32- El origen del mundo según la tribu Harakmbut | PERÚ.

Esta historia la contó Walter, guía de la comunidad nativa de Shintuya, una noche a la luz de las velas mientras buscábamos la manera de conseguir una balsa de troncos para descender por el río Alto Madre de Dios.

No fue fácil llegar hasta allí. El camino de tierra que bajaba de Cusco a la selva parecía bombardeado con maldad y una rama equivocada se empecinó en buscar agua dentro del radiador de la furgoneta. No llegó a traspasar el cobre, pero se clavó. Y gota tras gota el refrigerante comenzó a manchar de verde la huella de tierra. Por suerte contábamos con estaño en polvo, uno de esos productos mágicos capaces de arreglar problemas sin que uno pueda explicarse muy bien cómo actúan…

Pero bueno, esa es otra historia.

‘Nosotros, los Harakmbut, tenemos nuestra propia historia acerca de la creación de nuestro pueblo. Es una historia que viene de hace mucho tiempo atrás y habla de fuegos terribles e inundaciones gigantescas, como jamás se han vuelto a ver.

Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, hubo un gran incendio en la selva. Un incendio maligno, que avanzaba destruyendo todo y hacía huir de sus territorios a los clanes formados por nuestros antepasados. Nada se salvaba del hambre de las llamas. Los animales, los árboles, las plantas, incluso los peces del río aparecían muertos,  flotando, hervidos en su propia agua.

Era horrible, el cielo se había cubierto de humo y la gente comenzó a creer que el mundo entero, la selva, terminaría envuelta por el fuego. Los soñadores de cada clan, ancianos visionarios que veían lo que ocurría en otros lugares a través de los sueños, alertaron a los jefes, ¡la selva se quema! ¡la selva se quema! Y los jefes decidieron reunirse.

Cuando se encontraron, y mientras discutían qué hacer, el soñador más importante notó un lorito que daba vueltas sobre ellos. Lo observó con más atención y vió que llevaba una semilla y una ramita en las patas. Entonces, habló.

          He soñado con ésta ave, el loro Jokma, que viene a ayudarnos para evitar el fuego. Hay que entregarle a una mujer. La mujer debe estar desnuda y acostada hacia arriba, mirando al cielo…

Entonces trajeron a una mujer. El loro Jokma bajaba, la observaba, pero no entregaba su semilla. Así pasaron varias mujeres, de distintas edades, todas madres o jóvenes que ya habían conocido a algún hombre. Y nuevamente, el loro Jokma bajaba, la observaba, pero no entregaba su semilla. 

Entonces el jefe de todos los clanes llamó a su propia hija, una doncella aún virgen, una niña. Cuando el loro Jokma la vió, descendió y la observó con calma. Luego de unos momentos, depositó la semilla entre sus piernas. Y rápido, rápido, comenzó a crecer un árbol nuevo, desconocido incluso para los más ancianos.

–     ¡Este árbol, enviado por los Dioses, nos ayudará a escapar de las llamas! -anunció.

Al tiempo el fuego rodeó toda la aldea, y los soñadores pidieron ayuda al árbol, que bajase su copa para poder trepar a él y salvarse de las llamas. El árbol, respondiendo a sus ruegos, bajó. Y todos los habitantes de la selva subieron a él. Todos, incluyendo a los animales que eran amigos del hombre y los que eran sus enemigos, como la serpiente y el otorongo.

Pero el fuego creció y creció, ¡arrasando con todo! Y llegó hasta la base del árbol, tan cerca que la gente sentía que se quemaba la planta de los pies. Entonces los soñadores volvieron a pedirle al árbol.

–    ¡Crece árbol encantado! ¡Crece! ¡Así evitaremos el fuego!

Y el árbol respondió elevándose con fuerza y sacudiéndose a las malas personas, que caían a las llamas. Todos, los soñadores, los jefes y la gente del pueblo, asombrados, comenzaron a cuidar al árbol que se había convertido en su protector. Les daba refugio, frutas y comida para que no murieran de hambre. Y le llamaron Wanamei, el árbol encantado.

