249- La historia del primer libro de La Vuelta al Mundo en 10 Años.

A fines de 2012 asumí que, sin abandonar la edición de libros de papel, debería comenzar a experimentar con los libros electrónicos. Pero no solo me faltaban los conocimientos para diseñarlos. También me faltaba tiempo.

Esta paradoja, Al viajero que tiene todo el tiempo del mundo todavía le falta tiempo, tiene una explicación muy sencilla. Los viajeros preferimos estar en la ruta, el bosque, el mar o la montaña antes que sentarnos frente a una máquina dentro de una habitación cerrada mientras escuchamos como pasan los automóviles por la calle.

Pero también sabía que, después de 13 años viajando, los libros digitales nos ayudarían a seguir viviendo en la ruta, lejos de esas habitaciones cerradas. Entonces, qué mejor que empezar con Historias en Asia y África, el primero de los libros de La Vuelta al Mundo en 10 Años.

La historia detrás de Historias en Asia y África

2006 fue un año distinto, no recuerdo exactamente qué hicimos ni por dónde viajamos. Solo sé que en enero por fin terminó la odisea de reparar el motor que nos dejó tirados en el desierto de Atacama durante 70 días, tras el encuentro fatal con El Peor Mecánico del Mundo, un título ganado a pulso. Entre febrero y abril estuvimos vagando sin rumbo fijo por el norte de Chile y el centro de Argentina antes de viajar a Barcelona para recobrar la moral y el bolsillo. Sé que allí me dediqué a escribir, a escribir mucho. No recuerdo más.

En aquel momento estaba persiguiendo la luna con un libro de 500 páginas. Era un bloque sólido de papel con historias más o menos entrelazadas que cubría el viaje de Barcelona a Sudáfrica que debía pesar varios kilos. Sin amigos dentro de la industria, sin un editor oficial que me guiara por el nuevo mundo de escribir libros, sin una dirección fija en un sitio estable (sigo sin tener una dirección fija en un sitio estable), encontrar una editorial que lo publicara era casi una misión imposible. Necesitaba un Plan B.

En octubre o noviembre de ese año, más o menos, quedamos para comer y tomar unos mates con los Zapp, una familia viajera que a base de presentaciones, calle y mucha energía (así quedó de flaco el pobre Herman) se había ganado el título de Símbolo del Viaje en Argentina. Mi madre los había visto contando historias con su Trastomóvil en una esquina de Mar del Plata y Herman le había dado su teléfono para que nos encontrásemos.

“Ah, Pablo, por cierto, me encontré con una pareja que está haciendo lo mismo que vos, pero en un auto viejo. Viejísimo.”

Siempre es bueno quedar con viajeros que llevan años en la carretera, sobre todo porque no tenemos que explicar todos los detalles. Ya saben cómo es vivir en la ruta. Por eso, cuando nos vimos en la casita-granero que habían alquilado en la llanura pampeana, fue fácil darle el ladrillo de papel a Herman para que le echara un vistazo mientras compartíamos unos mates bajo los árboles.

Su reacción fue inmediata. Me contó cómo habían publicado su primer librito a base de fotocopias. Que lo más difícil, escribir, ya estaba hecho. Y que lo que estaba leyendo estaba buenísimo.

Y por buena parte del resto de la tarde, no me dio más bola. Se quedó sentado bajo los árboles compartiendo con Cande el bloque de 500 páginas. Yo, abandonado, creo que me eché una siesta.

Una semana más tarde ya tenía un plan. Comencé seleccionando las mejores historias. No tenían que ser más de una o dos por país y debían respirar el aire del viaje, de la cultura del lugar y de su gente. Elegí un formato sencillo, 10 x 15, tamaño postal, fácil de imprimir y guardar (en la furgo o en un bolsillo) y encontré un diseñador que no me cobró mucho por el trabajo. Para la portada tenía una amiga, María José Baglivo, que me dijo las palabras mágicas: yo te ayudo. ¡Los viajeros tenemos tantas deudas!

Durante tres años el libro funcionó muy bien, hicimos cuatro ediciones mientras avanzábamos por parques, ferias y escuelas de Latinoamérica camino al Océano Ártico. Historias en Asia y África nos servía de experimento, de banco de pruebas en el trato con imprentas buenas y no tan buenas mientras seguía aprendiendo a jugar con las palabras en textos largos. Escribir un libro no era como escribir las cuatro líneas de un anuncio de publicidad, que era lo que sabía hacer, lo que había hecho toda mi vida antes de empezar el viaje.

Con el paso del tiempo Historias en Asia y África fue quedando relegado, superado por el tamaño, la intención y el desarrollo de los relatos en El Libro de la Independencia y Por el Mal Camino, los libros ‘grandes’. Esa fue la sensación dominante hasta estos días, cuando lo releí y me sentí orgulloso de mi ‘librito’. El primero, el que a veces llamo el 0,5.

Entonces decidí recuperar esa selección de perlas, pequeñas historias y reflexiones acerca del sentido del viaje. Que fuera más accesible, que se pudiera conseguir en cualquier lugar del mundo por un par de dólares o euros. Sin duda, hice algunas correcciones de estilo y algún cambio en las fotografías, pero intenté mantener el espíritu y la inocencia de la primera edición.

Y así, mientras saltaba de las páginas de este prólogo al motor descompuesto de la furgo (sí, otra vez), volví a destruir mi paradoja, la Paradoja del Viajero. Le robé tiempo al tiempo, y convertí Historias en Asia y África en mi primer libro electrónico convencido de que siempre, entre los libros ya escritos y los que vendrán, siempre será mi número 1.

Pablo Rey.

Vancouver, British Columbia, Canadá.

1 de agosto de 2013.

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One Comment on “249- La historia del primer libro de La Vuelta al Mundo en 10 Años.”

  1. holaaa
    nada mas que felicitarte
    yo llevo 10 meses de viaje y sueño con el libro
    creo que es la mejor forma de que el viaje contribuya a otros
    para inspirar
    faaa
    por muchas cosas
    asi como leer tu texto me inspira
    tambien comprendo lo del tiempo
    jajajjaja
    la paradoja
    bueno
    muchas gracias
    un abrazo
    y que el viaje siga eternamente 😀
    viajer0el.com

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