119- La Ruta Transamazónica | BRASIL.

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La ruta Transamazónica era sólo un sueño. Esa línea de tres mil kilómetros de tierra estrecha y roja, casi siempre calva, que atraviesa Sudamérica por el sitio menos probable, tenía parte de la culpa en el cambio dramático que había ocurrido en el paraíso. En el centro, en el corazón verde, denso y salvaje del Amazonas había desaparecido la selva. Los árboles más viejos habían sido reemplazados por campos estériles de soja y vacas solitarias que intentaban darle la razón a los planificadores del desarrollo. La ruta Transamazónica era una decepción, un reto deportivo. El pedazo de selva virgen que aparece en la foto era la excepción, no la regla.

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Haz click en la fotografía de la ruta Transamazónica para ampliarla. El texto es un extracto de ‘El Libro de la Independencia’ de la serie La Vuelta al Mundo en 10 Años, y dice:

Entonces te acercas a otro miedo que comienza a prosperar. ¿Qué pasaría si la vida se convirtiera en una sucesión de días de sol y lluvia en diferentes escenarios? ¿Y si no hubiera marcha atrás? ¿Y si dejáramos de controlar todo lo que pasa en nuestra vida? 

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116- Los caminos del Altiplano | BOLIVIA.

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Estuvimos más de una semana recorriendo en solitario los caminos más alejados del altiplano boliviano. Eso era vivir en la luna, vivir en el paraíso a pesar del cansancio repentino, el frío y los dolores de cabeza a 4.500 metros de altura. Todo fue bien hasta que una mañana, al intentar arrancar, descubrimos que el motor, el aceite, el agua, todo se había congelado…

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Haz click en la fotografía de las rutas del Altiplano boliviano para ampliarla. El texto es un extracto de ‘El Libro de la Independencia’, de la serie La Vuelta al Mundo en 10 Años, y dice:

En el mundo que conozco tenía un seguro para todo. Un seguro de vida, un seguro de hogar, un seguro para accidentes pagado por la empresa y uno de desempleo que me lo descontaban automáticamente del sueldo; un seguro a todo riesgo para el coche, un seguro médico para las vacaciones en el extranjero y otro que me protegía en casa. También había seguros para las tarjetas de crédito, para los dientes, para caballos, para mordeduras de perro y hasta para piernas de futbolista. En el mundo que conozco sólo los ataques provenientes de Marte podían dejarnos desamparados.

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112- Cocina de Perú: Carne enterrada o Pachamanca.

Pachamanca, Perú

La Pachamanca es uno de los platos más difíciles de encontrar de una de las cocinas más sabrosas del mundo: la cocina peruana. Su nombre proviene del término quechua ‘pacha’ que significa tierra, y ‘manka’, que significa olla. O sea, es comida cocinada en una olla de tierra o, para ser más claro, carnes envueltas en hojas de plátano enterradas bajo piedras calentadas al fuego.

Esta forma de cocinar también existe en la isla de Chiloé (sur del centro de Chile) y probablemente también en Bolivia. La pachamanca peruana se sirve en los departamentos de Ayacucho, Junín, Huancavelica y Huánuco con pequeñas variantes locales. También se sirve en Lima en recreos y restaurantes de las cuencas del Chillón (camino a Canta), del Rímac (Chaclacayo, Chosica) y del Lurín (Cieneguilla).

Aquí van todos los datos para preparar una Pachamanca, parte sacados de Wikipedia, parte de nuestra curiosidad. A ver quién se anima y hace el primer asado enterrado.

INGREDIENTES

  • Carnes de res, cerdo, cordero, pollo y cuy.
  • Especias: chincho, culantro y ají, o las que tengas ganas de poner a la carne.
  • Acompañamientos: papas, camote, yuca, maíz, habas, queso derretido. En la sierra central peruana son de importancia las humitas de choclo (maíz fresco molido) dulces y saladas.

ELABORACIÓN

Lo primero es hacer un horno artesanal, un agujero en la tierra con una base de material refractario (piedras de río, por ejemplo) que absorba el calor de un fuego hecho encima para que las carnes se cocinen. No es apta cualquier piedra, siempre hay que evitar aquellas que tengan sulfuros, ya que altera el sabor. Algunos usan estructuras de ladrillos de chimenea o levantan un túmulo sobre tierra (ver fotos más abajo).

Calentado “el horno” y quitadas las brasas, se procede a introducir la carne previamente sazonada o macerada y envuelta en hojas de plátano directamente sobre las piedras, o sobre alguna laja o en bandejas metálicas si se quiere conservar las brasas. Se colocan las papas, yucas o maíz que vayan a acompañar la carne y luego se cierra el “horno” con hojas, trapos, más piedras calientes y tierra, o mediante algún otro mecanismo que lo cierre herméticamente y concentre el calor. El tiempo de cocción aproximado es de unos 90 minutos.

La Pachamanca se suele cocinar para compartir en un grupo grande. Las papas, las habas, los camotes y las humitas se tienden a lo largo de la mesa, donde cada uno se sirve lo que quiera. Las carnes se separan por tipo y a veces se acompañan con japchi (aji de rocoto, queso y huacatay).

¿Para beber? Una caja de cerveza cusqueña, una botella (o varias) de buen pisco o una Inka Cola gigante. Que aproveche.

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111- Qué se siente cuando vives un terremoto | PERÚ

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A las siete y quince de la mañana un murmullo largo sacude la cama arrancando un rugido de las paredes. Un rugido suave, pero bien bronco.