Cuando la selva quedó arrasada, el fuego cesó. Pero empezaron las lluvias, tan intensas que provocaron grandes inundaciones.

Todo lo que empieza también tiene un final. Por eso, después de muchos meses cesaron las lluvias. Salió el sol, pero el suelo se había convertido en un pantano gigantesco y todo lo que caía en él era devorado por la tierra. Los hombres comenzaron a tirar lanzas y flechas para comprobar la firmeza del suelo, pero una tras otra desaparecían hundidas en el barro. Así fueron pasando los días, y después las semanas y los meses, todo el pueblo vivía trepado en el árbol encantado que les había salvado la vida.

Un día alguien lanzó su lanza y la punta quedó a la vista. Ese día hubo una fiesta en el árbol. Una fiesta sencilla porque tenían muy poco, pero como hacía mucho que no hacían una fiesta todos la disfrutaron como si fuera la fiesta más grande de la historia. Había esperanza, algún día podrían bajar del árbol y pisar la tierra.

Esperaron, esperaron y cada día la lanza se hundía menos. Aunque el suelo de la antigua selva continuaba embarrado, algunas familias comenzaron a bajar del Wanamei y a alejarse en distintas direcciones. Estos formaron los pueblos de los Matsiguenka, los Yine y otros que viven aún más lejos, tan lejos que ya hace tiempo que no se tiene noticias de ellos.

Los que se quedaron en el árbol y bajaron cuando la última lanza rebotó contra el suelo, fuimos los Harakmbut. Y nos quedamos a vivir aquí, junto a la selva del Manu, alrededor del Wanamei, para protegerlo como él nos había protegido a nosotros del fuego y de la lluvia.’

MÁS HISTORIAS SOBRE LA REGIÓN DEL MANU:

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¡MÁS DE 15 AÑOS TRABAJANDO DESDE LA RUTA Y VIAJANDO SIN PARAR ALREDEDOR DEL MUNDO EN FURGO 4X4 Y MOCHILA.

El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. ¿Por qué? Porque se mete por todos lados y seguro que… ¡es capaz de sobrevivir a una bomba atómica! Desde entonces recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. Desde el año 2007 compartimos datos e historias en el blog (o la web) de La Vuelta al Mundo en 10 Años, en www.viajeros4x4x4.com. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano, El Libro de la Independencia, Por el Mal Camino e Historias en Asia y África, uno de los cuales ya fue traducido al inglés, The Book of Independence. Pablo también escribe artículos de viaje y aventura para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna trabaja en la edición de los libros y los articulos y hace collares y pulseras de macramé.

Participaron de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.




Lugares para conocer antes de morir: Museo de las Tumbas Reales de Sipán | PERÚ

Museo de las Tumbas Reales de Sipán, Perú. Oro. Corte del rey

El pueblo Moche desapareció hace seiscientos años, cuando los incas avanzaban hacia su apogeo conquistando todo a su paso. Sus ciudades prácticamente han desaparecido, ya que construían con ladrillos de adobe, pero en los últimos quince años se fueron encontrando sus tumbas. Y con ellas, sus tesoros.

Vasijas imitando todas las formas imaginables, collares y figuras hechas en oro, pecheras, cascos, retratos en cerámica… de todo. El Museo de las Tumbas Reales de Sipán es tan impresionante como el de Tutankamón en Egipto. Imperdible.

Nota: está prohibido sacar fotografías dentro del Museo de las Tumbas Reales de Sipán.

Encuentra aquí más historias sobre Perú

Y más datos sobre las Tumbas de Sipán en Wikipedia

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30- Volando sobre las Líneas de Nasca | PERÚ

Colibrí. Líneas de Nasca. Perú

Las Líneas de Nasca es uno de esos lugares extraños que nadie sabe explicar. Algunos dicen que son pistas de aterrizaje de naves extraterrestres y otros que es un antiguo calendario astronómico. Seguro que hay muchas más versiones, pero estas son las mas conocidas y las más aceptadas.

