en su idioma. Su rostro se transforma, los ojos se iluminan y la boca abierta deja ver sus dientes rojos y carcomidos de mascar betel.

Por las noches me sentí en Sudán, más precisamente en Omdurman, la ciudad separada de Jartum por el río Nilo. No, aquí no hay oraciones en árabe ni mezquitas, pero cuando cae el sol la oscuridad en las calles de asfalto y tierra es absoluta. De noche, en Kengtung, no hay electricidad. La única luz llega de los pequeños comercios y de los carros que tientan al estómago con los olores que la brasa arranca a la comida. Todos tienen un pequeño generador que trabaja sin descanso hasta que se van a dormir. O hasta que la señora de la esquina se queda sin pinchos de salchichas o de platos de Shan noodles servidos en pedazos de hojas de palmera.

Por momentos Kengtung también era Golmud, la última estación de tren en el oeste de China, donde había llegado en 1998 buscando un camino alternativo para acercarme al Tibet. Las calles polvorientas eran las mismas, la sorpresa honesta de los locales al ver mi rostro extranjero era la misma, las barberías de cuchillas ásperas y oxidadas eran las mismas y las tapas del alcantarillado flojas, que esperaban como trampas para incautos a que metieras la pata, eran las mismas. Kengtung era tantos lugares del pasado que me daba pena estar en el aeropuerto esperando un avión para irme.

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Primero estaba seria, pero cuando le dije dos palabras incomprensibles empezó a reír.

UNIR POR TIERRA EL ESTE Y EL OESTE DE MYANMAR

Lo habíamos intentado todo. Solo nos faltaba cruzar el río a nado para evitar el control policial sobre el puente de la carretera NH4. Habíamos ido a todas las oficinas preguntando cómo seguir viaje por tierra hacia Taungyii, pero siempre nos habíamos estrellado contra la pared de las autoridades que no querían que dos extranjeros viajasen por una zona inestable. Es febrero, época de la cosecha del opio; es peligroso, tendría que haberme dicho el policía de dientes blancos y negros, podridos, que no hablaba inglés. Eso lo hubiera entendido. Es tierra de los Shan, una tribu inquieta por independizarse de Myanmar, y a veces hay enfrentamientos, tendrían que haber dicho en inmigración, en lugar de enseñarme un librito donde decía que estaba prohibido.

El libro era del año 2001. No pude contenerme, les mostré la fecha y les dije: ‘esto es viejo, Myanmar está cambiando. Myanmar ya no es Birmania’. Creo que no les gustó, porque tampoco nos dieron la autorización que nos habían pedido los vendedores de pasajes en el mercado que funciona como estación de autobuses hacia el oeste, a un kilómetro y medio del mercado principal.

La única salida era el avión, lo que no dejaba de ser una aventura. Habíamos conseguido pasaje en Yangon Airways, una especie de gran tuk tuk con alas donde el último en subir se queda sin asiento. No es broma. Los asientos no están reservados, sino que cada uno se acomoda en los sitios libres que va encontrando. Y mientras caminaba por la pista hacia el avión vi el lema de la compañía pintado en el fuselaje: you are safe with us. CON NOSOTROS ESTÁS SEGURO. Ahora me quedo tranquilo.

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Iba a extrañar la rutina de los últimos tres días. Nos habíamos alojado en el hostal Winning Crown, frente al mercado principal, por 5 dólares por persona. Curiosamente también sentía que iba a extrañar al dueño, un chino de voz ronca, cortada y marcial, que utilizaba frases que terminaban abruptamente. No había duda, aquello era un punto y aparte. No habíamos entablado una amistad, pero cada vez que me lo cruzaba me arrancaba una sonrisa. Sí, era un hombre tan particular que podría haber inspirado un nuevo personaje entrañable de los Simpson, una especie de Apu oriental. Él quería hacer negocios, trabajar, y había roto la norma que impide a los extranjeros alojarse en los mismos hostales baratos que los locales.

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Vendedoras de pescado fresco alrededor del mercado de Kengtung

Iba a extrañar cruzar la calle a las ocho de la mañana para desayunar un café con tortas fritas, o café con arroz y multitud de pequeños platos en salsas olorosas en el mercado central de Kengtung. Iba a echar de menos perderme por pasillos atestados de todo, desde gallinas vivas de plumajes que no había visto nunca a sacos enormes con diez tipos de arroz; de cuerdas de esparto, cubos de latón y silbatos de tubo para atraer al macho de una especie de pato que debía ser muy nutritiva. En cualquier rincón podía aparecer algo nuevo, algo viejo, algo distinto.

