Diarios de camioneta (Revista H, Argentina)

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Historia escrita por Germán Añandarain para el número de enero de 2009 de la Revista H, de Argentina.

Diarios de camioneta

Un argentino y una catalana dan la vuelta al mundo en una combi 4×4. Salieron de Barcelona hace ocho años, todavía faltan dos para completar la aventura. El argentino Pablo Rey Berri y la catalana Anna Callau Aguilar emprendieron hace ocho años la vuelta al mundo. A bordo de una camioneta Mitsubishi L300 partieron el 20 de junio del 2000 de Barcelona. “El plan era recorrer el sur de Europa, África de norte a sur, América de sur a norte y volver a Barcelona en cuatro años. Pero la sensación de libertad se apoderó de nosotros y el viaje se convirtió en la vida”, explica Pablo. Hoy están en Centroamérica, y llevan más de 30 países, 90 mil kilómetros recorridos (8 mil por agua). Robos en Grecia y Etiopía, un asalto en Kenia, dos averías importantes en la 4×4 (en el Sahara de Sudán y en el lago Turkana, en Kenia), 49 pinchazos y un récord: 11 en un mismo día, en el lago Turkana. Ninguna enfermedad, apenas un accidente en una playa africana con un cuchillo mientras abrían un coco.

Para la libertad

“Quién no deseó alguna vez llegar a la oficina un lunes y decirle a tu jefe: ‘Te dejo con el muerto, yo me largo’. Eso me pasó en agosto de 1999. Entonces tenía 33 años y me puse a pensar qué estaba haciendo con mi vida. Había muchas cosas que iba postergando. Una de ellas era dar la vuelta al mundo…” comenta Pablo.

“Empezar por Europa fue bueno -explica Anna-, no sentíamos ningún choque cultural, los caminos eran buenos”. Pero en Grecia enfrentaron la primera desilusión: “Un día, mientras estábamos en Atenas, encontramos las puertas de la furgoneta abiertas y todo el interior desvalijado. Nos robaron casi todo. Nuestra radio portátil, la cámara de fotos, el GPS, casi toda la ropa”, recuerda Anna. “¿Si tuvimos ganas de regresar? ¡No! Eso no fue nada comparado con lo que nos iba a pasar después…”.

Asia allá vamos

De Grecia pasaron a Turquía. “La gente se nos acercaba curiosa, querían saber qué demonios se nos había perdido allí”, cuenta Pablo. “En Siria llegamos casi hasta la frontera con Irak. Dormimos en el desierto y visitamos ruinas de ciudades enterradas en la arena, como Palmira y Rasafa. En Jordania nadamos en el Mar Muerto, visitamos Petra y nos perdimos varios días por un desierto montañoso. Cruzamos El Cairo y nos internamos en el desierto libio, por la ruta de los oasis”.

África mía

Se adentraron en la parte del África menos transitada por viajeros curiosos. “La ruta es una pista ondulada de pesadilla por donde hasta los burros pasan un mal rato. Mientras avanzábamos a 15 km por hora, pensé que el gordo Michelin fue muy optimista al incluir esa ruta en el mapa”, bromea Pablo. “Camino hacia Jartum, en el medio del desierto, perdimos la tapa del filtro de aire. No había teléfonos, caminos ni mecánicos. Después de cuatro días sin encontrar una solución al motor lleno de arena, tuve que ir a Jartum para alquilar un camión y rescatar la furgoneta”.

Pero lo peor vino en Etiopía: “Dos hombres nos persiguieron en una moto porque nos acusaban de haber atropellado a una vaca. Nos fuimos y nos empezaron a disparar con un fusil. Ese mismo día, 30 hombres nos rodearon en medio de la ruta y no se apartaban, nos pedían dinero y golpeaban la furgoneta con palos. También tuvimos que huir”.

El fin del mundo

Tardaron dos años en cruzar África, cuando al fin llegaron a Ciudad del Cabo no sabían qué hacer. Anduvieron seis meses más por en continente negro, hasta que un barco los trajo hasta Ushuaia. Tardaron un año más en cruzar Argentina. De ahí a Brasil, y a cruzar el Amazonas. “Fue muy difícil conseguir provisiones. Pero pescabamos, y hasta nos comimos una boa. Sabe a pescado, muy rica con arroz”, dice Pablo.

De ahí a Bolivia, y bajan otra vez a Chile. Tras dar la vuelta en el 2007 llegan a Paraguay. Después Perú y el paso obligado por Macchu Picchu. ¿Todo el tiempo, arriba de la Mitsubishi? “Cuando no podemos más de dormir en la camioneta vamos al Hotel de las Cucarachas. El más barato de la ciudad, donde los bichos hacen carreras de motos por los rincones del cuarto”, festeja Pablo. Hoy pasean por el Caribe.

“Llegamos a las Antillas en ferry desde Venezuela. Y en Port of Spain fuimos asaltados con violencia la primera noche. La isla de Trinidad vive del petróleo, por lo que no necesita del turismo y eso se nota. La policía tolera el consumo de drogas en los locales, pero los extranjeros son duramente perseguidos, así que tengan cuidado”, avisa Pablo desde su blog. Desde hace dos años sube sus crónicas a viajeros4x4x4.com, esperando que la epopeya se convierta al final en un libro.

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