Yo conocí a Marco Polo

Marco Polo

Marco Polo

Yo tuve a Marco Polo en mis brazos. Anna le acunó mirando hacia Oriente…

A José Luis Polo, Pepe, lo conocimos en Lima, una de esas tardes grises que abundan a mediados de año en la costa de Perú. Era domingo. Ese día habíamos conseguido permiso para exhibir la furgoneta con sus golpes, sus rayones, sus nombres de ciudades lejanas, banderas raras y mapas usados en el Parque de la Muralla.

Poca gente vencía la timidez y se acercaba a escuchar las historias de los dos gringos que, ¡sorpresa! ¡hablaban español! La mayoría prefería observar al artesano que hacía dibujos del espacio exterior con cinco tubos de aerosol. El sí tenía éxito. Enseñaba planetas, lunas y estrellas. Nosotros, sólo porciones de la Tierra.

Entonces escuché ese cuidado con los esscaloness que te vass a caer. Es inevitable, escucho el shesheo ibérico y comienzo a recordar: esqueixada de bacalao, paella valenciana, pulpo a la gallega, fabada asturiana, jamón de Jabugo, arroz negro, fideuá, corderito a la brasa… Es lo que se llama pensamiento estomacal.

Bueno, Pepe corría detrás de la pequeña Ana junto a Heike, su mujer, embarazada. En dos o tres frases rápidas, porque Pepe habla rápido y mucho, como si se le fuera a acabar el tiempo, nos explicó los últimos diez años de su vida. Sin un atisbo de disculpa proclamó que es un catalán del Real Madrid, para que quede claro, que ya vi el escudito del Barça en la furgo. Que Heike es alemana, su hija búlgara y que viven en Venezuela. Que tenemos casa en Caracas. Pura hospitalidad viajera.

Tardamos en llegar. En el camino nos atrapó Perú y los diluvios que asolaron Ecuador durante el 2008. Parecía que estuviera aterrizando el Anticristo. Ey viajeros, que si esperáis que termine la época de lluvias en Ecuador vais a pillar las lluvias en Colombia y Venezuela

Pepe tenía razón. Cuando hace unos meses llegamos al caos de Caracas, estaba lloviendo. Y llovía mucho.

Pepe y Heike nos esperaban no sólo con un hogar lleno de sobremesas y un aparcamiento cubierto y calentito para la furgo. También con historias interesantes que nos permitirían obrar algún que otro milagro. Como la multiplicación del dinero.

A veces las crisis económicas o existenciales de los países, provocan la convivencia de un mercado oficial y uno paralelo en el cambio de moneda extranjera. Ya lo habíamos vivido en Zimbabwe y habíamos engordado. La crisis de Venezuela es existencial. Una parte tira para un lado y la otra tira para el contrario. La cabeza es muy dura. El diálogo no existe…

Con Pepe y Heike recuperamos el gusto por los embutidos y comenzamos a viajar por Venezuela antes de salir de su casa. Toma esta guía. Y estos mapas. Cuando vayan al oriente no dejen de ir a este sitio. Y cuidado en la ruta que la cosa está jodida.

La guía es la de la Valentina Quintero. En la portada hay una mujer montada a caballo en medio de un paraje natural y salvaje que invita, más abajo: Agarra tus macundales y vente conmigo. Sin duda, esa frase provoca.

En una pared tienen un mapa gigante donde marcan todos sus viajes. Hay espacios en blanco, pero lo que no lleguen a recorrer seguro lo completará su hijo Marco. Sí, Marco Polo.

El pequeño que estaba en el vientre de Heike en Lima.

Yo tuve a Marco Polo en mis brazos.

Anna le acunó mirando hacia Oriente.

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