Las mujeres con cestas que ocupan el centro de los pasajes más anchos habían bajado de la sierra a vender las verduras de su huerta. Son Shan, son Lahu, son de tantas tribus que no conozco… Algunas traen mandarinas, otras ofrecen pescado seco, o peces que no se rinden, que buscan provocar el milagro de respirar fuera del agua. Algunas se protegen del sol con sombreros en forma de cono, otras llevan grandes paños enrollados sobre sus cabezas y guardan una actitud dura e independiente. Muchas tienen las mejillas embadurnadas con tanaka, una pasta tradicional que usan para protegerse del sol.

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El mercado de Kengtung fue lo mejor del este de Myanmar

Más allá venden pájaros que alegran tu karma cuando los dejas en libertad. Más acá hay tres mujeres acuclilladas en el suelo en una postura imposible para un occidental. Estaba lejos, en Myanmar, pero ahora también estaba en una aldea del centro de África donde había llegado por equivocación, benditos errores; y también estaba en la cima de los Andes, en Perú o Bolivia. Pero no, estaba en Kentung, el este olvidado de Myanmar, y me estaba yendo.

Y como habíamos hecho alguna vez en el pasado, subimos al avión con varias botellas de un litro de agua, mi navaja estilo Leatherman, cortauñas y unas cuantas bridas. El escáner no funcionaba, no era importante. Los calendarios decían que estábamos en el año 2016, pero yo estaba seguro que eso era una ilusión. Allí, en aquel rincón del mundo, estábamos todavía en 1970.

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y porque es capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

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320- PIRINEOS | Ruta a pie de 6 días por el circuito de los Refugis del Torb

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Después de 16 años dando vueltas como nómadas incansables en una furgo 4×4, era necesario cambiar. Seguir con La Cucaracha, nuestra casa con ruedas, pero abriendo la puerta a otras maneras de viajar. ¡Hay tantas aventuras distintas esperando cuando el dedo se pierde en un mapa!

Por eso a principios de 2016 volamos al Sudeste Asiático. No solo necesitábamos cambiar de cultura después de tanto tiempo por el continente americano. También queríamos comprar un par de motos vietnamitas para experimentar con un vehículo nuevo. Aclaro: apenas habíamos manejado motos en nuestra vida, y la última vez que me había montado en una pequeña bestia de dos ruedas había terminado con dos costillas rotas. Después de haberlo vivido, comprar esas dos cafeteras fue una de las mejores decisiones de los últimos años.

Otra de nuestras cuentas pendientes eran los viajes a pie. ¿Seríamos capaces de retomar la austera vida de mochila para perdernos por lugares espectaculares, después de la comodidad de viajar en una furgoneta? ¿Aguantaríamos las largas caminatas subiendo y bajando montañas con una fracción de lo que llevamos en la furgo?

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Puerta del refugio de Marialles, Francia

Hace unas semanas, revolviendo entre revistas y papeles de viaje, me reencontré con el folleto de la travesía de los Refugis del Torb, una ruta de 79 kilómetros por el corazón de los Pirineos Orientales. Un sendero que empieza en Núria, Catalunya (hasta donde puedes llegar en una combinación de tren regional y tren cremallera), a 1967 metros de altura, cruza hacia Francia y vuelve a Núria por otro puerto de montaña 5 días más tarde.

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El sendero se podía hacer sin tienda, ya que hay refugios a lo largo del camino que no solo proveen el colchón y la manta (entre 11 y 17 euros por persona), sino también desayuno, almuerzo y cena. Pero nosotros buscábamos caminar con tienda y sacos de dormir, tenemos la costumbre de cambiar los planes, y no queríamos renunciar a algún valle espectacular por no estar preparados.

Buscamos el filtro de agua Sawyer con membrana de 0.1 micrones que llevamos al Sudeste Asiático, rescatamos del olvido a nuestra vieja y pequeña hornalla Foco y un par de sacos de dormir de hasta 5º Celsius que en algún momento no fue suficiente. Pantalones desmontables, un par de camisetas, un par de abrigos ExOfficio que se convierten en almohada y comida para seis días.

