289- La Cucaracha, una casa sobre ruedas | OVERLAND JOURNAL

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Texto y fotografías ©Chris Collard y Pablo Rey, publicado en la revista Overland Journal, Fall Issue 2015.

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LA CUCARACHA15 años, 50 países, 330000 km, y una boda en Las Vegas.

 

Por qué queremos a la Cucaracha (©Pablo Rey y Anna Callau).

La Cucaracha tiene su propia personalidad e idiosincrasia. La hemos querido y odiado, a menudo en un mismo día. Hubo un tiempo en que soñamos con tirarla por un barranco y cobrar el dinero de un seguro imaginario. Hemos tenido unas cuantas roturas de motor importantes: en el Sahara de Sudán, en el Parque Nacional Sibiloi en Kenia, en el Altiplano Boliviano y, de nuevo, en los Andes Chilenos. Cuando rompimos las ballestas en Mozambique, manejamos casi 1000 km con éstas atadas con un alambre hasta que encontramos un repuesto usado, que instalamos como reparación permanente. Cuando el motor murió en Iquique, Chile, instalamos otro de segunda mano. Fue un gran hallazgo en un desguace. Esto fue 9 años y 200000 km atrás. Una vez que aprendimos cómo conducirla y cuidarla, La Cucaracha se convirtió en el tercer miembro de la familia y los problemas se detuvieron.

Anteriormente se llamó la Vaca (es muy pesada), el Dragón (humea mucho), la Mitsushiti (se estropeaba mucho). Encontramos el nombre perfecto, La Cucaracha, mientras viajábamos por Colombia. Al igual que las cucarachas, es pequeña, se puede meter en cualquier lugar y sobrevive a todo, incluso a nosotros.

Apreciamos que tenga el chasis corto, entra en un contenedor, la cama está siempre hecha, y podemos ver la luna a través de la ventana del techo por la noche. Hemos dormido en la Cucaracha más noches que en cualquier otra casa convencional de ladrillo en las que hemos vivido. La embarcamos dos veces: la primera vez desde Ciudad del Cabo hasta Buenos Aires (a precio de coste), y de nuevo desde la Península de la Guajira, Colombia, hasta Colón, Panamá (gratis), donde la aseguraron en la cubierta de un barco de carga boliviano llamado Intrepide. Ha sido nuestro único 4WD, y nos ha llevado hasta muchos fines del mundo.

 

La Cucaracha. ©Chris Collard

Aunque muchos de nosotros soñamos con preparar el vehículo perfecto para nuestro “gran viaje” alrededor del mundo, solo unos pocos se lanzan a la aventura para ver su sueño hecho realidad. Este es el caso de Pablo Rey, creativo publicitario que padecía un caso agudo de “hasta aquí hemos llegado”. En 1999, durante unas vacaciones por el sur de África, tuvo una visión: no volver a comprar nunca más un pasaje de vuelta. A pesar de que volvió a su casa en Barcelona, España, no le llevó mucho tiempo renunciar a su trabajo, comprar una furgoneta 4×4 y convencer a su chica, Anna, para cambiar su vida profesional por una vida de vagabundo. Esto último fue un reto. Pablo afirma, “Recuerdo la cara que puso Anna como si fuese hoy”. Ella dijo, “¿Dar la vuelta al mundo en un 4×4? ¿Cómo? ¿Con qué dinero? ¿Hacia dónde? ¿Con qué te golpeaste la cabeza?” Pablo razonó, “Casi todos los países en el mundo están conectados por alguna carretera. Entonces, casi todas las rutas del mundo empiezan en la puerta de tu casa. Es más fácil de lo que parece”.

Su objetivo inicial fue viajar durante 4 años alrededor del mundo, deteniéndose un año por continente. Pero su plan se rompió en África, donde comenzaron a tomar todos los desvíos posibles, para quedarse durante 2 años y medio. Luego cruzaron hacia Sudamérica donde pasaron dos años más, luego otros tres, hasta llegar a los siete. Actualmente, tras seis años más entre Centro y Norteamérica siguen llevando una vida nómada. Pablo y Anna se dieron cuenta de que la vida en la ruta no era simplemente unas vacaciones más largas o un escape de la realidad. La vida en la ruta era la vida real.