– Anna, quédate quieta.

El sonido es exactamente el mismo que retumba dentro de un túnel mientras pasa sobre tu cabeza un tren interminable, cada vez más pesado, cada vez más intenso. Brrrrrrrrrrrrrrrrmmmmmmmmmm.

Un terremoto es algo extraordinario. La confusión es auténtica, la película de tu vida se enganchó en la máquina y el viejito que vigila los proyectores se quedó dormido.

– ¡Todos al patio! ¡Todos al patio! –comienza a gritar la abuela Raquel. –¡Ay madrecita mía de mi vida! ¡Dios santo! ¡Que acabe rápido por favor mamita!

Su voz nerviosa recuerda las historias entrecortadas en alguna sobremesa. Paredes caídas, grietas en el asfalto, fuego, gente desnuda en la calle, sangre, el pudor ya no es importante.

Diez, o veinte, o treinta segundos más tarde, cuando la tierra se calma, una mano con Parkinson enciende el televisor. Ya interrumpieron todos los programas.

Un terremoto es algo escalofriante. El suelo tiembla en shocks planetarios, sacudidas que levantan cemento, asfalto, farolas y edificios. Los gorriones pierden los nidos y la gente sus casas. No es broma. El sacudón que provocó el tsunami asiático de fines de 2004 hizo que algunas islas se movieran de sitio.

Recuerdo la primera vez, año 2003. Cenábamos en nuestro apartamento alquilado en Santiago de Chile, un noveno piso, y la silla comenzó a caminar. Mi pequeña colección de botellas de los años cincuenta parecían clin clin clin clin clin campanas. Apoyé el tenedor en la mesa e intenté asimilar la vibración. Era algo sobrenatural.

– ¿Sientes esto? –preguntó Anna.

El edificio era Godzilla y nosotros estábamos en su estómago.

Recuerdo la emoción inconsciente, esto se mueve, esto es nuevo, esto es incontrolable esto es un fenómeno. La introducción al Apocalipsis, capítulo 1.

Durante un terremoto cada uno enseña sus cicatrices, las visibles y las invisibles. En la calle suena un coro de alarmas de automóviles. Los bomberos saltan a sus camiones y la gente sale a las calles. Algunos lloran. Otros se quedan en blanco. El miedo a las réplicas provoca otro temblor, esta vez en las piernas.

Queda la inestabilidad. Es la vida desnuda, desequilibrada, original, pendenciera, nada está asegurado. Todo puede derrumbarse en un momento de inquietud. El corazón continúa latiendo, pero las pulsaciones pasan las cien, el baterista se ha vuelto loco.

Años más tarde, en Lima, y con la presencia fresca del desastre de Pisco, el suelo vuelve a temblar. La primera vez fue a la una de la madrugada, durante un asado. La silla sólo se movió unos centímetros durante un par de segundos y ayudó a que la cena se acomodara en el estómago. Fue simple, rum rum, ya está. La segunda sacudida fue distinta.

Hay más historias sobre terremotos en:

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108- Cómo identificar dólares falsos

Cómo identificar un billete falso de 20 dólares

La industria de la falsificación en Sudamérica vive sus momentos más brillantes.

En Paraguay puedes encontrar montones de zapatillas Adidos y Mike, relojes Relox y radios Soni. Perú es el paraíso de la duplicación de películas: los dvd vienen con un impresionante menú desplegable y todas las opciones del original, todo por menos de un solitario dólar. Shrek 3, por ejemplo, llegó a los Polvos Azules de Lima antes de su estreno internacional. Y ni hablar de los medicamentos truchos que inundaron las obras sociales argentinas durante el 2009…

La especialidad de Colombia parece ser la falsificación de dólares estadounidenses. Llegaron tantos a Ecuador, donde circula como moneda oficial, que los comercios se niegan a aceptar billetes mayores a 20 dólares. Si quieres usar los de 50  o los de 100, tienes que cambiarlos en el banco.

Pero al final da igual, porque en Ecuador circulan montones de billetes falsos de 20 dólares. Nosotros tenemos cuatro.

Nos los pasaron mientras vendíamos libros en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil. Nosotros buscábamos el relieve con la uña, y estos, los dólares colombianos, lo tienen. Sus fallos son otros:

  • El papel es ligeramente más duro.
  • El hilo plateado de seguridad no está integrado en el grosor del papel, por lo que en esa zona el billete es curiosamente más grueso.
  • El número 20, que debería ser de un verde reflectante, sólo es verde y a veces parece sucio.
  • Seguro que hay otros pequeños detalles, los número de serie se repiten, falta la imagen invisible que sólo se ve a trasluz o en lugar del político gringo de turno está el ratón Mickey…

¿Qué hacer con esos billetes? Si los llevas a un banco, te los retienen para destruirlos sin compensación alguna. Podríamos volverlos a circular, pero eso sería joder a alguien que no te hizo nada. Y las cosas malas siempre terminan volviendo.

Entonces nos quedan dos opciones:

  • Coimear a algún policía corrupto con un billete falso, justicia poética.
  • Venderlos: VENDO BILLETE FALSO DE 20 DOLARES A COLECCIONISTAS DE MONEDAS Y CURIOSIDADES. EN PERFECTO ESTADO. PRECIO: 30 DÓLARES. LOS INTERESADOS PUEDEN ESCRIBIRNOS A…