82- Cómo cambiar dinero en el mercado negro de Venezuela

La Vuelta al Mundo en 10 Años, viajeros4x4x4

Aquí encontrarás datos que no están en ninguna guía, sobre todo, porque rozan o entran en el terreno resbaladizo de lo que podría ser ilegal. Son trucos, trampas que vamos descubriendo en el camino, grietas en las normas establecidas que juegan a nuestro favor, el de todos los viajeros. Que aproveche.

Advertencia: existen muchos timos en el mundo y la gran mayoría fueron inventados alrededor del dinero. Al cambiar dinero en el mercado negro en Venezuela existe el riesgo de que te endosen billetes falsos o te timen de alguna manera dolorosa. Bueno, de alguna forma, el triple sistema cambiario venezolano también es una forma de timo, aunque sea oficial…

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El amigazo Pepe Polo nos había avisado de la existencia de un mercado negro de moneda extranjera en Venezuela. De que hacía años que el valor oficial del dólar y el euro no variaban a pesar de la inflación. Que viajar por Venezuela puede ser más caro que viajar por Japón o Canadá.

Hablando claro, que en enero de 2009 el kilo de cebollas en un supermercado de Puerto Ordaz costaba 7 euros o 10 dólares si cambiabas tu dinero en un banco o en una casa de cambio. Algo tan absurdo como que, por el mismo dinero, puedes comprar 520 litros de diesel. Sí, quinientos veinte, five hundred and twenty litros de diesel, my friend

Estas cosas solo pasaban en los libros de García Márquez.

Intentaré ser claro, porque es posible que nunca hayas oído hablar del mercado negro y creas que eso sólo pasa en África.

Hay países donde el gobierno, por el motivo que sea, establece un tipo de cambio fijo e inamovible con alguna de las monedas más importantes del mundo, generalmente con el dólar estadounidense. En el caso de Venezuela, 2,14 bolívares fuertes (Bsf) por cada dólar. El precio de cambio con otras monedas se establece según su variación internacional respecto al dólar. Oficialmente, el euro vale entre 2,80 y 3,10 Bsf, lo mismo que hace siete años.

Este sistema oficial ignora la inflación, por lo cual, con los mismos dólares o euros un extranjero cada día compra menos cosas. Siguiendo esta regla de tres, los venezolanos cada día podrían comprar más dólares con su salario, que supuestamente se ajusta según la inflación. Eso sería cierto si los venezolanos no necesitaran una autorización especial del gobierno para comprar dólares. Pero sí la necesitan. Y en el caso de obtenerla, tampoco pueden comprar la cantidad de dólares que quieran.

Entonces, si un venezolano necesita dólares o euros para importar mercaderías o viajar al extranjero y no tiene la autorización del estado, busca en el mercado negro, el mercado paralelo de divisas. Ese mercado, al ser espontáneo y estar regulado por la oferta y la demanda, marca el tipo de cambio real de los bolívares venezolanos.

En julio de 2009, los bancos pagan aproximadamente 3,08 bolívares fuertes por euro. En el mercado negro pagan 9,50 Bsf, más de 3 veces más. La misma relación se da respecto al dólar. Son precios que jamás encontrarás en un banco o en un cajero automático.

Para conocer el cambio actual del bolívar fuerte contra el dólar en el mercado negro entra en http://liberal-venezolano.net/dolar. Para saber el cambio paralelo en relación al euro ve a http://liberal-venezolano.net/euro. Nunca conseguirás exactamente ese precio, descuenta aproximadamente un diez por ciento.

 

DÓNDE CAMBIAR TU DINERO

No es fácil conseguir este cambio pero tampoco es imposible. Si el vendedor sugiere ir a cambiar a un sitio más privado debido a que es ilegal, sospecha. Todo el mundo está acostumbrado a cambiar de frente, a plena luz del día. No pasa nada. Cambia primero una cantidad pequeña de dinero para comprobar que el sistema funciona. Luego, con la confianza, podrás cambiar cantidades mayores.

