126- El hombre que susurraba a los caballos de su motor

Trabajando debajo de La Cucaracha, la furgo 4x4 (Mitsubishi L300) de La Vuelta al Mundo en 10 Años

Dale… arrancá… no seas cruel… Si arrancás ahora te llevo a que te laven. Y que te enceren. Nunca te enceraron, quizás tu dueño anterior, pero nosotros no… Vas a ver, es como ir a un spa. Y te cambio el aceite. Te voy a poner el mejor del mundo. Eso no va a ser aceite, va a ser champagne, aceite para naves espaciales… Dale Cucarachita linda, arrancá… si yo te quiero…

Y entonces, el Apocalipsis según Chávez oscureció el mundo. Un terremoto en China, otro en Perú, otro en Chile, otro en Haití. Un huracán en Myanmar, las bolsas caen hasta el subsuelo, España llega al 20% de desempleo y la crisis hipotecaria afecta hasta a Malawi. Después fue culpa de los griegos, claro, ellos fueron los que inventaron la civilización.

Si estábamos mejor cuando éramos monos, ¿te acuerdas? Había un jefe que decía ‘sacáos los piojos los unos a los otros como yo los he sacado’. Eso estaba bueno. Encima, en Australia nacen menos canguros y a la presidenta de Argentina le aparece un grano en la mejilla. Estamos jodidos.

Las señales son las correctas. Yo os iré entregando uno a uno al filo de mi espada, y todos pereceréis en esta mortandad. Isaias, 65:12. El imperio caerá y nada se salvará, los farsantes serán los primeros en ser devorados por las llamas del fuego eterno.

En el aire hay un olor a sulfuro que apesta. No sé si es culpa de BP, Chávez, la política del imperio, Bin Laden, Mugabe, los chinos, los fascistas de derecha o los fascistas de izquierda, pero alguien sufre una terrible gastroenteritis infecciosa que nos termina afectando a todos.

Esa es la imagen global, lo que aparece en los periódicos. Pero la vida real, nuestra vida pequeña y diminuta, se desarrolla según la dictadura de la furgoneta.

Hoy se me rompe el parabrisas, mañana la cremallera y pasado mañana nuevamente el parabrisas. Se corta el resorte del acelerador y, mientras lo desarmo, uno de los tornillos se rompe dentro de la rosca. Después de una nueva alineación, los neumáticos siguen gastando más por el lado de adentro. El limpiaparabrisas de la puerta trasera, que se queda trabada desde una salida de ruta en Zimbabwe, ha dejado de funcionar. Cariño, el tornillo del cárter está girado y no podemos cambiar el aceite. El alternador ya no carga, el silenciador está roto, la cuarta rasca, hay que bajar la caja. Subí la música por favor.

Pero no son averías causadas por el desgaste de 18 años de vida, no. Es venganza por un pozo mal encarado, despecho por abandono durante un par de meses en la casa de un amigo, opinión de furgoneta. Estoy seguro, más que seguro, re-seguro, que la Cucaracha tiene carácter. Todos los que dicen que los objetos no tienen alma están equivocados.

Es lógico que nuestra Cucaracha se rompa durante una vuelta al mundo por rutas secundarias que ya dura más de 10 años. Pero no, ella no funciona así, ella no se rompe por cansancio. Ella se rompe por celos y venganza. Ella es japonesa pero tiene sentimientos latinos.

Y habla cuando se corta el cable del acelerador en medio de la Pampa, cuando se quema todo el circuito eléctrico a 300 kilómetros de reiniciar el viaje o se rebela con una avería fantasma en la que no coinciden cinco mecánicos distintos.

Hace unos días cumplimos 10 años viviendo en la ruta. Nosotros queríamos celebrarlo en una playa de agua tibia, la furgo quería celebrarlo en un mecánico de aceite espeso. Cada cual tiene sus gustos. Ganamos, por algo tengo las llaves, pero al día siguiente tuvimos que ir al mecánico. Nos salió caprichosa la niña.

Fue como cuando llegamos al sur del mundo. Nosotros estábamos emocionados de llegar al final de la Ruta 3, el último camino de Tierra del Fuego, el último camino de América. La furgo también. Y cuando volvíamos a Ushuaia se le rompió el disco de embrague. Fue por la emoción.

Mientras tanto yo le hablo, le susurro palabras bonitas cargadas de buenas intenciones, como si ella tuviera la capacidad de comprenderme, de responderme, de hacerme caso.

Nuestra furgo, como tantas otras furgos y cuatro por cuatros y bicicletas viajeras, tiene nombre. Entonces le digo cosas bonitas a mi Cucarachita linda, le doy palmaditas cariñosas en los faros traseros, le rasco los bajos, acaricio el volante, le limpio la caquita de paloma que se le pega al parabrisas, la visto de tatuajes…

Como Robert Redford, vamos, igualito. Soy El hombre que susurraba a los caballos de su motor.

5 Comments on “126- El hombre que susurraba a los caballos de su motor”

  1. Mi L300 está a punto de cumplir 25 años y….medio millón de km! (Espero que aguante). Me encantaría poder celebrar ese momento rodeado de muchas de estas entrañables furgonetas y en algún remoto lugar. ¿Quién se anima?

  2. hola chicos yo tengo una l 300 hace casi 11años, viaja y viaja, siempre con la casa rodante detras, y tambien le hablo como ustedes, y la acaricio y la mimo ,tambien hubo veces que la recague a pedo pero fueron la verdad muy pocas, es una hija mas en la familia, es una mimada… y se queda por varios años mas en casa saludos desde buenos aires…ah!!! estan al mejor estilo emilio scotto….. pero en 4 ruedas

  3. esta chingon el consejo … Yo tambien soy mecanico y en ocasiones los carros nos desesperan tanto que creo que es una buena terapia para el carro y uno tambien suerte camaradas.

  4. Te puedo asegurar Pablo que estas máquinas tienen sentimientos…. Yo he trabajado de mecánico y los coches son como los niños pequeños… incluso a veces tontos.

    Tu cuidala mucho y sigue susurrando que ella te escucha…. seguro.

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