135- Historias de la peluquería Blacky, Nairobi | KENIA.

La Vuelta al Mundo en 10 Años - @viajeros4x4x4

Cualquier cosa podía ocurrir en Nairobi. Podían echarte de un cine por no levantarte cuando pasaban el himno nacional antes de cada película. Podían cortarte en dos y morir desangrado y desnudo en medio de las calles desiertas, tierra de nadie cuando se ponía el sol. En este caso lo último que verías era alguien tan drogado que flotaba mientras se iba volando con tus calzoncillos en la cabeza. Si había sequía era posible encontrar un maasai caminando por la calle con su lanza y su rebaño de vacas flacas. Nairobi era su antigua tierra de pastoreo, y seguían teniendo derecho a ignorar el siglo veintiuno.

Cualquier cosa podía ocurrir en Nairobi, por eso Peter, el belga, me llevó a aquel mercado detrás de la River Street, donde cada máquina de coser era una pyme y montañas de ropa usada y desechada en occidente se levantaban sobre una sábana arrojada al suelo. El sabía dónde podía conseguir una nueva cámara de fotos robada para reemplazar la que me habían robado a mí. Sin cámara no había trabajo, y esto era al fondo, después del Salon Blacky, donde unas negras demasiado delgadas hacían cola para hacerse miles de trenzas en el pelo. La historia completa está desarrollada en el libro ‘Por el Mal Camino’.

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Esa es la historia que hay detrás del momento en que tomé la fotografía del cartel de Blacky Salon, en Nairobi. Y fue con una cámara desechable… Haz click en ella para ampliarla. El texto es un extracto de ‘El Libro de la Independencia’ de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años, y dice:

El mecanismo más efectivo del descubrimiento es la equivocación. Eres químico y te haces famoso por un error catastrófico bien interpretado. Eres biólogo y te pierdes voluntariamente en un bosque lejano para encontrar una charca apestosa con ranas de seis patas. Vagas sin rumbo por la ciudad y tus pies te llevan a un callejón que nunca estuvo allí. Quizás por eso unos niños comienzan a gritar tourist! tourist! Y no sabes si te llaman o están dando la voz de alarma.

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134- La prostitución en las calles de Nairobi | KENIA.

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En Nairobi había dos ciudades, o tres, o cuatro. Primero conocí la ciudad de calles habituales donde los turistas buscaban un souvenir de su aventura africana antes del toque de queda, antes que la puesta de sol dejara las calles comerciales en poder de las bandas de niños zombies, esos pequeños esnifadores de pegamento. Luego conocí la ciudad de calles que estaban más allá del River Market, donde los prostíbulos permanecían abiertos las 24 horas y juguetear con el sexo era como ir al casino: casi seguro saldrías perdiendo. Y no era una cuestión de bolsillos vacíos, allí un polvo sólo cuesta la voluntad.

Pero el problema, el gran problema, surgía cuando te dabas cuenta cuenta de la edad de la prostitución africana: en el Modern Green tenían quince, dieciocho, veintitrés, como mucho veinticinco. Las mayores ya habían muerto de sida. La historia completa está desarrollada en el libro ‘Por el Mal Camino’.

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Esa es la historia que hay detrás del momento en que tomé la fotografía de las calles de Nairobi. Y fue con una cámara desechable… Haz click en ella para ampliarla. El texto es un extracto de ‘El Libro de la Independencia’, de la serie La Vuelta al Mundo en 10 Años, y dice:

Y comprendí el espanto del vagabundo que vive obligado en la calle. Incrédulo, evitado, despilfarrado, un Don Nadie consciente de haber sido despedido de una sociedad anónima. Acosado por la policía. Evitado por la gente. Sin indemnización ni derecho a subsidios. Alrededor hay hombres con prisa por acabar un día que todavía no comienza, niños que se arrastran desganados a la escuela, mujeres que vomitan para verse mejor, flores de plástico sobre las mesas.

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133- Lugares para conocer antes de morir: Tikal, Guatemala

Vista de La Gran Plaza desde el Templo 5, Tikal, Guatemala

La primera vez que pisé Guatemala fue en el año 1998. Había ido por un mes a México y de casualidad terminé en el sitio arqueológico maya de Tikal. Fue pim-pam, un accidente, un camino alternativo decidido sobre la marcha que incluiría el cruce de vuelta a México por el Petén en un bote a motor, con dos ilegales centroamericanos que arriesgaban su pellejo por alcanzar la tierra prometida, Estados Unidos. El pasaje se lo pagué yo, pero esa es otra historia.