  • Si llegas a Venezuela vía aérea, te abordarán decenas de cambistas en el aeropuerto de Maiquetía. Llega informado, pregunta a varios, sé simpático, luego decides a quien le cambias.
  • En Caracas supuestamente se puede cambiar frente a la Asamblea Nacional. Si conoces a alguien en el consulado de tu país, pídele que te ayude.
  • Si llegas a Venezuela desde Brasil, puedes preguntar en cualquiera de los comercios de La Línea, casi todos cambian reales por bolívares fuertes al precio del mercado negro.
  • Si llegas a Venezuela desde Colombia, encontrarás cambistas informales en la calle agitando fajos de billetes. Pregunta a varios, sé simpático, luego decides.
  • En San Antonio de Táchira, lado venezolano del cruce por Cúcuta, puedes conseguir cambio aceptable en el Operador Cambiario Fronterizo Gloria, en la esquina de la Av. Venezolana Nº 7-99. Es la misma avenida de entrada, mano izquierda, siete cuadras adelante.
  • También puedes cambiar en la isla Margarita, aunque el cambio que te ofrecerán será muy inferior al cambio del mercado negro o paralelo. En el resto del país es muy difícil encontrar alguien que cambie tus dólares o euros a un precio decente.

O sea, hablando en cristiano: amigos, si insisten en visitar Venezuela en este momento complicado de su historia, no cambien el dinero en los bancos ni saquen de un cajero automático. Sean previsores, tampoco cambien todos los días.

Y buena suerte, a pesar de los problemas, Venezuela sigue siendo un país hermoso.

 

ATENCIÓN

Cuidado con las propuestas de cambio de bolívares que circulan por internet. Suelen proponer el ingreso de dólares o euros en una cuenta bancaria fuera de Venezuela y el retiro de bolívares, más tarde, en una cuenta bancaria dentro de Venezuela. Es un sistema no comprobado y que puede terminar en una estafa.

 

EXTRA

Para comprender un poco más la realidad económica venezolana, copio algunas partes del mensaje que nos envió el amigazo Pepe de viajerosonline.info a mediados de 2008. Gracias! Sin tu ayuda y sin estos datos seguramente no hubiéramos podido conocer Venezuela.

…Respecto a tus preguntas, pues las cosas por Venezuela definitivamente van muy mal, sobre todo las económicas. El costo de la vida se ha puesto terrible. La inflación “oficial” del mes de Mayo ha sido 4% (si, en un solo mes), pero la real “ni se sabe”. Somos el país más inflacionario de América Latina, y el tercero del mundo, sólo superados por Zimbabue y Myanmar, así que prepararos… por ejemplo somos el país de América latina con más muertes violentas.
Todo esto lo provoca la tremenda inflación, que lógicamente golpea más al más pobre, que literalmente tiene que matar para vivir y comer.
Bueno no me extiendo, pero es que como me preguntas asuntos de plata, creo que te debo ir preparando. Aquí los precios no tienen ningún sentido. El que tiene dinero no pregunta el precio y paga lo que sea, y el pobre tampoco pregunta porque de cualquier manera no podrá ni pagar los alimentos que necesita su familia (los alimentos es lo que más se ha encarecido en el país). El problema es que todo está regulado y nadie puede vender un producto que cuesta más caro producirlo o importarlo de lo que luego lo va a poder vender, así el mercado negro y la corrupción reinan.
Podrás y deberás cambiar en el mercado negro en la frontera (con el cambio oficial, ni los herederos de Onassis viajarían por aquí). Supongo que entrarás por Cúcuta, no es ningún problema, la gente va con manojos de billetes en la calle para que sepas que cambian. Lógicamente es arriesgado porque es ilegal, pero hay que hacerlo. El problema cuando algo es ilegal es que tiendes a esconderte e ir rápido. NO LO HAGAS, es ilegal, pero es normal, tómate tu tiempo en contar los billetes. Yo te informaré del cambio paralelo que debes intentar conseguir cuando llegue el día. En esta web puedes estar al día: http://bonosvenezuela.blogspot.com/ , siempre se consigue algo menos que lo que ahí pone, pero es la referencia.
Entre la frontera y Caracas NO SE PUEDE CAMBIAR, no hay donde, así que cambia lo que necesites para llegar a Caracas. Aquí se cambia en el centro frente a la Asamblea Nacional. Yo consigo un buen cambio y no lo hago en la calle sino algo más sofisticado, a través de una compañía. Les hago una transferencia a una cuenta en el extranjero y ellos me la abonan a mi cuenta en bolívares, o me dan un cheque si requiero efectivo. Por supuesto cuando estés aquí yo te ayudaré con este tema.
No he oído de casos que timen, pero tampoco quieras ser el primero, así que ve con cautela. Tampoco hay bolívares falsos que yo sepa. Si debes saber que desde primeros de año, se cambiaron las monedas y billetes en el país, y hasta nueva orden circulan legalmente ambas.
1000 bolos de antes, es 1 Bolívar Fuerte de ahora, y se expresa así: 1 Bsf. Vamos que solo han quitado 3 ceros al bolívar, por lo que te encontrarás por ejemplo un billete legal de 1000Bs, que solo vale 1 Bsf…



81- Saqueo en la ruta.