La Cucaracha, una furgoneta Mitsubishi L300 Delica 4WD del año 1991, no era un coche deslumbrante cuando Pablo lo compró en pesetas a fines de 1999 por el equivalente a 12.000 euros. El que iba a ser el insecto más viajero del mundo era un vehículo de segunda mano, sin modificaciones, y le faltaban casi todas las cosas que muchos creemos necesarias para salir. Tras unos pocos meses haciendo habitable el interior del vehículo, decidieron salir a la carretera y hacer el resto de las modificaciones cuando fuesen necesarias a lo largo del viaje. La defensa fue hecha a mano en Chile ($100), el sofisticado snorkel se hizo con un tubo de 3 pulgadas de acero en un taller de Bulawayo, Zimbabue ($40), y la caja de aluminio fue añadida en Buenos Aires, Argentina (gratis). La barra de arrastre amarilla (que solo han usado recientemente después de llevarla como amuleto durante 9 años) fue un regalo de un amigo chileno en el desierto de Atacama.

La transmisión de La Cucaracha sigue siendo original; algo bueno ya que Pablo admite que él no es mecánico ni pretende serlo aunque tenga que tirarse bajo su 4×4 a arreglar algo. En contraste con los roles normales hombre/mujer, Anna, hizo un curso de mantenimiento mecánico y tiene buen oído para detectar fallas. Pablo, el creativo, enfoca su energía en fotografiar el viaje, mantener el contacto en sus redes sociales y escribir libros de sus aventuras.

Pablo y Anna están convencidos que solo puedes arrepentirte de cosas que no hiciste, no de las que intentaste hacer aunque hayas fallado.

Una mirada al interior revela la personificación de la funcionalidad y eficiencia. Si lo piensas, viajar un año sí, y otro también, requiere llevar ropa y equipo para todas las estaciones. Cada cosa tiene su lugar específico, y hay un lugar específico para cada cosa. Viajan sin nevera, ya que ocuparía demasiado espacio vital. Como resultado, solo comen productos frescos. La cocina consiste en un solitario quemador de gas conectado a una garrafa de 6 litros de propano, y una caja pequeña de plástico para guardar ollas y sartenes. Bajo el colchón tienen tres cajas de aluminio de Panama Jack y un armario de madera donde guardan de todo, desde herramientas y zapatos a abrigos de invierno, comida y paquetes con los libros que van vendiendo en el camino. Echas un colchón de 3 pulgadas de espesor encima y ya tienes una cama para dos. La pala, la mesa, las sillas de camping y los fluidos están arrinconados a sus pies. En el lado de estribor hay un armario que contiene cajas de plástico con ropa (para que no se llene de polvo), comida, papel higiénico, más libros y medicinas. Al otro lado del armario, sobre la pared, hay un mapa con una línea delgada que dibuja los 15 años de viaje por el mundo de este trío.

Cambios más convencionales incluyen unos neumáticos todo terreno General Grabber AT2 y una barra de luces LED de BajaDesigns. Después de conocer a Sergio Murillo, propietario de BajaRack, en la Overland Expo, La Cucaracha encontró su camino hasta Ensenada, México, donde Sergio y su equipo construyeron un portaequipajes modular a medida, diseñado con un agujero central para tener una buena vista de los cielos a través de la ventana del techo. Levantando la lona que cubre el equipaje, aparecen bicicletas plegables, mochilas, colchonetas de camping, maletas y combustible de emergencia.

Debido a manos golosas en muchas partes del mundo, cinco de las ventanas están cerradas con planchas de aluminio, y unos candados básicos aseguran las puertas. No es elegante, pero cumple su función. Como en la mayoría de los países es ilegal poseer un arma de fuego, Pablo tiene un palo de golf estilo ninja y Anna un par de tubos de spray de pimienta. Ambos métodos han sido utilizados con efectividad.