De aquel viaje a Tikal recuerdo la prisa por llegar a la Plaza Central antes del amanecer, corriendo por los laberintos de la selva, buscando, intuyendo el camino para subir a tiempo los escalones del templo número dos y contemplar el revuelo que armaban los pájaros y los monos ante la salida revolucionaria del sol. Recuerdo una chica oriental, tremenda, infartante, por allí debían estar rodando una película de James Bond, con medio escorpión a la vista tatuado debajo del ombligo. Y recuerdo el vértigo de la escalera vertical del Templo 2, que conducía al altar. Eso es todo.

Por eso volver a Tikal, la ciudad del rey Luna Doble Peine, también llamado Ah Cacau (Señor Chocolate) fue como estar de nuevo por primera vez. En doce años la zona arqueológica se expandió a otras pirámides y ahora muchos templos aparecen calvos, limpios, restaurados, sin su peluca verde de naturaleza. Como el Templo 4, desde donde la vista del dosel de la selva es infinitamente mejor que desde el viejo Templo 2. O los edificios del Mundo Perdido y el Templo 5, restaurado por Cooperación Española, con sus nuevas escaleras verticales de madera de casi cincuenta metros de alto.

Porque ya no se puede subir por los viejos escalones de piedra, está prohibido. Son demasiado resbaladizos durante el ‘invierno’, la época de las lluvias que va de mayo a octubre, esos meses de calor húmedo e infernal cuando todo permanece mojado. Los turistas muertos por perder el equilibrio, por un resbalón involuntario como el que me hizo aplastar nuestra cámara de fotos, comenzaron a ser demasiados.

Sea como sea, Tikal vale la pena. No vas a encontrar muros grabados con inscripciones como en Copán (Honduras), Chichen Itzá o Palenque (México). Lo impresionante es su ubicación, rodeada de selva y poblada de monos, coatíes, pavos, zorros, roedores gigantes, ciervos y aves convertidas en la ensalada de la naturaleza. Y no es que sabes que están ahí. Los ves, te los cruzas en los senderos de Tikal.

Es lo más parecido al paraíso americano que encontraron los conquistadores y exploradores del siglo quince y dieciséis. Naturaleza exuberante, gente amable, bandas de coatíes hurgando el suelo en busca de insectos, monos araña comunicándose a los gritos sobre tu cabeza, pavos azules que se mantienen a una distancia permanente y mínima de cinco metros…

Vale la pena pasar un par de días en Tikal, la ciudad que el antiguo rey Luna Doble Peine, también llamado Ah Cacau (Señor Chocolate) convirtió en la capital de un reino hace más de mil años.

 

DATOS PRÁCTICOS DE TIKAL.

Abierto de 6 AM  a 6 PM.

Entrada para extranjeros, por persona y día: 150 quetzales (1 euro: 9,5-10 quetzales. 1 dólar: 7,75-7,90 quetzales)

Entrada para guatemaltecos: 25 quetzales.

Camping: 30 quetzales por persona. Hay dos o tres hoteles, no son tan caros como en Machu Picchu.

Los tours organizados por guías acreditados para ver el amanecer comienzan a las 4 AM y cuestan 200 quetzales. A veces y sobre todo si estás acampando, por 100 quetzales los mismos guardaparques te hacen entrar antes de la hora de apertura para que veas el amanecer por tu cuenta.

Si entras a partir de las 3.30 PM puedes solicitar en taquilla que te pongan en el boleto la fecha del día siguiente. Es una de las mejores horas ya que casi no hay gente y la entrada te sirve para todo el día siguiente. Y como no son nominativas, hasta podrías compartirla…

Hay dos museos: el Museo Lítico (10 quetzales por persona) y el Museo Cerámico, también privado y donde te cobran otra entrada.

Nuestra recomendación es la misma que para la mayoría de los grandes sitios arqueológicos en Perú y México: visitar el sitio arqueológico apenas abran las puertas o a última hora de la tarde. Son los únicos momentos en que puedes estar casi a solas con la historia.

Encuentra más datos sobre Tikal en Haz algo ilegal: cómo conseguir que la entrada a Tikal te cueste la mitad, o menos.