Saqueo después de un accidente en la ruta Táchira Caracas de Venezuela.

–          La moral es una galleta –aseguró mi abuelo el día que me acompañó a buscar un maniquí al negocio de un amigo suyo, que me lo iba a prestar no sé para qué.

Tampoco sé a cuento de qué venía la parábola, solo recuerdo que los dos caminábamos por la avenida 9 de Julio sin prisas. Entonces todavía lo quería por la cáscara, porque era el abuelo José, el que hacía los asados los domingos, el que tuvo aquel Peugeot 404 blanco con un maletero que terminaba en punta, como el coche de Batman. Y era el mismo abuelo, el único que me quedaba, que era terrible cuando se enojaba. Eso me lo contaron muchos años más tarde.

En ese momento no hubiera creído una sola palabra mala del abuelo José, que avanzaba de marrón y blanco antiguo a mi lado, con la sonrisa tranquila de los veteranos que ya no tienen nada que perder, ajeno a la expresión tonta que se le instalaría en la cara cuando el Alzheimer, el primitivo, okupó todas las habitaciones de su memoria. Entonces al abuelo José solo le quedaría el cuarto de los niños.

–          No, no, qué palabra. ¡Moral! Las personas, las personas son las galletas –corrigió mientras continuaba pensando en voz alta. –Pocos consiguen ser como esas galletas viejas que te parten los dientes, duras como una roca. No, casi todas las personas son galletas de agua.

Seguía sin entender nada. No sabía dónde quería ir el abuelo José. ¿Moral? Amar a Dios sobre todas las cosas, no matar, no hurtar, no levantar falso testimonio, ni mentir. Fornicar todavía no me quitaba el sueño, así que la moral se limitaba a una lista de diez mandamientos aplicables a todos los momentos de la vida. Un Corán para chicos de catorce años.

–          Eso que los chicos nacen con un pan bajo el brazo, ¿sabés?, es mentira. Los chicos nacen con un bollo crudo de masa de galletas pegado en la planta de cada pie –dice antes de detenerse en la esquina. El semáforo está rojo, el cielo azul. –Te hablo en serio, la vida es una cocina. Palos, moldes, horno, asfixia, calma, hasta que de tanto arrastrarse y caminar, la masa crece y se convierte en la galleta. Cada chico, cada viejo que ves, está rodeado de una galleta de agua redonda, cuadrada o quebrada, con forma de estrella fugaz, de Ava Gardner o de mancha. No hay dos iguales, todas las galletas son distintas, pero sólo las galletas duras sobreviven el test de la almohada.

–          ¿El test de la almohada?

–          Sí, la cama es el mejor sitio donde conversar solo, sobre todo las noches que no podés dormir.

Tengo que admitirlo, a veces me parecía que mi abuelo no estaba bien, pero en esa época todavía dormía en su cuarto. Era dueño de su propia vida.

–          Si querés ver la galleta de una persona, tenés que aprender a percibir cosas que se sienten, que a veces no se ven con los ojos. Algunos lo llaman aura, yo lo llamo galleta.

Todavía no entendía mucho de metáforas y símbolos. Mi cabeza no se enloquecía buscando otras maneras de contar lo mismo. O sea, con suerte entendía el cinco por ciento, la última letra de lo que el abuelo José intentaba explicarme. Me gustaba el fútbol, los cómics, los cromos y los libros de aventuras de Julio Verne. ¿Qué hubiera hecho el Corto Maltés al encontrarse con un policía boliviano que quiere una coima por una infracción que nunca cometió? ¿Y Sandokán, frente a un elefante inquieto en la entrada de la cueva donde duerme el ébola? ¿Qué era todo ese barullo?

Entonces se hizo el silencio. Bocinas, motores, frenos, voces agudas, voces graves, un chillido, una risa, viento, el silbato de un policía, frenos. Pero silencio, el abuelo se había callado.

Era así. Nunca sabías cuando iba a terminar. A veces cortaba una frase y dejaba pasar el tiempo. Y esa frase quedaba incompleta, medio volando en el aire. El abuelo José confiaba en que algo de lo que decía prendiera en sus genes, que le escuchaban a medio metro de distancia. Supongo que a fuerza de machacar, como las canciones de la radio, algo queda.

–          Sabés, dentro de la multitud, todos somos chinos. Cuidá tu galleta, que sea dura y leal, que no se te rompa y sobre todo, que sea tuya. No te vendas ni dejes que te laven la cabeza. ¿Entendiste?

