326- Lugares para conocer antes de morir: Kong Lor, una cueva única en el mundo | LAOS

Lo más espectacular de viajar con tu propia moto (o tu propio vehículo) por Vietnam, Laos o Camboya, es que puedes tomar todos los desvíos que quieras para llegar hasta donde te pida tu instinto. Una cueva, una playa, una montaña, un pueblo, una tribu, un lugar sin nombre. Ya has pasado inconscientemente por el proceso constante de selección, donde tu cerebro ha ido filtrando la información que te llegaba en cada momento.

De alguna manera -pudo ser la forma en que está escrita una frase, dónde puso el acento el escritor, o el traductor, o un dato irrelevante para el resto del mundo pero que para ti era fundamental- habíamos decidido hacer una gran S para recorrer este rincón del Sudeste Asiático con las motos que habíamos comprado en Hanoi.

Poco a poco habíamos llegado a la conclusión de que, en Laos, Luang Prabang era una visita obligada y Vientiane era descartable. Van Vieng era una incognita, parecía demasiado contaminado por el ruido del turismo. También habíamos marcado las cuevas-refugio de Sam Neau donde los milicianos comunistas aguantaron los embates de las bombas y el napalm norteamericano durante la guerra de Vietnam (sí, la guerra de Vietnam había dejado Laos sembrada de bombas que aún continúan sin explotar); y nos habían hablado bien de un pequeño pueblo que aparecía en nuestro camino llamado Nong Khiaw. Savannakhet, el extremo norte y el extremo sur, quedarían para otro viaje.

Esa sucesión de decisiones, de síes y noes, de círculos emborronados en el mapa y lugares que seguirían siendo una incógnita, nos habían llevado a tomar la ruta 8, camino de la frontera con Vietnam de Nam Paho/Cao Treo. Casi a mitad de camino, en un desvío hacia el sur que parecía accidental, estaba la ruta de entrada a la cueva de Kong Lor, en la Reserva de Conservación de la Biodiversidad de Khammouane. Según el mapa era una cueva más, otro punto negro, entre los miles de cuevas que horadan las montañas karsticas de Laos y Vietnam.

Pero Kong Lor era mucho más que eso. Kong Lor es una cueva extraordinaria: alberga un río subterráneo navegable en botes tradicionales de madera que atraviesan una montaña de lado a lado. Sí, de lado a lado. Tras siete kilómetros (¡siete kilómetros!) de oscuridad, emerges como por acto de magia al otro lado de la montaña, en un bosque verde y virgen. Era un viaje único en el mundo por las entrañas de la Tierra.

Solo por eso ya era mejor visitar Kong Lor que Maxahai, el grupo de cuevas que donde va la mayoría de los extranjeros. Sólo por esta sorpresa, ya vale la pena comprar una moto para viajar por el Sudeste Asiático. Apúntalo.

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Lo primero que nos sorprendió al aparcar las motos fue que allí no había un solo extranjero. Familias enteras se reunían para un picnic, grupos de amigos se juntaban a tomar cerveza con hielo, hombres, mujeres y niños locales saltaban al agua entre los bloques redondeados por el Nam Hin Bun, el río que surge calmo del interior de la montaña.

Si era verdad lo que leíamos en los carteles, aquello era mucho más espectacular de lo que explicaba la Lonely Planet. La cueva de Kong Lor, también llamada Tham Kong Lo, señalaba el cambio de una época, la apertura del Laos comunista al resto del mundo. Porque fue hace muy pocos años, a fines de la década de 1990, que un grupo de exploradores holandeses remontó el río subterráneo y encontró el inicio, la entrada que había pasado desapercibida, al otro lado de esa cadena montañosa de piedra caliza. ¡Solo habían pasado veinte años! Eso había sido ¡ayer!

La cueva de Kong Lor era uno de los sitios más inesperados, una de las maravillas geológicas del Sudeste Asiático.

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No te voy a explicar todos los detalles del viaje en bote por la cueva de Kong Lor, porque es un viaje personal a través de la oscuridad. Una travesía bajo la montaña en la que solo estarás armado de una linterna que te dan cuando pagas tu bote. Una aventura en la que los únicos sonidos serán el ruido constante del motor y del agua golpeando contra la madera. En algún momento deberás bajar y ayudar a empujar el bote entre las rocas; en otro caminarás por un sendero autoguiado dentro de una sala subterránea gigantesca, del tamaño de varios campos de fútbol, entre formaciones calcáreas iluminadas con luces de colores.

Laos y Vietnam están llenos de cuevas preparadas para el turismo, cuevas para caminar, cuevas para ver imágenes de Buda y cuevas para navegar en embarcaciones que entran y salen por la misma boca. Todas son bonitas, pocas son espectaculares, y luego está Kong Lor, que desprecia el turismo pasivo para convertirse en una experiencia donde todos tus sentidos se afilarán para intentar captar lo que tus ojos no llegan a ver.

 

CUÁNDO IR A KONG LOR

La mejor época es durante la temporada seca, de noviembre a marzo.

 

DÓNDE DORMIR

Hay bastantes alojamientos justo antes de la entrada a la zona de la cueva, desde hostales con habitaciones con aire acondicionado y restaurante, pasando por alojamientos familiares y chozas con paredes de ramas que dejarán pasar la luz del sol al amanecer. No es necesario reservar con anticipación y el precio puede variar desde los 7  a los 20 dólares por noche y habitación. Si estás cerca, no te lo pierdas.

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MAS INFORMACIÓN

DATOS PARA VIAJAR POR LAOS, VIETNAM Y CAMBOYA

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El 20 de junio del año 2000 partimos de Barcelona para dar la vuelta al mundo en 4 años en una furgoneta 4×4 que con el tiempo terminamos bautizando como La Cucaracha. Nuestra casa con ruedas se mete por todos lados y parece capaz de sobrevivir a una bomba atómica. Desde aquel momento recorrimos el sur de Europa, Oriente Próximo, África de norte a sur y América desde Ushuaia hasta el Océano Ártico, en el norte de Alaska y Canadá. En el año 2008 compramos una balsa de madera para descender un río del Amazonas del Perú y en 2015 compramos una moto en Vietnam para recorrer el Sudeste Asiático.

Desde el año 2007 compartimos datos e historias a través de la web VIAJEROS4X4X4.COM. Pablo ya tiene escritos 3 libros en castellano (El Libro de la IndependenciaPor el Mal Camino e Historias en Asia y África) y uno en inglés (The Book of Independence) y escribe regularmente artículos para revistas como Overland Journal y OutdoorX4. Anna edita los libros y hace collares y pulseras de macramé que venden en las ferias de 4×4 a las que asisten para dar charlar y conferencias.

Han servido de inspiración para un comic sobre viajes creado en Boston y llamado Pablo and Anna y acaban de reformar un Airstream su primer vehículo para no viajar, junto a unos amigos de Ensenada, Baja California. También han participado de la Feria del Libro de Guadalajara (México), de la Feria del Libro de Guayaquil (Ecuador), de Sant Jordi en Barcelona, de la Overland Expo de Arizona y han dado charlas y conferencias en muchísimos lugares, entre los que se encuentran el Club de Creativos de España, la Universidad Carlos III de Madrid y el Museo de Arte de Puerto Rico.

¿Cuándo terminará el viaje? El viaje no termina. El viaje es la vida.

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