Personalmente, creo que eran plegarias, ofrendas para llamar la atención de los antiguos dioses que habitaban en el cielo. El sacerdote que veneraba a la cigüeña se encargó de recordar su fe a sus dioses de la cigueña en el suelo del desierto, y sus seguidores de mantener la figura. El que veneraba a la ballena, hacia lo mismo. Y el que abrazaba las enseñanzas de algún humano, también lo dejó impreso para siempre en el suelo del desierto.

Lo que hay mas arriba es un vuelo sobre las Líneas de Nasca. En el aeropuerto local hay avionetas que llevan a la gente a sobrevolarlas por 35 dólares el asiento. En las agencias de turismo del pueblo el pasaje cuesta más caro. Y aparte, hay que pagar una tasa de uso de aeropuerto, pero serán 5 o 10 soles por cabeza.

Lo que hay a continuación es imperdible

Sí, el piloto entrega los mandos de la avioneta a un turista para darse vuelta y hablar con nosotros. Y no, no conduce un taxi, ¡conduce una avioneta! Miren como mueve el volante el turista, debe creer que es un joystick y que esta jugando con algun videojuego… para un lado… para el otro… Tremendo!




17- En las islas flotantes de los Uros, Lago Titicaca

Islas de los Uros, Lago Titicaca, Perú

Perú, kilómetro 155.758 de la vuelta al mundo

El camino hacia el cielo es penoso. La ruta de Moquegua hacia Puno está llena de agujeros y créanme, cuesta respirar. El paisaje te quita el aliento, las curvas suaves de las montañas que perdieron la aspereza casi recuerdan la piel, el agua es cristalina y por las noches se congela y suena cling, cling. El infierno puede ser el sitio más hermoso del mundo.

Pero te gusta buscar la desolación, esos lugares perdidos donde nadie puede rescatarte. Sólo tú. Sólo tú puedes salir de allí, entrar y salir del infierno, perderte con una furgoneta, con un 4×4 donde pocos han llegado y desaparecer. Nadie te ve durante una semana, nadie sabe donde estás, nadie te espera ni puede avisar que estás perdido. Un tic tac de alarma comienza a subir de volumen en tu cabeza.

A partir de los 3.200 metros de altura el cuerpo se vuelve pesado. Trescientos metros más arriba ir corriendo al baño puede ser peligroso, puedes marearte y perder el equilibrio y lo peor, cagarte encima. A 3.800 metros necesitas respirar conscientemente. Te duermes y tus pulmones se olvidan, también se duermen y con suerte te despiertas asfixiado. La conmoción es tan fuerte que no vuelves a cerrar los ojos. El problema es, la ruta continúa subiendo. Y la única solución al mal de altura es bajar.

Sí, porque el oxígeno que corre por tu sangre engorda y parece un planeta a punto de explotar, un globo que atraganta las cañerías rojas y entonces te preocupas. Si en este momento te cortaran en pedacitos descubrirían a tus células desesperadas implorando una vivisección.

Ni siquiera puedes poner música. A 4.000 metros el iPod no funciona y la radio está muda. Entonces, cuando estás a punto de tocar el cielo, cuando ya todo da igual y sólo quieres llegar o reventar, comienzas a bajar y encuentras un lago donde las islas flotan, libres de la tierra.

O estás loco, o estás muerto.

O estás en el lago Titicaca, en las islas de los Uros.

Llegada a las islas de los Uros, provincia de Puno, Perú

En el lago Titicaca nos cruzamos con un bote de totora

Bienvenido… Kamisaraki!!!

Historia actual de los Uros

¿Como se construye una isla flotante? 1

¿Cómo se construye una isla flotante? 2

Midiendo la profundidad bajo la isla, 20 metros

Paisaje en las islas flotantes de los Uros, Puno

Caminando sobre las islas flotantes de los Uros

Botes de totora con temas y diseños distintos en el Lago Titicaca

Despedida tradicional de la islas de los Uros

Extra, anciana moliendo granos con una piedra