67- Hasta el final del último camino

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(viene de Guyana, lo mejor de África en Sudamérica)

Hoy es un día extraño. No llueve.

Enero siempre fue un mes seco, un buen mes para recorrer por tierra el escudo de las Guayanas. Guyana, Surinam, el sur de Venezuela, el norte de Brasil y hasta el territorio colonial de la Guyana Francesa, que aparece en todos los billetes de euros a pesar de encontrarse en América. La tierra emergida más antigua del planeta. El Mundo Perdido de Arthur Conan Doyle y la teoría de que en la cima de algún tepuy aún quedan dinosaurios aislados. Rugiendo, esperando al próximo turista para el almuerzo.

Enero siempre fue un mes seco, pero todo está cambiando. A mediados de diciembre el cielo comenzó a desbordarse en auténticas cataratas de agua. Los días se sucedían iguales, doce horas de lluvia, once horas de nubes y cincuenta y seis minutos de sol. Alguien olvidó cerrar el grifo y todos terminamos chapoteando de cansancio. Quizás Dios había decidido cortarse las venas en la bañera de pura impotencia.

Porque en Gaza seguía muriendo gente. En Darfur seguía muriendo gente. En Zimbabue seguía muriendo gente. En Irak seguía muriendo gente. En el Congo seguía muriendo gente. Y no era la enfermedad, ni la vejez. En el 2009 la vida y la muerte continuaban igual de peleados que durante el 2008. Nada había cambiado.

A pesar de la lluvia, en Guyana los caminos seguían sorprendentemente abiertos. Firmes, con poco lodo y más pozos, pero transitables. La gente nos rodeaba de curiosidad y calor. Pocos extranjeros deciden tomar sus vacaciones en el único país anglófono de América del Sur. Ya habíamos visto monos, osos hormigueros gigantes, nutrias, unas ratas enormes de culo rojo, un mapache que parecía un perro, un perezoso sonriente y todos los modelos de aves conocidas. Sólo faltaba Noé, un hombre negro empeñado en construir un barco en medio de la selva.

– No lo molesten. Es un visionario, un místico –diría su mujer, hinchada de maíz y casaba (o mandioca, o yuca, que es lo mismo).

– Es un tarado –diría un vecino. –No tiene sentido construir un barco tan grande lejos del mar.

Hoy no llueve. Y en Guyana el universo brilla con la pureza de los inicios, cuando no existían las botellas de plástico ni los tetrabriks. Es la naturaleza virgen, el vacío provocado por las estadísticas: hay más guyaneses viviendo en el extranjero que dentro del país.

Tres nubes de Botero cubren el horizonte con su cuerpo de agua frappé. Sobre tu cabeza el universo azul de todos los días, lleno de planetas y estrellas invisibles.

Hoy es el primer día sin lluvia en muchas semanas y los hombres del pueblo siguen bajo el techo del bar cerrado. Las costumbres se vuelven pegajosas. Los periódicos no hablan del final de esta estación húmeda extraordinaria, nadie se atreve a dar un veredicto. Si hay que apostar nadie arriesga, todos se deciden por la continuidad.

El capitán de la aldea, la máxima autoridad amerindia, sólo tiene que esperar a que los días secos comiencen a repetirse uno detrás del otro. Entonces se convertirán en una rutina distinta, tan absoluta como los días húmedos.

Hoy no llueve y después de 35 días cruzando el sur de Venezuela y toda Guyana bajo una cortina de agua, parece un milagro.

Podría ser el día número uno.

El loco Noé podría ser el único cuerdo.

Al final de la mala ruta que llega a Pamela Landing, quince kilómetros o una hora después de Mahdia, centro geográfico de Guyana, está el río Potaro. Cincuenta metros antes está el almacén-bar de Mr. Godfrey Welcome, un descendiente de hindúes que aprovisiona de gaseosas, cervezas, galletas y aguardiente a los mineros de la zona. Bienvenido señor Welcome, ¿cómo está señor Welcome? Yo quiero tener ese apellido.

Todos hablan el inglés cerrado del interior de Guyana, el creole, el inglés criollo. Para un extranjero suena más difícil que el acento australiano, como si el alcohol o una mueca extraña te hubieran dejado la lengua con dolor de cuello. Complicado. Sólo entiendes la mitad, el resto es una suposición.

En la reja cubierta de alambre tejido que separa la barra de las mesas de madera del almacén-bar-cine de Mr. Welcome, hay carteles que recomiendan el uso de condones junto a otros que recomiendan el uso de Guiness. En los países de influencia caribeña, poblados casi exclusivamente por gente de piel oscura, se bebe mucha cerveza negra.