En algún momento se dieron cuenta de que su vida en la ruta era algo más que unas buenas vacaciones más largas o un escape de la realidad. La vida en la ruta era la vida real.

Alguien se puede preguntar cómo la Cucaracha financia sus viajes. Una buena pregunta para esos que “sueñan”. La primera regla es alinearse uno mismo con humanos que no necesitan filet mignon todas las noches. La segunda es trabajar en el camino. A pesar que la mayoría del tiempo la pareja la pasa moviéndose lentamente, tomando cuantas más curvas posibles, Pablo ha escrito varios libros y es colaborador habitual en distintas publicaciones alrededor del mundo. Anna trabaja eventualmente con una promotora de conciertos de rock en España y teje pulseras y collares de macramé. Si te encuentras con ellos en la ruta, y escuchas algunas de sus historias, es seguro que termines con alguno de sus libros de aventuras bajo el brazo.

Este junio cumplieron 15 años en ruta, viviendo juntos codo a codo en una furgoneta de 5 metros cuadrados. Son nómadas verdaderos, y hace poco confirmaron su amor a la ruta (y al otro) en una capilla con drive-thru en Las Vegas. La Cucaracha, que ejerció las labores de padrino del novio, padre de la novia, damas de honor de la novia, testigo y altar (se casaron sentados dentro), ha llevado a la pareja durante más de 330.000 km a través de más de 50 países. Tiene las cicatrices de guerra de piedras voladoras en Kenia y Etiopía (locales poco amistosos o aburridos), ramas de árbol de los caminos estrechos de Sudamérica y rocas de senderos no recomendados en el Parque Nacional de Canyonlands. Ocultando las heridas hay tatuajes de pinturas rupestres de Zimbabue, serpientes Moche de Perú y bandidos durmiendo recostados en un cactus de México. Aunque vivir en la ruta no siempre es un mar de rosas, Pablo y Anna están convencidos que solo puedes arrepentirte de cosas que no hiciste, no de las que intentaste hacer aunque hayas fallado. Buenas palabras para guiarse.

Especificaciones

  • 1991 Mitsubishi L300 Delica GLX 4WD.
  • Motor: D4D56, 2.500cc, 4 cilindros diésel.
  • Cambio de marchas manual, 5 velocidades.
  • Capacidad tanque combustible/autonomía: 130 litros/1100 km (dos tanques).
  • Portaequipajes: BajaRack, customizado.
  • Suspensión delantera: barras de torsión y amortiguadores
  • Suspensión trasera: ballestas/elásticos.
  • Defensa: manufacturada en Chile.
  • Neumáticos: General Grabber AT2, OE.
  • Baterías: Optima Yellow Top (2), Red Top (1), con interruptor manual.
  • Electricidad: panel solar Goal Zero Boulder 30, inversor 300-watt .
  • Precalentador del motor y ducha exterior: Espar Hydronic D5.
  • Compresor de aire: Viair 90.

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242- Modificaciones: Cómo hacer que los asientos de tu furgo se doblen completamente

Mitsubishi Delica, how to bend completely the front seats to gain space

Siempre pensé que ser enano y viajero podría tener sus ventajas.

Bueno, está bien, puede que esté exagerando un poco, pero vamos, ¡los enanos pueden hacerse una auténtica casa rodante con un Fiat 600! ¡No necesitan un techo muy alto, ni una cama muy larga! La ropa, vamos, hasta su ropa ocupa poco espacio. ¡Pueden tener un montón de zapatos, estirar los brazos al amanecer sin golpear una pared y hacer el amor sin retorcerse el cuello contra el techo!

Pero no, la mayoría de nosotros no somos enanos. Tenemos que adaptarnos a viajar en vehículos que por lo general nos quedan estrechos. Justitos. Y, si has cometido el error de enamorarte de tu furgo, estás en problemas.

