196- El Hamam o Baño Turco

La Vuelta al Mundo en 10 Años - @viajeros4x4x4

La experiencia del hamam te deja molido pero feliz. Es lo más parecido a ser desarmado brazo a brazo, pierna a pierna, para re­hacerte después de pasar todas las piezas por un túnel de lavado a presión.

Relaja y limpia, precisamente lo que necesitamos después de tantos días de ruta por el interior de Turquía.

Nuestra guía dice que el hamam tiene su origen en los baños romanos y que Tokat es un lugar especialmente bueno para una limpieza a fondo: ‘el Alí Pasha Hamami, construido en 1352, es el granero que alimenta de profesionales los baños turcos de Estam­bul’. Bien, supongo que por eso imaginaba una fila de masajistas fornidos y de grandes bigotes esperando la llegada de los clientes. Pero no, el único masajista del decaído hamam es tan pero tan flaco que parece desnutrido.

La verdad, no tengo idea de cuáles son los pasos, así que me quito casi toda la ropa en un pequeño cuarto con paredes de madera y entro en las duchas vacías con una toalla atada en la cintura. Es el paso lógico: hace algo más de diez días que sólo me lavo con toallitas para bebés.

Cuando comienzo a relajarme bajo un chorro de agua caliente siento que un dedo recorre mi espalda. Estoy casi desnudo en un baño utilizado sólo por hombres que llevan bigote y también están casi desnudos. Y su bigote, el bigote clásico de todo hombre que se precie en Turquía, igualito al de Sadam Hussein, ¡es el mismo bigote de Freddy Mercury!

Es el Masajista Desnutrido. Indica que le siga y me siente sobre una gran placa de mármol tibio. Rompe el envoltorio de un jabón nuevo, hace espuma y comienza a frotarme los hombros con una manopla. Me va a bañar.

Quisiera creer que los hilos oscuros y largos que caen cuando pasa un guante con textura de lija por mi piel es sólo mugre acu­mulada, pero no estoy seguro. Esto no es el baño amoroso que solía darme mi madre cuando era pequeño. Intento relajarme con la es­palda contra la pared, pero Masajista Desnutrido agarra una pierna y comienza a fregar como el fanático que pule un trofeo. Enjabona el pie, la rodilla, detrás de la rodilla, el muslo y cambia de pierna, ya somos campeones. Me destiño, los brazos, el cuello y la espalda también pierden suciedad, color o piel. Vuelvo a ser rosado.

Cuando termina de encajar mis brazos y atornillar mis piernas me arrastra, sumiso y descuajeringado, a una sala donde el fuego calienta una base de mármol circular de unos diez metros cuadrados. Echa un cubo de agua para limpiar los sudores secos, me acuesto y vuelve a empe­zar. Pero esta vez el calor, las torsiones y los cracks de mis huesos me sumen en un letargo profundo.

Cuando estoy a punto de dormirme, siento que agarra mi cabeza desprevenida con sus manos.

Massage okey? –pregunta.

– Okey–respondo entregado, en voz baja, antes de sentir y escuchar, sentir el giro brusco de mi cabeza y escuchar el crujido aterrador de la mitad de mis vértebras cervicales.

Tip two million okey? –vuelve a preguntar enérgico, antes de girar mi cabeza hacia el otro lado. Es el momento perfecto para extorsionarme acerca de su propina, cualquier error puede haber sido un accidente.

– Tip okeyokeyokey –respondo rápido. Alto. Claro. Despierto.

Luego de sobrevivir a los cracks me pierdo en dos horas de olvido y catalepsia maravillosas. Solo somos cuatro caminando del sauna a los grifos de agua helada, del agua helada al mármol caliente y olvidas dónde toca luego. Te recuestas, enfocas tus ojos sobre los pequeños agujeros del techo que dejan pasar los rayos de sol y cuando reaccionas pueden haber pasado cinco minutos o una hora. Hipnosis a través de la relajación. Tus brazos se desmontan y caen a un lado. La luz tamizada te deja semi inconsciente. Nada sirve de reloj. Nadie tiene otra cosa que hacer.

El tiempo no tiene sentido.

El limbo es un hamam.

Horas más tarde vuelvo a encontrarme con Anna en la entrada. Cuenta que las mujeres van de a dos porque no hay masajista. Entonces madre e hija, hermanas y ami­gas se enjabonan el cuerpo, se lavan el pelo y se frotan la espalda con la manopla-papel-de-lija. Se arrojan agua helada entre risas y bocados de fruta fresca.

La única ventana frente a la caja del recepcionista del hamam enmarca un cielo hermoso, increíblemente azul, sobre un muro de bloques grises. Viaja­mos por esto, para volver a sorprendernos.

– Gracias por dejarme seguir disfrutando del show –afirmo en castellano cuando le entrego al masajista la propina prometida bajo amenaza de rotura de cuello accidental.

Y aunque no entienda mis palabras, el Masajista Desnutrido sonríe como Dios.

(Extracto de ‘El Libro de la Independencia’, de la serie de libros de viaje La Vuelta al Mundo en 10 Años)

(Fotografía: theamusiverelationship.com)

2 Comments on “196- El Hamam o Baño Turco”

  1. nada mejor….que darme el lujo de leerte…leerlos ….mientras voy disolviendo e mi boca y fundiendo mis dedos dentro de un triangulo de toblerone amargo….y la poética de lo que me van contando…invita a que degsute uno más…con ganas de que el relato nunca termine….no vaya a ser que el desnutrid masajista….me lo arrebate de un mordiscón.
    Menos mal que fue solo ese fragmente proque sino me bajo el paquete….glup!

    besos chocolatosos.
    os extraño,
    fla

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