Eso es autoafirmación. Orgullo racial instintivo.

Alrededor del almacén-bar-cine-discoteca de Mr. Welcome vagan hombres gastados. Los tuertos, los mancos y los nuevos se mezclan con los desdentados que, a pesar del calor, sonríen exhibiendo sus coronas de oro. Negros, hindúes, amerindios y unos pocos blancos, todos con el cuerpo esculpido en piedra, sin un gramo de grasa, con los pectorales de Brad Pitt.

Todos los demás somos vulgares oficinistas. Gordos y sonrosados cerditos de matadero.

Amigos, es sencillo: para tener un cuerpo escultural, no hay que hacer régimen ni ir al gimnasio. Hay que convertirse en minero.

Ellos, auténticos modelos 100% fibra y 0% grasa, los porkknockers, buscadores informales de oro y diamantes, persiguen la veta escondida que los proclame Rey de la Capital.

Alcohol, putas de lujo, coches caros, casas grandes, el sueño americano pero descarnadamente sincero.

El sueño americano sin maquillaje, sin el pellejo decorado que lo hace vistoso. Un sueño de carne color canela y olor a ron. Sexo y comodidad. El mismo sueño en todos los arrabales del mundo: Guyana, Estados Unidos, Buenos Aires, México, Moscú, Kuala Lumpur, Japón, Nairobi, Hospitalet.

Alcohol, putas de lujo, coches caros, casas grandes. El deseo original, globalizado antes que alguien inventara la globalización.

Estamos en Pamela Landing, esperando a dos alemanes, dos finlandeses y dos guías de Guyana para iniciar el camino hacia las cataratas Kaieteur. Son cuatro días a pie y en un bote a motor a través de la selva para llegar a la joya menos conocida de la naturaleza sudamericana. Un espectáculo que promete compararse con Iguazú, con los Lençois Maranhenses, con el Salar de Uyuni, la Patagonia, el desierto de Atacama, el derrumbe del glaciar Perito Moreno o el canal de Beagle.

Sitios de naturaleza abrumadora, que te dejan atontado, paralizado, deseando no haberlos conocido nunca porque siempre soñarás con volver.

Y de momento no hay mucho por hacer. Sólo esperar.

Y escribir todo lo que me pase por la cabeza.

De algún lugar llega el ruido del progreso: una excavadora levanta la tierra que rodea un árbol gigante y luego lo empuja. Se hace deforestación selectiva. Hay que matar a los viejos. Sin el sostén de las raíces, los árboles más grandes caen como astillas, con las piernas quebradas por otro defensor vasco.

Un minero que sólo habla portugués sonríe descarado cuando le digo bon día, boa sorte. Es el amuleto del gringo. Donde todos hablan inglés, donde estoy mudo, donde nadie me entiende, un nuevo extranjero me habla en el idioma de mi tierra.

Hoy es el primer día sin lluvia en muchas semanas y los mineros, y los leñadores, y los extranjeros, se juntan a celebrar en un rincón perdido, al final del último camino de Guyana.

 

GRACIAS A RAINFOREST TOURS POR SU APOYO DURANTE NUESTRO VIAJE POR GUYANA.

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2 Comments on “67- Hasta el final del último camino”

  1. AMIGOS QUIERO REALIZAR EN MOTO DE ALTO CILINDRAJE LA RUTA LETHEM GEORGETOWN, PARA IR SOLO EL MANEJAR CARRETERA DESTAPADA DIFRIESGOSO QUE PRECAUCIONES DENO TOMAR, QUE TAN TRANSITABLE ES, HAY PASOS DIFICILES (YA QUE SOLO CON UNO DIFICL NO LO PODIRA HACER)

    PARA ENTRAR DE BRASIL A GUYANA NESECITO VISA?

  2. Wowwwww
    No sabia de este blog, ni mucho menos de su viaje que en verdad cuando me entere (hace 15 minutos) quede extremadamente sorprendido y obviamente con animos dedejar mi presentacion para la escuela e irme de vacaciones, pero como lei en la entrada del blog, hay algo que siempre te regresa a la realida y fue mi mama cocinando :S

    Les seguire el rasto y sin duda me leere las entradas para enterarme bien de lo que va ocurriendo.

    Que esten muy bien y si no han paso por Mexico quizas puedan decir por donde estaran y ahi les caigo jejeje..

    Saludos

    Bendiciones.

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