En ese momento no comprendí nada. ¿Que el aura es una galleta? ¿Que mirando se aprendía a descifrar a la gente? A esa edad todavía tenía la cabeza en el lugar de las tripas. Lo que más brillaba era lo más sencillo, el final, su no te vendas ni dejes que te laven la cabeza. Eso lo había dicho antes.

En la ruta de San Antonio de Táchira a Caracas, Venezuela, nos encontramos con una retención. A cien metros, la gente bajaba de sus coches y corría hacia algún lugar ubicado en el arcén. El accidente debía ser terrible.

Una camioneta volcada acababa de desparramar decenas de planchas de aluminio que refulgían como manchas de mercurio sobre el pasto. No había muertos, no había heridos, no parecía. No sé. ¿Nadie se fijó? Sólo vimos a Juan, María, Braian, Yenifer o como sea que se llamaran, ama de casa, taxista, empleado, oficinista, personas normales al fin, que detuvieron su coche nuevo o viejo, su camioneta destartalada o bronca, su taxi, su camión, su autobús, y corrieron a saquear. A llevarse una maldita plancha de aluminio para casa.

Y que reían, como si nunca hubieran entendido nada.

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72- Guía para viajar al Salto Ángel, la cascada más alta del mundo

Sobre la selva hacia Canaima, Venezuela

– Kanaima significa asesino. ¿sabías eso? –pregunta nuestro guía compulsivo, nuestro pequeño dictador, un chico de la etnia amerindia Pemón pero absurdo nombre inglés. Se llama Henry, no tiene más de diecinueve años, y no es su culpa.

El agua de la laguna de Canaima permanece calma y roja mientras balancea las canoas largas con suavidad. A esta hora de la mañana ya nada es urgente, las lanchas que debían salir para el Auyán Tepuy no están y el pueblo se mantiene tan vacío como si fuéramos los únicos testigos.

Nada, en las playas no hay voces, ni gritos. Sólo permanece el cris-cris de las hojas mecidas por la brisa y el estrépito constante de las cataratas. Seis saltos alineados que bajan un escalón de piedra de quince metros. Luego del estallido, el agua vuelve a dormitar teñida con el color de la sangre. Roja de taninos, roja por los magullones de la caída, roja por la naturaleza de la tierra de los asesinos.

No puedo evitarlo: esto es un jodido paraíso.

Palmeras que crecen a ambos lados de la orilla, niños que chapotean desnudos, mujeres que sonríen con el trabajo de una lavandería sobre la cabeza, pájaros que cantan felices, hombres que empujan canoas y extranjeros invisibles. A pesar de las avionetas, la presión local para partir cuanto antes selva adentro deja el pueblo vacío. Esta arena blanca mezclada con raíces y hojas de palmera no es una posibilidad real en la mente de los extraños que llegan a Canaima. Sólo vale el Salto.

El único.

El más alto del mundo.

EL Salto.

Lo demás es parte de lo que ocurre mientras tanto.

Y es una pena, porque en el viaje a Salto Ángel, vas a estar más tiempo en movimiento que descansando. Más tiempo en el camino que en ningún otro lugar de la selva.

Aunque la ortodoxia lo desmienta, los 979 metros de caída libre convierten al Salto Ángel, en el Salto del Ángel. Es alto.

Fue descubierto en 1937 por el aventurero y aviador Jimmy Angel, un norteamericano en busca de emociones y diamantes entre las piedras más antiguas del planeta: el Escudo de Guayana. Todo cabía en el estómago de su avión, alimentos, pólvora, cianuro, espejos, herramientas y balas. Jimmy, perdido en un laberinto de versiones sobre tesoros en las cimas de los tepuyes, solía desviarse de sus rutas entre Ciudad Bolívar y los agujeros mineros de la selva.

El Salto está dentro del Parque Nacional Canaima y se derrama desde la mesa del Auyán Tepuy al valle del río Churún. El 99,9% de los visitantes llega en avión desde Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz o Caracas para un tour de 3 días 2 noches. Junto a la pista de aterrizaje siempre espera un guía para llevarte al hotel o meterte inmediatamente en una canoa ultrarrápida hacia el Salto Ángel. Da igual la hora y el plan que te hayan vendido en la agencia de turismo. Olvida los detalles.

El viaje remontando los ríos Carrao y Churún dura cuatro horas en la estación húmeda y unas diez en la estación seca, entre febrero y abril. El piloto avanza siempre a toda velocidad levantando una ola lo suficientemente alta para cubrir la selva. El nuestro era el Schumacher de todos: hay que ver cómo esquivaba las piedras y subía los pequeños rápidos el cabrón. El único problema del viaje es que durante un mínimo de cuatro horas sólo podrás mirar hacia delante, protegerte del agua que termina empapándote y… cantar (opcional).

