131- Cómo alinear mal tu vehículo para que las ruedas queden derechas.

Durante buena parte de la vuelta al mundo batallamos en la búsqueda del Santo Grial, la llave maestra, el mecánico gurú rodeado de herramientas mágicas que supiera cuál era el problema de alineación de la furgo. Por qué teníamos que comprarle neumáticos nuevos cada 20.000 kilómetros, ¿por qué tus malditos zapatos nos duran tan poco?

No era algo nuevo. Ya en Zimbabue recuerdo pasar medio día conversando con uno de los últimos mecánicos blancos del país acerca de la situación política y filosofando sobre el tren delantero. En Argentina le pusieron pestañas detrás de una rueda y en Brasil detrás de la otra. En Chile estuvimos a punto de cambiar el tren delantero completo. En Perú lo hicieron a ojo y varilla. En Venezuela lo hicieron con cariño en Puerto Ordaz. En Colombia con seriedad. Y nadie, ¿puedes creerlo? nadie consiguió dejar las ruedas delanteras bien alineadas. Derechas.

– Mira, hace años que alineamos la furgo y siempre nos sigue gastando neumáticos por el lado de adentro. En los dos neumáticos de adelante –siempre le decíamos al tipo del taller dónde entrábamos, grasiento o luminoso, inmaculado como un quirófano o con suelo de tierra.

– Seguro que se lo hacen mal, porque éstas máquinas no fallan –respondía el Maradona de turno.

Entonces intentaba ser optimista y le dejaba hacer, consciente de que la consecuencia más probable sería una nueva decepción. Le observaba poner los aparatos, bajaba al foso, miraba los golpes que nos trajimos de África, sacaba llaves, aflojaba y ajustaba. Creer que algo saldrá mal también es tener fe.

La rutina fue siempre igual hasta que llegamos a Nicaragua. Llevábamos cinco países estirando neumáticos lisos ya que no conseguíamos la medida original (215-R15) y no queríamos poner otra similar porque siempre sacrificábamos algo: o era un valiosísimo centímetro de altura o era una llanta más ancha que probablemente nos haría consumir un poco más de combustible.

En Managua conseguimos nuestras Kumho justo después de un par de reventones en ruta, y bueno, tocaba alinear. Pero ésta vez sucedió algo distinto. Teníamos que pasar un par de semanas en Managua esperando la impresión de los 1000 ejemplares de la cuarta edición del libro Historias en Asia y Africa, el que solemos vender en la ruta. Alineamos en un taller recomendado por otro mecánico desconocido y luego de una semana, cuando ya comprobamos que los neumáticos seguían gastando por dentro, volvimos al taller. Y el chico que nos atendió, Harry Samorio, del taller Noguera, un mecánico que todavía no se creía Maradona, nos escuchó. Y dijo algo muy sencillo, que solucionó un problema que veníamos arrastrando desde hacía ocho años.

– Quizás lo que sucede es que cuando ustedes se sientan las ruedas se abren un poco. Es raro, pero es lo único que se me ocurre.

– ¿Y entonces? ¿Tenemos que adelgazar? No estoy flaco flaco, pero tampoco estoy gordo.

– No, lo que hacemos es dejar las ruedas un poquito más abiertas de lo que recomienda la máquina para este modelo. Entonces, cuando se sienten, se pondrán rectas. Así deberían dejar de gastarse por dentro…

Diez mil kilómetros después los neumáticos delanteros siguen gastando parejito. Y es curioso, porque siempre hay un plan B, siempre hay otra manera de hacer las cosas. Sólo hay que dejar la cabeza abierta, siempre se encuentra una solución, aunque esa solución no sea la recomendada por el fabricante.

O sea, para que la alineación quede bien, teníamos que hacerlo mal. Chin-pum.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *