El Libro de la Independencia: Crítica del editor de la revista Overland Journal

(Traducción del artículo original escrito por Chris Collard, aparecido en el número de invierno de 2013 de la revista Overland Journal, Estados Unidos)

La primera vez que me crucé con Pablo Rey y su esposa Anna, fue en la Overland Expo 2011 de Amado, Arizona. Habían aparcado su Mitsubishi L300 4×4 van, alias ‘La Cucaracha’, en el límite de la zona de acampada, donde Anna hacía pulseras y collares de hilo. Me uní a ellos a tomar un té y a los pocos minutos ya nos habíamos perdido en una larga conversación. Pablo, argentino, hablaba de forma curiosa y sarcástica, compartiendo historias detalladas y coloridas de sus viajes y su filosofía acerca de la gente, los gobiernos y la vida en la ruta. Los 5 metros cuadrados tras el parabrisas de La Cucaracha habían sido su habitación, cocina y sala de estar durante los últimos 11 años. Viajaban con poco dinero; mientras Anna vendía sus artesanías, Pablo escribía algunos artículos a pedido y recientemente había publicado un libro. Pronto me di cuenta que ese par de vagabundos eran auténticos.

Para la inauguración de nuestra sección de Libros de Aventura en 2011, le pedí a Jeremy Edgar que le echara un vistazo a La Vuelta al Mundo en 10 Años: El Libro de la Independencia, que en aquel momento estaba editado solo en español. Jeremy le puso una nota alta y cuando Pablo lanzó ésta primavera la versión en inglés, lo puse en la pila de libros que debía leer, arriba de todo. 

La existencia de Pablo, antes de que “matara” a su vida anterior, era similar a la de cualquiera: trabajar de lunes a viernes, recibir un cheque a fin de mes, pagar la hipoteca y las cuotas del coche, ahorrar lo poco que sobrase y soñar despierto con aquellos lugares lejanos donde viajaría algún día. Tenía docenas de mapas decorando las paredes de su apartamento en Barcelona, España. Los libros de viaje y las revistas se acumulaban desordenados sobre una mesa, esperando para llevarlo hasta el fin del mundo sin salir de casa. “Uno de estos días” y “en un par de años” se convirtieron en sus excusas para no apretar el gatillo.

Determinado a romper cadenas, persiguió uno de sus sueños y viajó al sur de África. Al volver abrió la puerta de su apartamento y supo que uno de estos días era ahora. “Lo que había dentro era la vida de un extraño. Quedarse significaba tomar el camino de la seguridad… y eso también significaba empezar a planear un bonito funeral.”  Sabía lo que tenía que hacer; se puso la pistola en la cabeza y apretó el gatillo.

“…Jamás olvidaré el lunes que apoyé el cañón de una pistola en mi cabeza y disparé hasta quedarme sin balas, sin detenerme a pensar en lo que hacía para no darle otra oportunidad al arrepentimiento. Era el adiós a un mundo brillante, la despedida a un trabajo fijo, la renuncia a un futuro previsible. Pasaban diez minutos de las diez de la mañana y mis últimas palabras decían, más o menos, ‘quédense ustedes con el muerto que yo me largo’. Mi cuerpo se desplomó y yo salí por la puerta…” Pablo Rey.

Mientras el viejo Pablo, un servil robot que obedecía las expectativas de la sociedad, caía flácido en el suelo, un Pablo largamente reprimido, desinhibido y preparado para abrazar al mundo que le rodeaba, finalmente se liberó. Afortunadamente Anna, su entonces novia de solo unos meses, accedió a dejar su trabajo y unirse a la aventura.

Llevo leídas dos terceras partes de El libro de la independencia, y puedo decir que me quedé enganchado desde la página 1. Las observaciones de Pablo acerca de la raza humana son exhaustivas. Su atención al detalle y a los matices de lo que le rodea es excepcional. Pocos escritores pueden sumergir mis sentidos de la vista y el olfato tan bien como este talentoso herrero de palabras: es capaz de hacerte oler caca de vaca tibia en una fresca mañana en Turquía o el aroma punzante de una calle del mercado de El Cairo o hacerte vivir el trasfondo de un atardecer frente al Mediterráneo. El Libro de la Independencia te pondrá en el asiento del pasajero de La Cucaracha en un cruce de fronteras en Siria, en negociaciones para vender a Anna en Jordania o en una remota carretera del desierto de Wadi Rum.

En ‘El Libro de la Independencia’ Pablo Rey lo pone todo sobre la mesa, incluso las tensiones en su relación mientras viaja con un presupuesto ajustado en tierras lejanas y vive situaciones complicadas. Su primera gran discusión llegó a insultos y contrainsultos personales. Después de 10 asaltos de ataques verbales progresivos –cerebro de mosquito, culo de burro, almorrana de metro y medio, hígado de Keith Richards –estallaban en un ataque de risa. La discusión pasaba a ser parte de un juego cuyas normas aseguran que un insulto no se puede repetir, porque si repites, pierdes. Sarna con piernas. Ornitorrinco. #&*@%… Brilllante.

Estos dos nómades son mis héroes y El Libro de la Independencia es capaz de ejercer la magia de un fuelle soplando en las ascuas de los sueños más locos, inspirándonos a salirnos de la norma, a bajar la velocidad y oler el aroma de las rosas… o de la caca de vaca, o de elefante. No se trata de qué vas a hacer cuando te retires, sino de lo que vas a hacer antes de morir.

Siempre he soñado con llevar una vida de vagabundo. Quizás conduciendo, o navegando alrededor del mundo. No sé si estoy hecho para esto, pero nunca lo sabré hasta que me comprometa y que un día de estos se convierta en ahora. Ya estoy esperando subir a un avión rumbo a India en un par de semanas para leer las últimas páginas de El Libro de la Independencia.

Chris Collard, Editor In Chief, Overland Journal Magazine.

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One Comment on “El Libro de la Independencia: Crítica del editor de la revista Overland Journal”

  1. Un gusto enorme saber que ya estás en ingles, conquistando nuevas conciencias, esos inhospitos continentes que moran dentro de cada uno de nosotros.

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