A los pies del Salto Ángel llegas tarde, apenas dos o tres horas antes de la puesta de sol, porque las canoas también suelen partir tarde. Estás en la selva, no en la ciudad. Olvida los detalles. El guía sacará unos sándwiches de jamón y queso embolsados, una botella grande de Coca Cola tibia, y diez minutos después comienzas el ascenso hacia la base del Salto. Es más de una hora por senderos planos y abruptos cubiertos de verde.

Si soñabas con tocar la pared del tepuy, olvídalo. Una saliente de 15 metros de altura corta el paso. Lo que sí puedes hacer es chapotear en una poza de agua de ángeles, condenadamente helada, recién caída del cielo.

En Venezuela oscurece temprano y rápido, poco después de las 6 de la tarde las hamacas ya están instaladas bajo un cobertizo y encienden un generador. Diez pollos clavados sobre el fuego alcanzan para tres canoas. Durante la noche los no iniciados en el maravilloso mundo de la hamaca descubrirán con dolor algunos músculos que no sabían que existían.

A la mañana siguiente te levantas a las seis de la mañana, desayunas rápido y antes que te des cuenta ya estás sentado de nuevo en la canoa de Schumacher. Te mojas tanto como el día anterior y, desconcertado, comienzas a preguntarte si realmente viste El Salto. O si sólo lo soñaste.

No hay más. No tienes tiempo de asimilar la belleza ni la bestialidad de un salto que acaricia los mil metros.

–          ¿Qué les pareció Canaima?

–          ¿Quieres la verdad? Es hermoso, demasiado bonito. Pero hacía muchísimo que no me sentía un paquete express.

¿QUE HACER PARA QUE EL VIAJE A SALTO ÁNGEL NO SEA SOLO COMPLETAR UN SITIO, SACAR UNAS CUANTAS FOTOS PARA PROBAR QUE ESTUVISTE ALLÍ?

¿Qué hacer para quedarte, para mezclarte, para conocer un poco más, para detenerte en Canaima? ¿Qué hacer para tener recuerdos y no sólo esa sensación absurda de ser un envío urgente que hay que llevar y traer cuanto antes?

Si te gusta disfrutar de los lugares a tu propio ritmo, no hagas el tour de 3 días 2 noches a Salto Angel, a no ser que no tengas más alternativa. Por eso te proponemos:

  • Compra sólo el pasaje de avión a Canaima, 600 bolívares fuertes ida y vuelta (feb.09).
  • Llega a Canaima con algo de tiempo. Cinco días o una semana son suficientes.
  • Acampa gratis junto a las casas del Parque Nacional o búscate una habitación.
  • Lleva protector solar, ron y los chocolates que necesites. Allí todo es más caro.
  • Relájate en la laguna, uno de los sitios más hermosos de Venezuela.
  • Negocia con los boteros el precio para que te lleven hasta Salto Ángel y te dejen un par de días. Ten en cuenta que hay campamentos en ambas márgenes del río Churún y es mejor que no tengas que nadar para llegar al Salto.
  • Lleva puesta ropa impermeable durante las cuatro horas que dura el viaje en canoa en la época húmeda, o las diez que dura en la época seca (de febrero a abril). O viaja [email protected]
  • Tómate tu tiempo en la base del Salto Ángel. Es uno de los lugares más extraños y remotos del planeta. Disfrútalo.
  • Si te cansas o quieres quedarte más tiempo, cambias el pasaje de vuelta.

PRECIOS A FEBRERO 2009

El viaje, negociado en el aeropuerto de Ciudad Bolívar, nos costó unos 1100 bolívares fuertes en febrero 2009. Unos 400€ al cambio oficial, 200€ al cambio paralelo, precio total para dos personas. Transporte, alojamiento y comidas incluidos.

Entrada al Parque Nacional, que se cobra en el Aeropuerto de Canaima, 35 bolívares fuertes.

RUTA ALTERNATIVA POR TIERRA

Hay un camino fácil que se puede hacer hasta Paragua, al sur de Ciudad Bolívar. Allí hay que cruzar el río Orinoco en una chalana y continuar por una muy mala ruta minera hacia San Salvador de Paul. Los amigos rustiqueros de Venezuela nos desaconsejaron hacer la ruta, ya que necesitas neumáticos especiales, muy altos. Si sigues adelante tienes que continuar hasta Caño Negro. Allí estacionas en el terreno de la familia que te cruzará el río Paragua en una canoa. En tres horas caminando estás en Canaima.

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