138- Insectos comestibles: los Chapulines mexicanos

(Dedicado especialmente a todos los latinoaméricanos que crecimos viendo al Chapulín Colorado en la televisión. Esto era un chapulín)

Y hablando de experiencias, antes de meternos a bucear en los cenotes de la península de Yucatán pasamos por Oaxaca. Veníamos de Antigua, en Guatemala, y la comparación era inevitable. A primera vista, a pesar de los tesoros escondidos entre los pasajes de Oaxaca, Antigua salía ganando.

Entonces decidimos perdernos (es la mejor manera de sorprenderte) y las curvas de las calles nos llevaron a la puerta del mercado. Entre los pasillos oscuros, después de la carne degollada, la ropa de niños y las cestas de mimbre hay una señora sentada sobre una banqueta. Sobre sus piernas hay una fuente llena de algo marrón. Algo con patas.

Proteínas.

Chapulines. Saltamontes. Una botana, un pica pica mexicano, ideal para los ratos libres y el hambre de media mañana. Las patatas fritas del sur. Es fácil, te meten cien, doscientos gramos en una bolsita de plástico y paseas desmembrando y devorando insectos por la calle.

–      Se comen enteritos –me dijo la señora. –Que no lo vea tirar cabezas por ahí.

A ver: no saben mal, no saben a insecto. Como las patatas fritas, vienen en sabor limón y sabor picante. El problema ocurrió días más tarde.

Mientras tanto, una receta fácil para aquellos amigos que tengan una red y grandes cantidades de saltamontes cerca de casa.

CHAPULINES AL MOJO DE AJO

Ingredientes: Chapulines (saltamontes), ajo picado, aceite de oliva, sal y pimienta.

Preparación: Sumerja el ajo picado en el aceite de oliva hasta que se macere; una vez que el ajo esté blando, exprímalo sobre los chapulines y posteriormente fríalos en el aceite. Agregue sal y pimienta al gusto.

El problema no fue de antenas. Ni de patas o alas. Ya lo dije, los chapulines no saben mal, es más saben bien. A limón. A algún otro picante fuerte que recuerdas durante un buen rato. El problema ocurrió el día que decidí investigar.

Tomé uno de esos insectos que venía devorando sin piedad como una nueva y curiosa rutina excéntrica y lo partí al medio. No debí hacerlo.

El interior, una masa espesa y negra del tamaño del hueso de una aceituna, fue cambiando de formas irregulares entre mis dedos. Tripas, corazón, pulmones, carne quemada, todo se reducía a esa masa espesa, negra y modeable que me parecía rico. Conclusión: si algo te parece rico, no investigues de qué está hecho.

Al día siguiente cambié de rutina excéntrica. Me fui a buscar botellas antiguas por los negocios más viejos de la ciudad.

Chapulines en el mercado de Oaxaca, insectos comestibles. México
Chapulines en el mercado en Oaxaca




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