Premio Amigazo de marzo 2008: Mari Ozaki

El Premio Amigazo es un reconocimiento a quienes ayudan de manera personal al avance de la Vuelta al Mundo. Creemos que a veces no es suficiente con dar las gracias de corazón, o escribir una pequeña línea de agradecimiento en una lista dedicada a todo un país. Hay gente que se merece más. Mari es la que está a la derecha, hablando por teléfono.

– ¿Te acordás cuando conocimos a Mari? -le pregunto a Anna

– Si, la llamamos por teléfono.

– No, me refiero a nuestra sensación ese día.

Era un día feo. Habíamos llegado a Huaraz confiando en encontrar una ciudad de montaña. Algo parecido a Bariloche, en Argentina, donde hueles el frío con cada inspiración. Es cierto, sabíamos poco, sólo que a su lado está la Cordillera Blanca, una de las mecas del montañismo en Sudamérica, con montones de senderos donde perderte entre arroyos torrentosos. Un paraíso empinado.

– Llovía, creo que llovía.

Era peor, llovía tan lentamente que al caminar atropellábamos las gotas. Esa cortina un poco gris, un poco plateada, era un filtro frágil de miles de pedazos de cristal que se interponían entre nuestra proyección y la realidad, aumentando el peso de nuestra ropa y nuestra desilusión.

A pesar de levantarse en uno de los valles más bonitos de Perú, Huaraz es una ciudad fea. Los edificios antiguos, barridos por el gran terremoto de 1970, fueron reemplazados por construcciones prácticas. El río Santa la cruza por la parte más baja del valle pero es como si no existiera, la ciudad entera está construida de espaldas al murmullo de la corriente. No hay un parque bonito donde perder el tiempo y el tránsito es caótico. No, esto no es una aldea suiza.

– Chicos, si pasan por Huaraz, llámenme -había escrito Laika en un mail.

Laika era una desconocida. Un nombre amable con reminiscencias espaciales que nos conoció a través de 3G, el programa de entrevistas de la televisión peruana. Supongo que sería la curiosidad de mirar por el ojo de la cerradura de otra vida, de tener alguien que te guíe por la confusión de más caminos nuevos, de entender la sorpresa que causa la Vuelta al Mundo. Después de ocho años, vivir en una furgoneta es lo más natural del mundo. Vivir en una furgoneta tiene más sentido, es más lógico, que vivir entre cuatro paredes.

– ¡Qué loco lo que están haciendo!

Laika jugaba con ventaja. Sabía mucho de nosotros y nosotros no sabíamos nada de ella. Sólo su buena voluntad y su firma, Laika. Hay tantos nombres nuevos en Perú, Yohnatan, Deisi, Ollanta, Doralisa, Wendelin, Laika… ¿por qué no?

– ¡Hola Laika! ¿Cómo estás?

Nos recogió frente a la Universidad, el clásico edificio educativo construido en buena parte de una manzana sin poner en la mezcla alguna porción de césped. Práctico, aquí se estudia, no se solaza. Ese era el mensaje.

– Bien. ¡Bien! ¡Qué bueno que hayan venido! Síganme con la furgoneta. ¡Ah! Mi nombre no es Laika. Es Mari

Además de Laika, Mari también es la china, a pesar de descender de inmigrantes japoneses. Su casa queda en una urbanización privada construida por la minera Antamina para sus empleados, donde los niños andan en bicicleta por la calle y los guardias te detienen si circulas a más de veinte kilómetros por hora. Huaraz queda lejos, a cuatro kilómetros que podrían ser cincuenta años.

– Les advierto, me he impuesto seis meses de abstinencia de alcohol y tabaco. Esto es super aburrido.

Mari es extrovertida, chistosa y expresiva. Buena onda, como diría ella. Llegamos un viernes por la tarde, nos dimos dos duchas calientes diarias, preparamos un asado en la parrilla del fondo de la casa, la torturamos con el aroma del vino chileno que escondíamos en la furgo y caminamos hasta el sitio arqueológico de Willcahuain. Tres días más tarde, mientras acomodábamos nuestra vida en la furgo para continuar hacia el norte, Mari se acerca.

– Chicos, ¿por qué no se quedan? Yo me voy mañana a la mina, pero vuelvo el jueves, dentro de cuatro días, así nos vemos un rato más. Ya saben cómo funciona la casa. En serio, no hay problema.

Al final estuvimos diez días. Hacía mucho que no teníamos una casa para nosotros solos. Hacía mucho que no íbamos al mercado para llenar una nevera. Hacía mucho que no cocinábamos una pizza en un horno o palomitas en un microondas.

Cuatro meses más tarde volvimos a Huaraz. Mari se complicó la vida en Lima y terminó enviándonos las llaves y un mensaje: DISFRUTEN LA CASA. Fueron dos semanas dedicadas a escribir y a observar la lluvia que caía sobre la cordillera Blanca a través de la ventana. Esta vez caía con fuerza, pero no importaba. Teníamos un techo.

Gracias Mari, gracias por la amistad, gracias por confiar y dejarnos tu casa, gracias por compartir tus amigos, Hugo y Mariela, Roberto, Emilia, Nani y todos tus compañeros de la mina. Hasta pronto!

4 Comments on “Premio Amigazo de marzo 2008: Mari Ozaki”

  1. Hey, salio mi nombre !! Yeeeee
    Un abrazo fuerte a ambos.
    Oye Pablo ahi dice que estuviste en Galapagos, no veo la foto de la pelada !

  2. Hey! que bonito blog y estoy de acuerdo con uds. la china M (que no es lo mismo que china de M) es la mejor anfitriona del Perú. Vuelvan pronto… o mejor aún, que la vida nos vuelva a cruzar en algun punto!

    buenas vibras siempre!

    Nani

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