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Actualicé los mapas de Maps.me que iba a utilizar en la tableta, me descargué los mapas topográficos de los Pirineos de Wikilok, y compramos el mapa que la Editorial Alpina publicó sobre los Refugis del Torb. Busqué un Power Bank de 8.800 mAh en El Corte Inglés (que ya devolví porque fue insuficiente) y, justo antes de partir, cambiamos el punto de inicio: el tren cremallera a Núria costaba 15 euros por trayecto. “Mejor empecemos desde La Farga, debajo de Queralbs, por la Garganta del Río Freser. Tendremos que subir unos 800 metros extra, pero prefiero gastarme esos 30 euros en queso francés. ¿Te parece?”

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Pasarela para cruzar el río Freser, antes de encarar la última subida a Coma de Vaca.

EMPIEZA LA CAMINATA

DÍA 1: La Farga-Refugio Coma de Vaca, 4,5 horas. Fue fácil hacer dedo al mediodía desde Ribes de Freser, donde nos dejó el tren regional, hasta La Farga. Se detuvo el primer vehículo que apareció. La idea original era acampar más arriba del Refugio de Coma de Vaca, pero a mitad de camino nos sorprendió una tormenta de agua y granizo. El sendero está muy bien marcado, aunque en las últimas dos horas de caminata es imposible hacer acampada libre por la pendiente y las rocas. Allí solo era posible acampar con hamaca. Iba a ser miserable buscar un sitio donde plantar la tienda en terreno empapado de agua, así que tras 5 horas subiendo por la garganta del río Freser decidimos probar suerte en el refugio.

Refugio Coma de Vaca: 16.5 euros por persona. Hay electricidad. Ducha 2.5 euros. *****

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Cuesta helada hacia el Coll de la Marrana, tras la granizada del día anterior.

DÍA 2: Refugio Coma de Vaca-Refugio de Rojá, 7 horas. Ascenso lento por la Coma de Fresers hasta el Coll de la Marrana, donde el camino se nos perdió bajo el granizo caído el día anterior. Subimos abriéndonos paso sobre la pendiente de hielo. Hay agua potable en el Refugio de Ulldeter y puedes tirar basura en las instalaciones de la pista de esquí Vallter 2000. Antes de llegar al Paso de la Portella de Mentet, el camino gira a la derecha y sigue subiendo hasta alcanzar los Plans de Coma Ermada. Aquí entramos en Francia. A partir de allí se convierte en un sendero plano a más de 2000 metros de altura que pasa por la Portella y los Plans de Callau (Anna se hizo varias fotos) hasta llegar al refugio libre de Rojá, en los Pirineos Franceses.

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Amanecer desde el Refugio de Rojá, a 2377 metros de altura.

Refugio de Rojá: gratis. Hay almohadas y mantas. Está a 2.377 metros de altura. Muy ventoso. El agua se consigue en un arroyo, caminando unos 15 minutos por el sendero que parte hacia el fondo del valle. Vimos una manada de unos 30 isards (un tipo de cabra salvaje), a unos cien metros más abajo.

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Interior del Refugio libre de Rojá, las cuchetas con almohadas y mantas.

DÍA 3: Refugio de Rojá-Refugio de Marialles, 5 horas. El camino es prácticamente plano sobre los 2.200 metros de altura hasta Pla Guillem, donde hay un refugio libre en muy buen estado. Desde allí, abajo de todo, se ve el techo blanco del Refugio de Marialles, entrada espectacular al Canigó. El sendero baja suave y se convierte en un camino de tierra sin coches (bueno, casi). En Marialles también hay un refugio de pago que cuesta 17 euros la noche, donde ofrecen desayuno, almuerzo, cena y cervezas frias.

Refugio libre de Marialles: es gratis y está ubicado en un sitio mucho más espectacular que el refugio de pago. Tiene colchonetas y sitio donde cocinar con toda la leña que hay alrededor. Está separado en tres partes: una de 4 literas, otra de unas 20 y otra para el guardapaques, cuando pasa por allí. También es posible acampar durante la noche junto al camino de entrada.

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Vista del Canigó desde el Refugio libre de Marialles, Catalunya francesa.