Hace unos años me dí cuenta que nunca cambiaríamos a la Cucaracha por otro vehículo. Después de tantos caminos juntos, no la podíamos traicionar de esa manera.

Pero al mismo tiempo sabía que necesitábamos un vehículo más grande. Llevábamos muchos años viviendo en 4,5 metros cuadrados, más años de los que había pasado en cualquiera de mis otros hogares de ladrillo y cemento. Con cada viaje a Barcelona o Buenos Aires había menos cosas en la furgo, pero no era suficiente. Necesitábamos más espacio. Por favor.

Entonces me centré en mejorar los asientos. Lo ideal hubiera sido conseguir asientos giratorios, pero no había suficiente espacio para instalarlos en nuestra Mitsubishi L300/Delica. Por eso se me ocurrió que una solución sería que los asientos se doblasen completamente. Crear un sandwich de asiento donde no hubiera espacios perdidos, espacios llenos de aire.

Y eso fue lo que le planteé a nuestro amigo Trevor Graybeal en Pilot Rock, Oregon, hace dos años. Y, como si lo hubiera hecho toda su vida, me dijo: “es fácil. En una hora lo hacemos.”

Y se puso manos a la obra.

Aquí va la secuencia fotográfica de todo el proceso. Fue como tirar una pared abajo en tu apartamento. La casa, nuestra furgo, seguía siendo del mismo tamaño. Diminuta. Pero ahora tenía la sensación de que era más grande. Y podríamos estar un poco más cómodos.

Gracias a Trevor y Connie Graybeal por su ayuda y su permanente hospitalidad cada vez que pasamos por Oregon!

Mitsubishi Delica, how to bend completely the front seats to gain space




216- Biodiesel: Instalación para usar aceite de cocina reciclado como combustible en tu 4×4 diésel

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Desde Vancouver hasta Québec hay unos 6000 kilómetros. Más o menos lo mismo que hay desde España hasta Rusia o de Argentina hasta Colombia. Ahora imagina poder viajar tan lejos sin tener que cargar combustible en una gasolinera.

David Francoeur hizo ese viaje hace unos años. Cargó bidones llenos de aceite de cocina usado que había reciclado en su casa (ver entrada Biodiésel: Cómo reciclar aceite de cocina usado y utilizarlo como combustible) y se cruzó el continente americano de oeste a este en su Nissan Patrol Y60 4.2 diesel de 1993. Antes había hecho unas pequeñas modificaciones en el motor, sobre todo, porque en climas fríos es necesario precalentar el aceite antes de que llegue al motor.

Según lo que me contaba en alguno de esos ratos que estuvimos charlando su motor consume 15 litros de diesel a los 100 km., pero si solo utiliza aceite consume unos 16 litros.

También le pregunté sobre la pérdida de potencia (el diesel lleva aditivos que no están en el aceite reciclado como biocombustible) y me respondió que es casi la misma, que la pérdida de potencia cuando usa aceite es prácticamente inapreciable. Y que utilizar ese aceite usado es mucho mejor para el medio ambiente, ya que no solo recicla el aceite vegetal de los restaurantes, sino que la emisión de humos (atención a todos los que tienen que pasar las inspecciones técnicas anuales) es mucho menor.

Los dejo con David, que explica cómo modificó el motor.

“Mi coche está modificado para funcionar con 2 tanques de combustible. Tengo el tanque de diésel en el techo, que es más pequeño. Y el tanque grande, el original, lo uso para aceite vegetal. Siempre arranco con diésel, porque arranca mejor, el diésel es más delgado que el aceite.

El diésel hace el circuito normal dentro de mi todo terreno, pasa por el filtro y va a la válvula, que está aquí, y entra en el motor a través de la bomba de combustible y los inyectores. Una vez el motor está caliente, uso la temperatura del líquido refrigerante para calentar el circuito de aceite que alimentará el motor (ya que el aceite frío es mucho más espeso que el diésel) y también un segundo filtro, que es un filtro solo para aceite vegetal. Así siempre tengo aceite caliente listo para entrar en el motor.

Una vez se ha calentado el filtro, con el botón que tengo en el tablero cambio el diésel por aceite vegetal. Y ahora el aceite vegetal empieza a fluir, pasa por el circuito de aceite precalentado y por el filtro, que también está precalentado. Esto de aquí es un filtro eléctrico que uso en invierno. Y va hacia la bomba inyectora. Y ya estoy funcionando 100% con aceite vegetal reciclado, no necesito el diésel.

Al final del día, o antes de apagar el motor, purgo el aceite vegetal del sistema usando un poco de diésel. Aprieto el botón del tablero y cambio de nuevo de aceite vegetal a diésel, y el diésel limpiará el aceite vegetal del sistema. (Lo dicho, el aceite frío es más espeso y si no se limpia el sistema cada vez que se usa puede terminar estrangulando el circuito).

A la mañana siguiente puedo arrancar el motor fácilmente, sin problemas. Y así puedo andar usando muy poco diésel por un largo periodo largo de tiempo.”

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Continúa en Biodiésel: Cómo reciclar aceite de cocina usado y utilizarlo como combustible.

Gracias a David Francoeur de Vancouver, BC, Canadá, por explicarnos el sistema de biocombustibles que montó en su casa.




215- Biodiesel: Cómo reciclar aceite de cocina usado y utilizarlo como combustible

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Con el precio que alcanzó el combustible, es extremadamente tentador salir a la calle con el tanque lleno de aceite de cocina reciclado y dejar un olorcito a tempura o patatas fritas detrás de tu coche, furgo o todo terreno diesel…

A David Francoeur lo conocimos a fines de 2011 durante esos meses de frío y lluvia interminable que pasamos en Vancouver, British Columbia, Canadá. Forma parte de un grupo de amigos (Christine y Jay Willoughby, Jesse Farsang, Richard Dagenais) que se conocieron en el foro Delica.ca y que comparten algo muy importante: la curiosidad y las modificaciones en furgonetas y vehículos todo terreno.

El invierno es largo, hace frío, la economía de Canadá va bien y siempre sobra un poco de dinero que se puede usar para investigar y aprender algo nuevo. Gracias a ellos tenemos ducha de agua caliente, reconstruimos los armarios y llevamos el neumático de repuesto en la defensa (sí, la Cucaracha ahora tiene nariz). Son solo algunas modificaciones entre muchos detalles que mejoraron la habitabilidad de la furgo.

Por su parte, David instaló en su casa un sistema para filtrar aceite de cocina usado y utilizarlo como biocombustible en el motor diesel de su 4×4. De momento produce 100 litros a la semana, que a veces regala o usa como moneda de cambio por otros trabajos o vende a la mitad del precio que piden las gasolineras por el diesel.

Al principio dudé, pero con el paso de los días comencé a pensar en la posibilidad de partir de vuelta a la ruta dejando ese olorcito a tempura o patatas fritas detrás de la furgo. Mola.

Esto es solo una introducción al reciclaje de aceites usados para ser usados como combustible. Seguro que hay pequeños detalles que se me escapan, aunque intenté hacerlo lo más detallado posible para que los más lanzados hagan algo útil con ese pedazo de jardín infrautilizado que tienen en el fondo de la casa…

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Primero e indispensable, no todos los aceites de cocina pueden llegar a ser utilizados como biocombustible. En Canadá utilizan el aceite de canola, que según lo que encontré por internet, es bastante similar al aceite de colza español.

Debido a que cada aceite se calienta a mayor o menor temperatura, hay algunos que no funcionarían como combustible. Por ejemplo, el aceite de oliva será muy rico pero no, no funcionaría en tu motor porque se calienta a menor temperatura que otros aceites.

Lo dejo hablar a David. Más abajo está la traducción de sus palabras, con algún añadido para clarificar un poco el proceso de purificar aceite usado de cocina y meterlo en el tanque de combustible de tu vehículo diesel.

La próxima entrada será sobre la instalación que David hizo en su 4×4 para viajar solo con aceite usado. Con el precio de los combustibles en Europa me extraña que el filtrado de aceites comestibles usados para usar en el motor no sea más común…

David: “Esta es una filtración modificada en frío. Recojo el aceite usado del restaurante, después que lo hayan desechado. Lo traigo aquí (a este depósito) y lo dejo reposar por 2 semanas para que los restos de comida lleguen al fondo. Después lo bombeo fuera del depósito por un filtro de 400 micrones, por otro filtro de 70 micrones de la bomba y llega a este otro tanque grande, de 700 litros. Este tanque, cuando está lleno, lo dejo reposar por un mes aproximadamente.

Normalmente el aceite sucio cae hacia el fondo porque es más pesado, y el aceite limpio se queda en la parte de arriba, así que siempre tomo el aceite de arriba. Antes de usarlo lo paso por el filtro de 70 micrones de la bomba de nuevo, y luego lo paso a este contenedor. Lo lleno hasta aquí arriba y con la gravedad va cayendo por este tubo  de 3/4 de pulgada que desemboca en la parte de abajo de este otro depósito. Va despacio, se tarda 24 horas en filtrar entre 20 y 40 litros por este nuevo filtro aún más pequeño, de 30 micrones. Y como la entrada está por encima del fondo, el aceite sucio que es más pesado siempre se queda abajo con el agua mientras el aceite limpio sube hacia la superficie. Esto es extra.

Una vez aquí lo bombeo de nuevo, pasa por la bomba y por un filtro de 10 micrones, que es el último filtrado. Y desde aquí va dentro de esto, que es mi aceite listo para usar. Y cuando está listo, lo bombeo y lleno el tanque de mi coche directamente con una manguera de gasolinera. Y eso es todo.”

Más fotos de su sistema de filtración de aceite usado:

 

Continúa en Biodiesel: Instalación para usar aceite de cocina reciclado como combustible de tu 4×4 diésel. 

Encuentra más sitios de venta de aceite usado y filtrado para usar como biocombustible en Norteamérica en www.fillupforfree.com




Modificaciones: Viajando con el silenciador de una retroexcavadora

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La opción más fácil para viajar durante un tiempo largo por un país o por una región que está lejos de casa (ojo, lejos quiere decir lejos: a muchos miles de kilómetros por tierra o con un océano en el medio) es comprar un vehículo en el destino, usarlo y venderlo cuando toca volver. Siempre hay que tener en cuenta que esa furgoneta o 4×4 sea un vehículo común, o sea, que haya bastantes circulando en la calle para que sea relativamente fácil y barato conseguir los recambios necesarios.

¿Porque? Siempre se rompe algo, es inevitable. Y si no se rompe nada es porque no viajaste, porque sólo pisaste autopistas. Y las autopistas son como los aviones: te pierdes todo lo que hay en el medio.

Nosotros tenemos una Mitsubicho L300 4×4. Hay bastantes en Japón, Corea, Australia, Suiza, Canadá, Bolivia, norte de Chile y las islas Canarias. Vimos alguna 4×2 en Venezuela y en Guatemala y probablemente haya en Estados Unidos. Por eso siempre le pedimos a la furgo que si se tiene que romper, por favor, que lo haga en un sitio donde encontremos recambios. Y si no es mucho pedir, cerca de un mecánico decente que ya conozca sus tripas.

Hasta ahora no nos hizo mucho caso, por eso llevamos nuestro primer motor completamente desarmado dentro de la furgo. Hay montones de piezas, además de dos bombas hidráulicas, un turbo, una bomba de inyección, una bomba de agua, dos discos de frenos, un juego de embrague, un bombín de embrague, dos reguladores de alternador, todas las correas, un kit completo de juntas de motor y hasta la hoja maestra de una de las ballestas, entre otras piezas menores que van desde los carbones del alternador y del motor de arranque a tornillos originales rescatados en un desarmadero. Todo porque la furgo no nos suele hacer caso.