DÍA 4: Refugio de Marialles-Refugio de l’Alemany, todo el día. El sendero desciende hacia el Coll de Jou pasando por varias zonas de estacionamiento, volvemos a la civilización. Ojo, la entrada al sendero no se ve muy bien al cruzar la ruta de tierra. Una vez encontrado hay que seguirlo hasta el final, donde desemboca en la ruta D6, el asfalto. A pocos kilómetros está el pueblo de Py, donde puedes descargar tu basura. El pueblito es hermoso, antiguo, de casas de piedra, y con el único almacén de todo el circuito. La Epicerie tiene pocas cosas; si quieres pan francés (no el envasado) insiste un poco y es posible que te vendan alguna superbaguette del restaurante.

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Me encanta la baguette en la mochila! Pueblo de Mentet, Francia.

Si en lugar de tomar el sendero sigues por la carretera, a diez minutos encontrarás con una granja que vende queso de cabra (cierra de 12 a 16 hs.). Estaba cerrada, era mediodía, el sol caía a plomo, e hicimos dedo hasta el Coll de Mentet, ahorrándonos unos 600 metros de desnivel. En el pequeñísimo pueblo de Mentet conseguimos queso de oveja (25 euros el kilo) en otra granja donde los domingos hacen queso fresco a demanda. El pueblito también es precioso y tiene una zona donde acampar cerca del río. Desde allí son un par de horas de ascenso hasta el Refugio de l’Alemany. Si estás por ahí a mediados de agosto, encontrarás frambuesas a mitad de camino.

Refugio de l’Alemany: gratis. Tiene agua potable delante. Cocina de leña, cacerolas y hasta serruchos para cortar troncos (si fuera necesario). Un poco más abajo hay una buena zona donde acampar.

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Antigua calzada entre Mentet y el Refugio de l’Alemany.

DÍA 5: Refugio de l’Alemany-Refugio del Ras de Carança, 4 horas. El inicio del sendero es mortal, con una subida que va haciéndose más y más empinada. Luego avanza por una ladera donde encontramos un enorme perro pastor. Los carteles avisaban que son peligrosos, que atacan a los perros sueltos y salvajes, pero éste solo quería unos mimos, vaya grandote. Al otro lado el sendero comienza a descender a través del bosque y se vuelve tortuoso, pasa por unos pequeños llanos donde es posible acampar y, después de atravesar un par de arroyos, llega al Refugio del Ras de Carança.

Refugio del Ras de Carança: 11 euros la noche. La gente también acampa alrededor del refugio, aunque recomiendan una distancia mínima de 200 metros. Como es pequeño, también alquilan tiendas. Hay agua potable y si les pides te pueden cargar algún aparato. Acampamos unos doscientos metros arroyo abajo, junto al arroyo, en un lugar paradisíaco. Al anochecer ya estábamos rodeados.

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La caminata junto al río Carança es espectacular!

DÍA 6: Refugio del Ras de Carança-Queralbs, todo el día. El sendero sigue constantemente el río de Carança, por lo que hay agua hasta casi el paso de vuelta a Catalunya. Un par de horas más adelante llegamos al Estany Blau o de les Truites, el mejor lugar de todo el recorrido para plantar una tienda y olvidarse del mundo. Aquello era un paraíso en medio de los Pirineos. El día estaba soleado, el agua invitaba a darse un chapuzón, las truchas provocaban ondas en el agua y en la orilla un desman, un pequeño mamífero de 10 centímetros parecido al ornitorrinco, nos miraba entre las piedras.

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Lago Azul o de las Truchas, en la cabecera del río Carança. Quiero volver y acampar una semana!

La última subida hasta el Coll de Noucreus tiene un tramo bastante empinado que va dejando atrás varios estanques de agua potable. De allí a Núria es pura bajada. Nos tomamos un par de cervezas energéticas y seguimos hasta Queralbs, por el camino viejo.

Cuando salimos a la ruta hicimos dedo hasta Ribes (paró el tercer coche) y de vuelta a casa. Nuestras piernas estaban destrozadas después del palizón del último día, pero las sonrisas lo decían todo: a partir de ahora los viajes por el mundo no solo serían en furgo; también empezaríamos a perdernos en moto, y a pie.

DESNIVEL DEL CAMINO

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Desnivel acumulado aproximado, tanto de subida como de bajada: 5.200 metros.

Época recomendada: de junio a septiembre

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2016 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

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Han servido de inspiración para un comic de viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream (su primer vehículo para no viajar), con unos amigos en Baja California, México. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona (Estados Unidos) y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.