Ya lo dije en la historia de El hombre que susurraba a los caballos de su motor, la furgo tiene su propio carácter, tiene personalidad. Y a veces es vengativa.

En México decidimos jubilar definitivamente y con medalla al mérito al ya muy sufrido silenciador y cambiar el tubo de escape. Estaba todo podrido, agujereado y quebrado después de tantas soldaduras y reparaciones por medio mundo. El humo salía por todos lados menos por donde debía.

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El viejo silenciador de la furgo, el nuevo silenciador de retroexcavadora

Para ello aprovechamos el sentido común y la sabiduría del compadre Chava Vital en Morelia y el apoyo vía mail de nuestro querido gurú desde Chile, Pipo Zaro, encargado de trazar las rutas del Patagonia Atacama en el lado Pacífico de los Andes.

Desde el principio sabía que no íbamos a encontrar un silenciador original usado de una Mitsubishi L300 4×4 diesel. Nuestra furgo no existe en México. Así comenzó nuestro curso intensivo en diseño y funciones del silenciador.

 

En Morelia, siguiendo las recomendaciones del Chava, fuimos a un taller gigantesco de silenciadores donde nos ofrecieron uno de retroexcavadora. Sólido, pesado, hecho con buen fierro inoxidable. De lámina gruesa y buena soldadura. De afuera se ve parecido al original Mitsubishi, sólo que un poco más corto y un poco más ancho. Los tubos de entrada y de salida son un cuarto de pulgada más grandes, lo que debería aumentar el torque del motor. O sea, aumentaría su potencia. Ojalá funcione.

La primera diferencia la notamos al encender el motor. Suena más bronco, más grave. Como si Starsky y Hutch se hubieran vuelto más gordos y cabrones.

La segunda diferencia la sentimos en la primera cuesta larga que encaramos para el encuentro con los jeeperos de Morelia: al motor le falta chispa, se calienta un poco, perdió aceleración. No escucho el turbo.

La tercera diferencia aparece con los días de uso: ahora el motor consume como una maldita retroexcavadora. Pasamos de los once litros a los 100 kilómetros por unos dieciséis.

Volvemos al taller y abren los extremos del viejo silenciador original con un soplete (ver esquema en una foto). El tubo de entrada desde el motor está cerrado y después de unos 20 centímetros se abre a una pequeña cámara lateral con dos paredes agujereadas que se comunican con el tubo de salida, que tampoco tiene agujeros. Entonces, el humo de la combustión recorre un circuito en forma de S.

Abren el nuevo silenciador: los tubos de escape internos se encuentran en la misma posición que en el original pero están agujereados con taladro y la pared que hay en el medio está casi completamente cerrada. O sea, la circulación de los humos es lateral, no en forma de S.

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Solución: agujerear la pared central del nuevo silenciador. La circulación de los humos no será en forma de S como en el silenciador original, sino más directa.

Apenas arrancamos volvemos a oir el turbo. Se le escucha más suave, pero está. Salimos a dar una vuelta y el motor recupera la chispa, responde mejor, acelera más rápido. El motor estaba ahogado, comprimido por el nuevo silenciador. Le faltaba escape. Recién cuando volvemos a la ruta podemos controlar el consumo: está bien, como antes de cambiar el silenciador.

Eso sí, con tanto agujero tenemos un silenciador que no silencia. Si no nos ves, somos una maldita retroexcavadora.

 

CONCLUSIONES

1-      No es igual el silenciador de un motor de gasolina que uno de un motor diésel.

2-      No es suficiente que el silenciador sea parecido por fuera, también tiene que ser parecido por dentro.

3-      Si el motor tiene turbo, eso también influye en el diseño interno de un silenciador.

4-      El tubo de escape que sale del silenciador tiene que ser del mismo diámetro que entra en el silenciador. Si el tubo de salida es un poco más ancho, no hay problema, pero nunca tiene que ser más delgado que el tubo de entrada.